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Evangelii gaudium: una basura intelectual

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“Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (n. 176): pensamiento lo más contrario a la Palabra de Dios, que dice que hay ir al mundo para predicar el Evangelio, no para hacer presente el Reino de Dios, porque el mundo pertenece al Reino del demonio y, por tanto, en el mundo no se puede hacer presente Dios. Donde reina el demonio no reina Dios.

El anticristo Francisco parte de una premisa falsa para hablar de dos cosas: la inclusión social de los pobres y la paz y el diálogo social.

Para estas dos barbaridades ha hecho todo este documento comunista y marxista, gnóstico y hereje al cien por cien.

Ni el Evangelio es un tratado para los pobres ni para la paz y el dialogo social.

¿Qué pretende enseñar Francisco a la Iglesia si no se pone en el centro de lo que es el Evangelio?

Jesús da Su Palabra, que es el Evangelio para dos cosas: salvarse y santificarse. Lo demás, sobra.

Jesús no da Su Palabra para ocuparse de los pobres ni para buscar la paz entre los hombres. Y bien claro es el Señor en todo Su Evangelio sobres estas dos cuestiones.

“Mi Paz os doy; no como el mundo la da, Yo os la doy” (Jn 14, 27). “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3).

El Evangelio es claro para aquel que quiera leerlo sin el espíritu comunista, marxista, gnóstico, anticristiano de Francisco.

Todo es muy simple con Dios. Con los hombres una complicación ser Iglesia y hacer Iglesia, porque andan tras sus negocios en la Iglesia.

La estupidez que sacará a Francisco del gobierno: sus malditos pobres.

Los pobres benditos: los del espíritu, no los materiales, no a los que les falta dinero.

Los demás, los que no son pobres de espíritu, son pecadores y viven como pecadores, tengan o no tengan dinero.

Y esos pecadores tienen que quitar su pecado, tengan o no tengan dinero, para seguir a Cristo y pertenecer a la Iglesia de Cristo.

Todo es muy sencillo cuando se lee el Evangelio con el Espíritu de la Palabra. Pero cuando se lee el Evangelio con la cabeza de cada, entonces nos inventamos la Iglesia, como lo hace Francisco.

“Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo” (n. 187): este es el invento del anticristo Francisco.

Y esta parrafada no se encuentra en el Evangelio, sino sólo en la cabeza de ese idiota. Y no comprende que cuando el Señor habla de la limosna es para un fin: expiar los pecados. Y no hay otro fin. La limosna no es para integrar a los pobres a la sociedad. Ningún gobierno hace eso. Vean en el mundo si existe eso. Y la Iglesia no está hecha para eso, sino para dar el camino hacia el Cielo. Hay que estar en el mundo sin ser del mundo, sin integrarse en el mundo, que es lo único que le interesa al anticristo Francisco.

Este idiota sólo ve la Iglesia como club social, como algo que debe imitar una caridad llena de estupidez hacia los hombres.

Porque es de necios, es de personas subnormales, como Francisco, con una inteligencia animal, no espiritual, creer que integrando a los pobres en la sociedad todos los problemas se resuelven por arte de magia. Y se dedica en su basura intelectual a dar los consejos y las medidas para que todo el mundo en la Iglesia le dé a él dinero para socorrer a los pobres.

El anticristo Francisco pide dinero al mundo y a la Iglesia para socorrer a los hombres. Eso es todo en el pensamiento de este gran idiota que no ha caído en la cuenta de su estupidez.

Para esto ha hecho este panfleto comunista y marxista que sólo sirve para tirarlo a la basura. ¿Para qué molestarse en seguir leyendo esta gran tontería de documento de un bobo como es Francisco? ¿Qué Verdad enseña en este documento? ¿Para qué sirve en la práctica de la vida espiritual de las almas este documento?

Para nada. Nada. Sólo para quitar la fe a los débiles, que hay muchos en la Iglesia.

El problema de la Iglesia es el pecado, no los pobres.

El problema de la Jerarquía es su pecado, no el diálogo social con los miembros de la Iglesia.

Si no quieren quitar el pecado, ni en la Jerarquía ni en la Iglesia, entonces apaga y vámonos.

Todos los problemas de los hombres en sus vidas son sólo por el maldito pecado que no quieren quitar. Y, por ese maldito pecado, existen los pobres y se dan las guerras entre los hombres. Se quita el pecado y ya no hay pobres ni guerras, porque el corazón es regido sólo por Dios.

Hasta que los hombres no caigan en la cuenta de que lo único importante en la vida es mirar su maldito pecado, entonces hacemos como todos en 20 siglos de Iglesia: unos un cisma, otros una teología protestante, otros su comunidad en la iglesia, otros fundan un tv para ganar con las cosas divinas su dinero, etc., etc., etc.

Así está toda la Iglesia: maravillada por el mundo, por el espíritu que está en el mundo y que es del anticristo. Y todos siguiendo a ese espíritu como si fuera lo divino, la última moda en la Iglesia.

Con el anticristo Francisco se da la moda de dar dinero a los pobres. Esa es la moda.

Se da la moda de dialogar con todo el mundo para quedar seducido por las mentiras de todo el mundo. Vivan la última moda de Francisco en la Iglesia. Lo novedad que les va a llevar al maldito infierno.

¡Da asco el planteamiento de Francisco para querer convencer a la Iglesia de que tiene que ocuparse de los pobres!

¡Da asco porque toma las sagradas palabras del Evangelio y las tuerce para su propósito! Coge lo que le interesa resaltar en esas palabras. Pero no hace ningún esfuerzo de su inteligencia para sacar una razón, una filosofía de esas palabras. Sino que sólo la dice movido por su sentimentalismo hacia los pobres.

No hay quien siga a Francisco en su pensamiento porque no tiene pensamiento. Es un conjunto de ideas llevadas por su sentimiento de la vida, por su orgullo de la vida. Y no más. El que lee a Francisco, después se queda diciéndose a sí mismo: ¿qué ha querido decir este idiota? Porque no da argumentos filosóficos, no estructura nada en la cabeza. Lo sintetiza todo en su sentimiento de la palabra. Coge esta frase que le gusta y la une con aquella que también le gusta y eso es todo en Francisco. Y sale un monstruo de documento que no sirve para nada.

¿Cómo a la gente le gusta lo que escribe Francisco? Porque es gente que no piensa, que no medita la vida, sino que la vive en su orgullo. Es gente vividora, que ha cogido una idea y la retuerce hasta que la pone en práctica. Y, aunque esa idea sea estrafalaria, eso no interesa sino para vivirla. Se vive la idea en el sentimiento de la idea, no en la razón de la idea, no en la verdad de la idea.

Por eso, si la persona no cree en el infierno, vive esa idea porque sí, porque le apetece no tener en el pensamiento la idea del infierno. Y vive sin esa idea y, por lo tanto, vive pecado y amando el pecado como si nada más existiera. Esto se llama vivir el orgullo: se vive una idea que ya está anclada en el pensamiento, aunque esa idea sea falsa. Así vive Francisco en la Iglesia desde siempre. Así. Y muchos como él. Y, por tanto, el que vive así no puede ver la Verdad, no puede discernir la Verdad nunca.

Por eso, está preocupadísimo de los pobres y del diálogo en la Iglesia. No vive tranquilo hasta que alguien le dé dinero para sus pobres y hasta no ver a todo el mundo dentro de la Iglesia.

Por eso, es un pésimo gobernante, porque no hay gobierno en el mundo que haga lo que Francisco. No existe. Francisco se ha inventado la forma de no hacer nada en la Iglesia. Es lo que lleva haciendo ocho meses: nada. Que gobiernen otros.

Y, por lo tanto, si el cardenal Marx dice que no hay infierno, pues todos muy contentos: que no haya infierno. No pasa nada. Hay que dedicarse a dar dinero a los pobres no a creer en el infierno. Hay que dialogar con los que no creen en el infierno para dejar de creer en el infierno. Así gobierna Francisco: un estúpido que se llama a sí mismo Obispo de Roma. Un malnacido. Era mejor que no hubiera nacido.

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