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El espíritu de la Navidad

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“Se aproxima el derrumbe total de la humanidad y de la Iglesia, la transformación de mi Iglesia ya está en marcha y en cuanto se aprueben esas reformas, pobres de mis hijos que ya serán pocas las iglesias que estará mi Presencia Real. Veréis como en poco tiempo se irá sustituyendo cosas sagradas por paganas, palabras santas por vulgares, hechos por signos. Se cerraran confesionarios, quitaran imágenes, faltaran flores y velas y sagrarios vacíos sin el alimento de los ángeles, de los hombres. Todo se sustituirá y aquel trono que tú vistes llevando a la bestia y los hombres cegados lo creían en tus sueños, es lo que sucederá. Ya no llevarán en hombros a Jesús sino al maligno y su falso pastor” (Mensajes personales de noviembre 2013 dados a una hermana elegida por Dios en el bº del pilar).

El espíritu de la Navidad es el Amor que se encarna: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14).

El Amor Divino se hace carne: eso significa que Dios asume al hombre, lo hace suyo, lo eleva a su dignidad, lo transforma en hombre nuevo, hombre divino, que participa de la Divinidad, que camina junto a Dios para obrar las mismas cosas que Dios obra.

Cuando el Verbo asume la carne en la Virgen María, diviniza a la Virgen, la hace lo más semejante a Él, que es la Palabra del Padre. La Virgen es la semejanza de la Palabra del Pensamiento del Padre. La Virgen engendra la Palabra del Padre; la Virgen da a luz la Palabra del Padre. Y, por tanto, María Santísima no es como cualquier mujer de la tierra; es otra cosa, tiene qu ser mirada en Dios y sólo en Dios. No se la puede mirar como mujer, como ser humano, como una persona más con una vida y obras en lo humano.

La Virgen María es la que ofrece al hombre la Palabra de Dios. Sin Ella, no es posible tener a Dios con nosotros. Sin la Madre de Dios, los hombres no pueden conocer a Dios, no pueden buscar a Dios, no pueden encontrarlo en sus vidas humanas.

La Virgen María no es la que engendra a Jesús, sino la que ofrece al Verbo su vientre, su corazón, su alma, su espíritu, para que el Espíritu obre en Ella las maravillas del Padre.

Santa María no pone en la concepción de Jesús: “Y miró la nada de su Esclava”. Dios, para encarnarse, sólo necesita un corazón humilde, desprendido de todo, en que lo humano se anule totalmente.

Por eso, cuando el verbo se encarna en María, el Verbo lo da Todo a la Virgen, porque Ella sólo puso su nada, su bajura, su humildad, su sencillez, su abatimiento ante Dios.

Santa María es la que produce a Dios en todas las cosas de su vida humana. No hay una palabra, un gesto, una obra, una sonrisa, una turbación, que no sea divina en Ella. En Ella no se dan las angustias del hombre, las preocupaciones del hombre, las tristezas humanas, porque Ella es divina, no es humana, no es carnal, no es material, no es natural, no es profana. La Virgen María no mide la vida humana con su pensamiento humano, con sus medidas humanas, con sus limitaciones humanas. La Virgen María sólo da lo divino en toda su vida humana. No da nada humano, no ofrece nada humano, no vive nada humano, no obra nada humano.

Por eso, cuando en la Iglesia se habla mal de la Virgen María eso es señal de que esa Iglesia no es la de Cristo.

La Iglesia es la Obra de la Palabra de Dios. Y, por tanto, la Iglesia es la Hija de la Virgen María. Y eso quiere decir que todo lo que es la Iglesia viene de la Virgen María. No hay en Ella algo diferente a la Virgen María. De tal Madre, tal Hija.

La Iglesia, para amar a la Virgen María, para amar a Su Madre, tiene que engrandecer las virtudes, las gracias, los dones, los carismas, los espíritus que Dios ha dado a Su Madre.

La Iglesia tiene que elevar a la Virgen María a lo más alto, a lo más sagrado, a lo más divino, porque es la Virgen María la que ha dado a luz a la Iglesia. La Iglesia nace del seno virginal de la Virgen María. La Iglesia nace de un habitáculo Santo, Sagrado, Inmaculado, Divino. Y, por tanto, es necesario que en la Iglesia, la Virgen tenga el lugar que se merece: Santa María es la Madre de Dios, la Reina absoluta de todo y la Vencedora de Satanás. Ella es la Tesorera de todas las Gracias, que el hombre no ha querido reconocer.

