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Evangelii gaudium: la falsa opción por los pobres

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El problema de los pobres no son los pobres, sino la concepción que el hombre tiene del pobre.

El pobre del Evangelio es el pobre de espíritu. Lo demás, es ciencia ficción.

Quien no es pobre de espíritu, entonces es rico y, por tanto, un pecador que vive su pecado y que ama su pecado.

Rico de espíritu son muchas personas, ya ricas porque tienen dinero y bienestar en la vida, ya pobres porque no poseen ese flujo de dinero para vivir una vida acomodada a lo humano.

El pobre de espíritu es aquel que ve su pecado y lucha contra su pecado hasta la muerte.

Los demás, que no son pobres de espíritu, les trae sin cuidado los pecados y las consecuencias del pecado en sus vidas y en la de otros.

Jesús viene a liberar a los hombres del pecado. Jesús no viene a liberar a los hombres de las cargas sociales, económicas, culturales, etc., que el pecado trae en la vida de todo hombre y en las sociedades.

Jesús no viene a dar de comer a nadie, no viene para dar trabajo a nadie, no viene para cuidar a los enfermos, ni para sanarlos, ni para hacer la vida cómoda a nadie en lo humano.

Jesús viene para quitar el pecado. Sólo para eso. Lo demás, es la consecuencia del pecado. La razón de que los pobres no tengan dinero ni bienestar en sus vidas, es porque existe el pecado, de ellos y de otros. Y no el pecado social, sino el pecado de cada hombre que no lo quiere quitar y que, por eso, se producen desigualdades en todos los campos humanos.

Jesús no viene a quitar estas desigualdades entre los hombres, sino a liberar del pecado a los hombres. Y aquel que quiera ser liberado del pecado, entonces hará la caridad con los pobres como siempre en la Iglesia se ha hecho. Porque la limosna quita el pecado, expía el pecado, purifica el corazón del apego a lo material y la vida humana.

A Jesús no le interesa para nada el dinero. No es su problema. No viene para solucionar ningún problema financiero entre los hombres. Su Palabra va más allá de las inquietudes de los hombres por su dinero y por su bienestar social.

Francisco no comprende este punto y, por eso, habla así:”La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe” (n. 200). Esto es una mentira. Porque hay muchos pobres que no tienen fe y que, por tanto, sólo están preocupados por buscar su dinero en la vida. Son pobres porque no tiene dinero, pero no son pobres de espíritu, porque viven en su pecado. Este es el punto que Francisco no comprende. Y, entonces, falla en su teología de los pobres, en su opción por los pobres.

“La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (n. 200): esto es lo que ningún sacerdote ni Obispo puede decir sin dejar a un lado la Verdad.

Jesús vino a salvar a todos los hombres. Y son todos: ricos y pobres. Y no hay ni primero, ni segundo ni último por el hecho de tener riqueza material o no tenerla. Jesús no viene a salvar primero a los pobres de dinero, que es lo que predica constantemente este anticristo y, por eso, se le ve su mentira en todas las cosas.

Jesús viene a por todos los hombres, sean ricos o pobres. Luego, lo primero: todos los hombres. El privilegio para salvarse lo tienen todos los hombres. No hace falta una atención religiosa privilegiada y prioritaria para los pobres. Son palabras vacías, huecas, sin sentido, que no pueden apoyarse en la Palabra de Dios, sino sólo en el pensamiento de ese anticristo, que promulga su comunismo disfrazado en la Iglesia.

“Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales” (n. 201): aquí incita Francisco a la lucha de clases entre los hombres. Porque los ricos no se ocupan de los pobres, sino de sus asuntos, por eso, no tienen excusa. Esto es el enfrentamiento con los ricos y con todos aquellos que no les importa los pobres.

Jesús no quita la liberta a ningún hombre. Francisco la quita, la quiere quitar al imponer su necio pensamiento al hombre.

Si los ricos quieren seguir en su riqueza sin atender a los pobres, eso no es problema de la Iglesia, sino de esos ricos que no quitan sus pecados. Y punto. Que sigan en sus pecados porque Dios los ha hecho libres para elegir el pecado o salir del pecado.

El pecado de los ricos se traduce en muchas cosas en la sociedad, muchas injusticias, propias del pecado de avaricia. Por eso, la Iglesia no es del mundo. A la Iglesia no le interesa todos esos asuntos que nace del pecado de hombres que no quieren quitar su pecado.

A la Iglesia le interesa resolver los problemas que los hombres que han pecado, al salir de su pecado, han hecho en sus vidas o en el mundo. La Iglesia carga, por disposición divina, con el pecado de muchos y, por tanto, con las consecuencias de ese pecado en el mundo y en los hombres. Por eso, un sacerdote y un Obispo deben ser almas víctimas para reparar tanto mal que traen los pecados.

Los sacerdotes y los Obispos no tienen que entrar en el juego de la política ni de la economía para saldar la deuda de tanta injusticia como trae el pecado de la avaricia.

La Iglesia tiene que poner una moral, una ética a los hombres de negocios que viven en Gracia, que siguen al Espíritu de Cristo. Pero la Iglesia sabe que hay muchos hombres de negocios que les importa un bledo la moral y la ética y, por tanto, no está en darles un camino para dar dinero y salir de la crisis económica, sino en ofrecer a todos los hombres el camino para salir del pecado. Y es esto lo que no da Francisco en este panfleto comunista, que es su teología de los pobres.

Por eso, dice:” Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202): este es su error más grave. El dinero nunca puede hacer iguales entre los hombres. Nunca. No hay equidad entre los hombre en el aspecto monetario. Siempre habrá la inequidad. No hay un reparto equitativo del dinero entre los hombres. Eso se sabe por experiencia. Eso es el abc de la economía. Eso es pensar rectamente, humanamente, con dos dedos de frente, con sentido común, que es lo que le falta a Francisco.

Y, porque no hay equidad en el reparto de la riqueza, nunca se va a resolver el problema financiero. Nunca. Desde que Adán y Eva pecaron nunca se ha llegado a una igualdad en lo material, en lo humano, en lo natural, en lo económico entre los hombres. Lo que propone Francisco aquí es una solmene tontería que nadie en el mundo lo sigue y que todos los gobernante se ríen de Francisco en este argumento que hace.

Es que no hay manera de resolver radicalmente los problemas de los pobres porque es un problema espiritual, no humano, no financiero.

Como los hombres no quieren quitar sus pecados, siempre habrá pobres y las injusticias sociales que nacen de todo eso. Punto y final.

Francisco quiere enfrentar a todo el mundo para que comiencen a dar dinero para los pobres. Y se mete en el mayor lío de todos. Porque nadie da nada gratis en el mundo: ¿quieres dinero, Francisco? Dame un trozo de poder en la Iglesia.

A esto está invitando Francisco en este su negocio de la teología de los pobres.

En la Iglesia la opción por los pobres ha sido siempre muy clara. El problema ha nacido de gente como Francisco que no viven sus sacerdocios en la Iglesia. Y, entonces, todo lo tuercen. Todo. Con tal de implantar su idea marxista, comunista, liberadora de los pobres.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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