Lumen Mariae

Inicio » Anticristo » Francisco: un hombre ciego

Francisco: un hombre ciego

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

sagrado-corazon-de-maria

Francisco ha demostrado que es un hombre ciego, que no ve su pecado y que hace todo lo que está en su mano para señalar que es santo, justo e inmaculado.

Un hombre humilde reconoce su error y lo quita. Un hombre soberbio ve su error y lo llama verdad, y hace que todo el mundo lo llame verdad. El hombre soberbio no ve su pecado, sino que justifica su pecado ante todo el mundo.

¿Qué otra cosa es esa declaración para dejar sentado que él no es marxista, qué él está en la Iglesia para dar de comer a los pobres, porque así su dios –el demonio- se lo ha mandado, para decir, ante el mundo y ante la Iglesia que su evangelii gaudium da la doctrina social de la Iglesia?

Sólo un político corrupto hace lo de Francisco: habla la mentira y, cuando ve que las cosas no van como él quisiera, cuando ve el descontento en los demás, cuando percibe la murmuración en la Iglesia, se apresura a declarar que él ha hecho lo correcto. Es decir, da otra mentira, da otro engaño para hacer que el ambiente se calme, para desviar la atención de la gente.

Así actúa Francisco: no puede nunca decir la verdad, sino que siempre busca un camino para decir su mentira y tratar de convencer a todos de que, esa mentira, es la verdad de los hechos. Que los demás se equivocan, no saben leer, no saben interpretar sus magníficos escritos en el contexto que él ha puesto en ellos. Él es el propio intérprete de sus escritos. No permite que nadie diga algo en contra de su pensamiento brillante.

Francisco está ciego en su pensamiento. Su obsesión es el dinero. Vive en la Iglesia para recoger dinero, no para los pobres, sino para él. Él tiene que pagar a tantos sacerdotes y Obispos masones que lo rodean, y que tienen que hacer en la Iglesia la ruptura del dogma con todas sus consecuencias.

Francisco sólo habla para desviar la atención de lo principal: su deseo de destrucción de la Iglesia. Esto no lo dice, porque sabe que es peligroso. Sólo habla de cosas sin importancia, para entretener a la masa de la Iglesia, y hacer que esa masa lo tenga por santo, por justo, por humilde, por caritativo.

Ningún Papa verdadero hace lo de Francisco. Cuando el mundo ha criticado a los Papas, éstos callaban y, después, se hacía una declaración por parte de la Iglesia sobre el punto de la crítica.

Pero Francisco se lanza al mundo para hablar él, para hacer que el mundo lo escuche, se fije en sus palabras, en su verborrea, en su pensamiento pueblerino. A Francisco le gusta que le tomen por uno más del pueblo. Eso es señal de que no es sacerdote, de que no comulga con la Jerarquía auténtica de la Iglesia. Porque el sacerdote es de Cristo, no del pueblo. El sacerdote es para dar las Palabras de Cristo al pueblo, no para aprender del pueblo su lenguaje amorfo, como él ha dado buen ejemplo en su panfleto comunista evangelii gaudium. Emplea palabras que, en un documento de la Iglesia, no se deben usar.

¿A quién quiere engañar Francisco con ese deseo de ser popular, de ser mundano, de dar gusto a todo el mundo, menos a Dios?

Sólo se engaña él, pero los demás ven su engaño. Al mentiroso se le coge en su mentira.

“En la Exhortación no hay nada que no se encuentre en la Doctrina social de la Iglesia”. Quien haya leído con detenimiento esa basura habrá visto los errores continuos en que cae ese hombre, sus herejías claras y su ineptitud para dirigir la Iglesia en lo social y en lo espiritual. Francisco no tiene ni idea de lo que es la doctrina social de la Iglesia. Sólo habla de sus pobres y de la forma cómo conseguir dinero abriéndose al mundo para ello.

