Lumen Mariae

Inicio » Anticristo » Evangelii gaudium: la lucha de clases en la Iglesia

Evangelii gaudium: la lucha de clases en la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

umbe

La mundanidad espiritual es un concepto inventado por la cabeza de Francisco que significa sólo: vivir en el mundo siendo del mundo, con el espíritu que hay en el mundo. De esta manera, Francisco invita a ser del mundo y a trabajar para el mundo.

“La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (n. 93): esto que describe Francisco es el fariseísmo, la hipocresía que tienen los hombres, no en el mundo, sino en la Iglesia.

En el mundo no hay hipócritas, porque cada hombre sigue a su dios, a su pensamiento, a su credo personal. No es posible la hipocresía o el fariseísmo en el mundo.

El fariseísmo sólo se da en la Iglesia. Y no en otro sitio. Por tanto, cuando Francisco habla de mundanidad espiritual no sabe lo que está hablando. Son dos palabras totalmente opuestas. Porque el que es del mundo no es del Espíritu. Y el que es del Espíritu no es del mundo: “Es el Espíritu el que da vida; la carne no sirve para nada “ (Jn 6, 63).

Francisco sigue a Lubac, que es un cardenal pensador de la Iglesia, cargado de muchos errores en sus escritos. Para Lubac se da la mundanidad moral, que es un concepto para decir que en el mundo hay una moral al margen del Evangelio. Es un concepto totalmente erróneo, porque sin Evangelio no hay moral. Hay virtudes humanas, pero sin lo moral, sin lo ético, sin una obligación para hacer algo bueno para Dios.

Francisco presenta su mundanidad espiritual, es decir en el mundo hay una espiritualidad falsa, que consiste en dos cosas: a. gnosticismo; b. neopelagianismo.

Si Francisco supiera de qué está hablando, entonces no caería en este error. Porque en el mundo no existe esta espiritualidad, sino que existen muchas herejías, de muchas clases, de muchos orígenes, que nacen todas de la falta de fe, de no ponerse en la Verdad.

El gnosticismo es sólo la cumbre del pensamiento humano que se hace dios para sí mismo. Y, por lo tanto, saca de la mente humana todo para vivir. El gnóstico es el que piensa la vida, el que da vueltas con su pensamiento a la vida, el que crea todo con su pensamiento y, por tanto, transforma la Verdad en muchas mentiras.

Para Francisco el gnosticismo es “una fe encerrada en el subjetivismo” (n. 94). Y, por eso, cae en el error. Porque en el mundo no hay fe, sólo hay razón. Entonces, viene la duda. Si en el mundo no hay fe, entonces qué esta mundanidad espirtual, dónde está. ¿De qué gnósticos está hablando Francisco?

Entonces, para Francisco, la Iglesia es gnóstica, no el mundo, porque su fe está encerrada en el subjetivismo: “Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretensión de «dominar el espacio de la Iglesia»” (n. 95).

Francisco está atacando a la Iglesia de ser gnóstica y de ser neopelagiana. Su mundanidad espiritual no se refiere al mundo y al Espíritu, no a una tensión entre estas dos cosas, sino que se refiere a la Iglesia. La Iglesia vive una mundanidad espiritual en estas dos formas que él describe.

Y pone ejemplos concretos: “un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia”, “la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos”, “se esconde detrás de una fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, o en una vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, o en un embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial”, “diversas formas de mostrarse a sí mismo en una densa vida social llena de salidas, reuniones, cenas, recepciones”, “se despliega en un funcionalismo empresarial, cargado de estadísticas, planificaciones y evaluaciones, donde el principal beneficiario no es el Pueblo de Dios sino la Iglesia como organización”, “se encierra en grupos elitistas”.

Y dice toda esta sarta de cosas para acabar en lo que le interesa: “Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres”.

Francisco, en este juego de palabras, quiere enfrentar en la Iglesia a dos grupos: a un grupo elitista, que vive una mundanidad espiritual, que hace una iglesia mundana porque se viste de un ropaje espiritual o doctrinal o porque tiene fe, y al grupo de los pobres, que no tiene esa mundanidad espiritual.

Francisco pone una lucha de clases en la Iglesia: él quiere a sus pobres, y todo aquel que no se ponga en su enseñanza pertenece a la clase elitista, encerrada en una fe subjetivista y en una seguridad doctrinal, que impide darse a los pobres, porque vive una mundanidad espiritual.

Aquí está la lucha de clases propia de la teología de la liberación, que sigue en su teología de los pobres.

Francisco llama a los que poseen fe, gnósticos, porque su fe no se mueve hacia el pobre, sino hacia sí mismo. Es subjetiva, es sólo para él, no para los demás.

Y llama a los que se apoyan en la doctrina o en la disciplina, neopelagianistas, es decir es una clase en la Iglesia narcisista y autoritaria, que no se ocupa de los pobres, sino que se ocupa de las leyes, de las normas, de la doctrina en la Iglesia: “en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar” (n. 95).

Esto es muy grave. Para Francisco sólo existen sus pobres, que es la clase preferida para él, y la única y primaria en la Iglesia. Los demás son todos unos mundanos espirituales, que no hacen Iglesia y que no ayudan a los pobres a ser Iglesia.

Bajo la máscara de la mundanidad espiritual, está contenida la lucha de clases. Ese concepto es sólo para enfrentar en la Iglesia a la Jerarquía contra el pueblo y, por tanto, para anular la Jerarquía en favor del pueblo.

Ni el gnosticismo ni el neopelagianismo pertenecen a la Iglesia. Si él quiere enseñar lo que son esas dos doctrinas heréticas, que las enseñe, pero que no meta a nadie de la Iglesia en ellas. Y si hay que meter a alguien de la Iglesia, que diga nombres concretos, porque eso es muy peligroso en la Iglesia: tener neopelagianos y gnósticos. Por supuesto, que no lo va a hacer, porque tendría que meterse él mismo. Él es gnóstico y neopelagiano, al mismo tiempo.

Meter estas dos categorías como clases en la Iglesia es muy serio y muy grave en Francisco y para toda la Iglesia. Y, por eso, este documento es de lo más inútil para hacer la Iglesia que Francisco quiere.

Porque para vivir esto que dice Francisco, él tiene que hablar claro, quitarse la máscara y destruir la Iglesia, como él la ha destruido en su corazón.

Que se deje de documentos para despistar a la gente, porque la razón de sacar este documento es para tapar, para ocultar, lo que viene ahora a la Iglesia.

Este documento es sólo la punta del iceberg de la ruina de la Iglesia. Francisco, en este documento, sólo habla odio contra la Iglesia, no enseña el amor a la Iglesia, no enseña la verdad en la Iglesia. Enseña su iglesia, cómo él quiere su iglesia: un Iglesia de pobres donde no haya clases altas, donde no haya Jerarquía, donde no hayan sacerdotes ni Obispos. Es lo único que le interesa a Francisco: sus pobres. Y, por eso, pone la lucha de clases para desbaratar la Iglesia.

Pero la tiene que poner oculta, para que nadie se dé cuenta de lo que está hablando. El mentiroso da su mentira oculta entre muchas verdades, que aparecen como verdades, pero que sólo son mentiras que hay que descubrirlas quitando las verdades.

Siempre Francisco dice una verdad y una mentira al mismo tiempo. Nunca dice mentiras solas ni verdades solas. Las junta las dos con el fin negro de confundir a todo el mundo, y que lo que da suene oscuro para muchos. Pero tiene que hablar así, porque no se ha quitado la máscara ante la Iglesia.

Tiene que hacer su teatro en la Iglesia, su obra de teatro: que es mostrarse amable, sonriente, acogedor de todos para infundir en la Iglesia un falso amor al hombre, que eso es todo en Francisco.

Que nadie quiera aprender la vida espiritual y de la Iglesia en este documento. Es que no sirve para nada, ni siquiera para enseñar los errores de la Iglesia. No habla claro en ningún momento a la Iglesia. Todo es oscuridad y sólo hay una nota que destaca: los pobres. Los demás, tiene que servir a los pobres. Y si no sirve,n se destruye todo con frases bonitas, bellas y que hacen que este documento sólo sirva para limpiarse el trasero.

Quien lee este panfleto no le cabe duda de lo que viene ya a la Iglesia. Vienen días en que hay que decidir salir de Roma o quedarse en Roma. No vienen unas navidades alegres para nadie que crea en la Iglesia y que crea en Jesús. Viene un desastre. Y viene sin avisar a nadie.

Lo que se han hecho en ocho meses largos en la Iglesia ahora tiene su fruto. Ahora se van a ver esas obras escondidas, que nadie ha contemplado, porque todos han estado hablado bien de Francisco. Y nadie se ha puesto en la Verdad. Y la Verdad es que Francisco ha destruido la Iglesia en su raíz. Y nadie lo ha captado. Todos haciendo el juego al primer anticristo que tiene la Iglesia en Roma.

Hasta que venga el Anticristo, es necesario muchos anticristos que preparen el lugar. Y, antes del Anticristo, su Falso Profeta, que da a la Iglesia el espíritu del demonio en sus tres cabezas. Y con ese espíritu, los miembros de esa iglesia podrán acoger al Anticristo. Porque sin ese espíritu no es posible que aparezca el Anticristo.

Y hasta su aparición muchas cosas negativas en la Iglesia y ninguna positiva, porque ya la Iglesia ha perdido Su Espíritu en la renuncia de Benedicto XVI. Y no hay manera de ser Iglesia y de hacer Iglesia. No hay forma, porque el Espíritu de la Iglesia se ha retirado al desierto. Y, por eso, hay que irse de Roma, al desierto, para encontrar al Espíritu de la Iglesia y formar de nuevo la Iglesia.

Pero los hombres siguen sin discernir nada en estos tiempos. Absolutamente nada. Y todavía esperan algo bueno de esta estructura de la Iglesia que se ha puesto en Roma. No esperen nada bueno, sino maldición tras maldición.

Anuncios

3 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Bajé el texto completo, 142 páginas. conté las palabras “pobres” y “pobre”. Aparece 78 veces, sobre un texto de 142 páginas, da un promedio de la palabra “pobres” o “pobre” cada 1,8 páginas del documento….

    • josephmaryam dice:

      Es por su obsesión por los pobres, que nace de su obsesión por el dinero. Es un infeliz que sólo vive para ganarse el aplauso de los demás diciéndose a sí mismo que hace buenas obras en la Iglesia.

    • José M dice:

      En cambio, si se busca la palabra “María” creo que sale unas 3 ó 4 veces. No más. Y en un contexto que poco habla de su grandeza, salvo error por mi parte.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: