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Vaticano: fábrica de hacer dinero para el comunismo

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“su labor es el corazón de la misión de la Iglesia y su atención hacia todos aquellos que sufren por ese escándalo del hambre, con el que el Señor se identificó cuando dijo: “Tuve hambre y me diste de comer””. (Francisco – 10 de dciembre 2013)

Francisco demuestra en estas palabras su herejía del comunismo: el corazón de la misión de la Iglesia el bien común, el ponerlo todo en común, el dar dinero y lo material a los hombres con un fin sólo humano, económico, natural, material. Y este bien común es no para de comer a los hambrientos sino para quedarse con las ganancias de lo que recojan.

Así es el comunismo. Así hace el comunista Francisco en la nueva iglesia en Roma.

El corazón de la misión de la Iglesia es dar el Pan Vivo de la Eucaristía a los pobres de espíritu. Ése es el amor de la Iglesia, su corazón. Dar de comer a los pobres es el negocio que se ha montado el comunista Francisco en el Vaticano, que se convierte en la fábrica de hacer dinero para una causa comunista. Dinero para destruir la Iglesia.

En el Vaticano, ahora se pagan a los sacerdotes y a los Obispos para que prediquen herejías a la Iglesia y obren la mentira, su teatro, en el aplaudo de muchas almas que los siguen porque son bobas y tontas como ellos, la nueva jerarquía del comunismo en Roma. Una jerarquía no de sacerdotes, sino de hombres vendidos al demonio. Cada uno en Roma tiene un puesto sometido a la burda conquista del mundo y de los hombres.

Mayor mentira no puede hablar ese hereje: el Señor se identificó con el escándalo del hambre. Un Obispo, un sacerdote de la Iglesia verdadera nunca puede decir esto del Señor. Nunca. Es un ultraje al Señor. Es una falta de obediencia a Su Palabra. Es decirle al Señor: Tú no sabes dirigir tu Iglesia, déjame guiar a la Iglesia para dar de comer a los pobres, ya que tú no te preocupaste de eso en tu vida humana.

Este es el pensamiento de Francisco que no revela a la Iglesia. Él sólo dice su mentira, para complacer a los bobos y mentirosos como él.

El Señor Jesús vino por los pecadores, no por la gente que se muere de hambre. Poco le importa a Dios el hambre de las personas, el hambre material, mientras ve cómo caen almas al infierno. Lo único que ve Dios en el hombre es su maldito pecado. Por ese pecado, el hombre pasa hambre y muchos problemas más en la vida.

Y el Señor Jesús vino a remediar el pecado, poniendo un camino para quitarlo y expiarlo. Y ese camino no incluye sacar de la pobreza material a nadie. Ese camino no incluye quitar enfermedades o la muerte u otras cosas que los hombres tienen en sus vidas a causa del pecado, fruto del pecado.

La Obra de la Redención de Jesús sólo se centra en el pecado del hombre, no en su miseria material. Sólo Jesús atiende a la causa espiritual de todo problema humano, natural, carnal, material, físico de los hombres. Y, por tanto, aquel que se une a la Obra de la Redención humana, hace lo mismo que hizo Jesús: cargar con el pecado de los hombres.

Jesús no cargó con la miseria económica de nadie. No hacía falta. Jesús no puso un restaurante para dar de comer a nadie. No puso una panadería para alimentar a los pobres. No fabricó una cáritas, que es el engendro del demonio en la Iglesia. No pidió dinero a nadie. Se limitó a cargar con los pecados de todo el mundo. Y así resolvió el problema principal de todo hombre, que es su elección de vida.

Todo hombre está en esta vida para una elección: o el infierno o el cielo.

No se está en esta vida para alimentar a nadie, para dar dinero a nadie, para dar un trabajo a nadie. La vida no es ni para comer, ni para ganar dinero, ni para hacer que los hombres vivan felices en sus necias vidas.

La vida sólo está o para salvarse o para condenarse, que ese fue todo el discurso del Señor que Francisco calla y pone lo que le interesa destacar: “Tuve hambre y me diste de comer”.

No pone que eso lo dijo el Señor a aquellas almas que eligieron el camino de la salvación. Este punto lo calla. Y es el más importante, porque señala la Obra Redentora de Cristo Jesús en medio de la Iglesia.

Y, por supuesto, calla la segunda parte: “Tuve hambre y no me diste de comer”. Esto ni lo menciona. No habla de la Justicias Divina, de la elección que muchos han hecho para ir al infierno por no quitar sus pecados. Esto no lo puede enseñar, porque comenzó mal su discurso.

Comenzó diciendo que el corazón de la Iglesia es dar de comer a los pobres, es decir, el dinero, buscar dinero para los pobres. Ése es el tesoro que persigue el hereje Francisco, y que hace que toda la Iglesia se mueva buscando los tesoros materiales para así dar contento a los hombres en el mundo.

Porque el corazón de la Iglesia el Amor de Cristo, dado en la Eucaristía, entonces el alma debe trabajar por ese Amor, para tenerlo dentro de su corazón y así obrar las obras de ese amor divino entre los hombres. Y si ese amor divino le manda dar de comer, se da de comer por Voluntad de Dios, no por capricho, no por interés de los hombres, no porque lo digan los hombres y, menos, sacerdotes y Obispos herejes como Francisco.No se puede obedecer a un hereje.

Esto es imposible que lo enseñe Francisco. Y lleva nueve meses con la misma obsesión, que es la de Judas: ¡quién me da dinero para mis pobres! Es decir, ¡quien me da dinero para mi bolsillo!

El comunista Francisco es un judas: “¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres? Esto decía, no por amor a los pobres, sino porque era ladrón, y, llevando él la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban. Pero Jesús dijo: Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.” (Jn 12, 7)

Francisco pide dinero, no porque le importen los pobres, no por amor a los pobres, sino porque es un ladrón. Ha robado la riqueza de la Iglesia, que es el Papado y la ha destruido con su pecado. Ha echado a Cristo de la Iglesia, del centro de la Iglesia, que es el Papa. Y se ha puesto él como impostor, como un fraude, como un hereje, para así arrebatar a todas las almas de la Iglesia su preciado tesoro: su salvación.

Francisco roba la salvación a las almas, se las arrebata, y les da la condenación en la Iglesia. Por eso, hace que toda la Iglesia esté pendiente de resolver problemas materiales, económicos, políticos culturales, humanos. Pero que nadie se centre ni en su salvación ni en su santificación.

Y, por eso, clama desesperado: “Nos encontramos ante un escándalo mundial de casi mil millones de personas”. ¡Dios mío, qué barbaridad la de este hombre en estas palabras! ¡Cómo se ve que le gusta el dinero!

Ningún político mueve un dedo por esos mil millones que dice Francisco que hay. Ningún político en sus gobiernos les importa esos mil millones de personas que mueren de hambre. Ningún empresario, ningún economista, mueve su dinero para dar de comer a nadie en el mundo. A nadie en el mundo le interesa esos mil millones de personas que se mueren de hambre, según los cálculos de Francisco.

Y he aquí que Francisco tiene la solución para dar de comer a los mil millones de personas: pedir dinero. Esa es la utopía de Francisco en la nueva iglesia. Y ¿quién le va a dar gratis ese dinero en el mundo, si en el mundo nadie da gratis nada? En el mundo a nadie le interesa los pobres. Nadie mueve un dedo por los pobres. Y los que son de la Iglesia no tienen más riqueza que la que tienen. No son ricos para alimentar a mil millones de personas. Luego, ¡qué gran utopía que propone Francisco!

En la práctica no se puede alimentar a mil millones como lo quiere Francisco, porque los hombres somos pecadores y nos agarramos a nuestro dinero y que se mueran de hambre todos.

Así pensamos todos. Y así piensa también Francisco. Pero esto no lo dice. No conviene. Él no dice la Verdad a las claras. No puede. Es mentiroso desde el principio. No hay verdad en él.

Francisco predica comunismo. Punto y final. Denme dinero para el bien común de todos los hambrientos en el mundo, pero me lo guardo en mi bolsillo. Así es el comunista. Esa es la experiencia de Rusia y de tantos países bajo el comunismo. ¿Es que no aprendéis de vuestros errores? Vivís para caer siempre en los mismos errores de todos los hombres. Pero no vivís para aprender a quitar los errores, a quitar vuestro pecados de la Vista Santa del Señor.

Francisco: un gran iluso, un gran bobo, un necio que no sabe lo que está diciendo. Y sólo los bobos como él dan su dinero a esa causa comunista de Cáritas.

No apoyen a Cáritas: es perder su dinero. Es meter su dinero en una causa de condenación de las almas. Se lo roban.

Las almas, primero hay que salvarlas, y, después viene la añadidura. Para Francisco, le importa un bledo la salvación de las almas, sólo quiere su bienestar humano. Por eso, predica el reino material, el reino humano, el reino económico, el reino para condenarse en vida.

Quien siga a Francisco, quien siga sus consejos, se condena. No se puede obedecer a Francisco. Es un comunista en la Iglesia. Habla como dragón y condena a las almas como pantera.

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1 comentario

  1. Juan Pablo dice:

    Qué basura tan peligrosa para los incautos, es Bergoglio…. No tiene Fe:

    25 Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? 27 ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo? 28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. 29 Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? 31 No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? 32 Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad. 33 Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. 34 No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán.

    San Mateo, 6, 25-34.

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