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El seductor Federico Lombardi

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seductor

“La decisión no sorprende, teniendo en cuenta la resonancia y la gran atención despertadas por la elección del Papa Francisco y por el principio del nuevo pontificado. Es una señal positiva que uno de los reconocimientos más prestigiosos en el ámbito de la prensa internacional se atribuye a quien anuncia al mundo valores espirituales, religiosos y morales y habla resueltamente a favor de la paz y de una mayor justicia. Por cuanto respecta al Papa, no busca ni fama ni éxito, porque cumple con su servicio anunciando el Evangelio del amor de Dios por todos. Si esto atrae a los hombres y a las mujeres y les da esperanza, el Papa está contento. Si esta elección como “Hombre del año” significa que muchos han entendido -por lo menos implícitamente- este mensaje, seguramente, se alegra” (Padre Federico Lombardi – 11 diciembre 2013).

El sacerdote Federico Lombardi es un seductor, que ha salido al mundo, y que no confiesa a Jesús como Mesías venido en carne. Y, por tanto, no sabe discernir lo que es Francisco. Ve en él a Cristo, pero no ve en él al demonio.

Cuando el mundo aplaude a un Obispo, entonces ese Obispo es un hereje, pertenece al mundo.

Cuando el Time Magazine alaba a Francisco, es que Francisco no es de la Iglesia, no es de Cristo, sino del mundo y del demonio.

Todo el que es de Cristo, todo el que confiesa a Cristo, el mundo lo rechaza y lo odia. Si el mundo lo ama, es que lo predica no viene de Dios. Ese amor que predica Francisco es el amor del mundo, el amor como le gusta al mundo, pero no es el amor de Cristo.

El amor de Cristo Crucifica al mundo y al hombre. El amor de Cristo vence al mundo, se opone al mundo, destroza el mundo, porque el mundo es del demonio, no de Cristo.

Este seductor está hablando para el mundo, no para la Iglesia. Él ya pertenece a la falsa iglesia montada en el Vaticano: “La decisión no sorprende” ¿Cómo va a sorprender si todo ha sido maquinado para esta popularidad de Francisco? Todo está pensado en Roma para alabar, para engrandecer a un hombre que no tienen ni idea de la vida espiritual ni de la vida de la Iglesia.

Una persona, que, en poco tiempo, tiene tanta fama y poder, como si fuera una estrella de rock, de cine, es algo extrañísimo. Nadie sube tanto como un hereje. Ni siquiera los artistas del mundo tienen tanta fama como un hereje en la Iglesia.

Hay cosas ocultas detrás de esta fama rápida, inmerecida, absurda, incomprensible. Después de lo que ha dicho y obrado Francisco es para excomulgarlo. Pero esto no lo puede decir este seductor, este sacerdote que sólo alaba a un hereje, que sólo aplaude a un hereje por ser hereje, que da a conocer la verdad: “la gran atención despertadas por la elección del Papa Francisco y por el principio del nuevo pontificado”.

Esta es la verdad de Roma. Roma ha sido la interesada, desde antes de la renuncia de Benedicto XVI, para poner una cabeza que sea admirada por todo el mundo, no por la Iglesia, sino por los hombres del mundo.

En el mundo este hereje ha despertado gran atención por sus herejías, por sus mentiras, por sus engaños, por sus palabras dobles. Porque eso es lo que se vive en el mundo. Y eso es lo que predica Francisco en todas sus homilías. Y eso es lo que este seductor está diciendo a las claras.

Hemos movido a Francisco para que tenga una gran fama en todo el mundo. Esta es la señal de que Roma se ha abierto al mundo. El mundo aplaude a los suyos. La Iglesia abuchea a los que no son suyos. La Iglesia deprecia a Francisco y a este seductor, como a tantos sacerdotes y Obispos que se unen a este hereje, a esta cabeza de herejía.

La Iglesia verdadera se opone al traidor. Roma, que no es la Iglesia verdadera, acoge y comulga con un excomulgado.

“no busca ni fama ni éxito”: ¡qué poco conoce lo que es un pecador!

Todo pecado busca fama y éxito en su mundo de pecado. Todo hombre hace eso cuando vive de espaldas a Dios.

Francisco es el modelo de lo que no debe ser un Obispo en la Iglesia. Es el modelo del pecado que no se ve y que no se quiere quitar nunca. Por eso, Francisco es un maldito, porque la palabra de Dios llama malditos a los pecadores cerrados a la gracia divina, ciegos para ver la Verdad, llenos de odio en su corazón.

Francisco tiene dulzura en su boca y odio en su corazón. Habla con dulzura para ganarse la fama, el interés, la presencia de todos. Que todo el mundo hable bien de él. Es lo que busca continuamente.

Pero vive de odio a la Iglesia, odia el sacerdocio, odia a Cristo, porque ama el mundo: “Si alguno amare al mundo, no está en él la caridad del Padre”.

Francisco ha demostrado que ama la mentira que hay en los judíos, en los protestantes, en los homosexuales, en los musulmanes, en los hombres que viven su pecado y que hace de su pecado el estandarte de su vida.

Un hombre que no juzga el pecado es un hombre que ama el pecado. Eso es claro en Francisco. Clarísimo.

Y, por tanto, todo aquel que engrandezca a Francisco, que ponga el pecado de Francisco como un bien para todos, comete un pecado que se llama: iniquidad.

Quien alabe el pecado de un hombre, quien justifique el pecado de un hombre, quien sancione el pecado de un hombre como algo bueno para todos está cometiendo el pecado de iniquidad.

Este pecado consiste en dar culto al pecado en un hombre: “porque cumple con su servicio anunciando el Evangelio del amor de Dios por todos”. Este es el pecado de este seductor, llamado Federico Lombardi.

Francisco no cumple con su servicio de dar el Evangelio porque, sencillamente, predica lo que le da la gana, menos el Evangelio.

¿Es que no ha leído su última exhortación, que es un panfleto comunista? Ahí no hay ninguna predicación del Evangelio. Y, entonces, ¿por qué quieres engañar, por qué quieres justificar, por qué quieres alabar a un pecador?

Esta es la pregunta que no va a contestar Federico Lombardi, porque quien comete este pecado de iniquidad no puede ver el pecado. No hay manera de que llame pecado a lo que hace Francisco en Roma. Lo llama bien, lo llama voluntad de Dios sin serlo. Este es el pecado de iniquidad. Y al llamarlo bueno, al decir que eso Dios lo quiere, está obedeciendo a un hombre que es un hereje y está dando culto a la obra de ese hereje en la Iglesia.

“Todo el que comete el pecado comete también la iniquidad, y el pecado es la iniquidad”. (1 Jn 3, 1-10).

La iniquidad es el vivir sin ley, el obrar sin ley, el pensar sin ley. El que peca no tiene ley para pecar, porque todo pecado es sin ley. No hay pecado en la ley. Cuando se conoce la ley, se peca en contra de la ley, se peca sin ley.: “¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley” (Rom 7, 7).

El que vive sin ley, el que vive con la ley en sí mismo, vive en su pecado (porque la ley no es pecado), entonces comete el pecado de iniquidad. Peca por pecar y lo hace sin ley, sin atender a nada, sólo a sí mismo.

Y este pecado endurece de tal manera el corazón que sólo con una gracia de Dios se puede quitar.

Francisco no sólo tiene este pecado de iniquidad, sino que tiene el pecado contra el Espíritu Santo, del cual no hay perdón. Por eso, Francisco obra como un maldito. Le importa poco su pecado. Va a lo suyo. Lo demás ni le interesa. No le interesan ni los pobres ni los ricos. Él sólo quiere su dinero, su fama, su poder, su posición en la Iglesia, en el mundo, en la masonería. Y punto y final. Lo demás es su teatro en todas partes.

Por eso, no sorprende lo que hace esta revista. Es normal que aplauda a un hereje, porque no tiene idea los que hacen esa revista de lo que es la vida espiritual, moral y religiosa de las almas en la Iglesia. Sólo ve la nueva iglesia que levanta Francisco y se acoge a ella, porque en ella no hay ningún valor espiritual, ni moral ni religioso. Sólo se da el amor amorfo que predica ese maldito. Sólo se da el comunismo que obra ese maldito. Sólo perciben el mundo que está en Roma, que es lo que ellos viven.

Por eso, no hay que hacer caso de lo que dice esa revista, y menos de los que dice ese seductor. Hay que negarle a Francisco cualquier aplauso, cualquier obediencia, cualquier saludo, porque ni siquiera eso se merece ese infame.

Quien se da culto a sí mismo, como hace Francisco, es merecedor del fuego de infierno. Y a los demonios ni se les saluda. Y eso no es falta de respeto. Eso es ponerse en la Verdad. A los hombres no les gusta ponerse en la Verdad y se acogen a sus diplomacias, que son sus mentiras.

El respeto se da a la persona que no obliga a pecar, que no lleva al pecado, que no roba lo que no es de él. Francisco está condenando almas en la Iglesia, ha robado la Silla de Pedro y obliga a pecar a toda la Iglesia. Y ¿quieren que se le dé un cariñito? ¿quieren que se hable bien de él?

Quien se pone en la Verdad condena a Francisco sin más. Los demás le hacen el juego, como tantos hay en Roma, en la Iglesia y en el mundo.

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