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La ley divina se destruye en la Iglesia

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La Verdad produce en el alma la libertad del Espíritu.

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Esta libertad significa obrar sólo lo que el Espíritu quiere, sin atender a razones humanas.

La mente del hombre esclaviza al hombre en su vida. El hombre sólo sabe moverse según sus ideas humanas. Y, de esta manera, sus caminos son sin salida, sin esperanza, buscando siempre una idea para vivir, pero nunca busca la verdad que libera de toda idea para vivir.

El gran pecado de muchos sacerdotes y Obispos desde hace 50 años es disfrazar el mal como algo bueno.

Ese disfraz produce la esclavitud a una mentira que se tiene como buena, como verdad.

Así, por ejemplo, la comunión en la mano. Una mentira, pero disfrazada como cosa buena, que produce dos cosas en el alma:

a. no dar culto a Dios, porque comete un pecado de sacrilegio.

b. no hacer en la Iglesia la adoración a Dios.

Dos pecados distintos en cada comunión en la mano.

Pero, como esta práctica se ha hecho tan común, entonces nadie cae en la cuenta de este pecado, porque todos ya lo ven sin pecado. Nadie ve estos dos pecados en la comunión en la mano. Nadie los entiende, porque ha sido introducida como una verdad.

Esto es la gravedad en la Iglesia en 50 años.

Celebrar la Misa cara el pueblo, por ejemplo, supone varios pecados:

a. pecado de irreverencia a Dios: porque se le da la espalda y el sacerdote mira la pueblo, cuando sólo tiene que mirar a Dios en ese acto de Redención que es la Santa Misa.

b. pecado de sacrilegio contra Dios: porque no se le da la adoración en la Misa por estar de cara al pueblo. La Misa no es algo para la comunidad, para el pueblo. La Misa es una obra sólo para Dios. Es un acto divino que se ofrece sólo a Dios, no al pueblo. El pueblo tiene que adorar a Dios en ese acto divino, no estar de espectador.

c. pecado de irreverencia en la Iglesia: no se adora en la Iglesia en Espíritu y en Verdad, porque la Misa se ha convertido en un tiempo para estar hablando o haciendo algo, pero no en un tiempo para orar. Toda la Misa es una continua oración. Y las Misas de hoy son un continuo diálogo entre el sacerdote y el pueblo. Se cae toda la fe en la Palabra de Dios en la Sta. Misa.

Hoy nadie atiende a los gravísimos pecados que se cometen en cada Sta. Misa celebrada según el rito moderno, implantado por la nueva liturgia que salió del Vaticano II.

Y son pecados reales, que Dios cuenta y Dios juzga en cada sacerdote y en cada fiel.

Por eso, para poder celebrar sin pecado, hoy día, el sacerdote y los fieles, tienen que purificar su intención de adorar a Dios en la Misa, aunque se haga con los ritos que suponen un pecado real en el sacerdote y en los fieles.

Purificar la intención significa que, como en la Iglesia se está en obediencia a unas normas puestas por la Jerarquía, a las cuales hay que someterse, no porque sean buenas o malas, sino porque lo quiere Dios, entonces, de esta manera, se purifica en la obediencia la Misa y así no se cae en el pecado real en la Santa Misa.

Y, después, el sacerdote, tiene que dar a los fieles la verdad de la Santa Misa. Es decir, si el sacerdote puede impedir que se dé la comunión en la mano, lo tiene que hacer, porque la Verdad es la Verdad. Y si por obediencia a una norma eclesiástica se obra una mentira, por obediencia a Dios se tiene que hacer el esfuerzo por obrar la Verdad. Porque las normas eclesiásticas no quitan la obediencia a Dios.

Muchos yerran en este punto. Sólo obedecen a las leyes de la Iglesia y no atienden a la ley divina en la Iglesia. Son dos cosas totalmente diferentes.

Por eso, hay que obedecer a las dos, al mismo tiempo, aunque resulte un choque en la práctica, porque hay leyes eclesiásticas, como la comunión en la mano, que se oponen a la ley de Dios. Y hay que obrar las dos. Y esto es un enfrentamiento real.