Francisco, para combatir a los que lo han criticado, en vez de reconocer su error, en vez de decir que ese documento está hecho con la doctrina comunista, que tiene sus bases en la teología de los pobres, del cual él es su fundador, habla una nueva mentira. Y ¿quién le cree esta mentira? Los bobos, como él es. Los soberbio, como él lo es.

Una persona humilde reconoce su pecado. Francisco no puede reconocerlo, sino que obra siempre su pecado. Acumula pecado tras pecado, porque el soberbio sólo mira su pecado, no puede mirar la verdad.

Francisco no ve la verdad. Es imposible que la vea, por más que se le diga, por más que se den razones: él es el santo, el justo, el que sabe hacer las cosas bien en la Iglesia.

Y, por eso, dice su pecado: “Para mí la Navidad siempre ha sido esto: contemplar la visita de Dios a su pueblo”.

Un Papa verdadero enseña que la Navidad es adorar a Dios en el Hijo que ha dado a Luz la Virgen María, en un establo, en un lugar apartado del mundo y olvidado de los hombres.

Eso es la Navidad: adorar a Dios. Para Francisco, la Navidad es adorar al hombre. A Francisco se le coge en su mentira, en sus hablas, tan bonitas, pero tan mentirosas. Si Francisco fuera Papa hablaría como un Papa, pero como es un demonio, habla como demonio: Dios visita a su pueblo. Y es el pueblo el que tiene que visitar a Dios, el que tiene que adorar a Dios, el que tiene que darse cuenta de que Dios está con el pueblo.

Un Papa verdadero no concede entrevistas, porque no tiene que hablar con el pueblo, sino sólo enseñar al pueblo la verdad. Y, para ello, sobran las palabras, las entrevistas, porque eso se hace con las obras, con el testimonio de las obras verdaderas.

Francisco, como no es Papa, habla a los hombres para darles gusto a los hombres, porque carece de las obras de verdad. Y entretiene a la gente con sus palabras de mentira, que es lo único que sabe hacer en la Iglesia: un charlatán que no enseña ninguna verdad ni al mundo ni a la Iglesia.

Por eso, Francisco cae en su sincretismo religioso: “Si (Dios) nos ofrece el don de la Navidad es porque todos tenemos la capacidad para comprenderlo y recibirlo. Todos, desde el más santo hasta el más pecador, desde el más limpio hasta el más corrupto. Incluso el corrupto tiene esta capacidad: pobrecito, la tiene un poco oxidada, pero la tiene”. Tremenda herejía la que dice aquí Francisco.

Cada día Francisco, en sus homilías, dice una herejía. Y, por su puesto, en sus declaraciones no podía faltar la herejía. Es clarísima esta herejía, pero muchos no la ven. Muchos la leen, y qué cosa más bonita dice aquí Francisco: todos los hombres tienen sabiduría divina para comprender los dones de Dios. Esta es su herejía.

¡Hasta el más corrupto sabe lo que es el Espíritu de la Navidad! Apaga y vámonos. Todos somos inmaculados, santos, justos. Cada uno, en su pecado, en su religión, en su secta, con su demonio, en el infierno, vive el Espíritu de la Navidad, vive el don de Dios, porque, claro: “Dios nunca da un don a quien no es capaz de recibirlo”. Éste es su error.

Nadie es capaz de recibir el don de Dios. Nadie puede merecer el don de Dios. Nadie tiene inteligencia para poder comprender el don de Dios. Si Francisco dice esto está yendo contra la gracia. Está diciendo que no es necesaria la gracia para comprender el don de Dios, sino que, cada hombre, con su inteligencia, comprende lo que Dios le da, porque tiene capacidad de recibirlo.

Francisco es un pelagiano. Clarísima herejía, pero nadie la ve. Nadie quiere verla. De esta herejía no se hablará, porque como está dicha en un lenguaje vulgar, pueblerino, no está fundamentada con una filosofía, con una teología, entonces, dirán lo de siempre: hay que comprender las palabras de Francisco en el contexto que las dice. Lo de siempre. La mentira de siempre.

