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Francisco: un hombre corrupto en su corazón

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“La corte es la lepra del papado” (Entrevista a Francisco en el diario La Repubblica por Eugenio Scalfari, 1 octubre 2013).

Si se dice que Roma es la lepra del Papado, entonces debe decirse que cada iglesia particular es una lepra para el Papado. Y si la Iglesia es una lepra, entonces el Papado mismo es una lepra. Lo que es la Jerarquía de la Iglesia es el Cuerpo Místico: si es una lepra, todos somos leprosos. Este es el odio de Francisco sobre la Iglesia.

Estas palabras dan a entender que él no pertenece a una Iglesia que es una lepra y, por tanto, hace su iglesia en Roma, una nueva iglesia que, para él, es lo más santo que existe en el mundo entero.

Estas palabras del hereje Francisco son su testamento en la Iglesia, porque señalan la corrupción de su alma sacerdotal. Señalan lo que es su alma: odio y venganza contra los Papas y la Iglesia.

Francisco está corrupto como sacerdote, es decir, su doctrina es del demonio, no es la de Cristo. Su odio a la Iglesia es evidente. Lo ha expresado durante diez meses largos.

Sus homilías son el look de su corrupción, son la manifestación de lo que su alma vive: su pecado.

Sus obras en la Iglesia son las obras de un demonio que sólo vive para hacer daño a la Iglesia.

Francisco tiene en su doctrina la utopía de un hombre que sólo vela por su negro pensamiento, pero que es incapaz de dar una sola verdad al hombre, a la Iglesia, a la familia, a la sociedad. No es capaz, porque no puede ver su pecado, su negra corrupción, su espíritu muerto a la verdad, pero vivo a la mentira.

Un Papa verdadero cuida el Vaticano, la curia, Roma, porque la Iglesia tiene su centro en el Vaticano, se gobierna desde Roma, no desde la periferia, no desde cada Iglesia particular.

La Iglesia es la Jerarquía, no es el Pueblo de Dios. La Iglesia es el Papa, no los Obispos en sus diócesis. Nunca la Iglesia ha sido el Pueblo de Dios. La Iglesia no es el conjunto de Iglesias particulares, sino que es Una, única, en que la Verdad se vive en todas partes. La Iglesia la gobierna uno solo, no muchos en muchas partes.

El Concilio Vaticano II no definió la Iglesia como Pueblo, sino que la dejó como siempre se ha concebido, como Cuerpo de Cristo.

Francisco no sigue lo que la Congregación para la doctrina de la fe dijo en su documento “Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la iglesia”, que el Papa Benedicto XVI aprobó y confirmó el 29 de junio de 2007:

Primera pregunta: ¿El Concilio Ecuménico Vaticano II ha cambiado la precedente doctrina sobre la Iglesia?
Respuesta: El Concilio Ecuménico Vaticano II ni ha querido cambiar la doctrina sobre la Iglesia ni de hecho la ha cambiado, sino que la ha desarrollado, profundizado y expuesto más ampliamente”.

El Concilio Vaticano II sólo fue pastoral, no dogmático y, por tanto, cuando habla de la Iglesia como Pueblo de Dios lo hace en un lenguaje pastoral, no dogmático, no definiendo algo nuevo.

Para Francisco “El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea” (Entrevista a Francisco por P. Antonio Spadaro sj, director de la revista La Civiltà Cattolica, 19 de septiembre 2013 ). Y, por tanto, -para Francisco- el Concilio Vaticano II ha cambiado la doctrina sobre la Iglesia. Ahora hay que mirar la Iglesia según la cultura contemporánea, no según la Tradición de la Iglesia, no según el Magisterio Auténtico de la Iglesia, no según los dogmas en la Iglesia, no según su liturgia de siempre, sino según la cabeza de Francisco. Porque así lo dice Francisco. El Papa Benedicto XVI dijo que nada cambia en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, no hay que hacer relectura, ni meditaciones sobre la Iglesia. La Iglesia sigue igual que hace 20 siglos, cuando no existía la cabeza de Francisco.

La cultura contemporánea es la cabeza de Francisco. Lo que piensan los hombres en el mundo sobre lo que debe ser la Iglesia, sobre lo que debe ser su doctrina, sobre lo que hay que creer y no creer en la Iglesia, eso es lo que está en la cabeza de Francisco.

Francisco vive en su cabeza la cultura contemporánea, luego no vive de fe, no puede tener la Mente de Cristo.

Jesús le importó un rábano la cultura de su tiempo. Jesús funda Su Iglesia sobre Él Mismo, no sobre la cultura de su tiempo. ¿Y viene, ahora, este necio de Francisco para decir que hay que volver a los orígenes de la Iglesia, porque en esos orígenes de la historia se descubre lo que es la Iglesia? Pero si los orígenes de la Iglesia son divinos. ¿En qué cabeza cabe que hay que descubrir la cultura del tiempo de Jesús para encontrar el origen de la Iglesia? Sólo en la cabeza negra de Francisco. Este hereje no cree en la Palabra de Dios, no cree en la Mente de Cristo, sólo cree en la cultura contemporánea, cree en las palabras y en las obras de los hombres, sólo adora su mente humana. Y así hace la doctrina de su iglesia, que es el culto al hombre que se cree dios.

“La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del Pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos, los obispos que tienen a su cargo muchas almas, están al servicio del Pueblo de Dios”: esta es la gravedad de Francisco sobre la Iglesia. Este es el peso que Francisco ha puesto en Roma para destruir la Iglesia. Esta es su concepción de la Iglesia, su idea equivocada, su fábula en Roma, que es lo más opuesto a la concepción de Jesús sobre la Iglesia.

No se está en la Iglesia para servir al Pueblo, sino para servir a Dios, para obedecer la Mente de Dios y darle al Pueblo lo que Dios quiere. No se está en la Iglesia para darle al Pueblo lo que el Pueblo quiere. La Iglesia no abraza al Pueblo, sino que lo guía por el camino que Cristo ha recorrido en su vida humana: un camino de cruz, un camino no humano, no filosófico, no histórico, no temporal, sino espiritual, celestial, divino.

La fábula de Francisco: “Dios se manifiesta en una revelación histórica, en el tiempo. Es el tiempo el que inicia los procesos, el espacio los cristaliza. Dios se encuentra en el tiempo, en los procesos en curso” (Entrevista a Francisco por P. Antonio Spadaro sj, director de la revista La Civiltà Cattolica, 19 de septiembre 2013 ). En este idealismo funda su nueva iglesia en Roma. Esto es un cuento chino que se lo traga todo el mundo. La gente babea con esto y adula a Francisco con esta chorrada de su pensamiento negro y demoniaco.

Dios se hace presente en Su Espíritu. Punto y final. La historia, la cultura moderna, el tiempo que es superior al espacio, que se lo cuente a otro. Dios no hace una revelación histórica. Dios se revela a cada alma en particular. Y, en cada corazón, Dios pone su Misterio de Gracia. Y no hay nadie que pueda saber lo que Dios pone en cada corazón. Ningún hombre en la historia conoce esos Misterios Divinos. ¡Cuántos santos desconocidos para todos, incluso para la misma Iglesia! ¡Que se deje de chorradas Francisco! Él no sabe llamar al pan, pan; ni al vino, vino. Francisco es un charlatán de su negro pensamiento humano, uno que cuenta chistes en la Iglesia, uno que hace reír a los demás para que vayan contentos al infierno, como él va.

Estamos hartos de la fábulas de Francisco, de los discursitos de Francisco, de las estupideces de Francisco todos los días.

Nunca la Iglesia ha sido la comunidad del Pueblo de Dios. Nunca. Eso se lo han sacado de la manga todos los modernistas, todos los marxistas como Francisco. Eso no está en el Evangelio, sino sólo en la cultura contemporánea, a la que Francisco hace caso, porque está corrupto: está muerto espiritualmente.

Jesús, bien claro lo dice en Su Evangelio: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”. Sólo los bobos no captan esta frase del Señor en su realidad. Los necios, con Francisco a la cabeza –y son la mayoría de los sacerdotes y Obispos- interpretan como les da la gana esta Palabra Divina, porque no tienen Fe. Sólo por eso. Son los fariseos, los escribas modernos, que dan la vuelta, que tergiversan todo el Evangelio, que anulan toda verdad en la Iglesia.

