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Francisco por encima de Dios

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Francisco se ha puesto por encima de Dios en la Iglesia: “todos somos hijos de Dios: ¡Todos, todo el mundo!” (24 de mayo).

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Esta frase viene porque se entiende que el Bautismo es reconocido por todas las iglesias y, por tanto, todos estamos bautizados y somos hijos de Dios.

Así Francisco cae en su orgullo. Quiere que todo el mundo sea hijo de Dios. Y no es posible esto, porque Jesús redimió a los hombres en la Cruz, pero no todos quieren salvarse.

Esta es una verdad de fe. Esta es la fe católica.

Y esto es lo que enseña Francisco: “El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. ¡A todos! ‘Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos!” (24 de mayo). Francisco calla lo importante: los ateos no son redimidos por Jesús porque no creen en Dios. Y si no creen, entonces no son hijos de Dios. Y si no son hijos de Dios, los ateos se condenan al infierno por su propia culpa. Esto es lo que nunca va a enseñar Francisco.

Este es el pensamiento del hombre orgulloso. Así piensa Lucifer. Así piensa Francisco.

Es un bien ser ateo porque también los ateos hacen el bien: “¡Hemos sido creados hijos a imagen de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos! Y todos tenemos el deber de hacer el bien” (24 de mayo).

El ateo ha sido creado por Dios y ha sido hecho hijo de Dios. Aquí Francisco está negando el pecado original, que impide ser hijo de Dios. Él lo enfatiza: ”Hemos sido creados hijos a imagen de Dios”. No. Hemos sido creados por Dios, pero hemos nacido en pecado.

Esta enseñanza la omite Francisco. Es lo propio de un hombre que se ha puesto por encima de Dios, por encima de la Verdad, por encima de la Palabra de Dios: ocultar la verdad, ocultar lo divino, ocultar lo sagrado.

Francisco miente cuando predica. Dice lo que le conviene predicar para dar gusto a todo el mundo. Esa es la señal del orgulloso, que se quiere atraer la atención de todos, porque se siente muy importante ante todos. Se siente que todos lo miran y todos esperan un palabra cariñosa para ellos.

Esto es Francisco. Así obra su teatro en la Iglesia. Así emboba a la gente.

Para él la Iglesia es una empresa: “que nos encontremos en esta obra, que es una obra de la creación, que se asemeja a la creación del Padre. Una empresa familiar, porque todos somos hijos de Dios: ¡Todos, todo el mundo! ¡Y Dios nos ama a todos!” (24 de mayo).

La Iglesia es una obra de la creación porque engloba a todos los hombres creados por Dios. Y, por tanto, la Iglesia se asemeja a la Creación del Universo por Dios. Dios lo creó todo y eso hace que la Creación rule por la Voluntad de Dios.

Y Francisco niega aquí la Creación de Dios, porque no mete al demonio en esta creación que es el que ha roto la armonía en la obra de la creación de Dios. Y si la obra de Dios en la Creación está dividida por la presencia del Maligno, entonces la Tierra está dividida por el mismo demonio, y eso hace que la Iglesia no pueda albergar a todos los hombres, porque hay hombres en el mundo que no quieren quitar su maldito pecado.

Así piensa un orgulloso que establece la Iglesia mirando sólo el lado bueno de la Obra de la creación por Dios. Pero calla el lado malo, porque no le interesa decirlo.

Y, entonces, tiene que argumentar que la Iglesia es la empresa familiar de todos los hombres, en la que todos entran por ser hijos de Dios. Pero el pecado original hace a todos los hombres hijos del demonio. Pero esto no lo puede decir Francisco porque no cree en el pecado original.

En la empresa familiar de Francisco, que es su nueva iglesia “hacer el bien es un principio que une a toda la humanidad y a todas las religiones” (24 de mayo). Ya no es la Verdad el principio de unión entre los hombres, sino el hacer el bien.

Y así para el homosexual hacer el bien es estar con una persona de igual sexo; para el ateo hacer el bien es alimentar su orgullo de no tener ley divina; para el budista, hacer el bien significa remontarse en la luz del demonio para engendrar anticristos en la tierra; para los protestantes, hacer el bien es irse al cielo sin las obras de la gracia; para los musulmanes, hacer el bien consiste en idolatrarse a sí mismos, porque no creen en la Santísima Trinidad, sólo creen su dios humano y carnal; para los hombres hacer el bien es vivir humanamente, teniendo placer, sexo, dinero, trabajo, dignidad, etc.Como todos hacen el bien en sus vidas humanas, todos entran en esa empresa familiar.

Así piensa Francisco. Y esto es lo que viene a la Iglesia: un conjunto de hombres que cada uno hace su bien, como le parece, como lo entiende, según el gusto de su sexo, según el placer de su estómago, según las necesidades de sus sentimientos humanos porque “no sólo somos imagen de Dios – creados por él – sino que también todas las personas han sido redimidas por Cristo” (24 de mayo).

Todos salvados. Todos al cielo. Ya no hay que esforzarse por quitar los pecados, sino sólo por hacer el bien como cada uno lo ve en su vida. Esto es el pelagianismo puro. Esto es lo que continuamente predica Francisco en todas sus homilías que le hacen ser un orgulloso, no por su pensamiento, sino por su vida, por sus obras.

La persona orgullosa obra por su orgullo, por su personalidad, por su yo, no movido por su pensamiento. El pensamiento de Francisco es una idiotez. No hay quien se lo trague. Sólo él. Pero él vive eso por su yo, no por lo que piensa.

Por eso, Francisco habla al sentimiento humano, porque ahí está la fuerza del yo, en el empuje de su autoindependencia, que siempre necesita de un sentimiento humano para elevarse.

El que piensa la vida, impone su pensamiento. Pero el que siente la vida impone su forma de vivir a los demás. Este es el orgullo de Francisco. Él vive así, él transmite lo que vive, aunque caiga en todas las herejías del mundo. Esto es el pelagianismo puro: hacer el bien por el sentimiento de hacer el bien.

Para Francisco todos somos hermanos en la Iglesia: “Quisiera mandar un saludo a los musulmanes del mundo entero, nuestros hermanos” (10 de junio 2013).

Somos hermanos de gente que no cree en la Palabra de Dios, sino sólo en su libro humano, escrito por un hombre humano, que sólo da palabras humanas.

Pero Cristo nos ha dado Su Espíritu para ser hermanos. Y los musulmanes no tiene ese Espíritu. Y, entonces, no hay manera de ser hermanos.

Y para los musulmanes Cristo no murió en la Cruz. Luego no han sido redimidos por la sangre de Cristo. Y, entonces, ya no son hijos de Dios, según Francisco. Y si no son hijos de Dios, no son hermanos.

¿Por qué Francisco llama a los musulmanes hermanos si no lo son? Por su orgullo. Se ha puesto por encima de Dios y él dice quiénes son hermanos y quiénes no.

“En cuanto a la educación de los jóvenes musulmanes y cristianos, debemos formar nuestros jóvenes a pensar y hablar de un modo respetuoso de otras religiones y de sus seguidores, evitando ponerlos en ridículo o denigrar sus creencias y prácticas”. (10 de junio 2013)

Ya no se puede decir que los musulmanes son unos herejes y unos idólatras que sólo creen en su estómago y en su sexo. Ya esto no se puede decir porque así lo enseña Francisco. Hay que respetar las necesidades sexuales de esa gente, y si fornican con un harén de mujeres, eso es bueno y santo y sagrado. Eso dignifica a la persona humana y da respeto a la persona humana.

Francisco él mismo se engaña en todo lo que dice en la Iglesia. Él mismo mete la pata cuando habla y la seguirá metiendo hasta el final porque le importa poco que los demás lo vean así: como un hereje, como un pecador, como un idiota.

Francisco lo que quiere es muy simple: que todo el mundo se fije en él y que hable bien de él. Eso es lo único que le interesa en la Iglesia.
No le interesa ni los ateos, ni los musulmanes, ni los budistas, ni los gays, ni nadie.

Francisco se sienta en la Silla de Pedro para vivir su fiesta en la Iglesia, para pasearse por los atrios de la Iglesia y que la gente lo reconozca como el superhombre que es. Que la gente lo aplauda porque es el único hombre que se ha destacado de los demás Papas en la Iglesia, que ha hecho una revolución necesaria en la Iglesia. Y él se cree importante en la Iglesia. Y, por eso, porque Francisco se ha ensalzado en la Iglesia él mismo, se caerá de su cielo y comerá el polvo de su pecado.

No se puede seguir a un hombre que se adula a sí mismo, que se pone en la mira de todos para negar la verdad, para ocultar la verdad y así dar la mentira que vive en su vida.

Una mentira que le marca y que le condena porque no quiere quitarla, sino que la afirma día tras día, la justifica día tras día y la vive con descaro.


1 comentario

  1. Juan Pablo dice:

    Otra vez se ve protestantismo puro en los dichos aquí citados de Francisco.
    Cuando uno habla con un evangelista, te dice: “pero si Jesús ya murió por todos nosotros, ya” y a uno le resuenan las palabras de Lutero: “peca fuerte!” si total ya somos salvos.
    De éste modo no sé que sentido tiene el Antiguo Testamento con la preparación mediante los profetas a la venida del Mesías que vuelve a abrir las puertas del cielo cerradas por el pecado original. Yo no sé interpretar de otra manera el A.T.
    Después de nuevo el relativismo puro. No existe la verdad objetiva: “hacer el bien es un principio que une a toda la humanidad y a todas las religiones”. Todas las religiones tienen verdad y salvan.

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