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Los errores de Francisco

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En muchas homilías de Francisco se ve su error: el humanismo. Pero este error le lleva a muchos otros errores que los dice con sólo darlos en sus predicaciones.

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Francisco no construye un sistema filosófico o teológico, sino que da sus ideas sobre Jesús, sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre cualquier tema. Y dando esas ideas, hace de la homilía un conjunto de errores sin una unidad teológica, que abarca muchas cosas, muchas herejías al mismo tiempo.

Y, por eso, sus homilías son totalmente oscuras, sin una guía para la mente del hombre. La mente del hombre se pierde en sus homilías y sólo queda un sentimiento en ellas.

A la gente le gusta Francisco por el sentimiento que transmite, no por la idea que tiene esa homilía.

Cuando escuchan a Francisco la gente dice: qué bonito que ha hablado, pero no sabe de qué ha hablado, cuál es el tema central de la homilía.

Francisco cae, muchas veces, en el apolinarismo, en el adopcionismo, en el arrianismo.

1. El apolinarismo afirmaba que en Cristo el espíritu estaba sustituido por el Logos divino.

“¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria. Jesús tiene las llagas en las manos, en los pies, en el costado “ (28 de octubre).

Jesús es el Logos divino, no es Espíritu.

Jesús es un pensamiento divino en un cuerpo humano. Una idea divina en un cuerpo humano. Y, por tanto, Jesús no tenía naturaleza humana completa, no tenía alma humana. Jesús es un cuerpo sin alma. Su cuerpo es algo mudable y creado. Era un cuerpo humano y un cuerpo glorioso.

Pero eso cuerpo glorioso no es algo espiritual, no es un cuerpo espiritualizado, sino idealizado, iluminado, deificado. Es el logos, el Verbo, que deifica ese cuerpo y le da imagen de glorioso, con unas llagas recibidas en la muerte de Cristo.

2. El adopcionismo es la doctrina según la cual Jesús era un simple ser humano, elevado a una dignidad similar a la de Dios luego de su muerte: un hombre, deificado, iluminado, un Dios humanado.

“Es un trabajo personal de Jesús. Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a curarlo. Cercanía. Dios no nos salva sólo por un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros”. (22 de octubre)

Jesús es un héroe humano adoptado por Dios para salvar al hombre: “Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a curarlo”. Su trabajo es interceder por los hombres y salvarlos con la ternura del hombre, con las caricias del hombre, con una vida humana.

“Jesús tiene la primicia de nuestras oraciones, es el primero en orar y es nuestro hermano y un hombre como nosotros, que intercede por nosotros… Agradezcamos por tener un hermano que reza con nosotros y reza por nosotros, intercede por nosotros.” (28 de octubre).

Jesús es sólo un hombre, es nuestro hermano porque somos todos hombres. Y su misión ahora en el cielo es sólo rezar e interceder por los hombres.

Jesús no es el Rey de la Iglesia. Es sólo un hombre con una misión en el Cielo, la misma misión que tenía en la tierra: la intercesión.

Jesús lidera la Iglesia, pero como hombre en el Cielo, no como Rey. Jesús no gobierna la Iglesia.

Por eso, Francisco al insistir tanto en que Jesús es nuestro hermano y un hombre como nosotros, está cayendo en el arrianismo.

3. El arrianismo consideraba que Jesús de Nazaret no era Dios o parte de Dios, sino una criatura humana.

En Jesús no se da la Encarnación del Verbo y, por tanto, Jesús no es una Persona divina, sino sólo una persona humana.

Es lo que tanto predica Francisco. Es una gran herejía en un sacerdote y en un Obispo. Y quien siga esta herejía y la proclame, como hace Francisco, sólo obra un teatro en la Iglesia. Es decir, cuando dice la Misa no consagra, porque ha perdido la fe en Jesús.

Jesús es Dios y Hombre al mismo tiempo. Jesús no es hombre solamente como predica Francisco en muchas partes y que le lleva a otras herejías contra todo tipo de dogmas en la Iglesia.

Por eso, no se puede comulgar con Francisco en la Iglesia. No se le puede seguir ni como sacerdote ni como Obispo. Y mucho menos como un falso Papa.

