Lumen Mariae

Inicio » Anticristo » Evangelii gaudium: la herética doctrina social

Evangelii gaudium: la herética doctrina social

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

300px-B-murillo-the-immaculate-conception

“quiero proponer ahora estos cuatro principios que orientan específicamente el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común. Lo hago con la convicción de que su aplicación puede ser un genuino camino hacia la paz dentro de cada nación y en el mundo entero” (n. 221).

Lo que tenemos en este documento es sólo la teología de la liberación centrada en los pobres. Y, por tanto, una teología herética y marcada como signo de destrucción en la Iglesia.

Se observa en toda ella un odio a la Iglesia, por querer centrarse sólo en los pobres. Todo está pensado para los pobres y todas las citas, ya sean del Evangelio, ya sean de los Santos, ya del Magisterio de la Iglesia, son usadas y, por tanto, cortadas, manipuladas, para enfocarse sólo en el tema de los pobres.

Nace así un documento que fustiga a toda la Iglesia para quedarse con un sector de la Iglesia que, para Francisco, está marginado por la propia Iglesia.
Para hacer la teología de los pobres, Francisco tiene que ponerse en la historia, en la visión histórica del hombre, de la Iglesia, de Cristo, de los Apóstoles, del Evangelio, del Pueblo de Dios, etc. Y todo se mira, todo se mide desde esa visión histórica. Nada se mide desde la visión sobrenatural, visión divina y espiritual.

Por tanto, para comprender las gravísimas herejías contenidas en este documento, para verlas como herejías, no hay que estudiarlo como teología ni como filosofía, sino como historia.

Es la visión histórica de un hombre sobre la Iglesia. Es la memoria de un hombre sobre la Iglesia. No es la enseñanza espiritual de la Iglesia, ni de Cristo, ni de nada.

Es sólo llevar a la Iglesia a verla desde el punto de vista histórico, que es el trazo humano de la Iglesia, es lo social, es lo material, es lo del mundo, la profanidad en la Iglesia.

Por eso, Francisco cae en muchos errores y tiene muchos discursos que son incomprensibles, porque quiere medirlo todo desde el tiempo sin el espacio, desde la unidad en la diversidad, desde la obra sin ideas, desde el bien común sin el bien privado.

1. Para él, tiempo y espacio explican toda la obra social en la Iglesia.

El tiempo, para él, es algo que está por encima del espacio.

El tiempo que se da a las obras en la Iglesia es superior al espacio que ocupa la Iglesia. Es decir, que en la Iglesia hay que salir a dar dinero a los pobres. La Iglesia no puede quedarse en su espacio, en su cómodo espacio de doctrina, de normas, de liturgia, de sacramentos, de dogmas, etc.

“Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación” (n. 223).

Con esta visión hace que la Revelación quede anulada con las obras del tiempo.

Una cosa es la Palabra de Dios, que se revela. Otra es la Obra de la Palabra.

Dios da la Palabra al hombre, pero no la Obra de la Palabra. Dios siembra en el corazón del que cree Su Palabra, pero le hace esperar, sin obrar nada, hasta que Dios no le muestra cómo obrar esa Palabra.

Francisco rompe la Revelación, la acción de Dios en las almas.

La Palabra se da en el tiempo y en el espacio. Se da en el alma en un tiempo, pero la hace esperar un espacio, que es también un tiempo. Y en ese espacio, no se obra nada por parte del hombre. Pero Francisco dice que el tiempo es superior al espacio y, por tanto, hay que obrar en la Iglesia. Por supuesto, las obras humanas, no las obras divinas. No hay que esperar a Dios. Hay que tener prisas por salir a la calle para obtener dinero y dárselo a los pobres.