“los Padres del Concilio cuarto de Constantinopla, siguiendo las huellas de los mayores, publicaron esta solemne profesión: “La primera salvación es guardar la regla de la recta fe […] Y como no puede pasarse por alto la sentencia de nuestro Señor Jesucristo que dice: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia [Mt. 16, 18], esto que fue dicho se comprueba por la realidad de los sucesos, porque en la Sede Apostólica se guardó siempre sin mácula la Religión Católica, y fue celebrada la santa doctrina. No deseando, pues, en manera alguna separarnos de la fe y doctrina de esta Sede […] esperamos que hemos de merecer hallarnos en la única comunión que predica la Sede Apostólica, en que está la íntegra y verdadera solidez de la religión cristiana” [cf. 171 s]. (Conc. vaticano I – SESION IV – Constitución dogmática I sobre la Iglesia de Cristo).

El Vaticano ha guardado siempre sin mácula la Religión Católica. Siempre. A pesar de las desobediencias de muchos sacerdotes y Obispos al Papa, siempre se ha mantenido la regla de la recta fe, porque Cristo Jesús nunca ha faltado a Su Iglesia con Su Pedro. Pedro ha guardado la doctrina sana de Cristo y de la Iglesia. Y ningún Papa se ha separado de la fe y de la doctrina de Roma nunca. Sólo Francisco lo ha hecho claramente. Es su locura en Roma. ¿Cómo puede salvarse Francisco si no guarda la regla de la recta fe? ¿Cómo puede conducir a la Iglesia hacia la salvación si no guarda la sana doctrina de Cristo? ¿Cómo va a salvar almas si ni siquiera quiere salvar la suya?

Tenemos a un loco sentado en la Silla de Pedro. Un loco que se cree santo, un loco que se cree sabio, un loco que se cree en posesión de la verdad de la Iglesia. Un loco al que llaman falsamente Papa.

Francisco sólo enseña a pecar en la Iglesia. No juzga a nadie: que el homosexual siga en su pecado, el protestante que siga en su pecado, el judío que viva en su negación al Mesías, que cada hombre en el mundo siga pecando. Como Dios es tan bueno, a todo el mundo Dios salva con sus malditos pecados. Esta es la predicación de ese loco, llamado Francisco, que se llama Papa sin serlo.

Un Papa es algo muy serio en la Iglesia para estar aguantando todos los días las necedades de un loco.

Decir que la curia es la lepra del Papado es enfrentarse a la misma Iglesia. No es corregir el defecto de la Iglesia, sino enfrentarse a Ella para destruirla. Este es el sentid de esas palabras de este hereje.

Un verdadero Papa siempre dice que el Vaticano, la Curia, Roma, da la Verdad de la Iglesia, guarda la doctrina de Cristo íntegra. Nunca dice que es la lepra del Papado. Nunca. Se está juzgando a cada sacerdote y a cada Obispo, y se está diciendo que lo que viven y obran en el Vaticano no dan la Verdad de la Iglesia. Que hay que cambiar las estructuras del Vaticano para que sean otra cosa distinta a lo que ha sido siempre. Cambiar estructuras, pero no cambiar corazones.

No se puede decir esto sin caer en el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Para corregir el defecto del Vaticano, para hablar de los pecados de Roma, hay que corregir a cada sacerdote y a cada Obispo en particular. Si hay corrupción, que se vean los casos particulares. Pero no se puede meter a todos en el bombo y decir que la Curia es la lepra del Papado. Eso es hablar corrupción y levantar el odio en toda la Iglesia. Eso no es cuidar la Verdad en la Iglesia.

La Iglesia no es una lepra, sino una Vida para todos. Los hombres pecadores, como Francisco, son la lepra de la Iglesia, la lepra de la Jerarquía, la lepra que hay que extirpar siempre en la Iglesia, para que no se contagie con la enfermedad mortal de unos pocos que no aman la Iglesia, sino que aman sus lujurias en la vida y que las enseñan sin vergüenza en medio de la Iglesia.

Así hablan los fariseos, para declarar la guerra a toda la Jerarquía, porque a Francisco no le gusta la Jerarquía. A Francisco sólo le gusta el pueblo, los laicos, el mundo, el hombre. Donde está el hombre ahí está el loco de Francisco. Donde está Cristo, allí desparece Francisco. Francisco no vive la santidad de Cristo, sino la mundanidad del demonio.

