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No sólo para los pobres se vive en la Iglesia

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Las almas viven en la locura de su humanismo y creen que la Iglesia es por los hombres y para los hombres, por los pobres y para los pobres, por la gente que vive para el mundo y para esa gente.

Las almas no disciernen nada en la Iglesia. Es señal de que tampoco, en sus vidas humanas, disciernen nada, se lo tragan todo, viven alimentados de cualquier basura ideológica que los hombres dan en el mundo.

Francisco da la basura del comunismo desde hace nueve meses. Y, parece, que nadie se ha dado cuenta. Y es lo más fácil de discernir, porque el comunismo es sólo lo opuesto al catolicismo. El comunista vive hablando del pobre para engordar él, no el pobre. Y el católico vive hablando en contra del pobre para salvar al pobre.

Quien hace una iglesia para el pobre y por el pobre es porque quiere hacerse rico en esa iglesia. Y, entonces, comienza a hablar del pobre con una utopía: recojamos dinero para entregárselo al pobre. Hagamos un común, una iglesia en la que todos ayuden al pobre. Pongamos nuestros dineros para darlos al pobre.

Esto es Francisco: un comunista que quiere hacer su negocio en la Iglesia.

Jesús es lo más contrario a Francisco. Jesús le interesó muy poco el dinero, porque no vino para hacer una Iglesia para el pobre y por el pobre. Jesús vino a hacer una Iglesia para el alma y por el alma.

Y las almas no son ni ricas ni pobres. En Dios, no hay distinción de clases, no es posible la lucha de clases. Dios sólo ve almas. Y le interesa muy poco la clase social. Es más, Jesús va en contra de toda clase social, de toda cultura de los hombres, toda sabiduría humana.

Jesús no es como Francisco. Es lo más opuesto a Francisco.

Francisco no tiene el Espíritu de Cristo, porque no enseña la Palabra de Cristo en la Iglesia. Sólo enseña su inútil palabrería humana.

Francisco no tiene el Espíritu de la Iglesia, porque ha escalado el poder con su negocio en la Iglesia. Él ha dicho a quién tenían que elegir los Cardenales. Él se puso como el jefe de la Iglesia antes del Cónclave, porque fue elegido en secreto. Él no ha sido elegido por Dios para ser Pedro en la Iglesia. Y aquel que se pone como Pedro sin la elección de Dios no puede recibir el Espíritu de la Iglesia, sino que recibe el espíritu del demonio, para construir una falsa iglesia.

Francisco no tiene el Espíritu de Profecía, que es el primero de todos que debe tener un sacerdote en la Iglesia. Porque el sacerdote tiene que dar el Espíritu de la Palabra. Y se necesita la Profecía para poder interpretar el Evangelio. Francisco es como muchos sacerdotes: son ciegos, guías de ciegos, porque carecen de la Verdad en sus predicaciones, en sus homilías, en sus ministerios en la Iglesia.

Francisco no tiene el Espíritu de la Verdad, porque si no tiene la Profecía, no puede obrar la Verdad, que enseña toda profecía. Y, por tanto, obra en la Iglesia con su mentira, con el espíritu de la mentira, que da el demonio.

Francisco no es Iglesia ni hace Iglesia porque carece de Espíritu. Hace su obra de teatro en la Iglesia. Y, como él, muchísimos, porque, como decía el padre Gabriele Amorth, en el diario Veja, el 11/03/2010:

“El diablo está instalado en el corazón de la Iglesia…Hay indicios de que el anti-Cristo está ganando la batalla contra la Santa Sede…hay cardenales que no creen en Jesús y obispos que están relacionados con el demonio… El diablo vive en el Vaticano y se puede ver las consecuencias”.

Francisco es uno de esos Obispos que han ganado el poder en la Iglesia a base de vender su alma al demonio.

Francisco es un demonio, le guste o no le guste a la gente. “Por sus obras los conoceréis”. Lleva nueve meses obrando lo mismo desde que fue ordenado sacerdote. No cambió sus obras. Cambió de lugar para seguir haciendo lo mismo que ha hecho siempre: destruir la Iglesia.

Hay muchas almas, buenas en la Iglesia, pero que no disciernen nada. Se la pasan viviendo la vida tragándose cualquier cosa en la vida. No importa que sea una mentira, una herejía, una duda, una verdad. No disciernen, no juzgan espiritualmente, es decir, no hacen oración y penitencia para ver si sus vidas van por buen camino, para ver si en la Iglesia, quien está en la Silla, es un hereje o un hombre de Dios.

Viven sin preguntarse por la Verdad que hay a su alrededor y, por tanto viven sin preocuparse por la verdad de sus almas ni de sus corazones.

Así hay cantidad de gente en la Iglesia. Ven a Francisco y, como todo se lo tragan, lo tienen como un santo porque besa a los enfermos, porque habla bonito, porque dice lo que el pueblo quiere escuchar, porque da de comer a los pobres.

Esta es la santidad que mucha gente se ha formado de Francisco. Una santidad barata, porque en el mundo hay mucha gente que besa a los enfermos, que da dinero a los pobres, que hace mucho bien a los demás y son, sin embargo, unos demonios.

¡Cuánta gente buena hay en el mundo que no le interesa la obra de Redención de Jesús, que no va con la Iglesia que fundó Jesús, que no le importa los dogmas de la Iglesia! Y, sin embargo, da su dinero, hace obras de beneficiencia, pero nadie los tiene como santos, porque no pertenecen a la Iglesia.

Y un Francisco, que tampoco pertenece a la Iglesia, hace lo mismo que se hace en el mundo, y ya la gente pierde la cabeza totalmente por un idiota, que no sabe ponerse en la Verdad de la Iglesia, que sólo persigue sus verdades en su iglesia, que ya ha fundado en Roma.

La nueva iglesia en Roma se funda en la memoria de Cristo. La Iglesia de Jesús se funda en Pedro.

Francisco no quiere a Pedro. Eso es claro en su nuevo panfleto comunista, Evangelii gaudium. Entonces, ¿qué es esa iglesia donde no está Pedro, donde el gobierno de Pedro se descentraliza de la Verdad, se despoja de la Verdad?

Parece mentira que sigue habiendo tanta gente que tiene una venda en sus ojos, después de nueve meses con lo mismo todos los días. ¿En qué Iglesia viven? ¿En qué mundo viven?

Un Francisco que no se ocupa por dar un camino de salvación y de santidad a la Iglesia, sino que está preocupadísimo por atender los problemas humanos de la gente.

Jesús sólo se preocupó del pecado del hombre. Sólo eso. Jesús no hizo un programa para proteger a los menores ni para atender pastoralmente a las víctimas de abusos. Porque no hace falta.

Los problemas de los menores, los problemas de todos los hombres, es sólo por el maldito pecado. Como Francisco no cree en el pecado, entonces pierde su tiempo en la iglesia proponiendo comisiones y programas para no resolver nada ni en el mundo ni en la Iglesia.

Francisco hace una iglesia para que los demás trabajen por el pobre. Esa es la utopía de Francisco. A eso se está dedicando durante nueve meses. A esa utopía. Y nadie trabaja en la Iglesia, expiando los pecados, cargando con su cruz diaria, luchando contra el demonio, batallando contra todos los hombres que quieran destruir la verdad en la Iglesia con sus negros pensamientos humanos.

Francisco es un político comunista. No es un Obispo que dé a Cristo. Esta vestido de Obispo, pero da al demonio en la Iglesia. Y ese es su trabajo en la Iglesia. Su programa de gobierno es el propio de un comunista. No tiene la Mente de Cristo. No puede hacer en la Iglesia las Obras de Cristo. Tiene la mente del demonio para hacer las obras del demonio.

Hace su nueva iglesia donde todos metidos en el laberinto del mundo para resolver los grandes proyectos que los hombres quieren en el mundo.

La gente contentísima con Francisco porque les da el chupete para su vida humana.

Que Francisco empiece a hablar de la Justicia de Dios y verán como nadie le hace caso. Que Francisco bese a un enfermo y ya todos diciendo que eso es el amor de Dios en obra, en concreto, eso es lo que queremos en la iglesia.

Hablar del infierno no da dinero para los pobres. Pero la foto besando a un enfermo, eso da dividendos al bolsillo de Francisco.

A este estado de estupidez llegan los hombres cuando no tienen discernimiento espiritual, cuando viven sin discernir la Verdad, tragándose cualquier cosa que el hombre diga por su boca y obre con sus manos.

¡Da pena ver una Iglesia como la de hoy! Es para llorar por la Iglesia. Es para iniciar una lamentación y no acabarla.

¡Cuidado con lo que viene ya a la Iglesia! La Verdad se oscurece, se tapa. Y el Sol deja de brillar. Y el frío del cisma arruina la vida de toda la Iglesia.

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