Francisco no espera a obrar, porque el tiempo es superior al espacio. Hay que obrar las obras sin discernir nada más, sin esperar de Dios la forma de obrar su Palabra, el camino para la obra. Se obra porque los hombres tienen necesidad de algo en la vida, no se puede esperar. Los pobres no pueden esperar a la Voluntad de Dios, tienen que comer, que trabajar, que vivir dignamente. Y, entonces, cae en la herejía de poner a los pobres por encima de todo. Primero ayudar a los pobres, después la oración, la penitencia y los Sacramentos en la Iglesia. Después las verdades en la Iglesia. No importa ayudar a los pobres aunque se peque en ello.

Pero esta concepción del tiempo y del espacio es para otra cosa.

2. Es para buscar la unidad en el conflicto, en la diversidad de opiniones, de intereses personales, de dudas, de temores, de inquietudes, etc.

Y, por eso, la unidad para él consiste: en unir conflictos. Coger los conflictos de todo el mundo y llevarlos a la práctica.

“La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna” (n. 228).

Todos los conflictos entre los hombres, todo lo que es opuesto en los hombres, todas las tensiones, todas las diferencias se quitan en una unidad pluriforme. Está diciendo una gran herejía.

No existe la unidad pluriforme, no se da la unidad de muchos, de muchas formas, de muchos individuos. Porque cada cosa es singular. Y la unidad es singular. Es una. No es el conjunto de muchos. La unidad de muchos hombres no se realiza sumando las mentes, ni las voluntades, ni las obras de los hombres. No se hace unidad porque se aúnan las obras, porque se cojan todas las obras y se muestren al mundo.

Se hace unidad porque muchos hombres obran la misma obra, piensan la misma idea, quieren el mismo deseo. Y esta unidad sólo es posible hacerla en el Espíritu. Es totalmente imposible hacerla humana, material, carnalmente.

Francisco rompe el Espíritu de la Iglesia, Espiritu que une a muchos en un solo Señor, en una sola Fe, al poner su unidad pluriforme: la unión de muchos hombres con sus muchas obras en la Iglesia. Y no importa qué tipo de obras sean las que se hacen. Hay que hacerlas porque los pobres lo quieren, lo necesitan.

Para que todos sea uno en Cristo, todos tienen que pensar lo mismo, obrar lo mismo, querer lo mismo. No puede haber un pensamiento discordante, una obra que sobresalga, una vida distinta a la otra. Esta unidad no puede darse en la Iglesia militante, mientras exista el pecado y las consecuencias del pecado. Es imposible, por la soberbia y el orgullo de los hombres.

Y esta es la experiencia de 20 siglos de Iglesia que, por más que se ha dado la Fe, la Verdad, muchos no tienen ni fe, ni han seguido la verdad en la Iglesia, a pesar de tener un bautismo, de estar consagrado, etc. Y no es posible esta unidad por el pecado de cada hombre.

Francisco postula un imposible para hacer su doctrina social en la Iglesia. No sabe lo que está diciendo con esta unidad pluriforme.

3. Y esta unidad pluriforme es para obrar sin las ideas. Porque son las ideas las que obstaculizan las obras, que los pobres necesitan urgente. Son las leyes de la Iglesia, las normas litúrgicas en la Iglesia, los dogmas en la Iglesia, lo que impide la obra hacia los pobres.

“La idea –las elaboraciones conceptuales– está en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento. Hay que pasar del nominalismo formal a la objetividad armoniosa” (n. 232)

Francisco busca una idea para una obra, pero no busca una idea verdadera, una idea eterna, que permanezca, que sea siempre la misma, porque sólo se centra en la obra concreta hacia los pobres. No le interesa elaborar una doctrina de verdades, lo que le interesa es obrar, tener un razonamiento práctico que obre sin más, sin estar atentos a la idea, sin perderse en ideas, en razones, en filosofías.

Para él hay muchas ideas desconectadas de la realidad actual del hombre. Y, por eso, no existe el infierno, porque eso no da de comer a los pobres. No existen los dogmas porque impiden buscar al pobre ya que se le juzga en su vida.

Francisco quiere construir un sistema filosófico que sea objetivo, no ideal. Que la idea lleve al acto de forma inmediata. Esta herejía se llama: culto al propio pensamiento. Es poner la razón práctica como norma de la vida. Esto es seguir a Kant, a Hegel en sus doctrinas heréticas en la Iglesia.

