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Francisco cumple su obra de pecado

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“Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según verdad, dos nacimientos del mismo y único Señor nuestro y Dios Jesucristo, uno incorporal y sempiternamente, antes de los siglos, del Dios y Padre, y otro, corporalmente en los últimos tiempos, de la santa siempre Virgen madre de Dios María, y que el mismo único Señor nuestro y Dios, Jesucristo, es consustancial a Dios Padre según la divinidad y consustancial al hombre y a la madre según la humanidad, (…) sea condenado“. (Concilio de Letrán, 649 (Contra los monotelitas) – Canon 4).

Francisco no predica lo que enseña el Magisterio de la Iglesia, sino sólo lo interpreta según su pensamiento humano: “Jesús es consustancial al Padre, Dios, pero también consustancial a la Madre, una mujer” (Francisco, 17 de diciembre).

Y la pregunta es: ¿por qué los Obispos en Roma no le prohíben predicar? Quien dice herejía en la Iglesia no puede predicar en Ella y debe ser rechazado: “Si alguno (…) se dedica a buscar temerariamente novedades y exposiciones de otra fe, o libros o cartas o escritos o firmas, o testimonios falsos, o sínodos o actas de monumentos, u ordenaciones vacuas, desconocidas de la regla eclesiástica, o conservaciones de lugar inconvenientes e irracionales, o, en una palabra, hace cualquiera otra cosa de las que acostumbran los impiísimos herejes,(…) para destrucción de la sincerísima confesión del Señor Dios nuestro, y hasta el fin permanece haciendo esto impíamente, sin penitencia, ese tal sea condenado por los siglos de los siglos y todo el pueblo diga: Amén, amén [Ps. 105, 48]”. (Concilio de Letrán, 649 (Contra los monotelitas) – Can. 20).

Francisco, en nueve meses, esto es lo único que ha hecho: expone un evangelio nuevo, da cosas que no están en el Magisterio de la Iglesia, que no pertenecen a la Verdad Revelada, que van en contra de la Palabra de Dios, que no se atiene a la Tradición. Y eso hace sin que se arrepienta de sus pecados, de sus herejías, sin verlas, como si fueran la verdad. Entonces: que “sea condenado por los siglos de los siglos y todo el pueblo diga: Amén, amén”.

La Iglesia condena a Francisco. La Iglesia es clara con los herejes, con los mentirosos, con los que no quiere oír hablar de la Verdad ni predicarla ni obrarla en Ella.

¿Es que en Roma no tienen inteligencia para ver las herejías de Francisco? ¿Qué realmente pasa en Roma? Que ya Roma es del demonio. Y quien es del demonio no ve la Verdad.

“Jesús es consustancial al Padre, Dios, pero también consustancial a la Madre, una mujer”: Francisco no distingue entre divinidad y humanidad. La consustancialidad significa semejanza en la sustancia, en la naturaleza, en la esencia, por razón de las personas divinas.

Sólo en Dios hay consustancialidad, no en el hombre. Sólo en Dios hay Tres Personas en una misma naturaleza. Esas Tres personas son semejantes en la divinidad, en su naturaleza divina, pero distintas en las personas. Por eso, el Hijo es consustancial al Padre según la divinidad, porque es persona diferente al Padre en la misma esencia divina.

Francisco calla: según la divinidad. Sólo llama al Padre, Dios. Está negando el Misterio de la Santísima Trinidad.

Pero Francisco ya negó este Misterio cuando dijo: “No creo en el Dios de los Católicos”. Aquí sólo lo confirma, lo hace más explícito.

Decir: Jesús es consustancial al Padre, Dios, sin decir, según su divinidad, es negar la relación entre las Personas Divinas. Y, por tanto, negarlo todo en Dios.

El hombre no es consustancial al hombre, porque cada hombre, en su naturaleza humana, sólo tiene una persona humana y es un individuo, independiente de las demás personas, de los demás hombres. No existe la consustancialidad entre los hombres. Los hombres poseen la misma naturaleza humana, pero no como en Dios, sino cada uno en sí mismo.

Como Jesús, que es una Persona Divina, se encarna en la Virgen María, y asume una naturaleza distinta a la suya, como Dios, entonces, se da entre Jesús y la Virgen una relación diferente. Jesús no pierde su persona divina, pero no tiene persona humana cuando se encarna. Y la Virgen María es elevada al orden de la Encarnación (orden hipostático) y, por eso, hay que hablar de consustancialidad entre Jesús y la Virgen, y entre Jesús y los demás hombres.

Jesús es consustancial a la Virgen según la humanidad. No decir esto, es negar que Jesús tenga persona divina. Y, por tanto, es señalar que Jesús es un hombre, con una persona humana. Y, no sólo eso, sino que a María se la llama dios, no porque participe de la divinidad, sino porque es dios, como Dios lo es. Esta es la terrible herejía que dice este hombre.

Y ¿por qué dice esta herejía? Sólo por una cosa: su humanismo y su comunismo. Francisco piensa que el hombre está condicionado por la historia. Y, por tanto, para actuar en la vida, tiene que someterse a la historia, a la cultura, a la ciencia, a las obras de los hombres. No se da el hombre sin historia, no se entiende al hombre sin historia, sin lo que hace en la historia. Por eso, para él todo es un recuerdo, una memoria del pasado.

Siempre cae en esto que es lo propio del pensamiento marxista. Y, por eso, dice: “Dios se ha hecho historia. Dios ha querido hacerse historia. Está con nosotros. Ha hecho el camino con nosotros”.

Sí, Dios se ha hecho historia, pero no como lo entiende Francisco. Dios, al encarnarse, tiene una vida humana en la historia de los hombres. Y hace cosas, vive esa vida en el tiempo y en el espacio. Hace una historia. Eso es claro. Eso ni hay que predicarlo. Entonces, ¿por qué Francisco insiste sobre un punto que no tiene ninguna importancia? Por su pensamiento comunista.
Si Jesús se ha encarnado, se ha hecho hombre, entonces Jesús está sometido a la ley de la historia. Y, por eso, “está con nosotros. Ha hecho el camino con nosotros”.

Jesús no ha hecho el camino con el hombre. Jesús no camina con el hombre. Jesús no está con los hombres para caminar junto a ellos. Jesús es el Camino. Luego, Jesús viene al mundo para dar un nuevo camino al hombre.

Jesús camina su propio camino, diferente al camino de cualquier otro hombre. Y, por eso, Jesús no está sometido al camino de ningún hombre, a la cultura de ningún hombre, a la ciencia de ningún hombre. Jesús no vive condicionado por el pensamiento de los hombres, porque tiene el Pensamiento de Su Padre. Y eso le basta para vivir su vida humana sin ligarse a nada humano.

Pero Francisco, como niega la divinidad de Jesús, sólo lo ve como hombre, entonces siente que está condicionado por los hombres, por su historia, por su pensamiento humano. Y, entonces, va contando sus fábulas en la homilía.

“Dios no ha querido venir a salvarnos sin historia.”: Dios sólo viene a salvar al hombre que está en pecado. Dios no viene a salvar la historia del hombre. Dios no necesita la historia del hombre para quitar el pecado. Sólo necesita un corazón arrepentido del pecado para borrarlo de él. Esta es la primera fábula.

“Él ha querido hacer historia con nosotros”: Dios ha venido a hacer un camino de fe para el hombre, no una historia. Jesús no viene a vivir una vida humana, a hacer una historia humana, un pasaje humano, unas obras humanas. Todo cuanto hizo el Señor era divino. Pintó su vida humana, su historia de obras divinas, para enseñar al hombre otra vida que la historia de los hombres no ofrece, no es capaz de alcanzar por ella misma. Segunda fábula.

“cuando Dios quiere decir quién es, dice ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob’. Pero ¿cuál es el apellido de Dios? Somos nosotros, cada uno de nosotros. Él toma de nosotros nuestro nombre para hacerlo suyo. ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Pedro, de Marietta, de Armony, de Marisa, de Simone, ¡de todos!’ De nosotros toma el apellido. El apellido de Dios es cada uno de nosotros”: aquí se ve la ignorancia de Francisco en la Sagrada Escritura.

Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob significa que la fe de Abraham, de Jacob y de Isaac es la misma cuando se refiere a Dios. Dios les reveló que Él es Tres Personas en una única naturaleza divina. Y, por tanto, esa fe es la que predican al Pueblo. Dios es el Dios que se ha revelado en Su Misterio Divino. Dios no es el que toma el apellido de los hombres. Este es el cuento chino de Francisco. Una palabrería que no sirve para nada, porque no enseña ninguna verdad, sino una gran mentira.

Dios tiene un Nombre Santo, sagrado, divino. Luego, Dios no puede tomar el apellido de ningún hombre, de nada profano, de ningún pecador. Dios no tiene apellidos. Eso es sólo hablar bonito y no decir nada consistente, para terminar diciendo una barbridad: “El Señor, en efecto, toma el nombre de cada uno de nosotros —seamos santos o pecadores— para convertirlo en el propio apellido”.

Dios tiene el nombre de un pecador. Apaga y vámonos. Para qué seguir leyendo esta estúpida homilía. Es que no tiene ningún sentido tener a un hombre que dice fábulas constantemente en la Iglesia.

¿Qué hace la Iglesia con este hereje? Nada. No pasa nada. Todo está bien. Todo rula. La fe está altísima. Se vive de fe, de caridad y de esperanza en la Iglesia. Todos contentísimos con Francisco.

Por eso, en su día de cumpleaños hay que decirle: ¡mas te valiera no haber nacido! Porque estás destruyendo la Iglesia a base de fábulas y de pecado, que no quieres quitar. ¡Vete al infierno, que es lo que quieres!

Francisco cumple su obra de pecado. Esto es lo que ha venido a hacer a la Iglesia: decir herejías cada día y anular el Papado. Esto es todo en Francisco. Así se resumen nueve meses de reinado en la Iglesia.

Un hombre son brillantez en lo espiritual e inflado en lo humano. Es más importante para él lo que otros hombres piensen de él, que lo que Dios piensa de él. Quiere dar gusto a todos los hombres. Quiere dar una de cal y otra de arena. Quiere estar con el demonio y con Dios al mismo tiempo. Es un pervertido y así lo demuestran cada una de sus homilías, de sus palabras a los medios de comunicación.

Pero mayor pecado que él lo tienen los que viendo la herejía, callan y no hacen nada por la Iglesia, sino que ven cómo se está destruyendo todo. ¿Quién puede seguir caminando en esta nueva iglesia formada en Roma? Sólo los herejes que se unen a Francisco. Los demás, tenemos que salir pitando de la cloaca de Roma.

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