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Francisco: su idealismo kantiano

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Salette2009

No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino, que ‘fragmentan’ el tiempo, transformándolo en espacio. El tiempo es siempre superior al espacio. El espacio cristaliza los procesos; el tiempo, en cambio, proyecta hacia el futuro e impulsa a caminar con esperanza” (Lumen Fidei, n 57).

Para comprender este pasaje hay que ir al cuerpo y al alma. El cuerpo ocupa un espacio, se mueve en una dimensión, vive en un tiempo. Y el alma está unida al cuerpo, unida al espacio que tiene el cuerpo, unida al tiempo que vive el cuerpo, unida a la historia del cuerpo. El alma no tiene ni tiempo ni espacio.

El problema está en descifrar el alma en el cuerpo. El alma, al estar unida al cuerpo, está en un espacio o fuera del espacio. ¿Es el cuerpo la prisión del alma? ¿El infierno, el purgatorio, el cielo, son lugares, espacios, estados?

Ni el tiempo ni el espacio existen, es decir, Dios no los crea, pero surgen de la realidad de la creación divina. Dios crea el Universo y surge un tiempo y un espacio, que el hombre puede medir de muchas formas con su razón humana. Tiempo y espacio son entes de razón, pero con fundamento en la realidad. Es decir, no son algo que el hombre inventa en su cabeza, sino algo que se da en la realidad, pero no creado por Dios. Se da al crear la obra de la Creación. Y, como se dan en la realidad, se pueden medir de muchas maneras, según la medida que el hombre ponga: día, año, mes, hora, minuto, semanas de año, etc.

Para Kant, el tiempo y el espacio no existen en la realidad, sino sólo en la mente. Y, por tanto, cada hombre se inventa su tiempo y su espacio. Las cosas son nada sin la persona que las conoce, pero son algo al conocerlas, al entenderla con la razón. Esta es la herejía de Kant, que anula la realidad. Nada existe si el hombre primero no lo conoce. El hombre se inventa la realidad. Esto se llama el idealismo kantiano. Todo es un ideal, una razón, una idea, pero nada existe en la realidad de las cosas. El hombre lo crea todo con su razón. Y, por tanto, el hombre crea a Dios con su mente humana.

Esta filosofía, que es un absurdo, la siguen muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia. Es la que manifiesta Francisco en este pasaje.

El hombre crea con su experiencia, con su inteligencia la vida que vive. Y, por tanto, todo está en lo que piensa el hombre, no en la realidad de las cosas.

Los problemas de los hombres no son reales, son fruto de los pensamientos de cada hombre. Si se piensa mal, entonces la vida es un problema. Todo consiste en pensar bien, en tener pensamientos positivos y, entonces, la vida fluye sin más. La fe, por tanto, es un conjunto de pensamientos bellos, positivos, dinámicos, esperanzadores, que no estén limitados por nada, ni por el tiempo ni por el espacio en que vive el hombre.

La fe se la inventa cada uno en su cabeza y se vive de acuerdo a esos pensamientos bellos de la vida. Por eso, todo consiste en predicar bello, en no predicar del pecado, sino en predicar que Dios nos ama, que Dios es Misericordioso, que Dios es bueno con todos. Eso construye la vida. Eso hace la vida más agradable para todos. Y, cada día, hay que pensar que Dios no ama para vivir en paz, en felicidad constante, para tener una esperanza en la vida.

Como el hombre construye la realidad, el hombre, en el universo, no es un fragmento de la realidad, sino que es toda la realidad. El hombre piensa y va construyendo el universo. El hombre es el centro del universo. Y, de ese centro, se origina, con el pensamiento del hombre, todo el universo.

El hombre es espíritu, es decir, está en el universo pero no enraizado en él. El hombre es superior a la materia, a la carne.

El tiempo es un producto de la mente: el pasado, el presente, el futuro. Se concibe con la mente el pasado, el presente y el futuro. El tiempo no se detiene en un espacio. El espacio es algo concreto en la vida. Por eso, el tiempo es superior al espacio. El tiempo indica la eternidad. Pero la eternidad es un recordar el pasado, celebrarlo en el presente y obrarlo con la esperanza de un futuro que no acaba.

Por tanto, “no nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino”. No nos dejemos robar la eternidad que surge de coger un recuerdo del pasado, vivirlo ahora en el presente, y que sea un camino siempre para el futuro. Y lo que impide vivir esa esperanza son los pensamientos negativos que llevan a sendas que dan soluciones que obstruyen el camino hacia el futuro, que rompe el tiempo, que rompen la eternidad.

La esperanza es sólo un producto de la mente del hombre, no es una virtud que el hombre tiene que practicar, que nace de la fe y que le lleva al amor divino.

La esperanza, en esta concepción, es un pensamiento positivo de la vida, que siempre tiene que ser obrado en el presente, cada día, para alcanzar un futuro agradable para el hombre. Por eso, cada día hay que pensar que Dios nos ama, que Dios es Misericordioso. Los pensamientos negativos obstruyen esta esperanza.

Y el hombre cae en lo negativo sólo por su pensamiento. El infierno es un estado subjetivo de infelicidad. Es un sentirse mal, sentirse débil, sentirse frágil, sentirse pecador. Es un sentimiento que el hombre crea con su mente y que vive en su vida. Y el cielo es un estado subjetivo de felicidad. Es un sentirse bien, sentirse realizado en la vida, pleno en la existencia.

Como ven, esta doctrina está a la orden del día en muchas almas, en muchos sacerdotes, en muchos Obispos, que predican esto, sin saber que están predicando una auténtica herejía, que nace de un idealismo que niega a Dios en todo.

Los pensamientos negativos fragmentan el tiempo, la eternidad. Ya no se puede vivir el pasado en el presente para un futuro. Y, entonces, el hombre se queda en el espacio, en su modo de vivir su vida en su cuerpo. Se queda en el mundo de muchas maneras, según su sentimiento negativo, según su infierno.

Cuando el hombre piensa de forma negativa, rompe la eternidad, el tiempo, y se acomoda a su espacio de vida, a su mundanidad, a su forma de entender el mundo. Por eso, Francisco hablaba, en su evangelii gaudium de muchas mundanidades: la espiritual, la simplemente moral, que son formas de estar en el espacio de la Iglesia, de la vida, del mundo. Formas que nacen del pensamiento negativo sobre la Iglesia, sobre la vida, sobre el mundo.

Y, por tanto, no existe el pecado real de cada uno, sino el fruto de ese pensar negativo y que produce en la Iglesia, en la vida y en el mundo, desbarajustes, fragmentaciones, en que es imposible vivir felices.

“La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (Evangelium gaudium – n, 93). El pecado del fariseísmo no existe para Francisco, sólo existe la mundanidad espiritual. Y se da esta mundanidad espiritual porque hay personas que piensan de forma negativa en la Iglesia y que buscan su propia gloria. Esto, que es un pecado para el católico, para Francisco no es un pecado, es el fruto del pensamiento negativo de cada hombre.

Francisco ataca el pensamiento negativo de estos hombres, pero no ataca el pecado de estos hombres. No puede atacarlo porque no puede juzgar al hombre. Para Francisco juzgar a una persona es un pensamiento negativo que fragmenta la eternidad, el tiempo, y que le hace caer en un estado, en un espacio malo, que no le lleva a la felicidad de la vida. Hay que pensar bien de todos. Por eso, cae Francisco en el sincretismo religioso: todos son buenos y, por tanto, todos se salvan. La Iglesia es para todos los hombres del mundo.

“Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretensión de «dominar el espacio de la Iglesia» (Evangelium gaudium – n, 95): estas personas, con estos pensamientos negtivos que fragmentan la eternidad, -el tiempo-, ocupan un espacio en la Iglesia, lo dominan, y hacen que la Iglesia no viva la esperanza, la felicidad:

“Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa (…) Cultivamos nuestra imaginación sin límites y perdemos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel” (Evangelium gaudium – n, 96): Francisco tiene un pensamiento positivo que no puede dejar: los pobres, que es la realidad sufrida del pueblo, porque vive según el tiempo fragmentado, vive encerrada en un espacio, en un infierno, porque muchos se dedican a otra cosa en la Iglesia y en el mundo. Hay que ayudar a los pobres, no hay que cultivar la liturgia. Ese cultivo de la liturgia es un pensamiento negativo que no lleva a lo que importa: dar de comer a los pobres. Porque la Iglesia es sólo para los pobres, es de los pobres, es pobre. Lo demás, no interesa, no es lo eterno, no da la felicidad.

“En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia” (Evangelium gaudium – n, 95). El problema de Francisco es que lo ve todo en la historia. La Iglesia en la historia, las necesidades históricas de los hombres. Porque todo lo mide con esta concepción idealista. Para triunfar en la vida, hay que crear un tiempo eterno, donde no se fragmente el recuerdo de la vida de Cristo. Cristo dio de comer. Eso es el pasado que hay que poner en el presente y mantener esa obra en la esperanza para alcanzar el paraíso en la tierra: que todos los pobres tengan dinero. Que ya no haya pobres en la tierra. Ese es el reino glorioso de Francisco en su negro pensamiento.

En este pensamiento no entra Dios, sólo el hombre. El hombre es el que crea a Dios con su pensamiento. Por eso, Francisco, no cree en el Dios Católico, cree en el dios que concibe con su mente humana.

“El tiempo es superior al espacio”, porque el tiempo es tres cosas: pasado, presente y futuro. El espacio es sólo el estar en un mundo, en ambiente, en sentimiento, en una forma de entender la vida, en un tiempo fragmentado, roto por un pensamiento negativo.

“El espacio cristaliza los procesos”: es decir, el que está en una forma de vivir, en un tiempo fragmentado, se cierra, se cristaliza y no puede ver las necesidades de los hombres. Cuando se fragmenta el tiempo con pensamientos negativos, entonces, los espacios se cierran, se cristalizan y no es posible que el hombre avance hacia la felicidad.

“el tiempo, en cambio, proyecta hacia el futuro e impulsa a caminar con esperanza”: hay que enderezar a los hombres hacia tiempos de vida y de humanismo, hacia cosas que son significativas para los hombres, que son útiles para su vida, que valen algo para cada hombre, para la comunidad de hombres, para el pueblo. Cosas buenas, como no ofender la dignidad ni del hombre ni de la mujer, como cuidar la creación, el planeta, como construir un mundo mejor en que todos tengan lo necesario para vivir. Entonces, si nos llenamos de pensamientos positivos, se da la magia: el tiempo es siempre superior al espacio.

Esta es la doctrina que enseña Francisco en su lumen fidei. Para él todo es un recuerdo, un ir al pasado de la vida de Cristo, para ponerlo en el presente y que eso haga un camino para el futuro.

La fe es una memoria fundante en la razón del hombre, en la idea positiva del hombre. Quien piensa bien la vida, entonces hace una iglesia perfecta. Quien piensa mal la vida, entonces se acomoda en la iglesia, domina un espacio en la iglesia e impide la perfección.

En esta encíclica Francisco anula todos los Sacramentos en la Iglesia y la misma Iglesia. Su forma de pensar es totalmente utópica, idealista, sin sentido, sin un ápice de verdad. Él se inventa todo en la Iglesia: el espíritu, la vida de Cristo, a Cristo, los Sacramentos, la vida espiritual, el pecado, etc.

Francisco es un hereje que no sabe nada de nada. No sabe dónde está parado. No sabe la maldición que le viene por parte de Dios por sentarse donde no debe estar sentado: en la Silla de Pedro.

Quien toca a Pedro en la Iglesia cae sobre él una terrible maldición. Porque Pedro es la Verdad en la Iglesia, el centro de la Verdad, el que une en la Verdad, el que obra la verdad, el que da la Verdad.

Y sin Pedro sólo hay condenación en la Iglesia, porque la mentira es el camino para el infierno. Y quien ocupe el Trono de Pedro se condena por haber tenido la osadía de llamarse Pedro sin ser elegido por Dios.

Francisco se ha inventado con su mente ser Pedro. Ése ha sido su pensamiento positivo toda la vida. Él ha querido el poder de la Iglesia, el trono de la Iglesia para manifestar su pecado a todo el mundo y para que todos vivan de su pecado.

Porque su pecado es su vida, su triunfo en la vida, su conquista en la vida. Él ha llegado a su pecado a costa de muchos en la Iglesia, machando la Verdad en la Iglesia, humillando a muchos en la Iglesia. Ha utilizado a personas humildes para conquistar su soberbia. Ha vaciado la Iglesia de sus tesoros divinos para comprar la traición a Cristo.

Francisco es un traidor a Cristo. Cristo nunca lo llamó al sacerdocio. Él impuso ser sacerdote en su llamado. Él eligió el camino para ser sacerdote del demonio en la Iglesia. Nunca fue de Cristo en su sacerdocio. Siempre fue del demonio. Y, ahora, siendo cabeza de una iglesia que no es la de Cristo, manifiesta su poder demoniaco en esa iglesia, su doctrina del demonio en esa iglesia.

Un Papa verdadero no enseña a Kant ni a Hegel en un documento de la Iglesia. Un Papa verdadero combate la doctrina de esos idealistas, de esos herejes, de esos fanfarrones de la sabiduría humana.

Un Papa verdadero da un camino espiritual a las almas y lleva a la Iglesia con sencillez, con humildad, con amor divino.

Un Papa verdadero se deja de fábulas que sólo producen más oscuridad en la mente de muchos hombres. Y, por eso, cuida la sana doctrina de Cristo y la explica con la sencillez de un niño, sin buscar el aplauso de nadie en la Iglesia, sin darse publicidad en nada, llamado a las cosas por su nombre, aunque a nadie le guste.

Un Papa verdadero nunca se pliega ante la mentira, nunca pone caras de santidad para conseguir su negocio en la Iglesia.

Francisco no puede ser Papa ni en pintura, ni soñando, porque su doctrina es lo más contrario al Evangelio. Estudiando los dos panfletos que ha dado a la Iglesia, la lumen fidei y la evangelii gaudium, a la luz de la Palabra de Dios, sólo se puede decir que no son del magisterio de un Papa en la Iglesia, sino que son del magisterio de un demonio en la Iglesia.

Francisco habla como un demonio y escribe como un demonio. ¿Qué va a enseñar en la Iglesia un demonio? ¿Qué santidad va a dar a la Iglesia un demonio? ¿Qué gobierno va a producir un demonio en la Iglesia?

Es muy triste lo que tenemos en ese hereje. Es desolador para toda la Iglesia. ¿Cómo la Iglesia puede estar alegre cuando un hereje se sienta en la Silla de Pedro? ¿Qué alegría buscan en un hereje? ¿Qué consuelo puede dar un hereje a la Iglesia? ¿Qué bendición recibe la Iglesia de un hereje?

Da pena cómo está toda la Iglesia: babeando ante el hereje Francisco.

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1 comentario

  1. Cristina de López dice:

    Lamentablemente Francisco ha arrremetido en diversas ocasiones contra Nuestra Madre, la siempre Virgen María… Hace, dice, ataca y ofende a Nuestra Madre y aún asi muchos siguen tan felices escuchando y aplaudiendo sus herejías y encima de todo se gozan en escuchar “palabras tan sencillas y tiernas” en boca de un papa que califican como el gran Papa humilde, santo y mariano”.

    Cómo no recordar aquel miércoles 11 de septiembre, cuando en su ya acostumbrada homilía, y por medio de su muy particular estilo, dijo:
    “La Iglesia y la Virgen María son madres y lo que se diga de la Iglesia también  puede decirse de la Virgen, y lo que se diga de la Virgen también puede decirse de la Iglesia”.
    Hasta aqui podemos decir, que no hay nada que ofenda, nada que señalar en su contra.
    Más sin embargo, líneas o frases más adelante, por medio de sus “peculiares cuestionamientos” dice:

    “¿Debemos amar a la Iglesia como lo hacemos con nuestras propias madres ACEPTÁNDOLA CON TODOS SUS DEFECTOS?”

    Con esto Francisco no solo afirma que la Iglesia no es SANTA … INMACULADA … SIN MANCHA …como en verdad lo ES y todos los Papas lo han afirmado, sino que implícitamente, habiendo expuesto en su homilía que lo que se diga de la Iglesia puede decirse de la Virgen, entendemos también, que en la “nueva catequesis o doctrina de la nueva y satánica iglesia de Francisco”, LA VIRGEN NO ES INMACULADA… 
    Antes bien tiene “DEFECTOS igual que la Iglesia”!… 

    Y es que este no solo hereje, sino APOSTATA, cínico e hipócrita vueleve una vez más, el día 13 de octubre, a arremeter nuevamente en contra de la Sma Virgen María por medio de otra frase, con la que iguala a la Sma Virgen María a cada uno de nosotros:

    “¡María! Una criatura humilde y débil COMO NOSOTROS, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador”

    Mentira, blasfemia, herejía….. Jamás podemos igualar ningún ATRIBUTO (humildad) de la Santísima Virgen María con ninguna otra criatura. Jamás!
    Ni tampoco podemos igualar nuestra condición de pecadores (débilidad) con Aquella que por designio Divino fue concebida sin pecado.
    No! Jamás podemos comparar la humildad de la LLENA DE GRACIA, la humildad de aquella NACIDA SIN MANCHA, con la soberbia de aquellos que hemos nacido con la mancha del pecado original.
    Ella la INMACULADA, la más humilde entre los humildes no puede ponerse jamás al nivel de los pobres pecadores. 
    No, no podemos decir que Ella, la siempre Virgen María es una humilde y débil criatura COMO nosotros. Jamás!
    Ella la MUJER DE FE, hecha fuerte por obra y gracia del DIOS OMNIPOTENTE, la esclava y sierva del Señor que NUNCA DUDÓ y SIEMPRE CONFIÓ,  no puede ser “equiparada o igualada” con esas débiles y míserables criaturas que arrastramos a cada paso el peso de nuestro pecado.

    Con sus palabras, podemos ver que para Francisco la Sma Virgen María es una criatura COMO NOSOTROS, y eso en definitiva es una herejía, ya que en el Magisterio de la Iglesia, la Santísima Virgen María siempre ha sido calificada “muy por encima de todos los hombres y de todos los Angeles” (León XIII),  considerada “la obra maestra del supremo Artífice, cual es la Madre de Dios, es un Misterio de belleza espiritual, de prerrogativas y glorias tan sublime que únicamente la luz de la Divina Revelación es capaz de manifestárnoslo dignamente.” (Juan Pablo II).

    ¿No acaso con estas “palabras inofensivas” a los ojos de muchos,  y con lo dicho ayer,  Francisco lo único que hace es atacar, burlarse, denigrar, etc., etc., etc., tanto a la Iglesia como a la Sma Virgen María?

    ” ¡La Virgen era humana! Y quizás tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡He sido engañada!” 
    Francisco, 22 de Diciembre 2013.

    ¿Quién que se diga Católico y diga tener FE, puede escuchar tanta estupidez, hipocrecía, odio satánico en contra de la Iglesia y de la Sma Virgen María y no indignarse y dolerse hondamente con todo esto que vomita este maldito que dice ser Papa?…

    …lo más lamentable de esto es que para la inmensa mayoría de los católicos, todo está bien…No pasa nada! 
    Viva Francisco! siguen exclamando.

    En fin… continuemos recorriendo este camino, unidos a Jesucristo y a su IGLESIA que NO ESTA YA EN ROMA, pidiendo al Señor nos conceda el don de la perseverancia final y no nos olvidemos de desagraviar Incesantemente los Corazones ultrajados de Jesús y de María y orar por nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI.

    Cristo ha vencido…Cristo reinarå!
    Ven Señor Jesùs!

    Acto de desagravio al Corazón Inmaculado de María.

    ¡Oh, Inmaculado Corazón de María!, traspasado de Dolor por las injurias con que nosotros, pecadores, ultrajamos Tu Santísimo Nombre y Tus Excelsas Prerrogativas.

    Aquí me tienes, indigno hijo Tuyo, postrado a Tus Pies, y agobiado por el peso de mis culpas, vengo arrepentido y con ánimo de reparar las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirige contra Ti el hombre insolente y malvado.

    Deseo desagraviar con este acto de amor y entrega que hago delante de Tu Amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra Tu Inmaculada Concepción, contra Tu Perpetua Virginidad o Tu Divina Maternidad; todas las ofensas que se Te infieren, debido al rechazo a Tus Apariciones y Mensajes o falta de honor a Tus Imágenes, y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a Tu Maternal Amor e Inagotable Misericordia.

    Acepta, ¡oh, Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño, junto con el firme propósito que hago de serte fiel en adelante, de salir en defensa de Tu Santa Honra, cuando la vea ultrajada, y de propagar Tu Santo Culto y Tus Santas Glorias. Concédeme, ¡oh, Corazón Inmaculado de María!, que viva y crezca incesantemente en Tu Amor, hasta verle consumado en la Gloria. Amén.

    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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