Francisco se hace dios en este documento. Su pensamiento está en todo este documento. No es el Pensamiento Divino lo que se da aquí. Es la forma de pensar de un hombre que se da culto a sí mismo en su pensamiento. Por eso, Francisco quiere ser maestro de todo el mundo: de los políticos, de los economistas, de los jefes de gobierno, de toda la Jerarquía de la Iglesia. Habla como maestro sin saber nada de lo que está diciendo. Quiere aparentar que lo sabe todo y que puede conducirlo todo si la gente sigue estas grandiosos postulados para hacer la vida social de la Iglesia.

4. Y, entonces, tiene que caer en lo propio del comunismo: el bien común sin el bien privado.

“El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos….es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos” (n.235- 236).

Para tener una idea práctica, que obre sin más, entonces no puede existir el bien privado de nadie en la Iglesia. Todo en la Iglesia es un bien común, un bien para todo el mundo.

Y, por eso, no se da la gracia santificante, porque esa gracia es un bien sólo para la persona.

Se dan los carismas, que son bienes para toda la Iglesia. Pero no se dan todos los carismas, sino sólo aquellos que den de comer a los pobres, porque hay que llegar a esta idea práctica, operante: en la Iglesia lo primero dar de comer a los pobres.

Es una idea que hay que practicarla con todas las consecuencias. Caiga lo que caiga.

Hay que quitar dogmas, no hay que predicar la salvación ni la santificación, sino que todo sirve para mirar a los pobres y para que los pobres nos enseñen la vida real.

Para incorporar a todos en la Iglesia hay que buscar ese bien común que produce esa unidad pluriforme: los pobres.

Como se ve, los postulados en los que se basa la doctrina social de Francisco en la Iglesia son una completa herejía, nacida sólo de su pensamiento humano, que se cree dios en la Iglesia.

Enseña una filosofía que ya la Iglesia ha combatido desde siempre: la de Kant y la del marxismo.

Y en esa doble filosofía cae en dos herejías principales: la gnóstica, es decir, al de creerse que llegando a una idea máxima, cumbre, todo de soluciona en la Iglesia. Y esa idea cumbre combate le fe en la Palabra y la fe en la Iglesia. Ya no hay dogmas, ni verdades, ni nada eterno en la Iglesia.

Y la segunda herejía: su inmanentismo religioso. Es decir, todo lo contempla desde su sentimiento religioso, desde su afecto religioso, desde su orgullo religioso, porque pone la obra en la Iglesia sólo en el sentimiento de la obra sin apoyarse en la verdad.

Muy grave es este documento para la Iglesia, Con él inicia la destrucción de toda la Iglesia.


2 comentarios

  1. José M dice:

    Al final enseña Francisco la patita y se ve lo que es: Un comunista. La única manera racional de que se pueda considerar el bien común es aceptando en primer lugar a Dios y el concepto de pecado. Si Dios no existiera, el único orden racionalmente aceptable sería el contrario del que propugna Francisco: Sería un sistema basado en la propiedad privada pura y dura y en el estricto interés personal. E incluso el orden Católico reconoce la propiedad privada, sujeta, eso sí, a un bien común, pero interpretado no en clave comunistoide. Todos estos modernistas hipertrofian el concepto de bien común como una auténtica licencia para confiscar los frutos del trabajo de muchas personas. Y tal proceder es contrario a la justicia.

  2. José M dice:

    Dice el blogger que Francisco está siguiendo las herejías de Kant y Hegel. Estoy de acuerdo y añadiría que su lenguage es igual de absurdo y farragoso que el de Kant. Es una mezcla de kantianismo inentiligible con una buena dosis de verborrea modernista. ¡Cómo se hecha de menos la claridad de razonamiento y expresión de un Santo Tomás! Esta panda de arrogantes modernistas, que se creen que lo saben todo, no saben nada. Y, para empezar, no saben ni escribir de forma inteligible.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: