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Francisco: protestante hasta la médula

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“Por lo tanto, hermanos míos, conservemos esta justificación en la medida en que la poseamos, aumentémosla en la proporción que requiera su pequeñez para que sea plena cuando lleguemos al lugar donde se dirá: ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu victoria? ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu aguijón? Todo proviene de Dios, sin que esta afirmación signifique que podamos echarnos a dormir o que nos ahorremos cualquier esfuerzo o hasta el mismo querer.
Si tú no quieres, no residirá en ti la justicia de Dios. Pero aunque la voluntad no es sino tuya, la justicia no es más que de Dios. La justicia de Dios puede existir sin tu voluntad, pero no puede existir en ti al margen de tu voluntad. Se te ha manifestado lo que debes hacer. La ley te dice: «No hagas esto o aquello; haz esto y lo otro». Se te ha manifestado, se te ha mandado, se te ha descubierto: si tienes corazón, sabes qué has de hacer; si conoces la fuerza de la resurrección de Cristo, pide el poder hacerlo. Pues fue entregado por nuestros delitos y resucitó para nuestra justificación. ¿Qué significa para nuestra justificación? Para justificarnos, para hacernos justos. Serás obra de Dios, no sólo por ser hombre, sino también por ser justo. Mejor es para ti ser justo que ser hombre. Si el ser hombre es obra de Dios y el ser justo obra tuya, al menos esa obra tuya es más grande que la de Dios. Pero Dios te hizo a ti sin ti. Ningún consentimiento le otorgaste para que te hiciera. ¿Cómo podías dar el consentimiento si no existías? Quien te hizo sin ti, no te justificará sin ti”
(San Agustín. Sermón 169,13).

Se predica en la iglesia de Francisco una doctrina nueva sobre el amor y la misericordia de Dios. Un amor de Dios que abre las puertas de la Iglesia a todos lo herejes, que gusta a todos los herejes, que apoya a todos los herejes.

El mensaje principal es éste, su idea fundamental: Dios está con los pobres y, por tanto, la Iglesia tiene que estar con los pobres. Y, sobre esta idea, se coloca el amor y la misericordia.: Todo está en hacer actos, caridades, obras buenas hacia los demás, especialmente a los más necesitados. Y eso es el camino para salvarse y santificarse en la nueva iglesia, que ya funciona en Roma.

El camino difícil hacia la salvación, que indica Jesús, ya no vale, ya no sirve, hay que interpretarlo según el contexto histórico del hombre, según su evolución histórica, según sus conocimientos que tiene el hombre de toda la historia.

Y, entonces, se dice que como Jesús cargó con nuestros pecados, los expió, los justificó los sustituyó, entonces, todos salvados. Ya no hay que sufrir para salvarse. La salvación es un don gratuito de Dios y que Dios lo da a todo el mundo por la obra que hizo Jesús. Todo es fácil para el hombre: hagan obras buenas porque todos estamos justificados para Dios.

En esta doctrina, que reúne muchas herejías en una sola, el pecado ya no es pecado, sino que es aquello que impide la convivencia comunitaria humana.

Es un error social, un mal social, algo que los hombres hacen y que impide la comunión entre los hombre, la unión entre ellos. Por eso, la falta de dinero, la pobreza económica no es a causa del pecado de avaricia o de usura, sino por errores entre los hombres, por algo que impide que unos den dinero a otro y les resuelva su situación económica. Este algo es muy variado, pero siempre se refiere a que no se comprendió el evangelio, la actitud de Jesús en su vida. Y, entonces, por esa mentalidad religiosa, por seguir un dogma, unas verdades religiosas, no se da de comer a los que lo necesitan y esto produce el mal en la sociedad. Así piensa muchos en la Iglesia. Y son muchos los sacerdotes, los Obispos que sólo creen en este pensamiento, en este amor, en esta misericordia totalmente descarnada de la Verdad, de lo que hizo Cristo en Su Iglesia.

Por eso, como todo consiste en cambiar esa mentalidad religiosa por una mentalidad nueva hacia el pobre, en cambiar el dogma, la verdad, por la mentira, entonces cualquiera puede hacer un bien que produzca comunidad, unión entre los hombres. Un protestante, un budista, un mahometano, un judío que haga un bien a un hombre, quita esa mal que impide la comunión entre los hombres. Y, por tanto, ese protestante o ese hombre se salva y se santifica por ese bien humano, porque está haciendo un amor y una misericordia que Dios quiere.

En esta doctrina se ve a Dios como misericordia sin medida, es decir, la misericordia es siempre perdón y es perdón que se adelanta al pecado. Y esto conduce a lo que decía Lutero: peca fuertemente para salvarte: “peca, y peca fuerte (…) basta con reconocer al Cordero de Dios (…) y de él no nos apartará el pecado, aun si fornicamos y asesinamos miles de veces en un solo día”

Como Dios nos perdona antes de cometer el pecado, porque es una misericordia sin límites, entonces no existe el pecado. Si pecas, sigue pecando porque ya Dios te perdonó. Lo que queda son las consecuencias de ese pecado en la sociedad, los males que vemos, que se quitan haciendo obras buenas a los demás.

Por eso, no es bueno predicar del pecado, sino del amor de Dios, de que Dios perdona, de que Dios es misericordia con todos: “Por más grandes que sean nuestros límites y nuestros extravíos, no se nos permite ser débiles y vacilantes ante las dificultades y ante nuestras debilidades mismas. Al contrario, estamos invitados a robustecer las manos, a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. Él nos da la fuerza para seguir adelante. Él está siempre con nosotros para ayudarnos a seguir adelante. Es un Dios que nos quiere mucho, nos ama y por ello está con nosotros, para ayudarnos, para robustecernos y seguir adelante” (Francisco, 15 de octubre 2013).

Este es el error de muchos, esta misericordia sin límites, que perdona porque el hombre lo quiere así, lo piensa así.

Una cosa es el pecado, otra el perdón, otra la expiación del pecado, otra la Misericordia de Dios y otra la Justicia de Dios.

Decir que Dios perdona siempre antes de pecar es ir en contra de la Justicia de Dios, de la libertad del hombre y de su voluntad. Y hacer de Dios un mentiroso.

Dios no se adelanta con su perdón al hombre que quiere pecar. Dios conoce al hombre que quiere pecar, pero Dios no le impide que peque, porque no puede ir en contra de su voluntad humana.

Si Dios se adelanta con su perdón al hombre que quiere pecar, entonces Dios quiere el pecado del hombre, no sólo lo permite, sino que obliga al hombre a pecar. Y, además, hace que Dios sea Él Mismo un pecador, que ame el pecado, que obre el pecado, que mande pecar. Y, además, Dios no tendría el poder para quitar el pecado. El pecado sería algo más grande y poderoso que Dios.

Si Dios se adelantara al perdón para el pecado del hombre, entonces, Dios no permitiría ningún pecado, porque Dios no quiere el pecado, el mal en el hombre. Es absurdo proponer una misericordia que ya perdona al que va a pecar. Se está diciendo que Dios peca, que Dios quiere el pecado como algo que no se puede quitar. Y, por tanto, ¿qué sentido tiene la Obra de la Redención de Jesús? Ninguna. ¿Para qué murió Jesús si ya el pecado fue perdonado en la Misericordia de Dios? Sólo para una cosa: para construir una sociedad más justa entre los hombres, que es lo que propone Francisco y los suyos. Jesús muere para dar de comer a los pobres. Eso fue todo el sufrimiento de Cristo en Su Pasión: morir por una causa social, humana, natural, económica, política.

Este es el pensamiento de tantos que se dicen católicos, que dicen que tienen el Espíritu Santo y que todo consiste en hacer lo que hizo Jesús en su vida histórica. Y no más: hagamos el bien, sin importar nuestro pecados, porque ya Jesús nos ha salvado a todos.

Francisco nunca dice: arrepiéntete de tu pecado porque es una maldición para Dios. Nunca. Siempre dice: “Él te espera, Él está cerca de ti, Él te ama, Él es misericordioso, Él te perdona, Él te da la fuerza para recomenzar de nuevo. ¡A todos!” (Francisco, 15 de octubre 2013).

A todos, Dios perdona. A todos, Dios ama. Con todos, Dios tiene Misericordia. ¡Todos! ¿Y dónde queda la Justicia Divina? ¿En dónde se pone la libertad del hombre? ¿Para qué sirve la voluntad del hombre si sólo puede pecar?

Esta es una doctrina fofa, amanerada, no viril, que conduce a la condenación de las almas y que niega la Obra de la Redención de Cristo, poniendo a Cristo como el que inicia una nueva manera de vivir lo humano, más digna, más justa, para el hombre.

Es una doctrina que gusta a todo el mundo, pero totalmente herética, descentrada de la Verdad, que es Jesús.

Con esta doctrina se lucha por salvar al hombre, pero no se lucha por salvar las almas de los hombres. El hombre, en la Iglesia, sólo se dedica a obras sociales, culturales, humanitarias, etc., pero no a cargar con el pecado del otro, que eso es lo que salva las almas.

Dar dinero a los pobres condena a los pobres. Negar el dinero a los pobres salva sus almas.

Francisco es protestante hasta la médula. Eso es clarísimo para aquel que no tenga una venda en sus ojos y sepa ver lo que pasa en Roma.

Dios ha creado a todos los hombres, pero Dios no justifica a ningún hombre sin sus voluntad humana, sin su libertad de hombre. Y esa libertad del hombre consiste en creer en lo que hizo Jesús en Su Iglesia, en Su Obra Redentora. Quien no crea en la Obra de la Palabra de Dios, no cree en la Palabra de Dios. La fe en Jesús es la Fe en Su Obra: Y Jesús sólo murió para salvar y santificar a las almas. No se preocupó ni de los pobres ni de los ricos, de sus vidas humanas ni de sus problemas económicos, ni sociales, ni políticos. Jesús vino a poner un camino nuevo al hombre, un camino divino, no humano. Y, por tanto, no hizo obras de caridad a los hombres, no se dedicó a llenar el mundo de obras humanas, de humanismo, de comunismo, de ateísmo. Jesús hizo las Obras de Su Padre, obras divinas, obras llenas de Justicia y de Misericordia al mismo tiempo. Porque en Dios la Obra es de la Misericordia y de la Justicia: donde hay Misericordia hay Justicia. Y donde está la Justicia también está la Misericordia.

Es cómodo para el hombre medir el pensamiento de Dios y decir que todos nos salvamos porque Dios es Amor y Misericordia. Esta es la espiritualidad fofa de muchos. Estas son las predicaciones bonitas de muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia. Y lo bonito condena el alma. Y lo hermoso lleva a la condenación del alma. El demonio presentó a Eva la fruta prohibida como algo bonito, apetecible. Y Eva quedó maldita por su pecado.

Esto es lo que hace Francisco desee Roma: da una doctrina bonita, hermosa, apetecible, pero que condena a las almas. Y hay que hablar claro a las almas cuando la Iglesia calla la Verdad. No estamos en la Iglesia para seguir a un maldito, como Francisco, sino para seguir la Verdad, que es Jesús. Y aquel que no quera decir las cosas como son, entonces que siga a los malditos que se llenan la boca de palabras hermosas que engañan la vida de todos.

Cuesta salvarse porque hay que dar la libertad a Cristo. Y eso es lo que muchos hombres no quieren hacer, porque son esclavos de su mente humana. Y para ser libres, hay que destronar la mente humana, hay que separarse de la soberbia humana, que todos tenemos, hay que llamar al pecado con el nombre de pecado. Y sólo así el hombre se justifica ante Dios, cuando cree en su pecado. Pero cuando no cree en lo que tiene en su corazón, entonces se inventa la misericordia de Dios y llama al pecado como una verdad en su vida.

¡Qué gran mal está haciendo Francisco dese Roma! Estas Navidades son las más trágicas para todos. ¿Cómo puede nacer Dios en un mundo que lo rechaza sin más? ¿Cómo Jesús puede instalarse en los corazones que no ven su maldad? ¿Cómo Dios va a bendecir a una iglesia que desprecia la Bendición de Dios?

Malditas Navidades serán para muchos porque siguen viviendo en sus pecados y alabando sus pecados y justificando sus pecados en medio de la Iglesia: “Si no obedeces la Voz del Señor (…) he aquí las maldiciones que vendrán sobre ti y te alcanzarán: Maldito será en la ciudad y maldito en el campo (…) Y el Señor mandará contra ti la maldición, la turbación y la amenaza en todo cuanto emprendas, hasta que seas destruido y perezcas bien pronto, por la perversidad de tus obras, con que te apartaste de Mí” (Dt 28, 15. 16. 20).

Así es como Dios habla en Su Palabra. Y este lenguaje no le gusta al hombre moderno, al hombre que se cree salvo porque da de comer a los pobres, porque hace un bien humano en el mundo.

Dios no quiere el pecado de ningún hombre. Todo aquel que peca es un maldito y provoca la maldición de Dios. Y Dios no puede perdonar a quien no quiere ver su pecado, su maldición.

Hay que estar claros en la Verdad del Evangelio y no presentar un amor y una misericordia amorfas, fofas, demoniaca, llenas sólo del lenguaje humano, del pensamiento del hombre sobre el bien y el mal, que no sirven para nada, sólo para condenar las almas.

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4 comentarios

  1. Andress dice:

    Creo firmemente lo que menciona que solo hay un Papa en este momento: Benedicto XVI.

    Solo que sigue siendo un enigma su alejamiento, porque Benedicto propiamente no renuncio, su redacción en latin que profirió fue intencionalmente errónea , solo se retiro para orar porque ya era tanta la presión sobre el que el gobierno de la estrcutura vaticana era insostenible. Concuerdo con usted en que lo duro de la situación de la iglesia es también el silencio que ha hecho Benedicto XVI de toda actuación de francisco , desconcierta, sin lugar a dudas todos esos eventos pesan sobre todop el cuerpo de la iglesia. Como entender los signos que sucedieron en esas fechas? El rayo sobre la cúpula vaticana? La caída del meteorito en Rusia días despúes?

  2. andress dice:

    En post anteriores se hablo de que no hay que hablar mal de un Papa… me gustaria que.me aclarase por que se omite esto con francisco, Ojo no lo estoy defendiendo, yo tampoco comparto mucjas cosasque el ha expresado, solo que leii una publiicacion anterior donde se hablaba de lo delicado que era juzgar a un Papa. Un juicio que solo corresponde a Dios. Espero me despeje esa duda.

    • josephmaryam dice:

      Porque Francisco no es Papa, sino un falso Papa, un antipapa o como se lo quiera llamar. Sólo en la Iglesia católica hay un solo Papa hasta la muerte. Si existen otros con el nombre de Papa, o son impostores, o falsos Papas o antipapas o anticristos. Una Verdad, una Cabeza, un Vicario de Cristo, un gobierno vertical, un dogma del Papado. Si para los hombres es Papa eso no nos interesa, porque lo que importa es el Pensamiento de Dios. Y Dios sólo da un Papa hasta la muerte. Por tanto, no se puede tratar a Francisco como Papa, sino como otra cosa. Si fuera recto en su doctrina, entonces se hablaría de otra manera, pero como es un anticristo y un falso profeta que quiere destruir la Iglesia, entonces se le combate con las armas del Espíritu que consiste en inutilizar toda su doctrina en la Iglesia porque es del demonio, proviene del demonio. No hay en Francisco algo que pertenezca a la doctrina de Cristo. Se le combate como un hereje, como un traidor, como un anticristo. Se le odia y se le anatematiza y se le excomulga con todo el Magisterio de la Iglesia. Cada uno recibe lo que merece. Francisco es un maldito, eso es lo que recibe: maldición de Dios porque no quiere quitar su pecado. Y esto es respetarlo como hombre y ser educado con él, porque el respeto y la educación consiste en darle al otro lo que es, lo que obra, lo que quiere con su vida y sus obras. Y al que quiere el pecado para su vida se le da la maldición. Si quisiera la verdad, si buscara la verdad, entonces se le daría misericordia. Pero él ha dado muestras de que es un santo en su pecado (= ha hecho del pecado el trono de su vida, el asiento de su vida), un fariseo que se viste de humildad para acabar con la Iglesia, un soberbio que se jacta de su inteligencia ante el mundo y la Iglesia y no sabe reconocer sus malditos errores, ni siquiera como hombre. Es un dictador que muestra ternura en público y mano dura en privado. Es un hombre con muchas caras y ninguna de ellas verdadera, en ninguna se ve un atisbo de amor de Dios, sino el odio en sus ojos y la mentira en sus boca. Por eso, para él no hay cariñitos, porque no se lo merece.

  3. Carmen dice:

    El sentimentalismo ramplón junto con el humanismo, han venido a sustituir los auténticos valores. El hombre ha perdido de vista lo esencial, el fin último para el cual ha sido creado. De tal forma se esta humanizando lo Divino y divinizando lo humano, que muchos hombres no advierten la
    presencia de Dios en el mundo. ” Porque el Espíritu del Señor llena la tierra, lo contiene todo y conoce cada voz”. ( Sab 1,6,7.). El esta en todo, pero no mora en todos los hombres porque ” No es un Dios que ame el mal, ni es su huesped el malvado”. (Sal 5,5.)

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