“Por mi parte, tengo una certeza dogmática: Dios está en la vida de toda persona. Dios está en la vida de cada uno. Y aun cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, la droga o cualquier otra cosa la tengan destruida, Dios está en su vida. Se puede y se debe buscar a Dios en toda vida humana” (Entrevista a Francisco por P. Antonio Spadaro sj, director de la revista La Civiltà Cattolica, 19 de septiembre 2013). Este es el dogma del demonio en la mente de Francisco. ¿Dónde está Dios en el asesino, en la que aborta, en el que se droga, en el que no cree en Dios, en el que niega que Jesús sea el Mesías, en el que tiene muchos dioses para adorar en su vida, en el que ha hecho de su vida la adoración a su pecado? ¿Dónde se encuentra Dios en un alma que no quiere quitar su pecado, que llama a su pecado con el nombre de dios? ¿Qué fábula quiere enseñar Francisco con esta estupidez de su mente diabólica?

Si Dios está en cualquier vida de los hombres, entonces todos los hombres están en el Cielo y se van al Cielo. ¿Para qué, entonces, Jesús ha muerto en la Cruz? ¿Para qué existe un infierno si está vacío? ¿Para qué un Purgatorio si ya con sufrir en la vida humana es suficiente para ser santo? ¿Para qué sirve la Iglesia si con lo que hay en el mundo el camino está ya hecho para salvarse?

Dios no está en la vida de nadie. Dios no está en el pecado de nadie. Dios pone un camino al hombre: o te salvas o te condenas. Y el hombre tiene que elegir una cosa u otra. Dios es Justicia en Su Misericordia. Quien desprecia su Misericordia se condena sin más. Esto es lo que ese hereje nunca predica, porque sólo tiene su dogma: todos salvados, todos somos santos, todos entran en la iglesia, porque lo dice Francisco. Como es el Papa, lo que diga hay que aceptarlo. Así piensan muchos. Hay que gente que se le cae la baba cuando habla ese idiota. Y, después, quiere que todo el mundo haga igual que ellos.

“La nuestra no es una fe- laboratorio, sino una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un compendio de verdades abstractas” (Entrevista a Francisco por P. Antonio Spadaro sj, director de la revista La Civiltà Cattolica, 19 de septiembre 2013): No existe la fe histórica. La fe histórica, para Francisco, es el conjunto de lo que cree el Protestante, el judío, el mahometano, y lo que hay en la cabeza de cada hombre que existe en el mundo. Es una ensalada de creencias, sin importar lo que se cree, en la que todos pueden comer lo que quieran, porque todo es sabroso para condenarse. Como Dios está en cada vida humana, entonces, lo que cada uno cree eso es la fe histórica. Mayor chorrada no puede hablarla ese hereje.

Dios da la fe a cada alma. La fe es un don de Dios, es algo espiritual, que no tiene nada que ver con el tiempo ni con el espacio. No se circunscribe a la cultura de ningún hombre, no puede medirse con el pensamiento de ningún hombre. La Fe es la Verdad, que es Jesús. Y Dios revela la Verdad al hombre. Y para tener fe no hay que caminar en la historia de los hombres, no hay que vivir una vida humana, no hay que mirar lo que piensan los hombres o lo que desean los hombres o lo que obran los hombres. Sólo hay que aceptar en el corazón esa Verdad. Punto y final. Lo demás, las fábulas de Francisco.

Francisco se inventa su iglesia con su mente. Le interesa muy poco la Doctrina de Cristo, el Magisterio de la Iglesia, la Tradición, los dogmas. Se los pasa por el trasero. Sólo quiere su utopía: los pobres.

Francisco quiere una iglesia pobre, que atienda a los pobres, y que reciba ayuda material para sostener a los pobres. Esa es su utopía, esa es su fábula, esa es su locura. Y eso no está en el Evangelio, sólo en la negra cabeza de ese corrupto.

No es posible obedecer al loco de Francisco. Sólo se obedece a Cristo que dio su vida a los hombres a pesar de que muchos de ellos no querían salvarse. ¿Quién va a dar la vida por las ideas de Francisco para fundar esa nueva iglesia? Nadie. Ni siquiera los locos como Francisco, porque todos odian a Francisco, incluso los que se dicen sus amigos.

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