Por eso, cuando hay estas leyes que se contradicen, el sacerdote tiene que ser prudente y avispado.

Porque hay que dar la Verdad. Y la verdad, en el caso de la comunión en la mano, es que no se puede dar la comunión en la mano. Pero hay una norma. Pero esa norma no obliga a dar la comunión en la mano. Y, por tanto, deja libre al sacerdote para decidir qué hay que hacer en ese momento. Si la norma obligara, entonces hay que oponerse a la comunión en la mano.

En el caso de celebrar la Misa de cara al pueblo, no se puede hacer nada, a menos que el altar esté de tal manera puesto que el sacerdote pueda celebrar la Santa Misa como corresponde.

Hay muchas cosas en la Iglesia de hoy que no sirven para dar la Verdad, sino que provocan una división en la Iglesia.

Se enfrentan la ley divina y la ley eclesiástica. Cuando la ley eclesiástica se impone, como algo en contra de la ley divina, entonces no hay que obedecerla.

Pero cuando esta ley eclesiástica no se impone, sino que se deja al criterio del sacerdote, entonces es mejor obrar la ley divina, aunque a la gente no le guste.

Hay que sea astutos como serpientes en la cuestión de las leyes o norma litúrgicas en la Iglesia, porque hay cantidad de normas litúrgicas que destruyen la santidad de la Misa.

La Verdad se tapa hoy de muchas maneras. Muchísimas. Y llega el tiempo en que hay que salir de Roma porque se va a imponer la mentira. Y ya claramente. Y la mentira es lo que destruye el alma de los hijos de Dios.

Se va a imponer en la Iglesia la calumnia y la falsedad contra todo lo sagrado, todo lo divino. Y así se van a apartar a muchos sacerdotes que no quieren la mentira para servir a Dios.

Vienen días en que se va a publicar documentos eclesiásticos en que sólo se da la mentira a la Iglesia, queriendo dar razones para cambiar toda la estructura de la Iglesia, de los Sacramentos, del Dogma. Razones humanas, puestas con la bandeja de la Palabra de Dios, utilizando fragmentos de la Escritura para imponer una mentira, que es lo que hace Francisco en cada homilía.

Eso mismo que hace Francisco, disfrazar la mentira, así se va a comenzar a hacer muy pronto en toda la Iglesia, desde el gobierno horizontal.

Porque es la única forma de cambiar la Iglesia: a base de documentos oficiales, para que todos obedezcan la ley de la Iglesia, sin obedecer la Ley de Dios.

Gran engaño están muchos en la Iglesia pidiendo leyes para gobernar la Iglesia. Porque en la Iglesia sólo tiene que existir la Ley de Dios. Y, después, son las normas que hay que poner, pero de acuerdo a esa ley divina.

Como a los hombres les gusta tanto poner leyes y leyes sin vivir la ley divina, por eso, acaban destrozando todo lo divino y todo lo santo en la Iglesia con sus leyes, que es lo que ha pasado en 50 años de Vaticano II.

Comienza el camino para salir de Roma, porque ahora todo viene con imposición, sin dejar libertad para obrar lo divino en la Iglesia.

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1 comentario

  1. José M dice:

    Lumen Mariae toca un aspecto fundamental: Ley Divina, versus Ley eclesiástica. Es la misma dicotomía que se presenta cuando hablamos de Derecho Natural versus Derecho Positivo. Al igual que la Ley Natural actúa de freno contra los abusos del positivismo (la mayor tiranía, aunque sea democrática, que puede haber), pues a los ojos del Derecho Natural la ley positiva, para ser válida y obligar en conciencia, no puede contradecir los elementos inmutables del Derecho Natural, la Ley Divina actúa de freno frente a los abusos de la Ley eclesiástica (por ejemplo excomulgar a todo aquel que no acepte las herejías que se están dando en la Iglesia).

    Al igual que la Ley Natural en la sociedad, la Ley Divina en la Iglesia actúa como garante de la auténtica libertad: La libertad supeditada a la verdad inmutable. Si nos dejamos arrastrar por el positivismo, ya sea civil o religioso, seremos abocados a una auténtica tiranía.

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