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Tiempos para discernir

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Dios crea el Universo en seis días y en el séptimo descansa (cf. Gn 2, 2). Son siete días en Dios, siete tiempos, siete años, siete siglos, siete milenios.

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Y Dios señala al hombre la forma de contar el tiempo: “Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años…El año cincuenta será para vosotros jubileo” (Lv 25, 8.11).

Por tanto, Dios cuenta los tiempos de esta manera. Y también el demonio, porque el demonio va detrás de Dios.

Y, entonces, los hombres tenemos fechas importantes para discernir los Tiempos que vivimos.

La Virgen, en la Salette, dice que en el año 1864 Lucifer fue soltado del infierno.

Este es dato es muy importante, porque se trata de soltar al jefe de los demonio, que es Lucifer, que representa el orgullo, el que se pone por encima de Dios.

Así que Lucifer fue soltado en ese año y empezó su obra en la Iglesia y en el mundo. Y ¿cuánto tiempo estuvo obrando? 49 años y un año de maldición en el mundo y en la Iglesia.

Sumando 1864 y 49 años, nos dan el año 1913 y el 1914 como maldición del demonio.

Sólo es ver lo que pasó en la Iglesia y en el mundo en esos años y se comprobará la obra de Lucifer, que es la obra del orgullo.

La maldición de Lucifer al mundo y a la Iglesia fue la primera guerra mundial, de la que nació Rusia comunista, fruto de las herejía de Marx en 1864, cuando fundó su filosofía marxista en la asociación internacional de los trabajadores. Y durante esos años, en el mundo y en la Iglesia Napoleón quería ponerse como Rey y Emperador, que es el signo de Lucifer. Dios puso en Su Iglesia dos Papas para contrarrestar esta obra de Lucifer: Pio IX y San Pío X, que macharon la cabeza de Lucifer.

Pero a Lucifer le sigue, en esa obra, Satanás. Son demonios distintos, pero unidos en la cabeza del infierno. Lucifer representa el orgullo; Satanás representa la soberbia. Acaba uno con su obra y su maldción y comienza otro con su obra y con su maldición.

De 1914 hay que contar, de nuevo, 49 años más uno de maldición. Y eso nos da los años 1963 y 1964. En el 1963 se produce el Concilio Vaticano II, no querido por Dios, sino sólo por los hombres soberbios de la Jerarquía Eclesiástica, los cuales fueron guiados por Satanás en sus inteligencias humanas. Es la obra de la soberbia del demonio en el hombre. No es la obra del orgullo. Lucifer, en ese tiempo dado a Satanás, sigue obrando, pero de otra manera, poniendo guerras, revoluciones, independencias, propias de su orgullo en todo el mundo. Y, por eso, puso a Hitler, que es lo mismo que Napoleón en su orgullo.

Pero la obra de Satanás es en la mente, sobre todo, de la Jerarquía Eclesiástica y de Rusia comunista, en sus jefes políticos.

Y en el 1964 se da la maldición de Satanás en la Iglesia: las reformas litúrgicas que llevan a la Iglesia a alimentarse de toda la doctrina comunista, con la teología de la liberación. Se da el marxismo en la Iglesia, metido en toda la Iglesia, en todos sus sacerdotes y Obispos.

De 1964 hay que contar, igualmente, otros 49 años y un año de maldición. Y eso da los años 2013 y 2014.

En estos años ha trabajado en el mundo y en la Iglesia, Belcebú, que representa la lujuria, tanto espiritual como carnal, material, de la vida.

Lucifer y Satanás han seguido trabajando con guerras y con filosofías extrañas a la doctrina católica, pero lo que se ha impuesto es la lujuria de Belcebú en toda la Iglesia y en el mundo: es decir, las almas viven acomodadas a todo lo humano, a todo lo carnal, a todo lo natural, a todo lo profano, dejando en sus vidas a un lado lo sagrado, lo divino, lo santo, lo celestial.

Eso se ve claramente mirando cómo está el mundo y la Iglesia. Y eso ha dado lugar a que el Espíritu de la Iglesia se vaya de la Iglesia en Roma.

El 2 de abril del 2005 es una fecha clave para todos. En la muerte de Juan Pablo II se da la muerte de la Verdad en la Iglesia. Ahí comienza el Calvario para la Iglesia.

Juan Pablo II acabó con el comunismo. Y el comunismo tuvo que disfrazarse de otra manera para seguir combatiendo a la Iglesia. Por eso, dice el Apocalipsis: “Y vi una de sus cabezas como herida mortalmente, y su herida de muerte había sido curada” (Ap 13, 3).

Juan Pablo II hirió al Dragón, pero no lo mató, porque en Dios son sólo heridas espirituales, no mortales. El demonio no muere, pero sigue en su pecado. Lo mismo el Dragón Rojo: no muere, pero se transforma en otra cosa.

El 19 de abril del 2005 se da en la Iglesia la elección del último Papa. Y es el último por la renuncia que hizo este Papa el 11 de febrero del 2013.

En esta fecha se produce, en la renuncia, la huida del Espíritu de la Iglesia en Roma. La Iglesia en Roma se queda sin Espíritu porque la Iglesia en Roma se queda sin Papa. Y la Iglesia sólo se funda en el Papa. Por eso, la renuncia de Benedicto XVI es muy grave en la Iglesia. La Iglesia en Roma es sólo un cadáver en descomposición. El Espíritu de la Iglesia está fuera de Roma, haciendo la Iglesia verdadera, pero no en Roma, sino en los corazones que disciernen los Signos de los Tiempos. Por eso, hay que salir de Roma para encontrar al Espíritu de la Iglesia y para caminar con la Iglesia, ya fuera de Roma.

Pero aunque el Espíritu de la Iglesia huyó de Roma, Dios sabe esperar a las almas, porque entiende cómo son las almas, que le cuesta discernir los espíritus, discernir los tiempos, discernir las obras de los hombres en la Iglesia.

El 12 de marzo del 2013 se da la elección del demonio en la Iglesia, es decir, comienza en la Iglesia los nuevos jefes de la Iglesia puestos por los hombres, no por Dios. Obispos que se hacen llamar Papas sin serlo.

Y el 13 de marzo del 2013, con la elección de Francisco se da la imposición de la mente del demonio en toda la Iglesia.

Y las almas tiene que discernir todo esto para una cosa: salir de Roma, porque ya no hay Espíritu en Roma. Y se sale de Roma según los hombres en Roma vayan decidiendo, porque así Dios va mostrando su luz a las almas, ya que las almas son humanas y se rigen por las cosas humanas.

Y, por tanto, el 13 de abril del 2013 es una fecha clave para discernir lo que pasa en la Iglesia. Francisco anuncia el gobierno horizontal. En ese momento se da la anulación del Papado, aunque todavía no se obra hasta el 28 de septiembre de 2013, en que hay un documento escrito por el anticristo, documento humano. Y ese documento es un señal de Dios para toda la Iglesia de que ya no existe el Papado en la Iglesia. No está Pedro. Y si no está Pedro no hay Iglesia.

Pero a las almas les cuesta esta verdad. Y, por eso, Dios sigue teniendo paciencia y dando luz a las almas para que salgan de Roma y busquen el Espíritu de la Iglesia, para seguir siendo Iglesia.

Muchos esperan la anulación de la Eucaristía para salir. Y esperan bien porque todavía no ven con claridad qué pasa en Roma. Pero quien vea, no tiene que esperar a otro documento para dejar de mirar a Roma.

Y el año 2014 es la maldición de Belcebú, es decir, en ese año, que ya está a las puertas, se da la nueva iglesia en Roma para un fin: crear la Iglesia del Anticristo.

Estamos muy cerca de muchas realidades proféticas. Y los hombres de la Iglesia viven como si nada pasara, como si el tiempo fuera el de antes.

No se cree que estamos en el tiempo del Apocalipsis, de los últimos Tiempos. Nadie cree, porque todos viven para sus vidas humanas y para sus obras humanas, pero nadie vive para la Palabra de Dios, para la Obra de Dios ni en su vida ni en la Iglesia.

Disciernan los tiempos y elijan aquello que más les conviene para su vida, porque ahora no hay camino para nadie ni en el mundo ni en la Iglesia.

Una vez que las almas salgan de Roma, el Espíritu de la Iglesia marcará el camino de la Iglesia.

Ahora Dios espera a las almas a que se decidan: Roma o el Espíritu de la Iglesia. Y da su tiempo para discernir, pero es un tiempo corto. Muchos se perderán por estar viviendo para el mundo y para todo lo humano.


1 comentario

  1. José M dice:

    Si son siete milenios, la Segunda Venida está “ad portas”. 4000 años desde Adán y Eva hasta nuestro Señor Jesucristo. 2000 años de “era cristiana” y 1000 años del milenio. Como el milenio, si lo entiendo bien, se origina TRAS la Segunda venida espiritual de Jesús, quiere decir que dicha Segunda Venida está más cerca de lo que creemos. Como se diría en jerga futbolística: “estamos en tiempo de descuento”.

    Adveniat Regnun Tuum

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