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Roma eclipsada por la masonería

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“Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos” (HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI – Domingo 24 de abril de 2005).

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El gobierno horizontal significa dar derecho de voto a los Obispos. Eso significa que los Obispos pueden quitar y poner a su antojo a un Papa, sin necesidad del Cónclave.

El verdadero Papa ha muerto ya con la renuncia de Benedicto XVI. No es posible tener un verdadero Papa hasta Pedro Romano, que el Señor lo pondrá para gobernar Su Iglesia en el tiempo del fin.

Pero lo que viene ahora para Roma es la sucesión de muchos hombres en el gobierno de la Iglesia. Es necesario eso, porque si no el gobierno horizontal no sirve para nada.

Con el gobierno horizontal, caen los Sínodos de los Obispos, los consejos parroquiales, las asociaciones laicales, todo aquello que ponga una traba al gobierno de la nueva iglesia en Roma.

Porque hay que hacer una iglesia democrática, en la que todos opinen y hablen y no haya una autoridad que discuta nada, sino que se moldea según los pensamientos de todos.

Con la creación del gobierno horizontal se da poder al que esté en la Silla de Pedro para elegir a su sucesor al trono de la nueva iglesia.

Con la puesta en marcha de ese gobierno horizontal lo que se ha hecho en la Iglesia es una gran trampa para todos. Es el nuevo fascismo con cara de servidor de Dios en la Iglesia.

Es una autoridad que va a imponerlo todo en la nueva iglesia, quitando lo que es el Dogma, la Verdad en la Iglesia.

Ese gobierno horizontal produce en la Iglesia divisiones en todas partes porque la Iglesia sólo puede obedecer a una cabeza visible.

Pero para el gobierno horizontal, la cabeza visible ya no es el Papa. El Papa es sólo un bufón de la Corte, alguien que debe estar por un tiempo, porque los cambios en la Iglesia son graduales. No se puede quitar todo de un plumazo.

Por eso, Francisco hace su papel de bufón. Entretiene a la Iglesia mientras el gobierno horizontal toma medidas en toda la Iglesia, se va preparando el terreno para actuar como poder en el gobierno.

Francisco tiene que ser eliminado por el gobierno horizontal. Eso se cae por su propio peso.

Francisco sólo representa el vestigio del Papado, lo último del Papado, la decadencia del Papado. No es un hombre que dé a Cristo. Es un hombre que lleva al alma a oponerse a Cristo.

Francisco no representa el gobierno masónico en la Iglesia. Él quiere seguir amando a los pobres, dándoles consuelo humano, abrazar a los hombres para que sean felices en sus vidas humanas.

Pero al gobierno masónico le importa poco eso. Lo que quiere es destruir la Iglesia. Y no otra cosa. Las filantropías de los hombres son sólo discursos baratos para la gente sin inteligencia, pero no dan un camino de futuro al hombre.

El gobierno horizontal se tiene que hacer fuerte en la Iglesia. Ahora, es débil. Ahora no funciona. Ahora sólo espera órdenes de arriba, de la mente que organiza toda la Iglesia en estos momentos.

Son momentos muy difíciles para todos en la Iglesia porque es necesario o seguir en Roma o ponerse en contra de Roma.

Roma está eclipsada por la masonería desde hace 50 años. Eso significa que Roma, desde ese tiempo, no puede dar la Verdad al mundo. Y, cuando no se da la Verdad, entonces se engaña a todo el mundo.

Eso significa la omisión de la Verdad por Roma. Un eclipse es una omisión, es un esconder la luz, es renegar la verdad, es tapar la verdad.

Y, entonces, viene la pregunta: ¿qué cosa hay en Roma para este eclipse que ya dura 50 años?

Sólo hay una respuesta: la salida del Espíritu de la Iglesia porque ha entrado el Espíritu del Anticristo en Roma.

Donde no está Dios allí está el demonio.

Esa salida del Espíritu de la Iglesia ha provocado el gran caos que se ve en toda la Iglesia, no sólo en la liturgia, sino en lo más importante, el Papa y el Papado en la Iglesia.

Y este eclipse ha producido ya la anulación del Papado. No hay cabeza visible en la Iglesia. El Papa ha muerto. Lo que hay en Roma es un Papa que ha renunciado y que vive para sí mismo. Y un hombre que se cree Papa, pero que sólo es el payaso de Roma.

Francisco es sólo el bufón que ha puesto Roma para caldear el ambiente hasta que se vea qué se hace con la Iglesia.

Francisco es sólo un vestigio de autoridad en la Iglesia. Vestigio que debe caer para así anular todo lo que huela a Papado.

Hay que poner en la Iglesia un nuevo gobierno, el gobierno de hombres, que decidan qué cosa hay que dar a la Iglesia, qué doctrina enseñar, cómo conducir a la Iglesia hacia el mundo.

Roma ya es del mundo. Roma no es de Cristo.

Y Roma prepara para el mundo su gobierno, para que el mundo tome nota de lo que va a pasar a partir de ahora en la Iglesia.

Se quiere una Iglesia que sea modelo para el mundo, es decir, una Iglesia que no se enfrente al mundo ni a los hombres, sino que acoja a todos, especialmente a los Protestantes.

Fueron los Protestantes los que provocaron el cisma en la Iglesia. Y son ellos los que hacen el cisma en Roma ahora.

Esto ya se está proclamando por muchos sacerdotes, Obispos y Cardenales en la Iglesia, llenos de la filosofía, de la teología protestante: una Iglesia para el mundo, una Iglesia del mundo.

Esto tiene que producir, automáticamente, una división en la Iglesia. División ya producida desde la renuncia de Benedicto XVI, pero todavía no llevada a su fin. Es decir, no se palpa en concreto, pero se percibe en el ambiente de toda la Iglesia.

Huele a división cada vez que se va a celebrar la misa. La gente está dividida con el sacerdote y con la Iglesia. La gente no está contenta con lo que ve en la Iglesia, pero calla por miedo a la autoridad en la Iglesia.

Cuando Roma quiera actuar quitándose la careta, entonces viene la profunda ruptura con Roma. Hasta que Roma no se quite la careta, todo el mundo está ahí pendiente de lo que pasa, pero divididos, sin hacer nada por la Verdad en la Iglesia.

Porque esto es lo único que se percibe: nadie lucha por la Verdad en la Iglesia. Todos luchan por sus verdades en la Iglesia.

Por eso, Benedicto XVI pidió: “Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos”. Él sabía bien qué había detrás de esa fachada de Roma, en el Vaticano. Le tocó vivir junto a un gran Papa y vio lo que sufrió ese Papa por amor a la Verdad de la Iglesia.

Y Benedicto XVI tuvo miedo antes del Cónclave y se aterró en la elección a la Silla de Pedro. Y tuvo que abandonar la Iglesia dejando a todo el Cuerpo Místico desprotegido de Cristo, de Su Espíritu en la Iglesia.

Con la renuncia de Benedicto XVI, el Espíritu de la Iglesia se retira de Roma y, por tanto, de la cuna de la Iglesia. Y deja a Roma inerte y oscura, eclipsada por toda la maldad que reside en todos sus habitáculos.

Y esa maldad ya se ha adueñado de todo Roma, de las almas de los consagrados que están en Roma, de cualquier alma que tenga que ver con Roma.

Roma apesta. Y apestará más cada día. En Roma se cuecen las maldades que el Anticristo va a proclamar al mundo. Es la fábrica del demonio, de la mentira, del error, de la herejía.

Ya Roma no puede dar la Verdad. No es posible. No hay que esperar esa Verdad de Roma. Sólo hay que esperar mentira tras mentira. Y no otra cosa.

Y muchas personas no han comprendido esto porque se hacen la ilusión de que todo va bien en Roma, de que no pasa nada, de que viene un tiempo de prosperidad en todo el mundo.

Ya no hay que obedecer a Roma.
Un sacerdote que quiera seguir siendo sacerdote tiene que enfrentarse a Roma. Si no se enfrenta pierde su sacerdocio en la mentira que da Roma a los sacerdotes y Obispos.

¿Quién puede comulgar con un hereje como Francisco? Pues la mayoría de los sacerdotes y Obispos comulgan, se unen a las intenciones de ese falso Papa para hacer la Iglesia.

Esto produce la decadencia del sacerdocio en esa alma que sigue la herejía que da Francisco.

Y la decadencia del sacerdocio significa perder el Espíritu del sacerdocio y obrar en la Iglesia como un hombre del mundo. Es lo que vemos en tantos consagrados que sólo miran al mundo. No son capaces de mirar a Cristo.

No se está en la Iglesia para servir a los hombres, sino para servir a Dios. Y eso significa obrar la Voluntad Divina en cada cosa de la Iglesia.

La falsa caridad de Francisco, ese amor al prójimo sin el amor divino que profesa, es un insulto para toda la Iglesia.

Y la gente lo sigue aplaudiendo y sigue abrazando a un hereje como salvador de la Iglesia y del mundo. Quieren ver en ello un signo de acogida a todo el mundo, un signo de apertura a todos los hombres.

Es la maldad de la mentira. Es el ocaso de la verdad. Es la refriega de la desobediencia del hombre a Dios, a las leyes de Dios.

¿Quién puede estar ya en una Roma eclipsada por la mentira? Nadie. Pero muchos siguen ahí esperando un camino.

El camino de la Verdad de la Iglesia no pasa por Roma. Está en otro sitio. Pero ese camino ahora hay que buscarlo en el Espíritu de la Iglesia, no en el aparato externo de Roma.

Roma es ya una burocracia inservible para todos. Es inútil creer que de Roma viene la salvación para toda la Iglesia.

Hay que eliminar a Francisco para poner otro Antipapa, otro anticristo, que dé el empuje a lo que el gobierno masónico quiere en Roma.

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1 comentario

  1. José M dice:

    Roma está perdida, y el rebaño igual. Esta encuesta que acaba de publicarse el 10.11.2013 deja a las claras que muchos tienen la desfachatez de considerarse “católicos”, y, sin embargo, están a favor del aborto, y otras perversidades.

    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/11/09/actualidad/1384026229_122313.html

    Como mínimo que tengan un mínimo de honestidad intelectual y que dejen de definirse como católicos, pues ni a protestantes llegan (un protestante serio está contra el aborto, sin perjuicio del abismo que le separa de un católico).

    Por eso no es de extrañar que una inmensa mayoría del “rebaño” vea con buenos ojos todo lo que está pasando en Roma. Es la gran apostasía.

    Adveniat Regnum Tuum.

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