Si no se le da este lugar en la Iglesia, entonces esa iglesia no es la de Cristo. Cristo está donde está Su Madre. Cristo no está donde no se echa a Su Madre. Es la Virgen María el camino hacia Jesús. No sólo señala dónde está Jesús, sino que hace caminar hace Él, lleva a cada alma al Corazón de Su Hijo.

El Corazón de la Madre y el Corazón del Hijo son una sola cosa. No son dos personas distintas con dos corazones. Son dos, pero con un solo Corazón. Lo que está en el Hijo está en la Madre. Y lo que está en la Madre está en el Hijo. Entrar en el Corazón de la Madre es penetrar el Corazón del Hijo. Poseer el Corazón del Hijo es quedar poseído del Corazón de la Madre.
Nada se puede hacer sin la Virgen María en la Iglesia. No es posible. Cualquier gracia que se pida a Jesús en la Iglesia, tiene que pasar por manos de la Madre, tiene que concederla ante la Madre. Dios no da nada a Su Iglesia sin el consentimiento de Su Madre, porque la Virgen María lo dio todo a Dios: toda su Voluntad, toda su libertad, toda su vida, todo su ser. La Virgen no se quedó con algo en Ella, no se apegó a algo en su vida, no miró su vida para un fin humano, sino que sólo dio su mirada a Dios, su voz a Dios, sus oídos a Dios, sus manos a Dios, sus pies a Dios.

Quien no ama a la Virgen María no puede amar a Dios, no puede adorar a Dios, no puede hacer la Voluntad de Dios.

Quien rebaja a la Virgen María de su Trono en la Iglesia, se sale de la Iglesia de Cristo, se sitúa fuera de la Iglesia de Cristo, hace de la Iglesia de Cristo una nueva iglesia, donde no se puede amar a la Virgen ni a Jesús.

Toda iglesia que no dé culto a la Virgen no es la Iglesia de Cristo. Toda Iglesia que no ponga a la Virgen María como Reina de todas la cosas, en el mundo y en la Iglesia, no es la Iglesia de Cristo.

La Iglesia de Cristo es la Virgen María. El sagrario donde Cristo es guardado es el seno de Su Madre. Cada sacerdote, fiel a Cristo, es hijo predilecto de la Virgen María, es el mismo Cristo, sus mismo Hijo, otro Cristo, otro Jesús. Y, cada fiel que obedece a la Iglesia de Cristo, es el Amor de la Virgen María en la Iglesia. Cada corazón debe revelar el Amor de la Madre en la Iglesia, el Amor de Su Madre, el Amor que nace del Hijo, que es dado por el Padre en el Espíritu. Todo en la Iglesia es de la Virgen María. Y nada en Ella se hace sin la Virgen.

Por eso, quien predica en contra de la Virgen María, como lo hace Francisco y los suyos, producen el caos en toda la Iglesia y en el mundo. Cuando se eche a la Virgen María de la Iglesia, Cristo se va. Antes de que quiten la Eucaristía, la Virgen María será suprimida. Todo comienza cuando el hombre toque a la Madre de Dios. Cuando se produzca eso, la Justicia del Padre cae sobre Roma y sobre el mundo, por despreciar lo más Santo, lo más Sagrado, lo más Divino que tiene la Iglesia: Su Madre, la Virgen María.

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2 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    El Santo Rosario dice:

    Dios te salve María Hija de Dios Padre
    Dios te salve María Madre de Dios Hijo
    Dios te salve María Esposa del Espíritu Santo
    Dios te salve María Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.

    No puede haber dignidad ni intimidad mayor.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Francisco en la Misa del Gallo: «Jesús no es un maestro de sabiduría o un ideal; Él es el sentido de la vida»

    Efectivamente, Él es el sentido de la vida, Y ADEMÁS -Francisco, que no te enteras- Él ES un maestro de sabidurìa y un ejemplo de ideal en la vida, realidades estas que Francisco, él sabrá porqué, quiere tapar. Es imposible encontrar en el pensamiento de Bergoglio una idea, una frase o un párrafo que no esté contaminado por el error y la confusiòn. Con este bagaje intelectual, teologal, humanista es imposible confirmar en la fe catòlica. Y por lo tanto, ser Papa.

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