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Quien no cree en los milagros adora su mente humana

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

sanmiguelvirgen

“Da mihi animas caetera tolle”(San Juan Bosco): “Dame almas, quita lo demás”

El deber de la Iglesia: conservar la doctrina de Cristo y propagarla íntegra e incorrupta. Si la Iglesia no hace esto, entonces rebaja la doctrina de Cristo a fábulas humanas, a opiniones de los hombres, a corrientes filosóficas o teológicas, que producen confusión dentro de la Iglesia y hacen que todos vivan la mentira en Ella.

Quien no predica la Verdad de lo Revelado, entonces predica la mentira que el hombre quiere escuchar.

“(…) Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron. Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no. No, no, simplemente es tal la grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba (…)” (Francisco, 16 de mayo de 2013, Ciudad del Vaticano).

“Los panes y los peces no se multiplicaron”: es decir, Jesús no hizo el milagro de la multiplicación de los panes. No multiplicó nada. Y, por tanto, en este pasaje del Evangelio no se da ningún milagro, sino que debe ser explicado de otra manera: “no se acabaron”. Es decir, Jesús tiene guardado, en una casa aparte, panes y peces para tanta gente, porque no se acabaron. Esta es la fábula que dice Francisco. Esto es una herejía, y Francisco es anatema por esta herejía:

“Si alguno dijere que no puede darse ningún milagro y que, por ende, todas las narraciones sobre ellos, aun las contenidas en la Sagrada Escritura, hay que relegarlas entre las fábulas o mitos, o que los milagros no pueden nunca ser conocidos con certeza y que con ellos no se prueba legítimamente el origen divino de la religión cristiana, sea anatema [cf. 1790]” ( Conc. Vaticano I, Sesión III – Constitución dogmática sobre la fe católica – Cánones de la fe -De la demostrabilidad de la revelación)

En la Iglesia se está para creer en la Revelación de Dios:

“En segundo lugar: admito y reconozco como signos certísimos del origen divino de la religión cristiana los argumentos externos de la revelación, esto es, hechos divinos, y en primer término, los milagros y las profecías, y sostengo que son sobremanera acomodados a la inteligencia de todas las edades y de los hombres, aun los de este tiempo” (Juramento contra los errores del modernismo [Del Motu proprio Sacrorum Antistitum de 1º de septiembre de 1910])

Quien niegue los milagros de Cristo, entonces tiene que negar la Iglesia de Cristo. La religión cristiana son obras divinas, no obras humanas. La Iglesia que funda Cristo la hace sobre obras de Dios, sobre hechos divinos, hechos milagrosos, que no se pueden explicar con la razón humana ni, por tanto, con las fábulas o historias de los hombres.

Decir que los panes y los peces no se multiplicaron es contar a la gente que Cristo, con su esfuerzo humano, con lo material de la vida, apoyándose sólo en lo natural, enseña a los discípulos una doctrina para el hombre, que sólo se fija en lo humano, que da gusto a los hombres y que da de comer sólo a los hombres. Cristo no hizo milagros, sino que dio de comer a tanta gente. Y, por lo tanto, la Iglesia es para de comer a la gente: busquemos alimentos, vestidos, lo material de la vida para hacer eso que hizo Cristo. Esta es la predicación de Francisco. Esta es la nueva iglesia de Francisco.

En esto se apoya para decir todas las herejías desde hace diez meses: en su humanismo, en sus fuerzas humanas, en su pensamiento humano, en sus fábulas en la Iglesia. Por eso, Francisco es un comunista, un marxista, y sólo hace política en la Iglesia, pero no busca la Verdad en la Iglesia, no lleva a la Iglesia hacia la Verdad.

Francisco es un hereje y, por tanto, ningún hereje es la Voz de Cristo en la Iglesia. Sólo el que cree en el Evangelio, el que da la Verdad del Evangelio, el que predica el Evangelio como está escrito, sin quitar ni añadir ninguna palabra, sin interpretar el pasaje según la mente de cada cual, entonces ése da la verdad y es Voz en la Iglesia, la Voz de la Verdad.

Es claro que no se puede dar la obediencia a un hereje. Nadie puede someterse a Francisco. Si alguien lo sigue, se condena. Francisco no es el Papa verdadero, porque el Papa verdadero cree en los milagros de Cristo, no cuenta fábulas, como hace ese hereje.

Francisco no es la Voz de Cristo en la Iglesia, porque el Papa verdadero sólo habla la Verdad en la Iglesia, no da su versión del Evangelio, de los milagros, porque sólo el Papa verdadero da a Cristo, da la Palabra de Cristo en la Iglesia.

Mucha gente no tiene dos dedos de frente con Francisco. Están ciegos diciendo que, como es el Papa, entonces hay que prestarle obediencia. Ese es todo su argumento. De ahí no salen. Eso es señal de estupidez humana. Sólo un necio obedece al mentiroso. Sólo uno que no ve la Verdad acoge la mentira, -y cualquier mentira. Y llama a la verdad con el nombre de mentira, y llama a la mentira con el nombre de verdad.

Dame almas, no cuerpos, no lo material de la vida, no un negocio en la vida, sino enséñame a buscar el Espíritu en la vida, el espíritu en cada alma, el espíritu en cada corazón. Enséñame a ver a los hombres como almas, no como hombres, no como seres humanos, no como cuerpos, sino como seres donde el Espíritu hace su Templo.

En la iglesia de Francisco se dedican a los cuerpos de los hombres, a engordar la vida humana de los hombres, pero no son capaces de dar un camino para las almas de los hombres, un camino de salvación y de santificación.

Lo demás en la vida que no sea el alma no interesa para entender la verdad de la vida.

La verdad de cada alma está en su corazón, en su espíritu, en su alma. Y cada persona tiene que buscar en Dios esa verdad, tiene que verse como Dios la ve, con los ojos de Dios. Y, por eso, la oración y la penitencia, el sacrificio de las cosas humanas, el camino de la cruz, para que el hombre se centre en su alma y viva una vida buscando almas, no cuerpos.

El alma es lo principal en el hombre. Y en el alma está todo lo que el hombre tiene que saber en su vida. Dios habla a las almas, Dios no habla a los cuerpos de los hombres, a las vidas humanas; Dios no enseña a realizar obras humanas maravillosas, sino que enseña a realizar obras divinas, milagrosas.

Es lo que enseñó Jesús a Sus Apóstoles: una obra divina, una obra milagrosa, para que Sus Apóstoles hicieran los mismo: “El que en mi cree, las obras que yo hago, él las hará también, y aún mayores hará, porque Yo voy al Padre“ (Jn 14, 12).

La Iglesia de Jesús es divina, está llena de obras divinas, no de obras humanas. En la Iglesia de Jesús sólo cree en lo divino, no en lo humano.

Jesús enseña a obrar milagros. Francisco enseña a vivir una vida humana. ¿Quién da la Verdad: Cristo o Francisco? ¿A quién hay que creer: a la palabra de Francisco o la Palabra de Dios?

Quien niega el milagro en la Iglesia niega a Cristo en la Iglesia, y niega la Iglesia de Cristo.

Quien aplaude al hombre crucifica, de nuevo, a Cristo y echa a Cristo de la Iglesia.

Están echando a Cristo de Roma. Están anulando su doctrina. Están presentando un nuevo evangelio, una nueva forma de hacer iglesia lo más contraria a la Verdad , que es Jesús.

La Verdad no está en el pensamiento de ningún hombre. La Verdad es sólo Cristo Jesús. Y aquel que sigue a Jesús habla y obra sólo la Verdad. Los demás, se inventan a Jesús, se inventan el evangelio, se inventan la iglesia, se lo inventan todo con sus negros pensamientos.

Francisco se ha inventado un falso papa, una figura de papa, un papa que no es el Papa verdadero. Ha rebajado la santidad de Pedro y ha puesto la política del hombre en el Papado.

Francisco ha anulado el centro de la verdad en la Iglesia, que es Pedro. Y ha puesto la división más profunda que la Iglesia puede tener: el abismo de la mentira. Hay un agujero negro en Roma por donde entran y salen demonios del infierno.

Roma está infestado de espíritus demoniacos, que dirigen todo Roma para hacer de Roma el habitáculo del Anticristo.

Y los hombres de la Iglesia, tan contentos, como si nada pasara. Todos esperando la Navidad para seguir en sus pecados. Todos deseándose unas felices fiestas para seguir comulgando con el demonio. Y no ven lo que viene a Roma.

Jesús no puede permitir la maldad en Su Iglesia, porque Su Iglesia es la Verdad. Y aquel que toque a la niña de sus ojos, el castigo que tiene es diabólico. Porque Dios obra Su Justicia Divina con el demonio. El demonio, en su pecado, está sometido a la Justicia Divina. Y el demonio sólo obra aquello que Dios quiere en Su Justicia.

Lo que viene a Francisco y a su iglesia en Roma es algo diabólico. Algo que va a tambalear los cimientos del mundo, porque nadie se ríe ni de Cristo ni de Su Iglesia.

Dios guía a Su Pueblo hacia la Verdad que da sólo el Espíritu. Los hombres no saben ni buscar la Verdad en sus vidas ni obrarlas como conviene. Por eso, los hombres siempre se equivocan en sus percepciones en la vida. No piden la luz del Espíritu para obrar en el camino de la verdad, sino que andan buscando acá y allá algo que les satisfaga su curiosidad en la vida.

Roma está dando la mentira desde hace once meses. Y eso trae un castigo divino para Roma, para la Iglesia y para el mundo. Y hay que pedir luz al Espíritu para comprender ese castigo, para entender qué Dios quiere ahora de Su Iglesia, cuando las cosas están de mal en peor, cuando se ve la herejía, pero se sigue callando lo que un traidor, como Francisco, está haciendo en la Iglesia.

Dios no juega con Su Iglesia. Dios da la Justicia a su Iglesia para que comprenda el camino del Amor y de la Misericordia, que no es para todos los hombres, sino sólo para aquellos que creen, como niños, en la Palabra del Pensamiento del Padre.

Viene un gran castigo para todos. Un castigo espiritual, no material. Un aviso del Cielo para que los hombres comprendan y abran sus ojos a la Verdad. Y ese castigo es una misericordia sólo para aquellos que creen en la Palabra. Para los demás, significará una ceguera en su espíritu, en su alma y en su corazón.

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3 comentarios

  1. f. umaña dice:

    Me parece que Francisco, al decir que los panes no se multiplicaron, alude a una interpretación típica del modernismo postconciliar, la cual dice que, mientras la muchedumbre veía lo que hacían los Apóstoles, comenzaron todos a compartir lo que tenían, de modo que ninguno de la multitud se quedó sin comer: se dio el milagro de la solidaridad. De ahí que digan que Jesús no multiplicó ningún pan, puesto que estos, por la solidaridad y el compartir, no se acabaron. Enseñanza: si todos compartieramos, nadie tendría hambre. Esto no es de Francisco, sino de un “gran teólogo” y perito del Vaticano II, a quien la Iglesa permitía difundir sus herejías, mientras perseguía a los sacerdotes y fieles ligados a la Liturgia Tradiciinal. En el fondo, Francisco no es tan distinto a Pablo VI o a Juan Pablo II.

    • josephmaryam dice:

      La negación de los milagros de Cristo viene por admitir los errores de los teólogos protestantes en muchos teólogos y fieles en la Iglesia católica.
      Ni Pablo VI ni Juan Pablo II admitieron esta doctrina, sino que tuvieron que permitir la rebeldía, la desobediencia de muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia que combatieron la verdad imponiendo doctrinas totalmente contrarias a la verdad.
      Hay muchos en la Iglesia que desobedecieron a los Papas y, después, atacan a los Papas como si ellos fueran los culpables de que el error y la herejía se propagase por la Iglesia, diciendo que ellos no hicieron nada para quitar esos errores y herejías.
      Son los mismos herejes los que dicen esto, los que ponen una cara inocente, mientras ocultamente obran lo contrario en la Iglesia. Esta forma velada de obrar el error y, al mismo tiempo, de criticar a los Papas porque no hacen nada, ha sido lo común a partir del Concilio Vaticano II. Esa fue una forma más de propagar el error en la Iglesia. Y, Francisco, cuando era Obispo, es lo que hacía: decía una cosa que era verdad, pero obraba lo contrario e incitaba a otros a obrar la herejía.
      Pero ahora Francisco lo hace abiertamente. Y, por tanto, él da la señal para que todos hagan lo mismo en la Iglesia. Que todos, ya no de forma oculta, sino en público, digan sus errores y sus herejías. Y, por tanto, Francisco es muy distinto a Pablo VI y a Juan Pablo II. Francisco quiere la herejía, pero ni Pablo VI ni Juan Pablo II la querían, sino que hacían lo que estaba en sus manos, lo que otros los dejaban hacer –porque estaban prisioneros en el Vaticano- para combatir las herejías y los errores. Y tuvieron que permitir muchas cosas, como Dios las permite para no ir en contra de la libertad que tiene todo hombre.
      Es muy fácil criticar a un Papa cuando no se busca la Verdad de la Iglesia, cuando no se disciernen las cosas que pasan en la Iglesia: no todos en la Iglesia son de la Verdad. Hay muchos mentirosos que dicen en la Iglesia lo que les conviene, para que no les echen, para permanecer en la Iglesia. Pero que obran lo contrario, obran la mentira, y hacen que muchos se rebelen abiertamente contra la Verdad, mentiras ellos ponen cara de santos. Eso ha sido el juego en 50 años de Iglesia. Pero ahora el juego es de otra manera, porque ahora todo es diferente. Ahora a nadie le importa la sana doctrina, la verdad de lo que hizo Jesús. Ahora, todos ven la Iglesia como un trozo de poder y de dinero. Y luchan por alcanzar ese puesto que tiene Francisco, que es codiciado por muchos que saben lo que es Francisco y lo que quiere Francisco. Ahora es la guerra por el poder en la Iglesia, pero de forma abierta, en la que todos pueden comprobar cómo cada uno lucha por su idea de lo que debe ser la Iglesia, que no tiene que ver en nada con lo que fundó Jesús, con lo que obró Jesús, porque todo está maldito en Roma.
      Por tanto, sepan decir las cosas claras. No se inventen que Francisco no es muy distinto a los demás Papas. Francisco es lo más contrario a un Papa. Va en contra del dogma del Papado. Pone el look de la humildad para que todos le acepten, pero es un demonio que sólo quiere una cosa: destruir la Iglesia. Y eso no lo quiso ni Pablo VI ni Juan Pablo II. Otros maquinaron en sus Pontificados para hacer ver a esos Papas como los malos de la película, como los que no hicieron nada para quitar el error en la Iglesia. Hay que llamar a cada cosa por su nombre para ponerse en la Verdad.
      Muchos niegan los milagros de Jesús sólo porque ven que lo más importante en la Iglesia es el pueblo, no la Jerarquía. Y, por tanto, sustituyen el poder sacerdotal, por el servicio al pueblo y dicen cosas como esta: “Jesús no resuelve la vida del pueblo con milagros extraordinarios que caen del cielo, sino con el milagro cotidiano del pobre que sabe compartir. Jesús (…) en nombre de Dios nos invita a asumir nuestra responsabilidad sobre la propia vida y la de los demás. Jesús proyecta una nueva sociedad, en la que el comercio es substituido por el don, y el poseer por el compartir. Pero para que esto pueda suceder realmente, es necesario organizar al pueblo.”( teólogo Juan Bosco Monroy Campero ) Este pensamiento es de muchos en la Iglesia, equivocados en la doctrina de Cristo, que la adulteran como quieren y enseñan auténticas herejías, y con el aplauso de sacerdotes y de Obispos. Están todos imbuidos de la evolución histórica, del Jesús histórico, que nace de los protestantes, que quieren poner en la Iglesia la autonomía del hombre, la independencia del hombre, el no sometimiento del hombre a Dios. Se ve a Dios como un inútil, como el que no hace nada para resolver los problemas de los hombres. Y, por tanto, son los mismos hombres los que tienen que ver los caminos para quitar todos los problemas que tiene el mundo. Por eso, la visión de un Jesús laico, del pueblo, del hombre, pero no Dios, no enviado para quitar el pecado del hombre, sino enviado por Dios para hacer una nueva sociedad más justa en lo humano.
      Esta es la doctrina comunista, que siguen muchos aunque no la llamen teología de la liberación o teología de los pobres, como lo hace Francisco.
      Estamos en una Iglesia oscura. No da la verdad, sino que cada uno se inventa el evangelio como quiere y da un Jesús que no es el Jesús del Evangelio. Y esto ya se hace públicamente. Es lo que hace Francisco en cada homilía, cada día. Y todos lo aplauden, nadie dice nada. Y eso es lo más grave. La Iglesia se ha vuelto comunista. No podemos ser de una iglesia ambigua, falsa, herética, que no guarda la Verdad del Evangelio.
      Somos de Pablo VI, de Juan Pablo II, de cualquier Papa elegido por Dios, porque en ellos se mantenía la Verdad, a pesar de todos los pecados. En Francisco, no se mantiene ninguna Verdad en la Iglesia, porque no ha sido elegido por Dios para ser Papa. Él se ha inventado su elección. Y, por tanto, se inventa su pontificado, su reinado en la Iglesia. Y ahí se ven las consecuencias para toda la Iglesia: todos engañados por un inútil que no sabe lo que quiere en la Iglesia, que no sabe guiar a la Iglesia hacia nada, sólo a su obsesión: “Cuiden la creación. Pero, sobre todo, cuiden a las personas que no tienen lo necesario para vivir”( Francisco, 14 de nov). Tenemos a un idiota por jefe de la Iglesia. No podemos seguir a ese idiota. No podemos ser de la iglesia de ese idiota.

  2. Elías dice:

    Leí hace tiempo como los milagros que Jesus hacía durante su vida pública (convertir el agua en vino, andar sobre las aguas, multiplicación de pan y peces, curaciones, …) preparaban a los discípulos para el milagro de los milagros:la Eucaristía

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