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La mentira se acerca para toda la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

“Maldita serás entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu pecho y comerás el polvo todo el tiempo de tu vida. Pongo enemistad entre ti y la Mujer, entre tu linaje y el Suyo; Éste te aplastará la cabeza mientras tú le acechas el calcañar… Por ti será maldita toda la tierra.” (Gn 3, 14.17).

pecadocontraelespiritu

La maldición divina sobre el demonio repercute sobre el mundo y sobre el hombre. Y todo queda bajo el dominio del demonio en esa maldición.

Por eso, el jefe del mundo, su príncipe, es el demonio.

Y la maldición divina sobre el hombre que peca incide sobre toda su vida, no sólo material y humana, sino espiritual. Y, por eso, la muerte que tiene que pasar el hombre es una maldición en su vida humana.

Jesús quitó la maldición divina sobre el hombre, pero no sobre el demonio, porque Jesús viene a salvar al hombre no al demonio. Viene a liberar al hombre de las garras del demonio.

Por eso, la Iglesia es una bendición de Dios para el hombre. Las gracias, los sacramentos, todos sus tesoros espirituales y celestiales son bendición de Dios.

Pero el hombre, en la Iglesia, se encuentra en la misma situación que en el Paraíso: está sujeto al pecado, como Adán y Eva, que lo tenían todo, pero no tenían la inmunidad para no pecar.

En la Iglesia se está como en el Paraíso: la gracia de los sacramentos, la vida divina que da esa gracia, no da la inmunidad para no pecar, no somos inmaculados. Sólo la Virgen María, como criatura humana, tiene ese don de ser Inmaculada. No podía pecar por más que el demonio la tentara. Y la Virgen sufrió, en su vida humana, grandes persecuciones del demonio. Pero nunca cayó en ninguna de ellas. Nunca hizo como Eva: oír al demonio y seguir la mentira que le ponía el demonio.

Los sacerdotes, los Obispos, los fieles todos en la Iglesia estamos sujetos al pecado. Y podemos caer en cualquier momento, porque Dios no da la gracia para no pecar sino sólo cuando Él lo quiere y al alma que Él lo quiere. Esa una gracia gratis que nadie puede merecer en su vida humana.

Y, por tanto, en la Iglesia se da esa contradicción de tener sacerdotes y Obispos que tratan las cosas divinas y cometen, al mismo tiempo, el pecado.

Como no son fieles a la gracia que han recibido en el Sacramento del orden, entonces, han habido Papas, sacerdotes, Obispos, fieles que eran auténticos demonios disfrazados de corderos y de gente buena en la Iglesia.

Esto siempre ha sido así desde que Jesús fundó su Iglesia: el primer sacerdote y Obispo pecador y demonio fue Judas. Y como Judas muchos en la Iglesia en 20 siglos.

Esto no tiene que sorprender ni escandalizar a nadie, porque es una realidad en la historia de la Iglesia.

Lo que tiene que sorprender a la Iglesia es lo que está pasando actualmente. Y de esto nadie se escandaliza. Y es lo más grave de todo.

El demonio usa tres tácticas para alcanzar su objetivo en todas las cosas donde mete su pata:

a. el engaño: el demonio seduce antes de poner su mentira. Esa seducción es la tentación al alma. Tentación que se reviste de muchas cosas que el demonio pone. No hay una tentación igual en las almas. El demonio tiene muchas artes para seducir y muchos caminos para llevar al alma hacia donde él quiere.

En el engaño, todavía el alma no ha caído en el pecado, pero está en vías de caer. Si el alma no se aparta de la tentación, el alma siempre cae en ella, aunque el demonio descanse por momentos y no ataque al alma. El descanso del demonio no significa que ya no hay tentación. La tentación finaliza cuando se la vence, no cuando el demonio deja de atacar. Y hay muchas almas que no saben discernir las tentaciones y creen que el demonio se fue, y no, no se fue, sino que viene con algo más grande, y el alma perece en el pecado.

El demonio es muy hábil y nunca insiste con una tentación, sino que da muchas vueltas buscando por dónde entrar en el castillo del alma. El alma tiene que estar muy vigilante en todo, porque cuando menos se lo espera, viene la fuerza del demonio y la hace caer.

Por eso, hoy las almas caen con gran facilidad en el pecado, porque no viven atentas a lo que el demonio va haciendo en toda su vida: en lo natural, en lo carnal, en lo humano, en lo material, en lo espiritual. Se dejan llevar por muchos pensamientos, muchos sentimientos, por muchas obras, que pueden ser buenos, pero que los pone el demonio para hacer caer al alma en el pecado.

En la Iglesia, durante ocho meses el demonio ha trabajado en el engaño de muchas maneras. Una continua tentación del demonio, no sólo a través de Francisco, sino a través de toda la Jerarquía de la Iglesia que se une a Francisco, de muchos fieles que aplauden a Francisco, y de todos los medios de comunicación social que se han embobado con Francisco y los suyos, y que no han sabido atacarlos como conviene.

Nadie ha enfrentado al demonio en ellos, en la tentación que ellos han dado a la Iglesia, en la seducción, a través de las palabras y de las obras, que han dado a la Iglesia. Y quien no ataca la tentación, cae en el pecado.

El demonio ha seducido a la Iglesia durante ocho meses de muchas maneras. Pero el demonio no se queda sólo en la seducción, sino que tiene que pasar al otro estado para que el alma caiga en el pecado y viva de ese pecado.

b. la mentira: Una vez que el alma gusta de la seducción, queda embobada por la seducción, por sus sentimientos que atraen al alma hacia la maldad, el alma queda cogida en el pecado, es decir, el alma acepta la mentira de la seducción y cae en el pecado.

Cuando el alma acepta en su corazón esa mentira, entonces se pone a obrar el pecado.

Quien en estos ochos meses no haya enfrentado a Francisco y a los suyos para no quedar cogido en la seducción, en el engaño, va quedar cogido en el pecado de la mentira que el demonio ahora va a hacer en la Iglesia.

Porque el demonio seduce para un pecado, para una mentira, para una obra de mentira. El demonio no trabaja gratis para jugar con el alma. El demonio se esfuerza seduciendo al alma para que siga la mentira que él quiere.

Y el demonio en la Iglesia ha trabajado en estos ochos meses para que las almas sigan una cabeza que miente, que da la falsedad, que engaña, que vive el error en todo momento, que pone el pecado como algo bueno en la Iglesia. Y ese trabajo es para coger a la Iglesia en una mentira, en un pecado.

¿Cuál es esa mentira? ¿Cuál es ese pecado? El fruto de anular el Papado.

El gobierno horizontal no está para ayudar al Papa en la Iglesia, sino para poner cabezas que gobiernen la Iglesia. Eso lo saben todos. Eso es lo que en el mundo se hace: quien gobierna una empresa es aquel que pertenece al Consejo de esa empresa, al Consejo que dirige esa empresa. Del Consejo sale el gobernante siempre.

El gobierno horizontal es para poner cabezas en la Iglesia sin pasar por un Cónclave. Ya los cardenales no van a tener que reunirse, encerrarse para elegir a un Papa.

Poner un gobierno horizontal en la Iglesia fue la obra de Francisco. Es lo que le pidió el demonio a Francisco. Y no le pidió otra cosa porque Francisco no sabe gobernar nada. Es un soplamocos que se dedica sólo a entretener a la gente, a la masa del pueblo.

El demonio tiene que hacer su jugada maestra y poner una cabeza distinta a Francisco en la Iglesia para seguir su obra maldita en la Iglesia. Porque el demonio no sólo seduce al alma, sino que la obliga a vivir en el pecado.

Ahora el demonio tiene que obligar a toda la Iglesia a vivir en el pecado que él quiere. Que la Iglesia siga a una cabeza intelectual en Ella.

Francisco no es intelectual. Francisco es un vividor. Pero Francisco no tiene le fuerza en la Iglesia para hacer que todos vivan lo que él vive. Sólo un intelectual tiene esa fuerza.

El demonio conoce muy bien lo que es el hombre. El hombre es su razón. Y el hombre vive para su razón. Y si ve un pensamiento bueno que le gusta va tras ello.

Por eso, el demonio, como conoce cómo está la Iglesia, que no tiene fe, que vive de razones, que vive buscando una idea en la vida para ser feliz, entonces hace caer a la Iglesia en esta mentira: que sigan una cabeza que hable a la mente del hombre, que es lo que no puede hacer Francisco, porque sólo habla al sentimiento del hombre, pero no a su mente.

A Francisco ningún intelectual lo sigue. Sólo los intelectuales que viven lo mismo que él lo siguen, porque ya han asimilado esa filosofía de la vida que llevan.

Pero pregunten a cualquier judío, a cualquier protestante, a cualquier persona del mundo intelectual, que no se deje engañar por cualquier razón, y les dirá que lo que dice Francisco es un fraude, no vale para nada. Porque Francisco no da ideas al hombre, sino sólo sentimientos, que son muy bonitos pero que no sirven en la práctica para vivir en la Iglesia, porque en la Iglesia hay muchas normas que impiden vivir esos sentimientos como lo hace Francisco.

A Francisco le interesa poco la fe católica. Él vive los suyo. Y punto. Pero él no es capaz de hacer que otro viva lo que él vive, porque para eso, es necesario una inteligencia, un camino intelectual diferente a la doctrina de Cristo que está en la Iglesia.