El hombre no tiene capacidad para recibir ningún don de Dios. Nadie merece nada, porque todo es gratis. Y si Dios da un gracia, Dios da al hombre todo para obrar esa gracia. De otra manera, el hombre no podría hacer nada con la gracia. Estas cosas no las enseña Francisco. Y un Papa verdadero enseña todo esto. Pero Francisco no es Papa, es un falso Pastor que engaña a todos con sus palabras hermosas, pero vacías de verdad. Y ¿a quién le importa la hermosura si no tiene la verdad?

La verdad es hermosa por sí misma. No necesita de palabras ni de frases ampulosas, bonitas, puestas en una bandeja de plata. La verdad, por sí misma, cuando se dice, da su hermosura al corazón.

Francisco se detiene en su pecado favorito: “Frente a un niño que sufre, la única oración que me viene es la oración del “por qué”. ¿Señor, por qué? Él no me explica nada, pero siento que está viéndome. Entonces puedo decir: “Tú sabes por qué, yo no lo sé y Tú no me lo dices, pero me ves y yo confío en Ti, Señor, confío en tu mirada””.

Su oración es su ruina en la vida espiritual. Una oración que sólo consiste en recordar las cosas de Dios, en memorizar lo que otros hicieron con las cosas de Dios. Pero nunca su oración penetra los cielos.

Un Papa verdadero da la respuesta que él no sabe dar porque lee lo que no tiene que leer: “Para mí, Dostoyevski ha sido un maestro de vida, y su pregunta, explícita e implícita, siempre ha rondado mi corazón: ¿por qué sufren los niños? No hay explicación”.

Sí; hay explicación, pero sólo la encuentran los humildes de corazón, no los soberbios, como Francisco.

Un Papa verdadero dice que la existencia del sufrimiento de los niños es el pecado. Francisco, como no es Papa, dice: No hay explicación…Sólo veo la mirada del Señor, sólo confía en su mirada ante ese hecho.

Es un argumento sentimentaloide, afectivo, que sólo sirve para contemplar la estupidez de este hombre: no tiene vida espiritual ninguna. Sólo vive de sus sentimientos, de sus afectos, de su charlatanería. Y ahí se queda, como si hubiera descubierto América: no hay explicación. El Señor no me lo dice. Porque eres un soberbio, un orgulloso y un lujurioso. Y Dios no habla con tal calaña de hombres. Dios se da a los humildes y sólo a los humildes.

“Con la comida que dejamos y tiramos podríamos dar de comer a muchísima gente. Si lográramos no desperdiciar, reciclar la comida, el hambre en el mundo disminuiría mucho.”: esta es la solución mágica todos los problemas económicos. Esto es todo lo que hay que hacer en la vida: recoger comida para dárselo a los pobres. Que los pobres coman de lo que tiramos a la basura. Esto va contra la caridad fraterna. Porque si invito a un pobre a comer, le doy lo mejor que tengo. Eso es el amor verdadero. No le doy lo que no quiero, lo que me sobra.

Francisco enseña la miseria hacia los pobres, no el amor hacia ellos. Él come bien en el Vaticano y, después, recoge las migajas para darle de comer a un pobre. Eso sólo lo hace un miserable, pero no uno que ama a Dios. Francisco no enseña ninguna verdad. Sólo habla por hablar, para entretener a la gente, para decirse a sí mismo: qué santo y justo soy con todos los hombres.

¡Da asco este hombre! ¡Da pena leer lo que dice, lo que escribe! ¿Cuándo la Iglesia va a despertar de las idioteces que dice este hombre? Que se vaya a su casa a vivir sus navidades, pero que deje ya de estar en una Iglesia que no sirve para nada.

