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La conciencia de ser Iglesia

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La conciencia de ser Iglesia se ha perdido ya en la Iglesia.

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“Vosotros sois el Cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro” y, por tanto, la Iglesia es un Cuerpo, no es un conjunto de hombres.

La Iglesia está formada por miembros de un Cuerpo. No son hombres que se unen para formar algo.

La Iglesia tiene una Cabeza: Cristo Jesús, el cual posee Su Cuerpo.

Cristo Jesús es Dios y, por tanto, reina como Dios en Su Iglesia.

Cristo Jesús no reina como hombre, con pensamientos humanos, con planes humanos, con verdades humanas a Su Iglesia.

Cristo Jesús reina Su Iglesia con el Pensamiento de Su Padre, que es la Verdad en la Iglesia.

Esta es la conciencia que se ha perdido en la Iglesia.

Los hombres, en la Iglesia, gobiernan con la mente de los hombres. Eso significa el gobierno horizontal. Y, por tanto, los hombres en la Iglesia solamente obran lo humano en Ella y la conducen hacia las fuentes de lo humano, hacia el progreso de los hombres, hacia la vida de los hombres. Y eso produce la aniquilación de la Iglesia porque se renuncia a la Verdad, que hay que buscarla en el Pensamiento de Dios.

Pedro es el que recibe en la Iglesia la Mente de Cristo, el que recibe la Verdad, que es Jesús.

Si se ha expulsado a Pedro de la Iglesia, nadie está capacitado para recibir esa Mente en la Iglesia. Nadie. Porque los demás en la Iglesia están sometidos a la mente de Pedro. Tienen que obedecer a Pedro para dar la Verdad en la Iglesia.

Cristo Jesús sólo se da a Su Vicario en la Tierra. Y a nadie más en la Iglesia.

El Vicario de Cristo en la Tierra es el que edifica la Iglesia dando la Mente de Cristo a toda la Iglesia. Y, por tanto, toda la Iglesia tiene conciencia de Su Cabeza Invisible, que es Cristo Jesús.

Se quita al Vicario de Cristo, la Iglesia pierde esa conciencia totalmente. No hay nadie que enseñe en la Iglesia la Mente de Cristo, no hay nadie que imite a Cristo en la Iglesia, nadie que obre las Obras de Cristo en la Iglesia. Porque la vida de Cristo no es un recuerdo, sino algo real y permanente en el corazón que vive de fe en la Palabra.

Para Francisco, Cristo y su vida es una memoria que hay que traer al presente y vivirla de acuerdo a las circunstancias de los hombres en sus vidas. Y con este pensamiento, Francisco anula la vida de Cristo en la Iglesia, anula la Mente de Cristo en la Iglesia, anula la Gracia que da Cristo a la Iglesia para obrar lo divino en Ella.

Se ha perdido la conciencia de ser Iglesia en Cristo, en Su Cabeza. Esta es la única Verdad que nadie ha comprendido ahora. Nadie. Porque todos han sido engañados por una falsa cabeza.

“Hay pastores a quienes les gusta que les llamen pastores, pero que no quieren cumplir con su oficio” (San Agustín – Sermón 46, 1-2).

Eso es Francisco y los que se unen a él, que son muchísimos en la Iglesia. Y, por tanto, dirigen la Iglesia hacia los pastos del mundo, no hacia el alimento espiritual, que da Cristo Jesús en la Iglesia.

¿A quién le interesa una Iglesia que sólo se centra en combatir al ídolo dinero y no combate contra el demonio que trae la avaricia a los corazones?

¿A quién le interesa una Iglesia para alimentar a los pobres, para cuidar a los enfermos, para dar trabajo a lo jóvenes?

¿A quién le interesa una Iglesia que se ha olvidado del camino para ser santos en la vida humana y que sólo su afán es ser buenas personas en lo humano?

¿A quién le interesa una Iglesia que sólo habla de las calamidades que se dan en el mundo, pero que no habla de los problemas espirituales que el mundo tiene por estar sometido al demonio y al pecado?

¿A quién le interesa una Iglesia que se desvive para aparentar ser buena para el mundo cuando se destrozan diariamente las almas dentro de Ella, porque nadie les da el alimento espiritual que necesitan?

Esta es la iglesia que se ha formado en Roma: una estatua de la Iglesia de Cristo: un vivir de cara a los hombres, para agradarles en todo. Y eso es fruto de la falsa cabeza que rige la Iglesia.

Esa falsa cabeza no puede dar la Mente de Cristo, porque no cree en Jesús, no cree en la Santísima Trinidad. No cree. Francisco mismo lo ha expresado en sus declaraciones y en sus homilías.

Y, entonces, se produce el cisma: un gobernante falso en la Iglesia que divide la Iglesia. Y produce la aparición de la falsa Iglesia.

“¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?”

Francisco se apacienta a sí mismo, pero no a las ovejas. Da en la Iglesia su obsesión: el dinero. Y todo gira alrededor del maldito dinero. Y Cristo fue muy claro con el dinero: “Dad al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”.

