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Dos banderas: o Cristo o el demonio

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Cristo 03

“No os juntéis bajo un mismo yugo con los infieles, que os son tan desiguales. Pues, ¿qué participación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿O qué sociedad hay entre la luz y las tinieblas? ¿Y qué armonía de Cristo con Belial? ¿O qué parte del fiel con el infiel? ¿Y qué acuerdo entre el Templo de Dios y los ídolos?” (2 Cor 6, 14).

En este nuevo documento del anticristo Francisco se enseña el error en la Iglesia, se difunde como algo verdadero y se acoge entre la general apatía e indiferencia.

Esto supone que existe una falta de fe, propagada, alentada, por muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia, que viven ya para sus vidas humanas, para sus falsas creencias sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el amor. Y, por eso, los pecados se cometen y se justifican por muchos, sin un camino para el arrepentimiento, sin la lucha contra todo aquello que se oponga a la doctrina de Cristo.

Los sacramentos se obran en el pecado y se inutiliza la Gracia de Cristo en toda la Iglesia. La tibieza en toda la Iglesia está a la orden del día y se disipan los tesoros que el Señor ha puesto en manos de Ella.

Muy pocas son las almas que escuchan en sus corazones la Voz del Espíritu, porque sólo tienen mente para la voz de los hombres, para sus palabras, sus pensamientos, sus obras, sus fines en la vida.

Pocos son los hombres decididos a vivir la Verdad que da el Espíritu, porque ya no saben buscar esa Verdad al estar impregnados de tantas mentiras como los hombres se dicen unos a otros.

Para seguir el Espíritu de Cristo es necesario oponerse al espíritu del mundo, es necesario contemplar el mundo como la escuela del pecado, de la obra del demonio entre los hombres.

Si se está en el mundo para aprender a ser hombre, entonces se vive en el mundo obrando la voluntad del demonio, que se da entre todos los hombres que no viven la Gracia Divina en sus vidas, que inutilizan esa Gracia al valorar en exceso toda su humanidad.

Pocos entienden en la Iglesia lo que supone seguir a Cristo. Y muchos quieren seguir siendo hombres, sin apartar de ellos al hombre viejo, sólo con la idea de reformarse en sus pensamientos humanos, en sus obras humanas, creyendo que eso es todo para ser un hombre nuevo.

La reforma en la Iglesia no existe, porque la Iglesia es la Obra del Espíritu que no necesita cambiar nada en Ella. Lo que debe darse siempre es la conversión del hombre de su vida de pecado a la vida de la Gracia.

Es cambiar constantemente su mentalidad de hombre, para tener la Mente de Cristo, que no quiere pensamientos humanos en su Iglesia, sólo quiere el Pensamiento de Su Padre en Ella.

Y es lo que muchos no han comprendido y quieren reformar la Iglesia a base de pensamientos humanos, de filosofías humanas, de estructuras humanas, que no sirven sino para destruirlo todo en la Iglesia.

En este documento de este anticristo es lo que tenemos a la vista: sólo sirve para hacer de la Iglesia el culto al pensamiento del hombre. Y, por ello, para hacer en la Iglesia las obras del hombres que son del mundo y que viven para el mundo, llenos de su espíritu mundano, regidos en todo por el demonio, Príncipe del mundo.

Y son muchos en la Iglesia que no han captado esto, que viven como si todo marchara como siempre, con un jefe de la Iglesia que sabe lo que está haciendo y que la guía hacia la verdad y el bien.

Y no ven el desastre que viene para toda la Iglesia. No lo ven ni lo pueden ver, porque viven encerrados en su pensamiento humano, en su vida humana, en sus obras humanas dentro de la Iglesia.

La Iglesia no se hace a base de esfuerzo humano, ni a base de pensar la Iglesia con las ideas de los hombres, ni a base de obrar lo bueno humano en Ella.

En la Iglesia se hacen las obras divinas. Y quien no las haga, no hace Iglesia, sino que la destruye con sus obras humanas. Así, desde hace 50 años el edificio de la Iglesia está destruido por muchas obras de los hombres que no las quiere Dios para Su Iglesia.

Obras buenas humanas, pero sin el Espíritu de Cristo, hechas con el espíritu del mundo. Y, por tanto, obras profanas, mundanas, humanas, naturales, carnales, materiales, pero no ni santas, ni sagradas, ni divinas, ni espirituales.

El anticristo Francisco hace unión con todos los infieles del mundo y quiere unir en un mismo yugo a todos los hombres, sin distinción, sin exclusión, sin necesidad de quitar el pecado y el error en la vida de esos hombres.

Los quiere meter bajo un mismo yugo sólo porque son buenos hombres en sus pecados, en sus vidas humanas, con sus obras humanas. Y así tienen derecho natural de salvarse todos los hombres. A este planteamiento se resume todo lo que en este documento se dice sobre el falso ecumenismo, sobre el falso diálogo, sobre la falsa Iglesia de todos los hombres.

El que está en el pecado no puede participar de la Justicia de ser hijo de Dios. No puede santificarse, no puede salvarse, no puede hacer de su vida un seguimiento del Espíritu de Cristo ni, en consecuencia, no puede estar en la Iglesia siguiendo al Espíritu de la Iglesia, sino que está en Ella sólo siguiendo al espíritu del mundo. ¿Qué obras hace un pecador en la Iglesia? Las obras de su pecado. Pero no puede hacer las obras de Cristo. Nunca. Porque esas obras son sin pecado, movidas en todo por el Espíritu de Cristo. Y ese Espíritu enseña primero a quitar el pecado, a purificarse de todo, para hacer las obras que Dios quiere en la Iglesia.

Y, por eso, hay que salir en medio de los pecadores, de los infieles, de los lujuriosos, de los sin Dios, de los fornicadores de Satanás, para ser Iglesia. Quien acoge al demonio en la Iglesia rechaza a Cristo en Ella. Y esto es lo que ha hecho este anticristo, llamado por todos Papa, sin serlo, sin el llamado de Dios, sin la vocación de Dios a ser Pedro. Se puso como cabeza para destruir la Cabeza de la Iglesia: esa es su obra en medio de la Iglesia. Y todos aplaudiendo esa obra de un hereje que tiene en su corazón al demonio.

No puede haber sociedad entre la luz y las tinieblas. O el hombre está en la luz de Dios o está en la luz de las tinieblas. Pero no puede comulgar con ambas luces, tener ambas luces, seguir ambas luces, porque no se pueden seguir a dos Señores. Sólo se puede estar bajo la bandera de uno: o de Cristo o del demonio. Y sólo hay un batalla: Cristo contra el demonio. No hay más luchas en la Iglesia para ser Iglesia.

Muchos quieren estar en la Iglesia sin batallar contra el demonio. No hacen Iglesia. Porque quien está en la bandera de Cristo, bajo Cristo, que es el Rey de la Iglesia, está batallando constantemente contra el demonio en la Iglesia. Es una lucha diaria, segundo a segundo, en la que no se puede descansar, porque el amor de Cristo nos urge a hacer de la Iglesia el Sacramento de la Salvación y de la Santificación de las almas.

Y el anticristo Francisco no lucha contra el demonio en la Iglesia, sino que baila con él en medio de la Iglesia. Va siguiendo al demonio en cualquier obra que haga en la Iglesia. Y ha sacado un documento aprendido en la escuela del demonio y traducido en su pensamiento humano, que está despojado de la Verdad de la doctrina de Cristo.

Ese documento es la doctrina del demonio, es la fábula del demonio para atrapar a tantas almas que viven de cuentos chinos en la Iglesia. Se tragan cualquier idiotez que los hombres dicen con sus necias bocas humanas.

Este documento sólo sirve para construir la nueva iglesia que dará la bienvenida al Anticristo. Y sólo tiene ese fin. No posee el fin divino para hacer que las almas busquen lo divino en sus vidas y aprendan a amar a Dios y al prójimo en Espíritu y en Verdad.

No puede haber armonía entre Cristo y el demonio, entre los seguidores de Cristo y los seguidores del demonio. No hay paz, no hay alegría que trae la paz. Es imposible. Sólo hay guerra continua para conquista la Verdad y la Vida en la Iglesia.

La falsa alegría que trasluce todo este documento viene de la falsa caridad que quiere presentar este anticristo a la Iglesia.

Un falso amor para una falsa alegría. Y eso lleva consigo la destrucción de la paz en los corazones, porque se pone la alegría en la vanidad del mundo y de los hombres. La dulce alegría de los hombres que trae ajenjo al corazón. Eso lo que presenta el Inicuo Francisco, el Impío Francisco, el anticristo Francisco.

Y quien no quiera verlo así, se engaña y engaña a muchos.

No hay parte entre el fiel y el infiel. No hay comunión, no hay amor, no hay paz entre el fiel y el infiel. Sólo hay odio, división, egoísmo. Esto es lo que ha producido Francisco en medio de la Iglesia: división. La Iglesia ha quedado dividida por el odio de Francisco en Ella.

Y esa división ha traído a la Iglesia la ruptura con la doctrina de Cristo. Ya no se sigue, ya todos siguen lo que hay en sus pensamientos humanos y hacen de la Iglesia el templo de Satanás, el culto a todos los ídolos, a todos los dioses que tienen los hombres en el mundo.

Y eso conlleva una sola cosa: acoger la mentira y ponerla como la verdad, como el ladrillo para edificar la Iglesia.

Divide y vencerás: eso es el plan de Francisco. Sólo eso. Y no ha tenido luchas en la Iglesia, batallas, porque todo el mundo está dormido en su vida espiritual sin hacer nada por Cristo ni por la Iglesia.

Y, entonces, tenemos la Iglesia que nos merecemos, que queremos, que buscamos: la iglesia donde se da culto al hombre y al demonio.

Quien quiera estar en ella, que siga al demonio Francisco. Quien no quiera tiene que batallar contra ese demonio para seguir a Cristo en la Iglesia, para seguir la Verdad en la Iglesia, para tener la Vida que la Iglesia da a todos sus fieles.

Batallar en contra de Francisco y sus seguidores o morir a toda la vida espiritual y celestial. Elijan el camino. Cada uno es libre para andar un camino u otro: o Cristo o el demonio. Una de dos. O bajo Cristo o bajo el demonio. O con Cristo o con el demonio.

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