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En Roma se ha perdido la Autoridad Divina

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La Verdad es la Palabra de Dios, nunca es la verdad la palabra humana, nunca lo que diga la ciencia o la filosofía ni siquiera la teología.

Sólo la Santa Biblia contiene la Verdad. Es el libro que toda alma debe poseer en su vida. Los demás libros, no son importantes, porque ninguno da la Verdad al alma.

El alma se alimenta sólo de la Verdad de la Palabra. Y esa Verdad, cuando se hace propia, obra el Amor en la vida, porque la Palabra es la Obra del Amor.

A las almas les cuesta asimilar el Evangelio, la Palabra Divina en sus corazones, porque viven muchas en lo exterior de la vida, en la superficie de la vida, conquistando el mundo y las cosas del mundo.

Y el Evangelio es para lo interior de la vida, para escrutar lo que hay en el corazón de cada uno. Es una Palabra que revela la vida íntima de cada alma y que da a cada alma el camino para obrar lo divino en su vida humana.

La Palabra de Dios es una Autoridad, un Poder Divino, en cada alma. Dios da Su Fuerza Divina al alma que cree en Su Palabra. Y con esa Fuerza, el alma obra, aunque se tenga que oponer a cualquier autoridad o poder humano.

El hombre se apoya en su palabra humana para ser poderoso. Dios da Su Palabra para combatir todo poder humano, para vencer la soberbia de los hombres, para realizar lo que Dios quiere en la vida de cada hombre.

Y ante esta Autoridad Divina, el demonio se opone con su poder demoniaco, que es más fuerte que el poder de los hombres. El demonio batalla contra la Palabra Divina. El demonio no batalla contra las palabras de los hombres, sino que coge las palabras humanas para luchar contra la Palabra Divina.

En la Iglesia la luz de la Autoridad Divina se ha eclipsado. No existe o, si en un alma se da, se oculta para poner la autoridad de los hombres.

Hoy día en Roma la Jerarquía trabaja con un poder humano, no con la Autoridad de Dios. Nada de lo que se hace en Roma lo quiere Dios. Nada. Porque el que se sienta en el Trono no es elegido por Dios para gobernar la Iglesia. No tiene la Autoridad de Dios, porque no cree en la Palabra de Dios, sino que sólo cree en sus palabras humanas que le han llevado a su pecado en medio de la Iglesia.

Y quien está en la cabeza de la Iglesia, gobernándola sólo con un poder humano, anula cualquier poder divino en la Iglesia.

Por el solo hecho de estar Francisco como jefe de la Iglesia, no existe la Autoridad Divina en nadie de la Iglesia.

Para tener esa Autoridad de Dios, el sacerdote, el Obispo, el fiel, tiene que ponerse en contra de Francisco. Porque la Palabra de Dios es la Fuerza de Dios, es Poder, es Autoridad. Pero quien se une a una cabeza sin Autoridad Divina pierde su misma Autoridad, si la tenía.

El que se une a una cabeza que no cree en la Palabra de Dios, pierde su fe en la Palabra.

Perder la fe dentro de la Iglesia es muy fácil cuando se sigue a una cabeza falsa, a una cabeza hereje, a una cabeza mentirosa.

Todo fiel que vea a un sacerdote, a un Obispo, que niega alguna verdad en la Iglesia, algún dogma, o que interpreta el Magisterio de la Iglesia según conceptos humanos, tiene que oponerse a ese sacerdote u Obispo para no perder la Fe y mantener la Autoridad Divina que le da la Palabra de Dios a su alma.

Por eso, hay tantas almas engañadas con Francisco que están a punto de perder la fe. Porque no se puede comulgar con un hereje. No se puede. La gente se queda en los cariños a Francisco, en que es amable, humilde, sencillo, etc. Por ahí, el demonio siempre coge al alma para perderla.

Hay que discernir a Francisco para ponerse en la Verdad y tener la Fe que todo lo puede, que todo lo sabe, que todo lo obra en la Iglesia.

Pero este discernimiento es de pocos en la Iglesia. Hay muchas almas buenas en la Iglesia, pero que no disciernen nada. Que están en la Iglesia tragándose cualquier cosa, cualquier idea, cualquier obra de los hombres. Y eso les llevará, tarde o temprano, a perder la fe, por seguir los cariños, los sentimientos, los afectos a un hombre.

Muchas almas viven de sus sentimientos humanos y eso hace que caminen por el error en sus vidas. Y quieren llevar sus sentimientos a la Iglesia, a la vida espiritual, y entonces no pueden vivir de fe en la Iglesia. La fe no es un sentir, sino un obrar la Palabra de Dios.

La fe es una obra al margen de cualquier sentimiento en la vida, de cualquier circunstancia en la vida, de cualquier idea en la vida.

Por eso, la maldad de Francisco es ir al mundo cargado de sentimientos, de afectos hacia los hombres. Y eso pierde a la Iglesia, eso destroza la vida de fe de la Iglesia. Se pone el tinte de la Evangelización en hacer un bien humano, sentimental al hombre del mundo. Es lo más contrario a la Verdad de la Palabra Divina.

El alma necesita el alimento de la Verdad de la Palabra de Dios, no el sentimiento de la caricia de la palabra del hombre.

El alma necesita la fuerza divina para seguir viviendo su vida humana, que no es fácil en medio de un mundo que no quiere la Voluntad de Dios. Pero la Iglesia está dando a las almas el poder del demonio con su salida al mundo, para que las almas se acomoden al pensamiento y a la vida de cada hombre en el mundo y así conciban un iglesia para todos los hombres.

La maldad que hay en Roma es muy grande. Y nadie la ve. Nadie la discierne. Todos dicen: con estos bueyes hay que arar. Y dicen mal. Porque ya no sirve para arar la tierra de la Iglesia, la tierra de las almas, la tierra de los corazones.

No se trabaja una tierra con instrumentos que no sirven, que no dan lo que necesita la tierra. El alma sólo necesita la Verdad en su vida. Y sacerdotes, Obispos que sólo dan la mentira, no sirven para ser Iglesia, para hacer la Iglesia. Son bueyes inútiles, inservibles, que sólo producen en la tierra de las almas la negación de todo fruto divino en ellas.

¡Qué pocos han comprendido la situación de la Iglesia en estos momentos!

Una Iglesia sin poder divino para obrar. Luego, sus obras son para el mundo y para los hombres. Así se conquista el mundo, dándole su propio poder, su propia filosofía de la vida, su propia idea de lo que es bueno y malo en la vida.

Es lo que está haciendo Francisco desde hace nueve meses. Destrozando todo poder divino en la Iglesia. Quien se une a él pierde la fe en la Palabra de Dios y ya no tiene la fuerza de Dios para seguir viviendo su vida de cara a Dios, sino que vive su vida de cara al demonio y a los hombres.

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1 comentario

  1. Como es posible k el libro de la berdad no se aya difundido por todas partes es una urjensia k todos sepan lo k nos espera y como debemos prepararnos k dios los bendiga

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