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Evangelizar sin Espíritu

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Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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El anticristo Francisco presenta a la Iglesia, en el documento Evangelii gaudium, una Evangelización sin Espíritu.

En este documento trata a la Iglesia como un conjunto de hombres que buscan la cultura de los hombres para ser Iglesia.

Trata a la Palabra de Dios como la que debe estar embebida (encarnada es la palabra herética que usa) en las culturas de las hombres para poder darse a los demás.

La cultura del hombre es la cultura del mundo. Y, por tanto, este documento abre a la Iglesia a la conquista del mundo. Es la razón de este documento y es la única finalidad en este documento.

Unos escritos llenos de ideas humanas que sólo sirven para una cosa: hacer que los que no tienen fe se queden sin fe en la Palabra de Dios y sin capacidad para adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. Y pierdan la fe en la Iglesia.

Es un documento muy grave para la Iglesia porque la desprende de la fe. Y es un documento que las almas que ya piensan como este anticristo lo acogen de forma favorable, porque habla para estas almas. Y estas almas en la Iglesia son muchísimas, porque es la consecuencia de 50 años de lo mismo. Es la síntesis de esos 50 años en que la Iglesia, poco a poco, ha ido perdiendo la fe, el norte de la Verdad, la obra del Amor Divino en la Iglesia.

No es de extrañar que nadie haya discernido nada en este documento, porque los hombres viven para que les digan una palabra hermosa sobre Dios. Pero no viven para la radicalidad de la Palabra Divina que, si no se hace fuerte en el corazón del alma, la persona se conforma con sentimentalismos como los que se dan en este documento.

Es un documento grave porque se anula a la Iglesia. Pero es la consecuencia del pecado de este anticristo.

El anticristo Francisco ha anulado a Pedro en la Iglesia. Él simboliza la degeneración de un poder que ya no se puede dar en la Iglesia. Él no es Pedro, ni puede serlo por más que quiera llamarse Papa u Obispo de Roma, o porque los demás lo llaman así por no discernir nada.

El anticristo Francisco simboliza una cabeza sin trono, sin poder, sin capacidad de decisión en la Iglesia, sin miras hacia lo alto, sin poner la visión del mundo fuera de los recintos de la Iglesia. Y, por tanto, el fruto de esta decadente cabeza, que no gobierna nada en la Iglesia, es anular a la Iglesia en su raíz. Anulación que produce que todo se vea sin el Espíritu que debe acompañarlo.

Si se quita a Pedro, se quita el Espíritu en la Iglesia. Y queda una estructura de hombres que piensan y obran como hombres. Queda un pueblo de hombres que ya no tienen el Espíritu de ser hijos de Dios. Ya no es el Pueblo de Dios, el del Antiguo Testamento, es un nuevo pueblo, una nueva comunidad de hombres, que hablan cosas de Dios, pero sin Espíritu.

Esta es la consecuencia de la anulación de Pedro en la Iglesia: queda un pueblo dedicado a las cosas del mundo. Y no más.

Y, para ser Iglesia, para formar la Iglesia, hay que salir de ese negocio que en Roma se ha creado ya. Es de vital importancia, y es lo que muchos no acaban de comprender, porque están en la Iglesia para un acto social, para una obra social, para conquistar el mundo y a los hombres del mundo.

Este documento es clarísimo para las almas que viven de la fe: es un documento que señala el fin de la Iglesia y que abre el tiempo para salir de Roma.

Todos los herejes van a aplaudir este documento. Todos, sin excepción, porque en él se da el culto al hombre, a su pensamiento y a sus obras en el mundo. En él no hay sitio para la Verdad que trae el Espíritu a la Iglesia. Sólo cabe la mentira que cada uno fabrique con su mente humana.

Por eso, es un documento frío para el que ama a la Iglesia y caluroso para el que odia a la Iglesia.

El anticristo Francisco odia a la Iglesia. La odia con su boca y con sus obras. Los que se unen a él, hacen el esfuerzo por aparentar que siguen amando a la Iglesia, porque todavía no pueden odiarla como la odia ese anticristo.

Quien no se oponga a este anticristo acabará odiando a la Iglesia como él. El odio nace del corazón cerrado a la Verdad. Y quien no se pone en la Verdad, odia a Cristo y a Su Iglesia. Y, aunque haga oración y reciba los sacramentos o tenga un servicio en la Iglesia, no podrá amarla si continúa sirviendo al anticristo Francisco en la Iglesia.

Muchos no han comprendido esta Verdad: quien se une a un anticristo deja de ser Cristo en la Iglesia, deja de obrar las obras de Cristo en la Iglesia, deja de imitar a Cristo en la Iglesia.

Porque la Iglesia es Pedro y para amar a Cristo, en la Iglesia, hay que unirse a Pedro. Si se quita a Pedro, queda la impostura, la mentira, la soberbia y el odio. Quien se una a un impostor, por ser cabeza visible, recibe el mismo espíritu que anima a esa cabeza: el espíritu del anticristo.

Es muy grave lo que se hizo después de la renuncia de Benedicto XVI. Gravísimo, y nadie lo ha comprendido. Se puso un anticristo como cabeza y, automáticamente, toda la Iglesia recibió el mismo espíritu del anticristo. Y lo pudo recibir porque el Espíritu de la Iglesia huyó de Pedro en su renuncia, huyó de la Cabeza Visible.

Esta gravedad trae la consecuencia obvia: hay que hacer una nueva iglesia, una nueva Roma, un nuevo pueblo: el del anticristo. Y, por eso, este anticristo Francisco habla a las almas de la Iglesia con un lenguaje sentimental, confuso, engañador, malintencionado, sólo con el fin de que las almas se queden donde están para formar este nueva estructura de iglesia.

Y se presenta este documento para sellar a las almas y que vivan el gozo de la evangelización sin la fuerza del Espíritu, sólo en la seducción del espíritu del anticristo, que está contenido en todo este documento.

Por eso, este documento mata la fe, mata la gracia en las almas, mata la esperanza de la salvación y de la santidad en la Iglesia. Del demonio no se puede esperar nada bueno. El demonio siempre hace su juego: da lo que le gusta al hombre y, después, lo mata.

Es lo que hace este anticristo en su documento: habla un lenguaje que agrada a los hombres para aniquilar su fe. Y quien no quiera verlo así, el tiempo se lo dirá. Si no han aprendido a discernir estos 50 años, comiencen a hacerlo ya porque los tiempos son muy graves para todos.

Comienza la ruina de la Iglesia en Roma. Se ha anulado el Papado. Ahora todo se descentraliza y cada diócesis va a hacer lo que le dé la gana en la Iglesia. El que esté como cabeza será sólo para coordinar las cosas en la iglesia, pero no es el que habla lo definitivo, la verdad, no es el que une a todos en el Espíritu de la Verdad, sino que será el que seduce a todos en el espíritu del anticristo.

Los hombres temen ver esta Verdad en la Iglesia y en Roma. Pero ya llevamos nueve meses cogidos en el espíritu del anticristo en la Iglesia y nadie ha luchado contra ese espíritu, porque ya no se cree en nada.

Desde la renuncia de Benedicto XVI, en Roma hay un espíritu muy fuerte que se opone a toda Verdad y que desestabiliza al mundo entero, no sólo a la Iglesia. Porque es el mismo espíritu que está en el mundo. El mismo. El mundo se ha apoderado de la Iglesia. Y eso se ha contemplado en el gobierno de esta cabeza inútil para todos, no sólo para la Iglesia.

Una cabeza degradada que se ha destacado por abrirse a todo el mundo sin importar la Verdad en la Iglesia. Y el mundo lo reconoce suyo, porque piensa lo mismo que se piensa en el mundo. Y esto es lo más grave que le ha podido pasar a la Iglesia: no enfrentarse al mundo. Luego, queda cogida, atrapada, por el mismo espíritu que está en el mundo, que es el espíritu de tres cabezas: Lucifer, Satanás y Belcebú. Es el espíritu del anticristo.

Y la primera batalla contra este espíritu muy pocos lo han hecho. Y tendrán que hacerla en la siguiente ronda de este combate, porque pronto se acerca el Idiota a Roma, el que impone su mente a todos, el que es el fariseo propio para anular con documentos oficiales todo el dogma en la Iglesia.

El anticristo Francisco es el Orgulloso, representa la cabeza de Lucifer, porque gobierna como él: con dictaduras, con arrogancia, sin inteligencia en ninguna verdad. Y habla como él: con la emoción de la palabra, con el sentimiento de la palabra, con la sensiblería de la palabra.

Y, ahora en la Iglesia, le corresponde el turno a Satanás, que es el filósofo de la palabra, es el que pone los pensamientos en las almas, es el que hace que las almas estén en sus vidas preocupadas por todo lo humano, dando vueltas en sus cabezas a toda su vida humana. Es el ideal para romper la Iglesia, dividir toda Verdad en la Iglesia.

En el demonio, el primero en manifestarse siempre es Lucifer. Y su reinado en el alma es corto, porque habla con emociones que con el tiempo se van. Por eso, en la Iglesia la gente ha despertado, porque no se vive de sentimientos, de sensiblerías, de afectos. Y, por eso, debe caer el anticristo Francisco para poner una cabeza pensante, que siga en todo a Satanás y que cumpla la segunda división en la Iglesia, la división del amor. Se rompe el amor y sólo queda el odio en todas las almas. Y con el odio el demonio trabaja para conquistar en la Iglesia lo que le interesa: que es su destrucción total.

Por eso, en la segunda batalla, hay que salir de Roma, porque ya no se puede luchar de igual manera que con el orgulloso. Con el anticristo Francisco, como es orgulloso, le trae sin cuidado las críticas que se hacen contra él. Le resbalan porque vive su orgullo. Y lo vive a pesar de todas las razones y juicios en contra de él. Por eso, se puede hablar en contra de él y no pasa nada, porque es un necio que sólo vive para su vida. Y deja que los demás vivan sus vidas. Ha sido el ideal para abrirse al mundo, donde cada uno vive su vida como quiere.

Pero con una cabeza pensante, la cosa es distinta, porque todo aquel que piensa pone su fuerza, impone su pensamiento con la fuerza al otro para que se haga. Y, por eso, para atacarlo hay que salir de Roma y enfrentarse a él, para no ser cogidos por esa imposición, por esa fuerza bruta que se va emplear en Roma un vez quiten los dogmas de la Iglesia.

Hay que ir saliendo de un lugar en donde sólo se sienta el Anticristo.

Glosario

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Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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