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La estupidez en la boca de Francisco

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La estupidez llena Roma. La vana alegría, la vana esperanza en un mundo corrompido por el pecado; la vana ciencia donde todo se discute, pero nada se soluciona; la vana palabrería llena de la majestad de la ignorancia y del error.

Todo en Roma se oculta, la verdad de las cosas no conviene decirlas, porque ya nada es como antes, sino que todo ha cambiado, todo huele a destrucción, a ruina, a muerte.

Como mataron a Jesús, así hoy se mata Su Palabra. Como hirieron la Verdad, así se hiere a los hombres que anuncian la Verdad.

Francisco es un viejo sin sabiduría divina. En él no se puede dar la Palabra Divina: “Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano” (Lev. 19, 32). En Roma las canas se han hecho corruptas. Sólo viven para odiar y aniquilarlo todo.

¡Cuántas palabras inútiles!: “Hoy existe el ecumenismo de la sangre”. La unión en la sangre es la mayor estupidez de todas. Pero, por supuesto, a Francisco le importa poco que eso suene a herejía. Es su mentira que la luce al mundo, que la hace brillar a todos para que los bobos, como él, digan: ¡qué bien habla ese hombre! ¡qué humildad tiene este santo varón!

“En algunos países matan a los cristianos porque llevan consigo una cruz o tienen una Biblia; y antes de matarlos no les preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos”: es decir, todos los que mueren con una cruz o con una biblia son mártires, son santos. ¡El mundo ha sido canonizado por Francisco! Y nadie contempla la herejía. Todos se callan, todos siguen diciendo: ¡qué humilde es Francisco!

Esta es la estupidez y la locura de Francisco, un hombre, que es instrumento del demonio, para hacer que la Iglesia se someta a la mentira. Y la Iglesia no acaba de ver lo que es este hombre. No se quiere quitar la venda de los ojos. La Iglesia está maltrecha y espiritualmente abnegada en el pecado, manchada con el pecado. Y, ¿de quién es la culpa? ¿Del demonio? Sí, pero también de tantos sacerdotes, Obispos y fieles que no han hecho nada para defender la Verdad, que es Jesús. Todos defienden sus verdades, que son sus herejías, como hace Francisco desde que comenzó a reinar en la Iglesia. Un reinado que lleva a la Iglesia a la tumba de todo Espíritu.

Un pueblo terco es la Iglesia, un pueblo duro de cerviz, que se cree santo y justo a los ojos de Dios y a los ojos de los hombres. Un pueblo que no se da cuenta de la realidad de los hechos: está gobernado por un maldito.

Esto es lo que nadie quiere aceptar. Jesús es el Rey de la Iglesia; Francisco es el instrumento del demonio para aniquilar el Reinado de Cristo en la tierra.

Nadie llama a Francisco como lo que es: impostor, falso Papa, anticristo, falso profeta, el que robó la silla de Pedro con su orgullo, el que planeó, desde antes de la renuncia del papa Benedicto XVI, su impostura en la Iglesia, el que buscó un atajo para dar a la Iglesia la devolución del protestantismo en Ella.

Francisco tiene el espíritu del protestante. Ese espíritu significa que ninguna verdad existe en la Iglesia. Sólo la verdad está en la libre interpretación del Evangelio.

Esto es lo que, en toda homilía, en toda declaración, en toda charla que da Francisco, obra sin más. Y obra apoyado sólo en su autoridad humana en la Iglesia. Como los hombres lo han elevado a un cargo que no le pertenece, entonces se aprovecha de ese cargo para hundir a la Iglesia con sus ideas protestantes. Y, por eso, le gusta inventarse términos, como a todo protestante. Le gusta innovar, le gusta las modas, le gusta cambiarlo todo. Nunca permanece en algo. Sólo está inmóvil en una cosa: en su pecado.

Nadie quiere atender a este hecho. Todos cierran sus ojos y sus oídos ante esta realidad. Nadie, entre los sacerdotes, entre los Obispos, se opone a Francisco. Nadie. Consecuencia: la Iglesia tendrá que llegar al fondo para despertar. Y, por eso, cuando muchos despierten, será tarde.

Se tiene que llegar al fondo del pecado actual en la Iglesia: habéis aceptado a un impostor para que os gobierne, entonces someteos a ese impostor hasta que quedéis en la ruina total. Y cuando lleguéis a esa ruina, es cuando vais a abrir vuestros ojos.

La Iglesia está enferma de muerte. Nadie se levanta de esa enfermedad. Es una enfermedad que lleva a la destrucción de la misma Iglesia, de lo que se ha construido en Roma desde hace 20 siglos. Todo quedará anulado por la mano del hombre, por el pensamiento del hombre, por las obras de los hombres en Ella.

“Los que matan a los cristianos no te piden el documento de identidad para saber en cuál Iglesia fuiste bautizado”: la unión de los católicos, la unión de los cristianos, sólo es posible en el Espíritu. La carne y la sangre no valen para nada, no sirven para unir nada. El Espíritu es el que da vida (cf. Jn 6, 63). Y ¿quién es Mi Madre y mis hermanos? Los que hacen la Voluntad del Padre, los que obran en todo según el designio del Espíritu en sus vidas (cf. Mt 12, 46).

Francisco llama hermanos a todo el mundo, menos a los que son del Espíritu. Francisco no diferencia a los hombres, porque sólo los ve de carne y hueso, de carne y sangre, de sentimientos y de pensamientos comunes.

Para el que tiene fe estas palabras de Francisco sólo confirman una cosa: su estupidez como hombre en la Iglesia; su gran necedad como gobernante en la Iglesia, y su ridícula espiritualidad como hombre en la Iglesia.

¡Cuántos estúpidos, necios y amorfos siguen a Francisco! ¡La Iglesia está llena de hombres así! ¡Llena! Esta es la tristeza mortal. Esto da pena. Esto es un asco.

¡Vivir en una Iglesia como está es morir de pena y abatimiento!

Ya para morir por Cristo sólo hace falta tener en la mano una biblia o una cruz. Hay niños que tienen una metralleta en una mano y al cuello un rosario. ¿También son santos? ¿También se salvan?

Nunca un Papa verdadero ha desbarrado tanto como Francisco. Ningún Papa verdadero se ha atrevido a decir estas barbaridades en público en 20 siglos de Iglesia. Por eso, Francisco no es Papa verdadero. Sólo Francisco ha hecho la diferencia. ¡Menuda diferencia! ¡Menuda papeleta tiene la Iglesia con Francisco! ¡A qué abismos no va a llegar la Iglesia cuando no se opone abiertamente a este farsante!

Os calláis. Las piedras van a hablar: veréis cómo Roma queda totalmente destruida porque habéis destruido la Verdad que, durante 20 siglos, se había edificado en Roma.

Nadie quiere ver esta verdad. Todos se asustan. Nadie quiere meditar en las barbaridades que un hombre hace en la Iglesia y que otros callan y aplauden.

¡Es para llorar lo que viene a la Iglesia!

“Debemos tratar de facilitar la fe de las personas más que controlarla”: es decir, acabemos con los dogmas para que todo el mundo sea libre de hacer lo quiera en la Iglesia. Una fe que no se limita en la Verdad, no es fe. Una fe que no se controla con la Verdad, no es fe. Una fe que no es dirigida por la Verdad, no es fe. Abajo las leyes morales, las leyes éticas, la ley divina, la ley natural. Abajo todo eso. No hay mandamientos de Dios. Inventémonos los mandamientos de los hombres. ¡Como le gusta a cada hombre vivir su fe! Esto es lo que viene. ¿Qué se creen? ¿Qué viene una primavera de santidad a la Iglesia? Viene la primavera comunista a Roma.

Todos contentos con la falsa libertad que da Francisco a todo el mundo, pero nadie ve el complot que hay detrás de todo eso. Nadie ve los tanques que van a arrasar con todo. ¡Ensimismados con la vanidad que ofrece Francisco a la Iglesia!: regala en navidad a los pobres tarjetas de teléfono y billetes del metro. Esto es destruir la Iglesia. Éste es el comienzo de la ruina en la Iglesia.

A los pobres hay que darles la Verdad, no dinero. A los pobres hay que darles la Vida, no la muerte que ofrece el mundo. A los pobres hay que darles el camino para salir de su pecado, no incentivarlos en el camino del pecado, del apego a las riquezas.

Francisco es lo más opuesto a la Verdad, que es Jesús. No sirve para nada. sólo sirve para destruir la Iglesia como lo está haciendo.

Él no hace nada en la Iglesia: “Yo siempre estoy presente en los encuentros, excepto el miércoles en la mañana por la audiencia. Pero no hablo, sólo escucho, y esto me hace bien”.

Francisco sólo escucha a los hombres en su gobierno, pero no escucha la Voz de Cristo. Está dando oídos a lo que ocho cabezas proponen en la Iglesia. ¡Vaya manera de gobernar una Iglesia! ¿A qué se dedica Francisco en la Iglesia? Sólo a hablar. Nada más. A entretener a la Iglesia dando sus herejías diariamente.

Es claro lo que hace este hombre en el gobierno de la Iglesia: nada. Quien no lo vea es que es ciego como él. Está en la Iglesia, se ha puesto como jefe de la Iglesia para decir herejías. Punto y final. Sólo ha hecho una obra: destruir el Papado, poniendo a ocho idiotas que gobiernen su iglesia en Roma. Ocho bocazas que, de vida espiritual, no tienen ni idea. Y si no hay vida de comunión con Dios, ¿qué van a gobernar? Sólo sus planes en la vida: ¿qué hay que hacer para tener más dinero y más poder en la Iglesia? En eso piensan esos ocho idiotas.

¿Qué creen que va a salir de un gobierno que no cree en el infierno, en el purgatorio, en el pecado, en la cruz, en la oración, en la Iglesia, en el sacerdocio? ¿Qué esperan de esos ocho idiotas? De Francisco ya no hay que esperar nada. Sólo escucha, pero no decide nada. Quien ahora gobierna son otros.

¿No ven que no es un gobierno de ayuda, como lo explicó Francisco? ¿No ven que son ellos los que gobiernan? Entonces, ¿para qué está Francisco en la Iglesia? ¿Para qué está sentado en la Silla de Pedro? ¿No ven el engaño? ¿No han captado lo que viene?

Francisco sólo escucha y, después, se va a hacer lo suyo, su obra de teatro en la Iglesia. Luego, cae Francisco y otro se pone en el gobierno. Eso es clarísimo en las palabras de Francisco. ¿No saben leer? ¿No sabe descifrar el pensamiento de ese loco, que habla muchas cosas y no dice nada, no dice la realidad de las cosas, sino que las oculta, como masón que es.

Estamos en unos momentos graves para toda la Iglesia. Y esto no es un juego. Es la cruda realidad: hay que salir de Roma muy pronto porque ya todos es insostenible.


1 comentario

  1. José M dice:

    Esas “canas corruptas” que el blogger menciona, son, no lo olvidemos los “progres” que en los años 60 infectaron la Iglesia de modernismo. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Y, en su soberbía, quieren profundizar más en el veneno que nos trajeron. Genio y figura hasta la sepultura

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