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Señales en el cielo

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El Universo es la Obra del Amor de Dios, pero de un Amor que no es comprendido por los hombres, porque no es el Amor de la Gracia, ni el Amor del Espíritu, ni el Amor de Dios.

Dios crea por Amor el Universo, pero con un amor de benevolencia, de bondad divina, que pone fuera de Sí Mismo una creación, que no necesita, en la que no se apoya, pero que es necesaria porque Dios es Amor, es Obra de Amor, es realizar lo que es Él Mismo.

Dios pone en la creación un amor que sólo se puede comprender en Dios. Por más que el hombre investigue el universo, no capta el fin para el que es creado ese Universo, porque no conoce el Amor que Dios ha puesto en esa Creación.

El Universo es un Misterio de Amor y, no sólo un Misterio, sino una Semejanza de lo que es Dios en Sí Mismo. No una semejanza espiritual, sino material.

Y, en esa semejanza, brilla en todo la armonía divina, la paz divina, el amor divino.

Todo se mueve en la Creación según un orden y nada se sale de ese orden. Aun lo caótico, que se da en la Creación, tiene un orden en Dios.

Por eso, hay muchas señales en el Cielo que avisan, de una o muchas maneras, a los hombres en sus vidas terrenales, porque todo es uno en Dios. Lo que pasa en el orden espiritual tiene su consecuencia en el orden material y humano.

El Universo es un orden material, no humano. Se rige por leyes de la materia, pero también por leyes naturales y divinas, porque en el Universo hay seres espirituales y humanos. Seres de otro orden al material y, por tanto, con dominio y repercusión en todo el Universo.

El orden material en el Universo, en sí mismo, no significa nada, porque la materia no tiene inteligencia. Pero en Dios todo está puesto para los seres espirituales y humanos.

Dios crea el Universo, no para la materia, sino para el Espíritu y el hombre, que son seres inteligentes, capaces de actos morales y éticos.

Por eso, hay que mirar las señales del cielo como una inteligencia para los hombres, no para los Espíritus. Porque el Espíritu no necesita señales materiales para entender una verdad. El Espíritu sólo se mueve en el Espíritu, no en la materia.

Pero el hombre necesita la materia para comprender, para asociar las verdades a cosas materiales que tienen un significado espiritual, no humano.

El movimiento de los astros, de los planetas, para el hombre es una inteligencia que le debe llevar hacia la inteligencia del Espíritu. Porque es el Espíritu el que mueve lo material siempre. No es el hombre el que mueve su cuerpo, sino su espíritu. Los astros en el cielo se mueve según leyes establecidas, pero por el Espíritu, no por sí mismos. La materia, en sí misma, no tiene movimiento. Otro tiene que darle el empujón para que empiece a moverse, a cambiar, a transformarse.

Todo en la Creación es por un Espíritu que lo mueve, que lo produce, que le infunde vida. Y, aunque el hombre no capte ese Espíritu, no lo vea con sus ojos, ahí está para una obra espiritual.

La Creación tiene un fin espiritual, divino. No se queda en un fin material, natural, ni humano.

Todo cuanto Dios crea es por un fin divino, porque se ama para algo divino, para una obra divina. Dios crea el Universo para darle una Obra Divina, inteligente, con una Voluntad libre en el Amor.

El hombre, estas cosas no las capta, porque vive para lo humano, con fines y objetivos humanos, naturales, carnales, sentimentales, que no le dejan mirar más allá del hombre o de lo que ven sus ojos.

Los signos en el Cielo son señales divinas o espirituales para los hombres, para dar al hombre un inicio de algo en su vida humano o un término, un final.

La cruz perfecta que Venus, la Tierra, el Sol y el cometa ISON forman significa para el hombre una inteligencia espiritual.

Muchas son las interpretaciones, de variado estilo, de filosofías diversas, que quieren dar a entender que algo pasa en la vida de los hombres. Son sus interpretaciones que, para un católico, de poco les sirve.

La Cruz, para un católico, es un misterio de amor y de dolor. Y, por tanto, que cuatro astros formen una cruz perfecta en los Cielos señala este misterio de amor y de dolor.

Si se presenta una cruz en el Universo, Dios quiere indicar algo grave siempre, porque la Cruz es por el pecado del hombre y, por tanto, trae siempre sufrimiento a la vida de los hombres.

La Cruz nunca trae placer al hombre, sino dolor. Por tanto, que en esa fecha los astros formen una cruz simboliza un dolor para la humanidad, no sólo para la Iglesia. Porque, en la Cruz, se anida toda la Humanidad: Cristo muere por todos los hombres. Muere, pero no salva a todos. La Cruz, para muchos hombres es una condenación, porque no quieren asociarse a la Obra de la Redención de Cristo.

La cruz es un piedra de tropiezo, una espada que divide entre la Misericordia y la Justicia Divina.

Si, en esa fecha, se presenta en el cielo esa señal perfecta entre el Sol y la tierra, en el palo largo de la cruz, y venus y el cometa, en el corto, es para dar a entender que entre Dios y el hombre hay una Justicia Divina que debe ser realizada por un astro de luz y de fuego.

Venus es fuego, el cometa es luz. Entre Dios y el hombre, se da una distancia tal que es necesario el castigo sobre el hombre, sobre la tierra. Entre la luz y el fuego está el castigo para los hombres, está la cercanía de un castigo.

Un cometa de luz que sale de la órbita, que se pierde, para dar a entender que la luz divina se ha rechazado por los hombres en la tierra.

Y un planeta de fuego que se pone a la par del cometa, para dar a entender que esa luz rechazada trae fuego sobre la tierra.

Pero esta explicación debe ser hecha más concreta para el hombre, porque los hombres viven, en estos momentos, acontecimientos graves en sus vidas.

En la Iglesia, hay una cabeza de herejía que lleva a toda la Iglesia hacia su condenación. Y hay otra cabeza que permanece inerte, muerta por su pecado, que no sabe resolverse para luchar contra la cabeza de herejía.

Son dos cabezas sin luz divina, que se mueven entre Dios y los hombres, pero que no traen ningún conocimiento divino a los hombres, a la Iglesia. Son cabezas inertes, ignorantes, llenas de todo menos de la Verdad en la Iglesia.

Y cuando el cometa hace ese movimiento para obrar la cruz entre Dios, el hombre y venus, entonces, se indica que una cabeza de herejía va a hacer un movimiento en la Iglesia que traerá a la Iglesia un gran dolor.

Esa cruz perfecta señala un dolor perfecto para la Iglesia, primero, y después, para el mundo.

Lo único que puede dar una cabeza de herejía es una división a la Iglesia, un dolor a la Iglesia, no un amor, no una verdad, no un consuelo.

Y si en el cielo se forma esa cruz, es que antes en el Espíritu se ha formado una obra de dolor, de pecado, de división, de mentira, de engaño.

Por eso, es necesario que haya algo estos días que dé dolor a toda la Iglesia, que la ponga en una cruz perfecta de dolor, de sufrimiento, de apostasía de la fe.

Los signos en el Cielo son para comprender, de alguna manera, lo que pasa en los espíritus, en las almas, en las vidas de los hombres.

Y sólo ahora, en el mundo y en la Iglesia, se puede contemplar el dolor, el abatimiento, la humillación, la persecución, el martirio.

Son necesarias las señales para comprender los Signos de los Tiempos, los tiempos de los Tiempos. Esa cruz perfecta señala un tiempo de apertura, de salida, porque el cometa va saliendo, se va perdiendo.

Hay que salir de la herejía. Hay que salir de unirse a un hereje, de comulgar con un hereje, como es Francisco y los suyos. Hay que salir de eso, para no entrar en el fuego del castigo, de la condena, del pecado. El cometa se alinea con el fuego de venus. No es una luz que viene del sol ni que va hacia la tierra. Es una luz que señala un fuego, una transformación, un sufrimiento.

Ya viene a la Iglesia un cambio muy importante que dinamita toda la Iglesia.

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