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Sucesión de anticristos

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lavidanoseda

“Mas acordaos que Satanás cumple su acción solapada en las tinieblas. Os asedia con sus enredos y sutilezas de serpiente al acecho de un tupido matorral. Y porque sabe que sois viles tanto en el mal como en el bien, aunque os vea ya muy alejados de Dios no osa aún presentarse ante vosotros cara a cara y deciros: “Aquí estoy. Sígueme”.

..Después de haber intentado destruir a Cristo con las tentaciones; a la Iglesia deparándole épocas oscuras; el Cristianismo por medio de los cismas; la sociedad civil con las sectas, ahora que está en vísperas de la manifestación preparatoria para la final, intenta destruir vuestras conciencias tras haber destruido vuestro pensamiento. Sí, es así. Lo ha destruido no como capacidad de pensar como hombres sino de pensar como hijos de Dios. El racionalismo, la ciencia que se aparta de Dios, ha destruido vuestro pensamiento de índole divina y ahora pensáis como sólo el fango puede pensar: por tierra. En las cosas que ve, vuestro ojo no advierte a Dios, no advierte su sello. Para vosotros son solamente astros, montes, piedras, aguas, hierbas, animales. Para el creyente son obras de Dios y no necesita más para sumergirse en la contemplación y la alabanza del Creador, ante los innumerables signos de su poder, que os circunda y embellecen vuestra existencia y son útiles para vuestra vida.

Ahora Satanás ataca las conciencias. Ofrece el antiguo fruto: el placer, el ávido deseo de saber, la arrogante y sacrílega esperanza de llegar a ser dioses, a fuerza de morder en la carne y en la ciencia. Y así, el placer os convierte en fieras consumidas por la lujuria, repelentes, enfermas, condenadas tanto en ésta como en la otra vida a los morbos de la carne y a la muerte del espíritu. Y así, el ávido deseo de saber os entrega al Simulador pues, al intentar imponer a dios vuestra voluntad de saber debido a la ilícita sed de conocer los misterios de Dios, hacéis de modo que satanás os atrape con sus engaños.

Me causáis piedad. Me causáis horror. Siento piedad porque sois locos. Siento horror porque queréis serlo y os marcáis la carne del alma con el signo de la Bestia y rechazáis la Verdad para acoger la Mentira” (Jesús a María Valtorta – 8 de enero de 1944).

La Iglesia está henchida de orgullo y de incredulidad y, por eso, niega el poder y la presencia del demonio en Ella.

Lucifer fue creado por Dios, pero se rebeló contra Dios y se convirtió en demonio, se puso como Adversario de Dios, como el Tentador, el Envidioso, el Astuto, el Incansable, el Simulador de Dios.

Todo cuanto hace el demonio lo obra imitando a Dios. Y nada obra sin esa imitación. No puede hacer algo de sí mismo. Sólo obra en el espejo de Dios, poniéndose como dios en todas las cosas.

Y, por eso, los Obispos y los sacerdotes niegan que exista el infierno, porque ya no creen que Dios ha creado al demonio y, por tanto, ha creado un lugar y un estado para el demonio.

El infierno existe, no es algo imaginario, no es el fruto de la mente del hombre, no es una razón para meter miedo a la gente.

El infierno es la cara del demonio, es la obra de su pensamiento demoniaco, es la vida de sus tres cabezas más importantes en ese reino.

Quien no crea en el demonio es porque se ha convertido en un demonio, su conciencia se ha pervertido.

El demonio sólo cree que es dios, pero no puede creer que se transformó, por su pecado, en demonio. Sino que, siendo Ángel de Luz en la creación, sigue siendo esa luz, pero de otra manera, en estado de demonio. Y da esa luz a los hombres presentándose como Dios.

Es lo que ha hecho el anticristo Francisco desde el principio de su reinado en la Iglesia: se ha presentado como elegido por Dios para guiar a la Iglesia. Y nadie vio al demonio en él, en esa elección y en esa subida al poder.

Aquel que niega al demonio es ya un demonio en vida, se ha convertido en un demonio en vida. Su conciencia ha mordido el misterio de Dios y se presenta ante los hombres como dios.

Quien niega al demonio, niega a Dios. Y quien niega a Dios se convierte él mismo en dios para sí mismo: con su pensamiento crea todo lo que necesita para creer en la vida, para vivir y obrar su vida.

Estamos viviendo en la Iglesia el culto a la mente del hombre, que no es capaz de salir de sí misma, porque en ella lo encuentra todo para su vida espiritual. Y se ha llegado a eso porque los hombres ya no tienen conciencia. Ya no saben lo que es ni el bien ni el mal. Sólo saben pensar su bien y su mal.

El hombre ha hecho de la vida espiritual un camino en su mente. Y, por eso, contemplamos a tantos sacerdotes y Obispos que ya no creen en ninguna verdad que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos. No creen porque han tergiversado el Misterio de la Iglesia, el Misterio de Cristo, el Misterio de Dios con sus inteligencias humanas. Han querido enseñar el Misterio con sus mentes y han entrado en la conquista de la mente del demonio, que supera a la mente de cualquier hombre.

La mente del demonio sólo tiene un fin: ser dios. Y lleva al hombre que le sigue a lo mismo: ser dios.

Todos se oponen a la Verdad porque encuentra en sus mentes las verdades para seguir siendo lo que son en la Iglesia. Ya esas verdades no las da Dios, no las ofrece el Espíritu de la Verdad, sino la mente de cada cual en su vida.

Quien no desprecia las verdades de su mente, nunca se va a poner en la Verdad, que es Jesús. Nunca va a obrar la Verdad, que es Jesús. Nunca va a vivir la Verdad, que es Jesús. Siempre va a rechazar la Verdad.

Esto es lo que muchos no comprenden en la Iglesia: este renunciar a la mente humana para poseer la Mente de Cristo. Este crucificar lo humano para ser divino. El hombre sólo quiere ensalzarse como hombre y ponerse por encima de Dios. Ése es su pecado en el mundo y en la Iglesia. Y no se puede comprender de otra manera cómo sacerdotes y Obispos siguen siendo lo que son si dejar sus mentiras, sus errores, sus herejías, sus apostasías de la fe. No se puede comprender que el anticristo Francisco siga sentado en la Silla de Pedro si no se acude al pecado de ser dios ante la Iglesia y ante el mundo.

El pecador humilde ve su pecado y lo quita de en medio. El pecador soberbio ve su pecado y lo ensalza, lo justifica y lo aplaude en medio del mundo y de la Iglesia.

Por eso, no es de extrañar que los Obispos en la Iglesia lo estén negando todo, toda verdad, todo dogma. Es lo más normal cuando el hombre ha hecho de su razón su dios.

Quien no cree en el demonio sólo cree en su razón. Y no tiene otra fe. Y no tiene otro dios. Y su camino en la vida es su pensamiento humano, no el Espíritu de la Verdad.

Ese fue el pecado de Lucifer: seguir su pensamiento angélico, oponiéndose al Pensamiento Divino sobre su vida de Ángel.

Dios le mostró un camino para vivir su vida y el demonio eligió otro, contrario y opuesto al de Dios.

Y ese pecado se repite siempre en los hombres: en Adán y Eva, y en la Iglesia.

Jesús ha puesto un camino al hombre en la Iglesia, camino para salvarse y santificarse, y los hombres, los sacerdotes y Obispos, eligen otro camino para sus vidas de sacerdocio, incurriendo en el mismo pecado de Lucifer.

Este será siempre el Misterio de la Gracia y de la Libertad en el hombre. El hombre, a pesar de tener la Gracia, la Vida Divina, puede escoger, con su libertad, el camino opuesto a esa Vida Divina en la Iglesia.

Nadie está salvado en la Iglesia porque se haya bautizado, o comulgue, o se confiese, o haya recibido la confirmación, porque eso no da la salvación al hombre.

Nadie se salva porque Dios lo ama. Nadie se salva porque se ore y se haga penitencia. Nadie se salva porque haya pasado toda su vida sirviendo a Dios en la Iglesia.

La salvación está sólo en la Gracia. Y el hombre se salva si es fiel a la Gracia, si persevera en la Gracia, si camina en la Gracia. Y la Gracia es sólo el movimiento de Dios en el alma. Dios mueve el corazón para que el hombre obre algo divino en su vida humana.

Y reconocer este movimiento en el corazón es de la suma importancia en la vida de toda alma. Y no saber verlo es condenarse en vida haciendo muchas cosas buenas sin la acción divina en el corazón.

Por eso, la vida espiritual no es un juego de la mente: ahora creemos en el infierno, mañana ya no creemos para creer en otra cosa.

La Verdad es siempre la misma. La Verdad es la Verdad. Y la Verdad no gusta a ningún hombre, porque siempre se opone a la mente de todo hombre, a las razones que todo hombre busca para ser feliz y vivir en paz.

Vivimos en la Iglesia con sacerdotes, con Obispos, que han despreciado la Verdad para imponer sus verdades a los demás, para acoger la Mentira y que todos vayan tras esa Mentira.

Eso es el anticristo Francisco, que ha puesto su gobierno en la Iglesia, que va en contra de la Verdad. Y eso es lo que muchos no ven: esta Verdad.

Pedro solo, sin ayuda de nadie, gobierna toda la Iglesia. Esta es la Verdad que se ha despreciado y que nadie medita y nadie la quiere en la Iglesia. Se quita esta Verdad para acoger una mentira: un gobierno de muchos en la Iglesia. Y se ha quitado sin que nadie diga nada. Eso es señal de cómo están las conciencias de muchos en la Iglesia. Conciencias pervertidas en el mal.

El anticristo Francisco ha impuesto su verdad, que sale de su pensamiento humano, pero que no está en el Pensamiento Divino. No se encuentra en Dios esa verdad, porque Dios ha fundado su Iglesia en el gobierno de uno, no de muchos. Y esta ley divina se ha despreciado en la Iglesia y se ha colocado el pensamiento de un hombre que no vive la Verdad, sino que vive sus verdades en la Iglesia, que acoge las mentiras que le pone el demonio en su mente.

Francisco es un hombre que actúa como el demonio: se opone a Dios, lucha en contra de Dios, se sube encima de Dios, se pone como dios en medio de la Iglesia.

Y nadie lo entiende así, porque la Iglesia ya no cree en el demonio y, por eso, se deja engañar fácilmente por el demonio.

Quien no cree en el demonio no puede ver su acción, no puede contemplar sus obras, no puede luchar contra él.

Por eso, subió el anticristo Francisco a la Silla de Pedro y todos le siguieron, porque no se cree en el demonio. Y se toman las palabras y las obras de los hombres como Voluntad de Dios en la Iglesia.

Y la Iglesia, cuando no discierne la Verdad, cuando se apoya en los pensamientos de los hombres, en sus obras, en sus vidas, siempre yerra, siempre cae, siempre se engaña con la Mentira.

Vivimos un tiempo de total oscuridad en la Iglesia. Roma ya ha perdido la fe y se convierte en la Sede del Anticristo. La Silla de Pedro se transforma en la Silla del demonio. Y, en consecuencia, lo que resta por contemplar en Roma es la sucesión de anticristos en esa Silla, de gente que ya no ve la Verdad, y que impone sus mentiras a la Iglesia.

Por eso, durante más de dos largos años, sólo se verá en Roma la destrucción de toda la Iglesia, que durante 20 siglos se ha mantenido para dar la Verdad a todos los hombres, y que, en poco tiempo, su cara será transformada en la cara del Anticristo.

La cara de Cristo ha desparecido de Roma y se ha colocado la careta del demonio, para dar a los hombres el pensamiento del demonio, a través de Obispos que se oponen a Cristo y Su Obra, que es la Iglesia.

Son los mismos miembros de la Iglesia los que destruyen la Iglesia, cambian su cara, lavan su cara, transforman la Iglesia en una nueva iglesia, que es una falsa Iglesia.

Por eso, no estamos viviendo lo de siempre en la Iglesia: gente que desobedece, gente que no sigue la Verdad. Ya no es tiempo de eso. Estamos viviendo la rebeldía a la Verdad entre los mismos miembros de la Iglesia. La Iglesia se rebela contra su fundador y deja de ser Iglesia, porque los suyos han perdido la conciencia del bien y del mal por querer interpretar los Misterio de Dios en la Iglesia.

Por eso, hay que salir de Roma, porque Roma ya no da la Verdad a nadie.

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2 comentarios

  1. José M dice:

    Que Dios me perdone, pero me da “repelús” tanta palabra huera. Una de dos:

    a) o sea trata de bobos (lo cual no nos conviene)
    b) o son malvados y herejes (lo cual nos conviene aún menos).

  2. Cristina de López dice:

    Josephmaryan, aqui copio el link de la primera “exhortación apostólica” de Francisco, en la que con solo leer las primeras paginas nos podemos encontrar con más de lo mismo.
    Buen día!

    http://www.vidanueva.es/wp-content/uploads/2013/11/Evangelii-gaudium.pdf

    Una pequeña muestra, solo por copiar una de las muchas que hay con solo leer las primeras hojas.

    “Jesús nos deja la Eucaristía como memoria cotidiana de la Iglesia, que nos introduce cada vez más en la Pascua (cf. Lc 22,19). La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir.”

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