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La Iglesia es llevada hacia el error

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Los sacerdotes y Obispos han comenzado a torcer la Palabra de Dios para darle una imagen más moderna.

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Porque es necesario abrirse al mundo, es decir, coger el espíritu del mundo y ponerlo en la Sagrada Escritura.

La Sagrada Escritura está hecha sólo por el Espíritu, no por una cabeza humana.

Y, por tanto, no se puede leer ni interpretar con la cabeza del hombre, con las filosofías de los hombres, con las culturas de los hombres, con lo que vive el hombre.

La Sagrada Escritura niega al hombre, niega su inteligencia humana, niega sus obras humanas y lleva a todo hombre a la Cruz, a la renuncia de toda su vida humana por amor a Dios.

Quien ama a Dios niega el mundo y el hombre. Lo desprecia, lo aniquila, lo derrumba, lo pone a un lado como inservible.

Cuando la Iglesia se quiere abrir al mundo, a sus pensamientos, a sus modas, a sus conquistas, a sus deseos, a sus planes, la Iglesia se anula en sí misma. La Iglesia deja de ser Iglesia.

Francisco interpreta la Sagrada Escritura según el baile del mundo. Francisco hace de la sagrada Escritura la iniquidad en el mundo. Cambia la Palabra de Dios con sus necias palabras humanas. Tuerce la Palabra de Dios con sus estúpidos razonamientos humanos. Y, por eso, Francisco sólo persigue dar de comer a los hombres. Y sólo eso. Tener dinero en el bolsillo y pasarlo bien en el mundo y en la Iglesia.

Es el fruto de hacer de la Sagrada Escritura la iniquidad de su pensamiento humano.

La Iglesia tiene que tener una imagen nueva: ya no es Cristo Crucificado. Ni siquiera es Cristo Resucitado, porque ni la Cruz ni la Resurrección son seguidas en el mundo. En esas dos cosas no se cree en el mundo.

La Iglesia tiene que tomar la imagen del mundo. Y ¿cuál es esa imagen? El hombre.

El hombre es la moda del mundo. Sus ideas, sus gustos en la vida, sus deseos en la vida, sus obras en la vida, su vida misma, su vacío de vida ese debe ser la imagen de la Iglesia actual.

Y para conseguir este objetivo es necesario una cosa: despojar a la Iglesia de la imagen de Cristo, ya en Cruz, ya en la Resurrección. Despojarla, porque no sirve esa imagen. No sirve Cristo para dar de comer a los pobres. No sirve el Crucificado para sanar a los enfermos. No sirve.

En el mundo lo que sirve es la imagen de Dios, que creó el universo y lo hizo bueno, y todos en el mundo creen en Dios como Creador. Esa es la imagen que la Iglesia tiene que tener ante el mundo. Que la Iglesia siga sólo a un Dios Creador y, por tanto, un Dios bueno con todos y que se dedica a amar a todos.

Es necesario por consiguiente, interpretar toda la Sagrada Escritura según este pensamiento mundano, porque así piensa el mundo y hay que darle gusto al mundo. Y quien da gusto al mundo está alabando a Dios que hizo el mundo para que todos seamos felices.

Hay que decir que la Sagrada escritura significa algo nuevo. La Cruz no es muerte, no es dolor. La Redención no es salvar almas. Debe ser otra cosa que le guste al mundo, que vaya con el mundo, que haga bailar con el mundo. Que regalo los oídos de los hombres, que les dé una felicidad cuando entren en la Iglesia.

Y entonces para conseguir esto nuevo hay que meter la ciencia y los avances científicos y explicarlo todo con la mente de los hombres.

Y, de esta manera, se cambia toda la sagrada Escritura, porque se le da la interpretación de la ciencia, que es lo que se sigue en el mundo.

En el mundo los hombres miran los avances científicos para dar un paso en la vida. No poseen la Fe. Se apoyan sólo en lo que dice un científico sobre toda la vida.

Ya la obra de la Creación no proviene de Dios. Es otra cosa en la ciencia. Ya se da la evolución de las especies; luego el hombre no es creado por Dios, viene de lo que sea anterior a él.

Jesús es sólo un hombre que hizo maravillas por el poder de los extraterrestres. Y había que presentar a los hombres la cruz para que entendieran cómo todo se resuelve en el paso de la muerte. La muerte es para volver a la vida, como hizo Jesús. Es una reencarnación de la vida para llegar a la plenitud de la vida.

Todo en el mundo se resuelve con la ciencia y con la filosofía mundana. Y hacia eso va el cambio de la Sagrada Escritura. Hay que dar la imagen que tiene el mundo de la vida del hombre y del universo.

Esa es la tarea que se han puesto los sacerdotes y los Obispos de la nueva iglesia en Roma. Cambiar las Escrituras, porque con las que tenemos no hay forma de andar hacia el mundo. No hay manera. Es un impedimento para la felicidad Cristo y sus Evangelios.

Hay que dar a la Iglesia el teatro del mundo, el baile del mundo, la fiesta del mundo. Eso es el fin de la nueva iglesia en Roma. No tiene un fin divino. Es imposible. Se dedican a conseguir plata para los pobres del mundo. Se dedican a pedir dinero a la gente para así llenar sus bolsillos de dinero. Se dedican a hacer sufrir a los fieles y sacerdotes que quieren seguir a Cristo en Su Espíritu.

La nueva iglesia en Roma sólo se basa en la idea de los hombres. Y si no estás de acuerdo a esas ideas, eres un soberbio, un rebelde y un renegado.

Roma es sólo para seguir el pensamiento de un hombre. Para eso es Roma. Ya Roma no da la Mente de Cristo. No puede darla.

Benedicto XVI renunció a Cristo, renunció a ser la Voz de Cristo en la Iglesia, renunció a dar la Verdad en la Iglesia, renunció a llevar a la Iglesia hacia la Plenitud de la Verdad en el Espíritu. Y sólo queda el vacío de los hombres, de sus ideas, de sus pensamientos, de sus filosofías de la vida, de sus estupideces mentales. Porque todo en Roma se ha convertido en una soberana idiotez fruto del pensamiento necio de unos cuantos.

Unos cuantos hombres lo deciden todo en Roma. Unos cuantos hombres sin rostro y sin nombre. Los demás son el juguete de esos hombres. Los demás son la fantasía de esos hombres, son la imaginación de esos hombres, son la estupidez de esos hombres. Lo que esos hombres quieren que se haga los demás lo hacen, aunque para ello les toque salir vestidos de payasos ante la Iglesia y el mundo, como lo hizo Francisco: el payaso de esos hombres.

Roma es sólo la cima de la masonería. Ahí se ha instalado el gobierno central de la masonería. Y, una vez dentro de la Iglesia, la Iglesia tiene sus días contados para dejar de ser Iglesia. Días contados. Y se pueden contar con los dedos de una mano.

No hay en la Iglesia, en esto momentos, refugio para nadie, camino para nadie, puerta para nadie, amor para nadie, verdad para nadie.

Ahora, en Roma, lo único que hay es odio para toda la Iglesia y amor para todo el mundo.

Es lo que se desprende de las declaraciones de Francisco.

Es lo que se observa en la Jerarquía de toda la Iglesia.

Es lo que obran los fieles de la Iglesia.

Se ama el mundo, se desprecia la Iglesia. Se ama la mentira, se odia la Verdad. Se ama el error, se renuncia al perdón y a la misericordia divina.

Roma cree que con hablar de que Dios es amor y misericordia todo el mundo se pone contento. Roma cree que con tal de hacer esfuerzos para lo humano en la Iglesia ya se hace la Voluntad de Dios y todos van a hacer eso. Roma cree que con abrazar a los herejes del mundo y llamarlos hermanos, todos los hombres haremos lo mismo.

Roma se ha vuelto estúpida. Porque quiere abrirse al mundo antes de tiempo. Quiere dar al mundo la impresión de que en la Iglesia ya toda ha cambiado.

Y la Iglesia ahora está despertando de un sueño y no va a cambiar porque Roma lo diga.

Roma se va a enfrentar a la propia Iglesia dentro de muy poco. Y ese enfrentamiento va a dar lugar a muchas habladurías en el mundo. Y eso Roma no lo quiere porque quiere dar un gusto al mundo, quiere hacer entender a los mundanos de que todo va bien en la Iglesia. Y todo va mal en la Iglesia.

Por eso, la apertura de Francisco al mundo es el gran error de Francisco como gobernante. Eso se hace cuando en la Iglesia se ha acabado con los dogmas. Eso no se hace ahora. Este es el gran error de Roma y los suyos. Por eso, tiene que venir el enfrentamiento con Roma.

La Iglesia se enfrenta a la Jerarquía en Roma. Eso se va a ver dentro de poco. Porque hay que salir de Roma dando un portazo a Roma, para que aprendan a ser Iglesia y a hacer Iglesia.

Nadie puede cambiar la Sagrada Escritura. Nadie. Quien se atreva a quitarle una sola Palabra, queda condenado. Porque una sola Palabra salva al alma que cree. Y si esa Palabra que se quita no está, esa alma no se salva. Y quien la quitó tampoco se salva.

Es muy serio jugar con la Sagrada Escritura como hoy hacen los sacerdotes y Obispos en Roma.

Es ponerse bajo la Justicia Divina en sus cabezas.

Por eso, la maldición está ya sobre Roma. Y la bendición fuera de Roma. Elijan dónde quieren estar, dónde quieren vivir, con quién quieren pasar el resto de la eternidad: o con el demonio en Roma o con Dios fuera de Roma.

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