Su camino en la Iglesia es un camino para negar la Iglesia. Quien se une a las intenciones de Francisco se hace como él: destruye la Iglesia.

En Francisco se da el engaño siempre, aunque diga cosas aparentemente verdaderas. Las dice porque las tiene que decir, porque eso forma parte del engaño. Así se mantiene él en su puesto. Un día derriba un dogma, otro día dice una verdad para callar la herejía del día anterior.

Así es como ha obrado en estos ocho meses. Así se ha mantenido. Y la gente lo sigue aplaudiendo porque no sabe discernir nada en la Iglesia.

La gente en la Iglesia se traga a cualquier idiota que diga unas palabritas bonitas. A la gente se le cae la baba con personas como Francisco, que sólo tienen la miel en los labios, pero que después obran a espaldas de todos su odio en contra de la Iglesia.

A la gente le gusta ver mucho que Francisco da un beso a un niño o abraza a un enfermo o se preocupa por el bienestar social y económico de las personas.

Eso vuelve loca a la gente. Porque la gente también vive así: de fláccidos sentimientos humanos, de cariñitos, de que le hablen bonito, de que le presenten la vida para ser feliz en ella.

En esa idiotez está toda la Iglesia metida. Por eso, cuesta entender a muchos lo que es Francisco.

Cuesta entender que la vida humana no vale para nada. Pero todo el mundo vive como si la vida humana tuviera algún valor.

Si Dios ha dado Su Vida Divina, entonces lo humano tiene que caer.

Y ante un Francisco que sólo derrocha humanidad, lo divino queda sepultado, ocultado, negado, adulterado, manipulado siempre.

Cuesta ver lo que es en realidad este hombre sin fe.

Un hombre que sólo persigue una cosa: su mente humana. Y no puede salir de su mente humana. Es su castigo por renegar de Cristo en la Iglesia.

Es un castigo que le viene de mucho antes de estar en la Jerarquía de la Iglesia. Se ha hecho sacerdote y Obispo para condenar a las almas al infierno.

“Por sus obras los conoceréis”. Ocho meses obrando la mentira, el error, la herejía. Vean sus obras. No midan sus palabras. No atiendan a sus gestos hermosos para los hombres. Vean las obras que nacen de ese corazón y mirarán su impureza en la Iglesia.

Se obra de acuerdo a lo que hay en el corazón. No se obra en lo exterior de la vida. No hay que mirar las obras externas de nadie para ver las obras de las personas.

Hay que mirar la vida de esa persona en su conjunto. En ocho meses, Francisco sólo ha obrado la mentira en la Iglesia. Mentira en sus palabras y en sus obras externas. Habrá hecho obras buenas y habrá dicho palabras buenas o verdaderas. Pero eso no es sólo su vida. No es lo bueno que hace un hombre. Es lo que vive un hombre en su vida. Eso es lo que define a un hombre: su vida de cada día. Cómo la vive cada día. Y entonces se observa cómo es su corazón y se ven las obras de ese corazón.

A los hombres hay que mirarlos desde el Espíritu, no desde fuera, no en lo humano. La gente juzga lo exterior de las obras humanas, pero no ve la intención con que un hombre obra. Y, entonces, siempre juzga mal.

Para conocer la intención de una persona hay que mirar toda su vida en conjunto. Y entonces se reconoce a la persona por sus obras.

Por eso, es difícil comprender que Francisco es un anticristo, porque como dice cosas bellas, cosas bonitas, como hace obras que gustan a todos los hombres, como el dinero que ha dado a las víctimas del tifón en Filipinas, entonces todo el mundo contento con Francisco.

Así son todos los hombres: se les contenta con nada, con cualquier cosa bonita y se olvidan de las herejías de Francisco.

Ya francisco no es un anticristo, sino un gran Papa porque ayuda a los necesitados del tifón.

Así piensan muchos, porque sólo ven las obras externas que quieren ver de Francisco, las que les gusta a ellos. Pero no ven el resto de las obras de Francisco. El resto no cuenta. Lo que cuenta, lo positivo es eso: lo bueno, lo que agrada, lo que da satisfacción a la vida.

Y así estamos en una Iglesia que no vale para nada, sólo para contemplar al payaso de Francisco hasta que lo retiren de la circulación porque ya sus bufonerías no sirven a la Iglesia.

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