“La ideología marxista está equivocada. Pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenos como personas, y por esto no me siento ofendido”: claro, dice lo que conviene, para seguir mintiendo. Esta es la razón de estas declaraciones. No es hablar de la Navidad, es atacar a los que le han atacado a él.

El marxismo es un error, pero él no dice que su teología de los pobres sea un error. A su teología le ha quitado las palabras marxistas, que molestan. Y ha dejado lo mismo: el marxismo, pero con otro lenguaje, con otras palabras. Pero es lo mismo. Esto no lo dice, porque claro, tiene que mentir brillantemente. Tiene que decir lo que la Iglesia quiere escuchar de él: “La ideología marxista está equivocada”.¡Oh, qué respiro! Esta es una verdad, pero en su boca una gran mentira.

A Francisco se le coge por su mentira: “Pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenos como personas”. Esta es la mentira. Ningún marxista en bueno como persona. Los marxistas han matado siempre a los católicos. Siempre. Se han opuesto siempre a la Verdad. No pueden congeniar un marxista y un católico. Nunca. Como Francisco es marxista, entonces, ha conocido personas buenas y santas en el marxismo, como él lo es. Por eso, de esta mentira, se deduce que lo primero es una gran una mentira. Da un verdad para engañar, para decir una mentira, para esconder una mentira (su teología de los pobres). Y lo que queda es la mentira: hay personas buenas en el marxismo. Así habla siempre un falso profeta: verdad y mentira; verdad y mentira. Une las dos cosas para siempre acabar en una mentira, para señalar sólo la mentira y ocultar lo que no quiere decir.

“no hablé como técnico, sino según la Doctrina social de la Iglesia. Y esto no significa ser marxista”: Francisco habló como un idiota, y ahora quiere que los bobos le crean en lo que dice. Francisco no dijo nada de la doctrina social de la Iglesia. Ni una palabra. Sólo desarrolló su teología de los pobres. Y no más. No hizo alusión a nada de los Papas anteriores. Sólo se dedicó a nombrar frases del Magisterio, para después hacer lo de siempre: una verdad y una mentira.

Francisco ha dado la doctrina marxista en su documento, en un lenguaje pueblerino. Eso basta para ser marxista y hereje. No hay que ser técnico, no hay que estudiar ni para ser marxista ni para ser hereje. Con el solo pensamiento, cuando éste se va de la verdad, se cae en la herejía y en el marxismo. Francisco quiere buscar una excusa para tapar su pecado: no use un lenguaje técnico. Barata excusa. Manifiesto pecado.

Y seguiremos en otro post machando al hereje Francisco.

Anuncios

2 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Todo ésto que está en negrita en éste escrito, ¿lo dijo ahora, recientemente? Porque parece increíble que éste hombre esté ocupando el lugar donde está, realmente. Verdaderamente creo que quien escribe en este blog tiene razón cuando dice que pronto lo deberían cambiarlo por otro más inteligente y dañino. No da para más.
    “…Incluso el corrupto tiene esta capacidad: pobrecito, la tiene un poco oxidada, pero la tiene”. Parece que el rey Herodes tenía su capacidad “oxidada” ya que cuando se enteró de la Navidad, hizo asesinar a todos los niños nacidos en esa época. Esto hizo que la Sma. Virgen, el Niño y José tuvieran que huir a Egipto. También tenían bastante oxidada su “capacidad” quienes a éste mismo Niño, lo hicieron crucificar luego de terrible padecimiento, a la edad de 33 años….
    Sin una visión así de la Navidad, mejor pensemos solamente en papá Noel y el arbolito de navidad.
    Respecto de la comida “reciclada” para los niños, puff! cada vez engaña a menos con su cansadora y falsa solidaridad. Claro en Argentina, sus sacerdotes preferidos son sus “curas villeros”.
    Si no recuerdo mal, Francisco dijo que con la Exhortación lo podían realmente juzgar porque le pertenecía, no así la Encíclica. Parece que ya lo juzgaron: marxista.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: