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Monseñor Müller: sus herejías

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La Iglesia tiene en su seno a un Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es un hereje: niega la Inmaculada Concepción, la Eucaristía, la Divinidad de Jesucristo, la Iglesia como Cuerpo de Cristo y pone la Teología de la liberación como único valor para estar en la Iglesia. Anula la doctrina de Cristo y pone su doctrina, que es la que sigue Francisco en todo y que le lleva a pedir dinero a todo el mundo, para metérselo en su bolsillo.

En Roma se está haciendo de la Iglesia una empresa más para ganar dinero. Ese es el lema que ha sacado el hereje Francisco: “Una sola familia humana, alimentos para todos”. Francisco denuncia el escándalo mundial del hambre y está ciego del escándalo que él y sus compinches en el gobierno dan a la Iglesia llenándola de sus herejías y de su mala voluntad en la Iglesia. No se escandaliza de la falta de fe que vive la Iglesia, porque no es capaz de ver sus malditos pecados. Y, por eso, no le interesa resolver los problemas de las almas, sino que sólo quiere pedir dinero a todo el mundo para metérselo en su cuenta corriente.

Francisco y los suyos están devastando la Iglesia con sus herejías. Y todo tan contentos por eso. Todos aplaudiendo a ese maldito. Se hacen malditos como él. He aquí sus herejías:

1. Contra la Virginidad de María Santísima.

Para Müller la virginidad no tiene nada que ver con las “características fisiológicas en el proceso natural del nacimiento de Jesús (como el no-abrirse de la cerviz, la incolumidad del himen o la ausencia de dolores), mas con el influjo salvador y redentor de la gracia de Cristo por la naturaleza humana” (Müller : “Dogmática católica: estudio y práctica de la teología”).

Pone Müller la Virginidad de María sólo en los espiritual: “influjo salvador y redentor de la gracia de Cristo”, pero niega la Virginidad física de la Virgen. Y, entonces, cae en la herejía más común de los hombres sin sabiduría divina. Porque quien niegue la virginidad física de la Virgen, también tiene que negar la virginidad espiritual de Ella.

La Virginidad espiritual de la Virgen no es un influjo salvador y redentor de la gracia, sino un don de Dios a la Virgen para ser Madre de Dios. Se es Virgen para Madre. No se puede ser Madre de Dios sin la Virginidad plena: física, espiritual, moral, humana, carnal, natural. Sólo puede creer en la Virginidad de María quien tiene fe. Por eso, muchos hombres, en la historia, se han burlado de esta virginidad y lo siguen haciendo por su falta de fe.

Es un dogma revelado que la Virgen es Virgen: “Lo concebido en Ella viene del Espíritu Santo” (Mt. 1, 20). Y quien piense que la Virgen perdió su virginidad porque tuvo relaciones sexuales, o porque la perdió por masturbarse (es decir, cometió un pecado mortal), o que, simplemente no tuvo relaciones pero la perdió por causas físicas, extrínsecas, naturales, involuntariamente, entonces cae en herejía múltiple.

Porque la fe en la Virginidad de María es “un nexo que reúne entre sí los misterios” (DS 3016); es decir, quien niegue la Virginidad de María, tiene que negar Su Maternidad Divina, la Inmaculada Concpeción, la Divinidad de Jesús, la Obra de la Redención y la Iglesia. Cae en muchas herejías al negar una. Y, por tanto, el Cardenal Muller tiene a María sólo como una mujer más en la Iglesia y a Jesús como un hombre más, que nació de la unión carnal entre María y José. Tiene a María como una pecadora más en la Iglesia. Y da a María sólo una reverencia en la Iglesia, no un culto divino.

Tamaña herejía, que pone al Cardenal Muller fuera de la Iglesia. La Iglesia está clara en cuanto a la Virgen María, pero que el que tiene la misión de guardar la fe en la Iglesia, Muller, vive en la oscuridad de su pecado y está en la Iglesia para destruir los dogmas de la Iglesia, que es lo que va a hacer ahora.

Quien lo siga, cae en herejía y se pone fuera de la Iglesia, como está él. La Iglesia de Jesús, la verdadera Iglesia, no necesita de hombres herejes como Muller. Sobra el conocimiento de Muller. Es herético y lleva a muchas almas al infierno.

“Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según verdad por madre de Dios a la santa y siempre Virgen María, como quiera que concibió en los últimos tiempos sin semen por obra del Espíritu Santo al mismo Dios Verbo propia y verdaderamente, que antes de todos los siglos nació de Dios Padre, e incorruptiblemente le engendró, permaneciendo ella, aun después del parto, en su virginidad indisoluble, sea condenado [v. 218]” (Concilio de Letrán – Can. 3)

“[Quienes afirmaren] que la misma beatísima Virgen María no es verdadera madre de Dios, ni permaneció siempre en la integridad de la virginidad, a saber, antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto [sean condenados, rechazados, y anatematizados]” (De la Constitución de Paulo IV Cum quorundam, de 7 de agosto de 1555).

2. Contra el dogma de la transustanciación.

Muller escribe: “Cuerpo y sangre de Cristo no significan las partes físicas del hombre Jesús durante su vida o en su cuerpo glorificado (…)Cuerpo y sangre significan aquí por lo tanto una presencia de Cristo en la señal mediada del pan y del vino” (Muller: “La Misa, manantial de la vida cristiana”).

Müller de este modo explica la transustanciación: “La esencia del pan y del vino tiene que ser definida en un sentido antropológico. El carácter natural de estos dones [pan y vino] como frutos de la tierra y del trabajo del hombre, como productos naturales y culturales, consiste en la designación de la comida y del descanso de las personas y la comunidad humana en la señal de la comida común. El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios en el sentido que este ser ahora demuestra y realiza la comunión salvadora”.

Muller niega la Presencia real de Jesús Vivo y Verdadero en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía: es sólo la transformación del pan y del vino: “El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios”, no es un cambio de sustancia. No es que la sustancia del pan y del vino desparezcan y se ponga el Cuerpo y la Sangre de Cristo, junto con Su Alma y Su Divinidad. Es cambiar eso material en algo divino, bendecido por Dios, pero permaneciendo la cosa material, el pan y el vino.

“Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema [cf. 877]”.(Concilio de Trento -Can. 2.). Anatema a Muller.

Muller, al negar este dogma, niega el sacerdocio y niega la Obra Redentora de Cristo. Por tanto, al perder la fe en la Eucaristía, él no consagra en las misas que celebra, él anula sus sacerdocio en la Iglesia, él no participa de la Jerarquía de la Iglesia y él se opone a toda la Iglesia. Porque la columna de la Iglesia es la Eucaristía. Quien la niegue, tiene que negar la Iglesia como Obra de Cristo. Muller hace su teatro en la Iglesia como Francisco. Tremenda cabeza de herejía la que está en Roma.

3. Los Protestantes como parte de la Iglesia

Müller afirmó: “El Bautismo es el carácter fundamental que nos une sacramentalmente en Cristo delante del mundo en una sola Iglesia visible. Nosotros como cristianos, católicos y protestantes, estamos pues ya unidos en lo que llamamos la Iglesia visible. En un sentido estrecho existen pues no muchas Iglesias, es decir, uno junto a la otra, pero existen divisiones y grietas dentro de un único pueblo y de una única casa de Dios.” (Muller: discurso en honor del obispo luterano Johannes Friedrich, el 11 de octubre de 2011).

Estas palabras de Muller se rebaten con aquellas del Papa PÍO XI: “Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas” (Encíclica “MORTALIUM ANIMOS”, n. 9 – 6 de enero de 1928)

Muller habla de la Iglesia visible, que es formada por todos los Bautizados: “El Bautismo es el carácter fundamental que nos une sacramentalmente en Cristo delante del mundo en una sola Iglesia visible”. Cae en el error más común en el mundo moderno. Poner la Iglesia en el mundo, cuando es claro que la Iglesia no pertenece al mundo: “Mi reino no es de este mundo”.

El Reino de Dios, la Iglesia, es un Reino espiritual y, por tanto, son miembros de ese Reino los que tienen el Espíritu de Cristo, no sólo el Espíritu de Hijo de Dios, de filiación divina, que da el Bautismo. La Iglesia es de Cristo, no de los hijos de Dios. Hay muchos hijos de Dios, almas que están bautizadas en sus referentes iglesias, pero que no creen en Cristo o creen a su manera, con sus herejías, como son los Protestantes.

El Bautismo es la Puerta de la Iglesia, pero no lleva a vivir lo que es la Iglesia. Porque en la Iglesia hay que aceptar otras verdades para poder ser Iglesia, y así salvarse y santificarse.

Por tanto, la Iglesia visible es aquella que cree en Cristo, no es la unión de todos los que están bautizados.

Los que ponen la Iglesia visible en el Bautismo están fundados “en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios” (Encíclica “MORTALIUM ANIMOS”, n. 3 – 6 de enero de 1928).

Además, Muler cae en la herejía más nefasta de todas, la que hace de todos una sola cosa: “En un sentido estrecho existen pues no muchas Iglesias, es decir, uno junto a la otra, pero existen divisiones y grietas dentro de un único pueblo y de una única casa de Dios”.

Todos unidos sin quitar los errores. Uno junto al otro. Todos tienen la verdad. Todos tienen sus verdades. Todos comparten sus verdades y así se hace una unión falsa, descentralizada de la verdad. Esto es caer en la herejía del monismo: todos somos uno, pero junto al otro, sin jerarquía, sin dependencia de uno a otro, sin obediencia. Y esto lleva al sincretismo religioso: una unión de muchos siguiendo un culto amorfo, donde entra de todo.

Pero, además, Muller habla de la diferencias entre las Iglesias, las divisiones de la Iglesia, diciendo que la Iglesia está de suyo dividida en partes, es decir, un conjunto de comunidades, distintas, separadas, que coinciden en algunos puntos de doctrina, pero que discrepan en otros. Y, entonces, como la Iglesia está partida en su origen, en su naturaleza, todo consiste en buscar un cierto consenso entre todos los hombres, una norma común de fe que englobe los pensamientos de todos y, de esa manera, se produce la unión entre las partes.

En este pensamiento herético se va contra el dogma del Papado. La unión entre los hombres se da cuando se obedezca a Pedro. No hay otra manera de unir lo diverso: sólo en la obediencia a una cabeza, la que ha puesto Jesús en Su Iglesia: Su Vicario.

Como los hombres no quieren obedecer a Pedro, entonces se inventan su ecumenismo, su falso amor a los hombres y su falsa iglesia, que está partida. La Iglesia de Jesús no tiene partes, no está dividida en muchas, porque la Verdad es una sola.

Todo el problema de ser uno sólo está en la Obediencia a Pedro. No se quieren quitar las diferentes doctrinas que cada uno sigue porque no se quiere someterse a la Verdad de la Iglesia que da sólo Pedro en Ella. No quieren “abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo” (Encíclica “MORTALIUM ANIMOS”, n. 9 – 6 de enero de 1928).

Muller es nefasto en su herejía sobre la unión entre todas las Iglesias. Y ahí está en Roma para dinamitar toda la Iglesia, sacando las verdades de la Iglesia con sus razonamiento inicuos.


3 comentarios

  1. José M dice:

    Sin tener conocimientos teológicos, mi fe del carbonero me muestra que es evidente y convenía a Dios que la Santísima Virgen María se mantuviera virgen tras dar a luz a Nuestro Señor.

    1) En primer lugar, como garantía de que Jesús no iba a tener hermanos. Jesús es Dios encarnado en el seno de María. Jesús es consustancial al Padre, no a los hombres. En consecuencia, una Santísima María que no hubiera mantenido su virginidad tras dar a luz, podría perfectamente haber alumbrado “hermanos” de Jesús (en el sentido literal de la palabra). ¿Pero qué tipo de hermanos? Hubieran sido una “mezcla” que aborrecería Dios, pues serían mezcla de una madre sin pecado original y un padre (San José) que, a pesar de ser santo, tenía pecado original. Si bien no es dogma de fe, hay quien incluso cree que el pecado original algo tiene que ver con el ADN que por el pecado de Adán quedo dañado y así se ha transmitido de generación en generación (y de ahí la necesidad de la inmolación de Jesucristo para redimirnos). En consecuencia, esos “hermanos” de Jesús hubieran sido unos engendros (en el sentido peyorativo de la palabra) puesto que ni hubieran sido divinos (Jesús), ni 100% humanos tal como somos nosotros, al ser la unión de una mujer tal como fue Eva antes de la caída (sin pecado original) y un hombre que sí lo tiene (San José). Parece evidente que no convenía a Dios la propagación de tales seres humanos y la mejor garantía era manteniéndose la divinidad de la Virgen María, tanto antes del embarazo (garantía de ser el padre el Espíritu Santo) y después del mismo (garantía de que no habrá “engendros” mixtos por el mundo). Con o sin ADN, lo que está claro es que perder la virginidad hubiera abierto la posibilidad de que Jesús hubiera tenido “hermanos” literales por parte de madre. Y eso no convenía. Al menos repele a mi sentido común.

    2) Jesús, si tuvo un cuerpo real durante su primera venida, pudo en ocasiones en vida tener un cuerpo glorioso como lo prueban los Evangelios con el episodio de la Transfiguración del Señor (el pasaje que más me emociona de todos, pues es anticipo de lo que nos espera). Los cuerpos gloriosos pueden atravesar la materia. ¿No pudo acaso Jesús nacer temporalmente con dicho cuerpo glorioso y de esta guisa mantener incólume la virginidad de María? ¿no puede hacer eso y más Dios? Es más, hay profecías que dejan claro que tras la Segunda Venida nuestros cuerpos serán gloriosos. Si este es el cuerpo que nos aguarda en la resurrección (o tras el rapto para los que estén aún vivos), ¿no pudo tenerlo tal vez Jesús en el momento del nacimiento? Lo que digo no es dogma de fe, pero a nivel personal me resulta más fácil creer lo que escribo que las estupideces que escribe el hereje Müller, pues, crea lo que yo crea, lo que sí que tengo claro es que la Santísima Virgen María se mantuvo Virgen siempre y en un sentido literal y material. Al igual que creo que es evidente que como madre de Jesús tuvo que ser preservada del pecado original desde su concepción. Para mí es evidente y acepto el dogma no solo con obediencia, sino, incluso con pleno asentimiento intelectual (dentro de los límites del intelecto).

    Por eso hemos de tener auténtica devoción por María. No es una mujer buena y “bobita” que está para hacer bonito. NO. Por eso ella es “bendita entre todas las mujeres” porque el “señor obró maravillas en ella”. Ella no es una igual entre pares. Ella es superior a nosotros por no haber tenido pecado original y, en su libre albedrío, haberlo utilizado con total sometimiento a la Verdad de Dios (“he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tú palabra). Quien dude de María, deja ipso facto de ser católico.

    ¡Viva la Santísima Virgen María!

  2. Cristina de López dice:

    Ya desde mayo de este año, había negado el milagro de la multiplicación de los panes durante una reunión que sostuvo precisamente con el comité ejecutivo de Caritas Internationalis, con su presidente el “hereje Cardenal Madariaga”, cuyo propósito era preparar la Campaña contra el hambre que ahora es lanzada.
    Para dicha campaña y como ya es costumbre en este maldito que dice ser Papa, se vale del mismo Evangelio, tergiversándolo a su antojo y no conforme con haber negado el milagro de la multiplicación de los panes, cae en su ya conocido y satánico ERROR  y con su muy acostumbrado estilo, todavìa aplaudido por muchos, dice que la peor de las crisis NO ES LA FE, sino la “crisis del hombre”:

    “Hoy día está en peligro el hombre, la persona humana, la carne de Cristo”.

    Jorge M. Bergoglio, 16 de mayo de 2013, Ciudad del Vaticano extractos de dicha reunión:
      “(…) Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron. Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no. No, no, simplemente es tal la grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba (…)”. 

    La crisis. 
    Estamos viviendo una época de crisis muy grave, muy grave. Y no es solamente una crisis económica. Ese es un aspecto. No es solamente una crisis cultural, es otro aspecto. No es solamente una crisis de fe. Es una crisis en la que el hombre es quien sufre las consecuencias de esa inestabilidad. Hoy día está en peligro el hombre, la persona humana. Está en peligro la carne de Cristo. Ojo que para nosotros toda persona y más si está marginada, si está enferma, es la carne de Cristo. O sea que el trabajo de Caritas sobre todo es darse cuenta de esto.

    http://es.radiovaticana.va/Articolo.asp?c=692879

    Lo que en mayo era una propuesta ahora se cristaliza y una invitación es lanzada a “todos”… Si, a todos, para que como UNA SOLA FAMILIA HUMANA  salven la “carne de Cristo que está en peligro”:

    “Invito a todas las instituciones del mundo, a toda la Iglesia y a cada unos de nosotros mismos, como una sola familia humana, a dar voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre, para que esta voz se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo.
     
    Su diabólico, aunque encubierto plan no se detiene y cada palabra, cada gesto, cada paso va encaminado a un solo objetivo… 

    “Roma perderá la fe y se convertirå en la sede del Anticristo”

  3. josephmaryam dice:

    Para el que quiera leer ese discurso en español:
    “Queridos hermanos y queridas hermanas:
    Hoy tengo el placer de anunciarles la “Campaña contra el hambre en el mundo”, lanzada por nuestra Caritas Internationalis y comunicarles que es mi intención darle todo mi apoyo.
    Esta Confederación, junto a sus 164 organizaciones miembros, está hoy empeñada en 200 países y territorios de todo el mundo y su labor es el corazón de la misión de la Iglesia y su atención hacia todos aquellos que sufren por ese escándalo del hambre, con el que el Señor se identificó cuando dijo: “Tuve hambre y me diste de comer”. Cuando los apóstoles le dijeron a Jesús que las personas que habían llegado para escuchar sus palabras también tenían hambre, Él les animó a que fueran a buscar comida. Como ellos también eran pobres, solo encontraron cinco panes y dos peces pero, con la gracia de Dios, llegaron a dar de comer a una multitud de personas, recogiendo incluso lo que había sobrado y evitando así cualquier despilfarro.

    Nos encontramos ante un escándalo mundial de casi mil millones de personas. Mil millones de personas que todavía sufren hambre hoy, no podemos mirar a otra parte, fingiendo que el problema no exista. Los alimentos que hay a disposición hoy en el mundo bastarían para quitar el hambre a todos.
    La parábola de la multiplicación de los panes y los peces no enseña precisamente eso: que cuando hay voluntad, lo que tenemos no se termina, incluso sobra y no se pierde.
    Por eso, queridos hermanos y hermanas, les invito a que hagan un lugar en sus corazones para esta urgencia, respetando ese derecho que Dios ha concedió a todos, de tener acceso a un alimentación adecuada.
    Compartamos lo que tenemos, con caridad cristina, con todos aquellos que se ven obligados a hacer frente a numerosos obstáculos para poder satisfacer una necesidad tan primaria y, a la vez, seamos promotores de una auténtica cooperación con los pobres, para que a través de los frutos del trabajo de ellos y de nuestro trabajo podamos vivir una vida digna.
    Invito a todas las instituciones del mundo, a toda la Iglesia y a cada unos de nosotros mismos, como una sola familia humana, a dar voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre, para que esta voz se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo.
    Esta campaña quiere ser también una invitación a todos nosotros, para que seamos conscientes de la elección de nuestros alimentos, que con frecuencia significa desperdiciar la comida y usar mal los recursos a nuestra disposición. Es también una exhortación para que dejemos de pensar que nuestras acciones cotidianas no tienen repercusiones en la vida de quienes – cerca o lejos de nosotros – sufren el hambre en su propia piel.
    Les pido de todo corazón, que apoyen a nuestra Caritas en esta noble Campaña, para actuar como una sola familia, empeñada en asegurar alimentos para todos.
    Roguemos al Señor para que nos conceda la gracia de ver un mundo en el nadie deba morir de hambre. Y pidiendo esta gracia, les doy mi bendición”
    Es la herejía de un hombre que hace del Vaticano la fábrica del dinero. Una empresa más en el mundo para hacer dinero. Eso es lo que expresa Francisco en esas palabras. Anula la Palabra de Dios en la multiplicación para pedir a la Iglesia dinero. Pero dinero, no para los pobres, para los hambrientos, sino para él. Esto es lo que no dice porque, claro, no le conviene de decirlo. Pero lo muestra en su artículo herético. Así es ese maldito de Francisco. Es el judás del dinero. Está preocupadísimo para que la gente suelte su dinero en la Iglesia. Y no se preocupa de la salvación ni de la santificación de las almas. Es un maldito que ya ha sido condenado por el Señor en Su Palabra.

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