Lumen Mariae

Inicio » Francisco » El babeo de Francisco sobre la Virgen María

El babeo de Francisco sobre la Virgen María

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

navidad

Las palabras de un mentiroso son siempre palabras de un hombre que se recrea en descubrir su pensamiento humano al margen de la Verdad, sin dar la doctrina sana de lo que está predicando. Eso es siempre Francisco y siempre hay que leerlo así. Nunca se puede leer a Francisco como aquel que confirma en la fe a la Iglesia. Nunca. Francisco no tiene esta intención de decir la verdad cuando predica. Francisco es un hombre corrupto que sólo le interesa llenar la Iglesia de corrupción.

“En su corazón la Virgen «sentía lo que sienten todas las mujeres en ese momento» tan especial: esas «percepciones interiores en su cuerpo y en su alma» de las cuales comprende que el hijo ya está por nacer” (Francisco, 23 de diciembre).

Hablar así de la Virgen María es negar a la Virgen María, porque la Virgen María no es como otra mujer y, por tanto, no siente lo mismo que siente otra mujer cuando da a luz.

Y si Francisco no sabe dar el conocimiento de la Virgen María en la Iglesia, tampoco sabe dar el conocimiento verdadero de Cristo en la Iglesia: “El Conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María, será siempre la llave exacta de la comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia” (oración de consagración de Juan Pablo II al Inmaculado Corazón de la Virgen en 1984).

No estamos en la Iglesia para hacer caso de Francisco ni de los que lo siguen, que son muchos. Estamos en la Iglesia para defender la Verdad, que es Jesús. Y quien no se ponga en la Verdad, sólo está haciendo su iglesia, su religión; sólo está llenando páginas de su mentira, como hace, cada día, Francisco.

“Ni en la concepción se alejó de ti el pudor, ni en tu alumbramiento se hizo presente el dolor” (San Agustín).

La Virgen María no dio a luz a Su Hijo de la misma manera que una mujer lo hace. Jesús no traspasó la carne de la Virgen María de una manera humana, sino milagrosa. Y, por tanto, no se da el dolor. Y si no hay dolor, el conocimiento que tiene la Virgen María para saber que llega el momento del parto, no es humano, no es por lo que le dice su carne, sino divino.

El parto fue milagroso y sin dolor. Esto es el dogma que todos deben creer y que todos deben predicar, porque, hoy en la Iglesia, se reviven los errores, las herejías del pasado, en las que se pretendía que la Virgen María da a luz como toda mujer, es decir, con dolores y roturas sin perder la virginidad. Y, por tanto, la Virgen María no se comporta con el Hijo que lleva en su seno de una manera divina, sino humana. Y esto lleva a negar que lo que hay en la Virgen María sea obra del Espíritu Santo.

Si el Espíritu Santo es el que concibe el Hijo en la Virgen María, entonces el conocimiento que tiene la Madre con el Hijo es divino, no sólo humano. En su ser de mujer, siente al Hijo en su vientre, porque la Virgen es también humana, pero no siente el peso del Hijo, no siente las dificultades que toda mujer tiene durante los nueve meses en que lleva a su hijo en el vientre, porque lo que Dios concibe, la obra divina de Dios en la Virgen María no es la obra de un hombre, no lo hace Dios como lo hacen los hombres. Es una concepción virginal, sin dolor, sin placer, sin hombre, para un parto virginal, sin dolor, sin placer, sin nada de lo humano.

Y, en consecuencia, cuando llega el momento del parto, se da a la Virgen María un conocimiento divino para que busque el lugar que Dios quiere para el nacimiento de Su Hijo. Y, cuando la Virgen María llega a ese lugar, entonces cae en éxtasis y sobreviene el parto virginal, sin dolor, milagroso. Y la Virgen María, una vez sale del éxtasis, se encuentra entre sus brazos al Hijo del Padre. No hay roturas, no hay sangre, no hay nada que dé a entender que fue un parto como la toda mujer. Porque la Virgen María es divina, no sólo humana. Y hay que verla así para poder comprender sus misterios, que son los misterios de Dios en Ella.

La Virgen María no tuvo dolores en el parto por Voluntad de Dios. Y esa Voluntad Divina significa que la Virgen María se asocia a la Obra de la Redención de Su Hijo en un parto sin dolor, como su concepción fue Inmaculada, sin pecado, porque ya fue redimida por Cristo antes de la Obra de la Redención. Muchos quieren poner un error diciendo que los dolores en el nacimiento de Jesús serían una expresión maternal de su asociación a los sufrimientos salvíficos de Jesús desde su nacimiento. Esto es una desviación en la doctrina de la Iglesia.

Dios asocia a Su Madre a la Obra de la Redención de Su Hijo de una manera singular, sólo para la Virgen María, sólo en el decreto de Dios, sólo atendiendo a lo que es la Virgen María en el pensamiento divino, no humano.

Poner los dolores en el nacimiento es expresar que no se cree en el poder de Dios que hace que una criatura, como la Virgen María, sea asociada a la Obra de la Redención humana de una manera que nadie lo puede comprender. Nunca hubo un parto doloroso como una señal para decir que la Virgen María también tenía que amar gozosamente a Su Hijo en el dolor, como los santos en sus dolores místicos. No se confunda lo místico con lo divino, porque el parto virginal no es un asunto místico, sino divino en la Virgen María, porque es la misma Presencia de Dios en el seno de la Virgen María. Una Presencia física, divina, no mística. Y, por tanto, no puede darse el misticismo que muchos quieren cuando tratan este tema de forma errónea, sin ponerse en la Verdad.

“Jesús nació sin mancha de la que Él mismo se preparó sin mancha alguna… María es el orbe celestial de una nueva creación en la que el sol de justicia (Cristo) siempre brilla y así ha alejado de su alma (de María) la oscuridad de la noche del pecado” (San Proclo, patriarca de Constantinopla )

“Entró y habitó secretamente en el seno; saliendo después del seno, no rompe el sello virginal” (San Efrén).

“Ninguna partera la asistió; en su parto, ni intervino ninguna mujer oficiosa. Con sus propias manos, María lo envolvió; en sus pañales, siendo ella misma madre y partera: “y lo envolvió; en pañales y lo acostó; en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón” (Lucas, 2:7)” (San Jerónimo – Tratado contra Helvido)

Francisco babea hablando de la Virgen María: sentía lo que sentía otra mujer: Este es el babeo de Francisco. María es divina. Esto es lo que nunca va a poder decir Francisco. La Virgen María siente a su Hijo en su vientre de una manera divina, no humana, porque María no es como otra mujer. La Virgen María es totalmente diferente a cualquier mujer. Francisco odia a la Virgen María. Y si no es capaz de cuidar a la Madre, entonces está en la Iglesia para destrozar la Obra del Hijo del Padre y de la Madre.

“María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas”: en esta frase Francisco pone la dualidad entre el hombre y la mujer, es decir, quiere confrontar el cuerpo masculino y el alma femenina. Como la Virgen concibe un hijo sin varón, entonces ese hijo tiene un alma femenina y la Iglesia, por tanto, también tiene un alma femenina. El problema de fondo es la dignidad de la mujer en la cultura actual. Pero la solución que se quiere dar a ese problema no es Evangélica, no es Revelada, sino que va contra la Palabra de Dios.

El alma de la Iglesia es el Espíritu Santo. Por tanto, decir que el alma de la Iglesia es femenina es decir una cosa bonita, pero sin sentido, sin lógica. Bello, pero mentira. Hoy día se dice que Dios es mujer. Se va contra el Ser Divino, que no es mujer ni es hombre.

La Virgen María tiene su alma creada por Dios, distinta al alma de la Iglesia. Y, cada miembro de la Iglesia, tiene su alma, que no son las almas de María ni de la Iglesia. Nuestras almas son diferentes una de otras. Pero el problema no es éste.

El alma no es masculina ni es femenina. El alma es espiritual. El cuerpo es el de un varón o de una mujer. Éste es el problema. Se quiere ver todo con el alma femenina, pero no se atiende a que el alma es espiritual. Se cae en el sentimentalismo, en el humanismo. Se niega el espíritu del alma, la esencia del alma. Éste es el problema.

Los sentimientos de una mujer o de un hombre no revelan lo que es su alma. Sólo revelan su humanidad, su vida humana, sus obras humanas, sus pensamientos humanas. Pero todo hombre y toda mujer es algo más que lo humano, que lo carnal, que lo sentimental porque tiene un alma espiritual. El alma no es su sentimiento, no es un pensamiento. La persona humana tiene conocimientos y sentimientos, pero sus alma es espiritual, no es sentimental, no vive de sentimientos.

Y, por tanto, decir que los sentimientos femeninos de María, la Iglesia y nuestras almas son lo mismo es contar una fábula. Y no más. Es hablar bonito y no decir nada. Es contar una herejía que subyace en el fondo de estas palabras.

Porque para imitar a María no hay que imitar sus sentimientos femeninos, que tiene como persona humana, sino que hay que imitar sus virtudes: su humildad, su amor a Dios, su paciencia, su pureza virginal. Hay que imitar lo divino en Ella, no mirar lo humano, no atender a lo humano.

Francisco construye una homilía sin sentido cristiano, sin dar la sana doctrina sobre la Verdad, ni de la Virgen, ni de la mujer, ni de la Iglesia, ni del hombre. ¿Cómo quiere, después, predicar sobre Cristo, si no sabe predicar sobre la Virgen María, si no sabe poner a la Virgen María en el lugar que le corresponde en la Iglesia y en el mundo?

“nuestra alma se asemeja a la Iglesia; nuestra alma se asemeja a María”: el alma no se asemeja a nada, ni siquiera de una forma análoga como lo expone Francisco. No hay analogía cuando se habla del alma. Hay analogía cuando se habla del ser.

Pero cuando se trata del alma, cada persona tiene su alma. Y no hay más. Hay que predicar de las virtudes, de los vicios y eso es dar la semejanza con Dios o con el demonio. El que practica las virtudes teologales imita a María, pero no imita su alma. Imita a los Santos, pero no imita las almas de los santos. Imita lo divino que hay en cada persona. Y eso divino es algo más que el alma espiritual. La persona tiene un espíritu, que no es su alma. La Iglesia es Espíritu. El alma de la Iglesia es el Espíritu. El alma de la Iglesia no es semejante al alma de María. Cosas bonitas que predica ese necio, pero que no dan la Verdad de la Iglesia, sólo su babeo.

A Francisco se le cae la baba de la mentira cuando predica cada día en la Iglesia.

Francisco nunca habla correctamente de las cosas espirituales. No enseña ni siquiera las bases imprescindibles de la vida espiritual. ¿Es que no ven que no puede ser llamado Papa porque no confirma en la fe de la Iglesia, no da la verdadera doctrina de Cristo? ¿Cuándo van a entender este punto fundamental en Francisco?

Francisco no habla como Papa verdadero, sino como uno que se hace llamar Papa sin serlo. Y la gente sigue babeando con ese idiota de Francisco. Y la gente sigue haciendo caso al babeo de Francisco.

Anuncios

3 comentarios

  1. José M dice:

    Las barbaridades de Francisco tienen una lógica (errada). Si no se cree en el pecado, no se cree en el pecado original como una auténtica degeneración del ser humano y en consecuencia, tampoco se cree en la maldición a la mujer contenida en Génesis en el que Dios le dice a la mujer, ya caída, que parirá con dolor.

    Si se cree que la caída y la consiguiente maldición a la mujer caída son mitos, entonces cuesta entender porque era necesaria la creación de la Virgen María para poder ser la madre del redentor y porque era necesario que naciera sin pecado original.

    La Virgen María no tenía pecado original, no estaba “caída”, ergo a ella no se le aplica la maldición del génesis y no tenía porque alumbrar con dolor. Por otro lado, teniendo en su seno un hijo cuyo cuerpo podía ser glorioso (como se puede ver en el Evangelio en la Transfiguración del Señor), es fácil entender que su parto fue muy distinto del de las mujeres normales y que mantuvo incólume su virginidad. Tanto la madre (no caída), como el hijo (Nuestro Señor) no tenían nada que ver con una madre y un hijo normal.

    Pero para ver como evidente lo que acabo de reseñar, hay que creer, en primer lugar, que hubo caída, que la caída representó el pecado original y que dicho pecado original nos hizo “hijos de los hombres” necesitados de redención en lugar de “hijos de Dios”. Y en la economía de la salvación, el papel de la Virgen María, y más específicamente su virginidad perpetua, es esencial; pero no hay más ciego que el que no quiere ver.

  2. Juan Pablo dice:

    Tal vez me equivoco, ya que no soy el más indicado para hablar, pero me temo que este asunto de lo masculino y lo femenino en el otro mundo, ya fue zanjado por Jesús en el asunto de la Resurrección: San Marcos12, 18-27:
    “Díjoles Jesús: ¿No estáis equivocados por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Porque, cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dadas en matrimonio, sino que serán como ángeles en los cielos. Por lo que toca a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo habló Dios, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos. Muy errados andáis.”
    Esto que se dice aquí: “Hoy día se dice que Dios es mujer” tengo entendido que es de la doctrina New Age.

    • josephmaryam dice:

      Ciertamente es así como dice, pero las homilías de Francisco ponen a los hombres en mucha oscuridad porque da cosas que no pertenecen a la doctrina de la Iglesia y hace que todos, al final, compartan un pensamiento mentiroso y no sepan discernir de dónde viene ese pensamiento, como en el caso de los femenino. Por eso, se intenta dar luces a los hombres para que vean el juego de Francisco, por dónde va, por qué predica de esta manera.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: