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El Jesús histórico de Francisco

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El gran problema de Francisco es su humanismo, es decir, ve a Dios, ve a Jesús, ve la Iglesia con su mente humana, quiere interpretarlo todo con la inteligencia humana, haciendo de la Revelación un lenguaje humano, histórico, de formas naturales, de ideales que no se pueden realizar en la vida normal de cada hombre.

Francisco quiere encontrarse con el Jesús histórico, con la Iglesia histórica, con el Dios histórico. Quiere ir al pasado y conocer la historia, los momentos de la vida de Jesús, de los Apóstoles, de los Santos, etc. Y este es su gran error: sólo se fija en el Jesús que se ha mostrado en la historia, pero no se fija en la Palabra de Dios, que obra en toda historia del hombre.

Francisco se queda en el tiempo y, por eso, para él todo es una memoria del pasado para actualizarla en el presente, de acuerdo a lo que los hombres vivan ahora, y dar una proyección al futuro.

En este planteamiento se anula toda la Revelación. No queda nada. Sólo queda el lenguaje humano, lo que cada uno entiende de ese Jesús histórico.

Por eso, dice: «Dios camina con su pueblo, porque «no quiso venir a salvarnos sin historia; él quiso hacer historia con nosotros» (Francisco, 17-12-2013).

Dios no quiso hacer historia con el hombre: este es el principal error. Dios quiso dar Su Palabra al hombre, en todo tiempo, en cualquier historia del hombre. Dios da Su Palabra cuando crea la Creación, cuando crea al hombre, cuando le manda no comer del árbol, cuando da a los Profetas, cuando se encarna en la Virgen María, cuando da el Espíritu a Sus Apóstoles para que lleven Su Palabra al hombre.

Dios sólo da Su Palabra. Dios no hace ninguna historia, porque Su Palabra no es temporal, no se mide para un tiempo, no sirve para un tiempo, sino que es eterna, sirve para todos los tiempos de todos los hombres. Su Palabra nunca envejece, siempre es la misma. Y, por tanto, no hace falta acudir al Jesús histórico para conocer la Palabra, porque esa misma Palabra se da ahora como se dio hace 2000 años. Se da de la misma manera, sin cambios, sin condiciones, sin límites, sin ajustarse a la vida de los hombres, sin acomodarse a la vida humana.

La Palabra de Dios está fuera de toda historia y abarca toda historia de los hombres. Esto es lo que no comprende la mente de Francisco. Él quiere volver a las raíces de la Iglesia y no se ha dado cuenta que esas raíces no tienen historia, no están en el tiempo, no pertenecen al hombre.

La Iglesia es una obra divina, eterna, para siempre, que no se ajusta a ningún tiempo, a ninguna cultura, a ninguna ciencia del hombre. La Iglesia no tiene su origen en la vida histórica de Jesús. Jesús edifica Su Iglesia terrena sobre Él mismo. Y esa Iglesia terrena no es toda la Iglesia de Jesús. La Iglesia de Jesús es también la que está en el Purgatorio y la que está en el Cielo. Y allí no hay historia, no hay tiempo, no hay cultura, no hay filosofías, no hay sabiduría humana. Querer ir a los orígenes históricos de la Iglesia es anular la Iglesia.

Dios no camina con Su Pueblo. Dios guía a Su Pueblo, Dios conduce a Su Pueblo, Dios va delante de Su Pueblo. Dios nunca está entre el Pueblo. Esta es la herejía de Francisco: quiere poner a Dios como Pueblo histórico, no como el Dios de la Revelación.

Dios, para Francisco, no revela, sino que vive con el hombre, vive su vida humana, camina con él, desde que lo creó en el Paraíso. En esta concepción de Dios, se anula a Dios. Dios queda sólo en el hombre. Dios no es algo fuera del hombre, sino que es el hombre.

«Dios hizo historia con nosotros; es más, aún más, dejó que la historia la escribiésemos nosotros» (Francisco, 17-12-2013)

Dios hizo historia con el hombre. Luego, Dios está con el hombre viviendo su tiempo histórico, pero Dios no da Su Voluntad al hombre. Dios no da sus mandamientos al hombre. Dios no dirige al hombre, sino que es el hombre el que hace la historia de la salvación, de la santificación. Luego, el hombre es Dios. Dios no es un Ser que crea, sino que hace historia junto al hombre, con el hombre. Dios no escribe la historia del hombre, sino que es el hombre el que se escribe su historia. Dios no da una Palabra de salvación al hombre, sino que es el hombre el que construye su misma palabra, su mismo lenguaje que lo salva.

Por eso, Francisco interpreta el evangelio a su manera humana. Y, de esa forma, no existen los milagros, porque no existe Dios. El milagro, para Francisco, es un mito, una fábula, un cuento que hay que entenderlo en la cultura del hombre de ese tiempo. El milagro no es una obra divina, algo que Dios hace en el hombre. Es el hombre el que escribe la historia y, por tanto, es el hombre el que escribe el milagro, el que cuenta el milagro. Luego, los milagros son una fábula, un mito.

Todo el problema en Francisco es esto: se quedó en la historia para conocer a Jesús, y anula a Jesús como Dios que Revela el camino de salvación y de santificación a los hombres. Por eso, Francisco presenta un Jesús humano, histórico, pero no Dios, no un Jesús lleno de Espíritu Santo, porque Jesús no es Espíritu, es historia del Espíritu.

Jesús habló del Espíritu, pero es sólo un lenguaje humano, asequible a los hombres de su tiempo, para indicar que el hombre tiene que vivir un espíritu, una energía espiritual, que le haga sabio entre los hombres, que no sea mundano, profano, que le lleve por encima de los hombres, que le haga resolver los problemas de todos los hombres.

Francisco no cree en el Espíritu de Dios, sino que cree sólo en el lenguaje que Jesús usó para hablar del Espíritu. No es un Espíritu personal el que predica Francisco, sino un espíritu acomodado a un lenguaje humano que hay que desarrollarlo en cada tiempo de los hombres, según las circunstancias en que vive cada hombre. Y así ese espíritu, ese lenguaje que habla del espíritu, es distinto en cada época del hombre. Por eso, Francisco no cree en la Profecías ni en los Profetas, porque no cree en la Palabra de Dios, sólo cree en el lenguaje del Evangelio.

El Evangelio tiene su lenguaje que hay que interpretarlo según las culturas de los hombres, según cada uno en su mente humana. Por eso, el Evangelio sirve para todo hombre: sea pecador, sea santo, sea un demonio, sea protestante, etc, porque cada hombre puede sacar de ese lenguaje algo para su vida humana. Ya el Evangelio no es una Palabra que enseña una verdad al hombre, sino que es lo que cada hombre encuentra con su razón y que le sirve para su vida humana.

El gran problema de Francisco es su mente humana. Ahí está todo para poder comprender a Francisco. Él vive en su lenguaje humano. Y no sale de ahí. Y no entiende otra cosa sino su mente. Y, por eso, es un mal gobernante, porque no tiene un plan de gobierno.

Dijo al principio que se iba a abrir la mano en cuanto a los divorciados para que puedan comulgar. Y, después, sale con otra cosa contraria. No tiene las ideas claras de lo que quiere en la Iglesia, porque sólo se apoya en él mismo. Y lo único que le interesa son los pobres. No le interesa la doctrina, ni la verdadera, ni la mentirosa. Sólo está centrado en su negocio en la Iglesia: los pobres. Francisco no gobierna, sino que administra su negocio en la Iglesia. Y centra toda la vida espiritual en un absurdo: “Pidamos a Dios la gracia de que nadie más muera de hambre en el mundo” (Francisco, 19-12-2013). Es una petición absurda porque no es la Voluntad de Dios quitar el hambre en el mundo. Pide cosas que Dios no quiere. Y cosas que nunca se van a realizar, porque Dios no está para quitar el hambre del mundo y no da al hombre el mandato de quitar el hambre del mundo. Dios manda buscar la salvación al hombre. Lo demás es totalmente secundario.

Francisco cae en todo esto porque interpreta la vida histórica de Jesús de una forma equivocada, herética, utópica, ilusoria.

“Él hizo su historia con nosotros, si Él tomó de nosotros su apellido, si Él dejó que nosotros escribiésemos su historia” (Francisco, 17-12-2013): Jesús tomó de nosotros su apellido, es decir, Jesús se puso el apellido de cada uno. Jesús no cargó con el pecado de cada hombre, no tomó de cada hombre su pecado, sino su apellido. Tomó algo humano, un lenguaje humano, un nombre humano, una vida humana, una historia humana, unas obras humanas. Y, entonces, cada hombre escribe la historia de Jesús.

Esta es su gran herejía. Cada hombre es Jesús porque cada hombre, en su vida, en su cultura, en su ciencia, en su religión, en su iglesia, se inventa a Jesús: coge el Evangelio y lo adapta a su vida concreta, según su manera de pensar.

Francisco destroza todo en la Iglesia. Destroza toda Verdad, todo el dogma en su pensamiento humano. Es un pensamiento diabólico, que no lo puede llevar a la práctica, porque, en la realidad de la vida de cada hombre, las cosas son muy distintas a lo que él expresa en su pensamiento.

Es un pensamiento bonito, pero herético. Un pensamiento positivo de la vida, pero imposible de realizar en la vida. Hoy la gente va buscando pensamientos bellos, positivos, agradables en la vida. Y Francisco se los ofrece cada día. Es lo único que hace en cada homilía: llenarla de pensamientos bellos, bonitos, que gustan a los hombres bobos, pero que son totalmente una herejía.

Francisco no vive de la Verdad de la Palabra, sino que vive de la mentira de su palabra humana. Y eso es lo que da continuamente a los hombres. Por eso, hay muchos que no entienden el lenguaje de Francisco, porque, siendo pueblerino, es complicado.

“¡Dios está con nosotros y todavía se fía de nosotros!” (Francisco, 18-12-2013): es un pensamiento bello, pero herético. Dios nunca se fía de los hombres. Dios sólo se fía de Su Palabra. El hombre es mentiroso por naturaleza: nace en el pecado original y, por tanto, nace como un demonio, nace para condenarse, nace para vivir una vida sin Dios.

Dios no se fía de nadie porque sabe lo que hay en el hombre. Y, por eso, Dios tampoco está con el hombre. Dios no habita con el hombre. Dios ha puesto su tienda entre los humildes, no entre los hombres. Dios se junta con los humildes de corazón. Dios no se reúne con los soberbios de mente, que poseen un corazón cerrado a la Verdad. Dios viene en Navidad para darle al hombre una vocación divina, una llamada divina, un camino divino en su vida humana.

Dios no nace para estar con los hombres y vivir su vida humana: “Viene a habitar con los hombres , elige la tierra como su casa para estar en medio de los hombres y hacerse encontrar allí donde los seres humanos pasan sus días entre alegrías y penas” (Francisco, 17-12-2013). Francisco sólo se queda en la solidaridad de Dios con los hombres. Sólo predica eso. Y predica una herejía.

Porque Dios no se solidariza con los hombres, porque todos los hombres viven en su pecado. Y Dios no se une a ningún hombre en su pecado; Dios no hace comunidad, un común, con el hombre en su pecado; Dios no atiende a los problemas de los hombres que están en su pecado.

Dios pone al hombre pecador un camino de salvación o de condenación. Y el hombre tiene que elegir uno de los dos caminos en su vida humana.

Dios se encarna para que los que elijan la salvación caminen detrás de las huellas de Cristo y así consigan el premio de la vida eterna.

Los demás, lo que no quieren salvarse, los que sólo quieren su vida humana, su historia de la vida, Jesús los deja en su pecado, y sobre sus cabezas pende sólo la Justicia Divina.

La Navidad no es el encuentro de Dios con el hombre, sino el llamado de Dios al hombre para que salga de su vida de pecado y camine hacia la santidad de la vida. Lo demás, la vida humana, sus problemas, sus necesidades, no tiene ninguna importancia para Jesús. Ninguna. Porque Jesús no salva la historia de los hombres, sino que salva los corazones atrapados en el pecado, atados al demonio, inoculados por su pensamiento humano de la vida.

Un gran hereje es el que está en la Sede de Pedro. Y nadie lo contempla como hereje. Los hombres han perdido el norte de la Verdad. Nadie busca la Verdad en la Iglesia. Por eso, la ruina está a las puertas. No hay más tiempo para salvarse. Si alguien quiere salvarse de este pecado de Roma, tiene que enfrentarse a Roma y a su pecado. Lo demás, es envolverse en el negocio sucio que hay en Roma.

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3 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    ¿Hace falta una terminología tan complicada con Dios? Pero qué será eso de que el tiempo es superior al espacio. Ni el tiempo es superior al espacio ni el espacio es superior al tiempo. Espacio y Tiempo, son unidades físicas. El espacio se mide en unidades de longitud y el tiempo en unidades de tiempo. Por ejemplo, espacio sobre tiempo, es velocidad. Qué relación tendrá eso con la Esperanza, por ejemplo. Ninguna.
    Pero el tiempo no se puede transformar en espacio.
    Pero bueno, disculpen mi comentario, me dejo llevar por la formación físico-matemática que uno tiene tiene desde la Universidad.
    Todo eso me parece una verdadera locura.

  2. josephmaryam dice:

    Estas son las citas de ese hereje:
    “No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino, que ‘fragmentan’ el tiempo, transformándolo en espacio. El tiempo es siempre superior al espacio. El espacio cristaliza los procesos; el tiempo, en cambio, proyecta hacia el futuro e impulsa a caminar con esperanza” (Lumen Fidei, n 57).

    “Dios se manifiesta en una revelación histórica, en el tiempo. Es el tiempo el que inicia los procesos, el espacio los cristaliza. Dios se encuentra en el tiempo, en los procesos en curso. No hay que dar preferencia a los espacios de poder frente a los tiempos, a veces largos, de los procesos. Lo nuestro es poner en marcha procesos, más que ocupar espacios. Dios se manifiesta en el tiempo y está presente en los procesos de la historia. Esto nos hace preferir las acciones que generan dinámicas nuevas. Y exige paciencia y espera”. (Entrevista a Francisco por P. Antonio Spadaro sj, director de la revista La Civiltà Cattolica, 19 de septiembre 2013 )

  3. Carmen dice:

    ” El tiempo es el que inicia los procesos, el espacio los cristaliza” ( Papa Francisco).

    El Señor desde el principio hizo todas sus obras con orden, armonía, fidelidad y amor. Porque El Señor es siempre fiel. ” Cuanto Dios hace es duradero. No hay nada que añadir, ni nada que quitar. Así hace Dios que se le tema. Lo que es, ya fue; lo que sera, ya es ” ( Ecl 3,14,15 )El Señor es el dueño del tiempo y por tanto no es el tiempo el que inicia los procesos, sino Dios.Él todo lo que empieza lo termina. Él está desde el principio en la vida de todo ser humano y está presente en los accidentes de tiempo, lugar y espacio. Todo cumple sus ordenanzas y todo esta sometido a El. “Todo lo sometiste bajo sus pies.” Someterle todo, quiere decir que nada quedó sin que le fuera sometido. El es quien consuma todas las obras que se realizan bajo el Cielo.

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