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El hombre se ha hecho un dios para sí mismo

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”Leemos en el libro del Génesis: «Dios impuso al hombre este mandamiento: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio”» (Gn 2, 16-17). Con esta imagen, la Revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios” (Juan Pablo II -Veritatis Splendor, n.35).

El bien y el mal no están en posesión del hombre, no es fruto de su raciocinio, no se llega porque se obren cosas buenas en la vida, sino que sólo Dios dice al hombre lo que es el bien y lo que es el mal.

El mundo y la Iglesia se han olvidado de esta verdad que Dios revela al hombre. Y, por tanto, se dicen muchas cosas sobre el bien y el mal y todos yerran en eso.

“Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa que es el Bien. Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo” (Francisco).

Francisco anima a la gente a ir hacia el bien que tiene en su pensamiento. Y, de esta manera, la persona se aparte de la Voluntad de Dios.

La persona tiene que decidir el bien y el mal acudiendo sólo a Dios, no a su pensamiento, no a las leyes de los hombres, no a nada humano o natural de la vida.

Quien no discierne la Voluntad de Dios en Dios, entonces hace de cualquier voluntad humana su dios.

El hombre, con su querer humano, hace su bien humano. Y, entonces, siempre se equivoca, porque el hombre, para hacer el bien tiene que preguntar a Dios ¿cuál es el bien que tiene que obrar en su vida?

Un mundo y una Iglesia sin discernimiento es lo que vemos actualmente. El mundo es claro que no discierne la Verdad porque: el Espíritu de la Verdad “no lo puede recibir el mundo, porque no lo ve ni lo conoce” (Jn 14, 17).

Pero en el mundo viven católicos con el Espíritu de la Verdad. Y esos católicos tampoco disciernen en el mundo ni el bien ni el mal que sólo Dios quiere. Y eso significa que esos católicos que viven en el mundo son del mundo, es decir, han perdido el espíritu de la Verdad. Son mundanos como los del mundo, sirviendo al espíritu del mundo.

El Espíritu de la Verdad da al hombre la obra que Dios quiere en su vida. Y esa obra es la que salva al hombre, la que lo santifica, la que lo hace caminar hacia el Cielo.

Pero es necesario que el hombre luche contra el pecado, contra el demonio, contra el espíritu del mundo. Y si no lucha, entonces no puede recibir el Espíritu de la Verdad.

Francisco quiere cambiar el mundo con su pensamiento. Según la mente del hombre conozca la maldad, entonces el hombre puede decidir hacer el bien para quitar esa maldad.

Esta idea de Francisco es la idea del demonio en su mente diabólica.

El demonio concibe el bien y el mal en su mente. No lo concibe en Dios. Ya no puede, porque se separó de Dios en su pecado.

El demonio fabrica con su mente caminos para el bien y caminos para el mal. Y eso lo pone en la mente de los hombres. Y los hombres caminan hacia el bien y hacia el mal según la mente del demonio, según las ideas que el demonio le vaya dando.

Por eso, aquel que no discierna sus pensamientos, los buenos y los malos, entonces no se pone en la Verdad. Porque el demonio pone muchos pensamientos buenos. Y no sólo hay que rechazar los malos pensamientos de la cabeza, sino también los buenos.

Dios no guía al hombre dándole buenos pensamientos. El demonio guía al hombre dándole buenos pensamientos. Quien no rechace sus brillantes pensamientos sobre la vida, sus perfectos pensamientos sobre la vida, sólo sigue al demonio en su vida.

El hombre no ha comprendido esta verdad, ni en el mundo ni en la Iglesia.

Es Dios quien decide lo que es bueno y lo que es malo. Y, por tanto, se necesita mucha oración y penitencia para captar de Dios lo que es bueno y lo que es malo para la vida humana de cada hombre en la tierra.

Como los hombres no hacen oración ni penitencia, entonces sólo se rigen por sus cabezas y siempre se equivocan en todo, aun en las cosas divinas, sagradas y santas de la Iglesia.

Francisco enseña a seguir al demonio en la vida humana y en la vida espiritual. Es un hombre que no discierne la Verdad porque no sale de su pensamiento humano. No puede salir. Para él el bien y el mal lo inventa su mente humana. No hay que ir a Dios para comprender ese bien ni ese mal.

Con este pensamiento herético de Francisco se destruye lo más fundamental en la persona: su libertad.

La persona que mire su mente para entender el bien o el mal en su vida queda esclava de su mente, de sus ideas, de sus razones, de sus planes en la vida. Y, por tanto, ya no es libre para obrar la Verdad en su vida, no es libre para seguir al Espíritu de la Verdad, porque sólo sigue a su pensamiento humano.

Y una persona que es esclava de su mente, de su filosofía en la vida, hace de su vida un culto al hombre, a las obras de los hombres, a las vidas de los hombres, a la razón del hombre.

Y quien da culto al hombre ya no da culto a Dios en su vida. La persona no puede adorar a Dios en Espíritu y en Verdad, no puede salir de ella, de su mente humana, para seguir al Espíritu, sino que se queda encerrada en su mente humana y ahí sólo encuentra la adoración a sí misma, en su pensamiento humano. Y la persona se hace un dios para ella misma.

Esto es Francisco: él mismo es dios para sí mismo, porque quiere arreglar el mundo, que sólo le pertenece al demonio, con su mente de hombre.

No se puede comulgar con Francisco. No se puede obedecer a Francisco. No es posible la unión espiritual con Francisco. Y, por tanto, como Francisco es jefe de la Iglesia, no es posible unirse a ningún Pastor, a ningún sacerdote, a ningún Obispo, que se una a Francisco, que comulgue con Francisco.

Por eso, es imposible la obediencia a una cabeza en estos momentos en la Iglesia. Imposible. Sólo se puede obedecer a Cristo Jesús, que sigue siendo el Rey de la Iglesia, y que no engaña a nadie con sus pensamientos.

La situación en la Iglesia es muy grave. Y no estamos para jugar al ratón y al gato. No estamos para escondernos de esta realidad.

Muchos viven en la Iglesia con una venda en sus ojos y no son capaces de discernir nada en la Iglesia. Y hay muchos sacerdotes católicos y Obispos con esta venda en sus ojos, porque ya han perdido la fe, no sólo en la Palabra de Dios, sino en la Iglesia, en la Obra de Jesús en el mundo, en medio del mundo.

Y, por tanto, están haciendo de la Iglesia la división propia de ser cabezas de la Iglesia sin el Espíritu de la Verdad, que enseña lo que está bien y lo que está mal en la Iglesia. Y son ellos los que dirigen a las almas, a las ovejas, a la condenación a pensar como piensa el demonio y a seguir en la Iglesia la mente del demonio.

Francisco y sus seguidores es lo que hacen en la Iglesia: condenar a muchas almas por su falsa doctrina sobre el bien y sobre el mal.

Y muchos fieles en la Iglesia se condenan porque sólo están en Ella para comulgar, para recibir la Eucaristía. Y no les interesa otras cosas sino eso. Y, por tanto, se tragan cualquier mentira de cualquier sacerdote y Obispo que predique bonito, pero que no dé la Verdad, que no dé el Espíritu de la Verdad.

Muchos sacerdotes y Obispos predican con el espíritu del mundo, con el espíritu del demonio, con el espíritu propio de Satanás: la soberbia.

Así estamos en una Iglesia que no sirve sino sólo para condenar a las almas. Por eso, hay que salir de Roma cuanto antes. Antes de que de venga el gran castigo: el falso Profeta que combatirá al Profeta que ponga ese momento el Cielo para ese tiempo.

Un tiempo cumbre para todos en que hay que elegir sin retorno, sin arrepentimiento, sin posibilidad de volver atrás: o el Profeta de Dios o el falso Profeta del demonio.

Y quien siga al Profeta de Dios, entonces, verá el camino de la Iglesia. Pero quien siga al falso Profeta, entonces tendrá lo que persigue: al Anticristo. Y sólo le podrá servir a él y adorarlo como dios.

Quien no discierne el bien y el mal en Dios se hace un dios para sí mismo.

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1 comentario

  1. Juan Pablo dice:

    “Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa que es el Bien. Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo”!!!!!!!!!!!!
    ¡Relativismo puro y duro llevado al extremo!
    ¿Será posible que luego de este párrafo, nadie diga nada?
    El ladrón piensa que robar es bueno ya que el miserable (me refiero al ladrón) “tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe seguir el Bien (seguir robando) y combatir el Mal (no robar) como él lo concibe”.
    Podríamos hacer analogías similares relativo al 5° mandamiento o al 6°, pero para qué seguir!. Eso se enseña desde Roma……
    Y encimo dice: “nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa…”, etc
    o sea, animarlo al continuar en su error.
    Es absolutamente increíble.

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