Por eso, hace falta una cabeza que cambie todo en la Iglesia, que dé unas nuevas normas a toda la Iglesia para vivir lo que ya viven muchos sacerdotes y Obispos como Francisco en la Iglesia.

Por eso, viene la maldición en la Iglesia con una nueva cabeza que debe salir del gobierno horizontal. Un cabeza a la que tiene que someterse la Iglesia si quiere estar dentro de las estructuras de Roma. Y, por eso, el momento para salir de Roma no va a ser que quiten la Eucaristía, sino que ponga otra cabeza.

Ese es el momento para renunciar a todo en la Iglesia. En ese momento muchos van a abrir sus ojos, pero será tarde porque no han batallado contra Francisco en estos ocho meses en que el demonio ha tentado a toda la Iglesia, la ha seducido brillantemente. Y, después, les va a resultar difícil la salida, por el mido que va a imponer esa cabeza a toda la Iglesia con sus anatemas.

Los hombres tienen miedo a las leyes de la Iglesia. Tienen miedo a las bocas humanas de la Iglesia. Pero no temen a Dios. y, por eso, muchos van a ser cogidos en la maldición que viene ya a la Iglesia.

c. la lujuria: Una vez que el demonio ha conseguido poner un camino al alma en el pecado, entonces el alma vive para su pecado, para su lujuria, no sólo carnal sino espiritual, que es lo que vemos desde hace 50 años en la Iglesia: una Iglesia lujuriosa, acomodada a toda su vida humana que no le interesa la vida divina que Dios ofrece en la Iglesia.

La nueva cabeza en la Iglesia será para acabar de finiquitar con la Eucaristía y con todos los sacramentos y toda fe católica, y poner lo nuevo. Eso nuevo es la lujuria de la vida que los que sigan en Roma obrarán en todo.

Por eso, Roma ya es la gran ramera que fornica con todo el mundo para llegar a poner en práctica el pecado en la Iglesia.

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4 comentarios

  1. Raul Patiño dice:

    Gracias por la aclaración. Lo veía en ese sentido pero valdría la pena haber puesto que a Luzbel Dios lo creo para ser luz, pero se convirtió en Lucifer porque faltó al designio divino.
    Gracias de nuevo.

  2. Raul Patiño dice:

    En la iglesia el demonio viene trabajando desde su inicio, pero en los últimos 50 años ha desatado una ofensiva final que está viendo sus frutos en los últimos ocho meses.
    Quien permanece siguiendo a Francisco ha caído ya en las garras de la religión del anticristo por cuanto no se ha percatado de la mentira dicha desde su cabeza y de los cambios del culto. La finalidad de la religión católica es Dios, no el hombre, por tanto quien está en la religión del hombre ha dejado de adorar a Dios.
    Hoy Francisco sugería que cuando Jesús habló de los signos de los tiempos lo hacía para que a los hombres no les diera miedo de los terremotos y las calamidades, y los medios de comunicación supuestamente católicos lo reproducen admirados. Ha dicho en el Vaticano: “el Señor también nos ayuda a no tener miedo: frente a las guerras, a las revoluciones, pero también a las calamidades naturales, a las epidemias, Jesús nos libera del fatalismo y de las falsas visiones apocalípticas.”
    Ahora la recomendación de Nuestro Señor Jesucristo, para Francisco, es simplemente una alerta temprana frente a las calamidades del mundo y no las del alma, frente a la naturaleza y no frente a la espiritualidad.
    También ha demeritado el apocalipsis dejándolo como algo de fanáticos.
    Quien no ve esto y sigue allí, está atrapado por el demonio.

  3. Raul Patiño dice:

    Antes de leer quisiera pedirles el favor que revisen el texto en imagen, al principio, donde dice: “Al demonio, Dios lo eligió para ser Luz…”

    • josephmaryam dice:

      Es correcto, porque la creación de Lucifer, del ángel que pecó fue para ser Luz de Dios. Por el pecado del Ángel se convirtió en tiniebla, en oscuridad sin posiblidad de ser Luz. Lucifer es el que porta la Luz. Pero dejó se ser Lucifer y ahora porta la luz del demonio. Son luces distintas. Por creación, Lucifer es Luz Divina. Por el pecado, Lucifer se convierte en luz demoniáca, que no posee ninguna luz de Dios, sino que sólo procede esa luz de la inteligencia del demonio al separarse del Espíritu de la Verdad.
      Que nadie se escandalice en eso: porque Dios crea a los ángeles para un fin divino. Y los crea libres. Dios creó a un Ángel para ser Luz de Dios, para portar la Luz de Dios. Todo lo que Dios crea es bueno. Pero el demonio cometió el pecado contra el Espíritu Santo y, por tanto, no puede convertirse por su pecado, por la razón de su pecado. Es el pecado de un espípirtu, diferente al pecado de un hombre.

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