El dinero: para los hombres, porque es el invento de los hombres. A Dios: la adoración, porque cada alma en la Iglesia si no adora a Dios en Espíritu y en Verdad, que se vaya a otro sitio a hablar del dinero y de los problemas en el mundo.

Francisco nunca dará a la Iglesia el camino de la santidad de la vida, sino que siempre pondrá ante lo hombres los problemas que tienen en sus vidas, para que se preocupen por ellos y que nadie les resuelva nada, porque no hay un gobierno en el mundo que quite los problemas humanos a la gente, sino que todos los gobiernos llenan de problemas, cada día, a la gente.

Esto lo sabe cualquiera, menos Francisco. Por eso, la predicación de Francisco es un gran absurdo en la Iglesia y en el mundo. Habla para contentar a todos, menos a él. Él quisiera renunciar a estar sujeto a la Verdad en la Iglesia, para vivir su mentira en la Iglesia.

“¿Quiénes son esos que se apacientan a sí mismos? Los mismos de los que dice el Apóstol: «Todos sin excepción buscan su interés, no el de Jesucristo» (San Agustín – Sermón 46, 1-2).

Se ha perdido la conciencia en la Iglesia porque los jefes de la Iglesia, los Pastores, sólo buscan en la Iglesia su propio provecho: cómo tener un puesto de poder en la Iglesia y cómo tener el bolsillo repleto de dinero.

Y, por eso, mienten a las almas y les dan un camino fácil en la Iglesia que les lleva a la condenación eterna.

“¿Dónde pastoreas, pastor bueno, tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey” (San Gregorio – Comentario al Cantar de los Cantares, cap. 2).

El verdadero Pastor de la Iglesia carga con los pecados de sus ovejas, para expiar esos pecados, para purificar la Iglesia de esos pecados y para hacer de la Iglesia el jardín de Cristo.

Pero no se ven esos pastores en la Iglesia porque ya, desde hace mucho tiempo, sacerdotes y Obispos han renunciado a la verdad de hacer oración y penitencia por toda la Iglesia.

No hay expiación de los pecados en la Iglesia. Se ha perdido esta conciencia, porque sus pastores viven para su egoísmo en la Iglesia, para su interés personal, privado en la Iglesia.

“Es necesario que el hombre de hoy se dirija nuevamente a Cristo para obtener de él la respuesta sobre lo que es bueno y lo que es malo. Él es el Maestro, el Resucitado que tiene en sí mismo la vida y que está siempre presente en su Iglesia y en el mundo. Es él quien desvela a los fieles el libro de las Escrituras y, revelando plenamente la voluntad del Padre, enseña la verdad sobre el obrar moral. Fuente y culmen de la economía de la salvación, Alfa y Omega de la historia humana (cf. Ap 1, 8; 21, 6; 22, 13), Cristo revela la condición del hombre y su vocación integral” (Veritatis Splendor, n.8).

El hombre tiene que poner los ojos en Cristo si quiere entender la vida que ahora le presenta Roma.

Porque si el hombre se deja llevar por lo que Roma plantea sobre la Iglesia y el mundo, el hombre se pierde en la finitud y en el absurdo de los pensamientos humanos.

Francisco no cree en el bien y en el mal. Sólo cree en lo que su razón fabrica sobre el bien y el mal. Y, entonces, ¿qué hace en la Iglesia?: Gobernarla hacia el error siempre.

Francisco ha anulado la Mente de Cristo al colocar en la Iglesia el gobierno de muchos hombres, que inutiliza el gobierno de uno solo, que es Pedro.

Y en el gobierno de muchos hombres se dan muchos conceptos sobre el bien y sobre el mal. ¿Y cómo se quiere dar un camino de santidad a las almas si los pastores no tienen claro lo que es el bien y lo que es el mal? En estos absurdos cae Francisco siempre como gobernante.

La Iglesia entera tiene que volver a mirar a Cristo para tomar conciencia de lo que es Ella misma: el Cuerpo de Cristo.

Y esa conciencia la llevará a obrar lo que quiere Su Cabeza en ese Cuerpo. Y esa obra es lo que la Iglesia tiene que dar al mundo. Esa Obra de Cristo en Su Cuerpo.

Los miembros del Cuerpo sólo tienen que obrar la Mente de la Cabeza para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

Y aquel miembro que renuncie a la Cabeza, renuncia a ser Iglesia y a formar la Iglesia.

Francisco renunció a la Cabeza de la Iglesia, que es Cristo Jesús, al hacer tres obras heréticas:

1. aceptar ser Pedro sin la vocación, sin el llamado divino; sólo por elección de los hombres en la Iglesia;

2. poner en la Iglesia el gobierno de muchos que crea la primera división en la Iglesia;

3. dar a la Iglesia, con su gobierno, el camino para producir el cisma en Ella.

Esto es la Iglesia, ahora mismo. Una Iglesia dividida que no sabe lo que quiere, que no tiene un camino definido, que tiene todas las puertas cerradas hacia la Verdad y abiertas para que entre toda la mentira en el interior de la Iglesia.

La Iglesia, como Cuerpo, tiene sus días contados. Se cumplen los tiempos en que Roma es la ruina de toda la Iglesia y de todo el mundo.

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