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El pecado divide al ser humano

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Hoy se discute la unidad en la verdad y sólo se predica: “menos desigualdad, más diferencias”. Esta es la herejía del gobierno central de la iglesia en Roma.

En esta frase se concentra la mayor mentira sobre el hombre.

El hombre es un ser racional, formado de alma, cuerpo y espíritu. Y, por tanto, todos los hombres son iguales en su naturaleza. Todos tienen dignidad humana, valor humano, calidad humana.

Pero todos los hombres son desiguales en su naturaleza, debido al pecado original, que rompe la naturaleza humana, la divide y, por lo tanto, el hombre hace lo que no quiere y no obra lo que quiere.

La mente y la voluntad del hombre están rotas desde el principio. Luego, en esa división, todos los hombres son desiguales por naturaleza. Y eso conlleva la desigualdad en cuanto a sus riquezas personales, a sus talentos personales.

Y, para igualar al hombre en su naturaleza, sólo es posible en la gracia, no sin la gracia.

Si los hombres no viven en gracia, entonces los hombres se diferencian en la naturaleza: unos son más inteligentes, otros menos, unos obran muchas cosas, otros menos.

Sólo la gracia produce la unidad de la naturaleza humana, porque quita la división en la naturaleza. Y, por tanto, la mente no tiene errores, la voluntad no tiene maldad, y lo que hace el hombre, en la gracia, produce la igualdad entre los hombres.

Si no se predica de la gracia, si no se predica del pecado, de cómo luchar contra el pecado, que es lo que produce la división en el hombre, entonces se llega a la herejía: tengamos todos dinero, talentos, trabajo, cuidados humanos, y seremos uno. Y, en la diferencia de talentos, de riquezas humanas, entonces se da menos desigualdad entre los hombres.

Esa es la herejía que proclama Francisco, porque no combate al demonio, ni al pecado, ni al mundo.

Eso es lo que se vive en el mundo: quien vale en el mundo, entonces prospera, le va bien y eso marca una diferencia entre los hombres, entre las clases sociales, en las familias.

A la Iglesia le importa muy poco los talentos humanos de las personas: si tienen o no tienen dinero, si tienen o no tienen trabajo, si tienen o no tienen cariño de los demás hombres, si lo pasan bien en la vida o lo pasan mal.

La Iglesia no va por ese camino del mundo, camino del error y de la mentira.

A la Iglesia lo que le importa es la vida de la gracia: que las almas se dediquen a luchar contra el demonio, contra sus pecados, y contra el mundo. Y eso hace la unidad de todos los hombres en la Verdad del Espíritu.

Pero estas cosas no las enseña Francisco ni los suyos, porque ya se han abierto al mundo. Y están metiendo en Roma todas las ideas que los hombres viven en el mundo.

La Verdad no está en el mundo, sino en el Espíritu de la verdad, que lleva a todo hombre a la plenitud de la Verdad. Y, por tanto, da al hombre la posibilidad de quitar su división en su naturaleza humana, que es lo que impide el amor divino entre los hombres, el amor fraterno.

Por eso, la vida espiritual no es nada fácil de llevar, porque hay que luchar contra tres frentes: carne, demonio y mundo.

En Roma ya no luchan contra estos tres frentes, sino que se oponen a Cristo y a Su Obra, que es la Iglesia.

En Roma se combate la Verdad, que es Jesús. Y se echa abajo toda verdad, todo dogma, que Jesús ha dado a Su Iglesia.

Y si todavía no se ve esto, es porque está encubierto, oculto, hay una pantalla que no deja verlo, porque no interesa a Roma dar a conocer lo que se está planeando para destruir la Iglesia.

Esta realidad hace que la Iglesia esté totalmente acabada en su raíz, pero sigue viva porque las almas no ven esa realidad. Y Dios apoya a las almas hasta el final, para que disciernan la verdad de lo que ocurre en Roma.

En Roma, los sacerdotes y los Obispos están trabajando sobre unos nuevos documentos para cambiarlo todo en la Iglesia.

Pero esos documentos sólo pueden salir a la luz con los cambios de gobierno en la Iglesia. Si no hay esos cambios, no se saca nada. Porque todo depende del cambio en la cabeza del gobierno central en Roma.

Así funciona ahora Roma: cada gobernante tira abajo una verdad en la Iglesia.

Francisco ha anulado una verdad: el Vértice de la Iglesia. Se acabó el Papado en la Iglesia. Se acabó Pedro. Se acabó la unidad en la Iglesia. Pero no ha hecho nada más. Sólo se ha abierto al mundo, porque así lo pide su obra herética en la Iglesia.

Un falso Papa, un impostor tiene que obrar como es: sin dedicarse a las cuestiones espirituales, santas, sagradas, divinas en la Iglesia, para estar dedicado a todo lo profano, a todo lo mundano, a todo lo humano que supone el mundo y los hombres.

Pero Francisco no puede hacer más, porque hay que quitar antes los dogmas en la Iglesias, las verdades que son el fundamento de la Iglesia.

Sólo quitó el Papado: suficiente para abrirse al mundo.

Ahora es necesario quitar otras cosas, pero con otras cabezas distintas a Francisco.

Y tiene que ser así porque, de otra manera, Francisco se mete en un problema con toda la Iglesia.

Francisco, para quitar otras cosas, otras verdades, tiene antes que quitarse la careta que se ha puesto. Su cara la ha mostrado al mundo como es en sus dos declaraciones, pero no puede mostrarla en la Iglesia.

Precisamente lo que ha declarado al mundo va en contra de toda la Iglesia. Y se ha tenido que silenciar eso en la Iglesia: hacer como si nada pasara, como si Francisco no hubiera hablado ninguna mentira en esas declaraciones. Todo está bien: sólo es una manera de hablar.

Pero, por más que se ha querido tapar el agujero que Francisco ha producido en la Iglesia, no se ha podido. Y, por eso, Francisco está impedido de hacer más en la Iglesia. Se dedica a su obsesión: el dinero. Y punto y final. Y da frases bonitas para todos, pero ya sin ningún espíritu, sólo manteniendo lo de siempre: sus errores en todo.

Por eso, Roma está estancada. Quiere romper con todos los dogmas, pero no se puede. Esa es la división que hay en el gobierno central: unos quieren, otros no. Y eso es señal de que las cosas van a cambiar muy pronto en Roma.

No hay verdad en Roma, no puede haberla, porque Francisco ha rota el fundamento de la unidad, que es Pedro. Luego, la mentira y la división están en todas partes en la Iglesia.

Glosario

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