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Eucaristía: gracia sin excepción para la Iglesia

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La Eucaristía es una palabra que viene del griego: Εuχαριστία (eucharistia):

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a. Εu: bien, abundante, colmada, sin excepción.

b. χαρισ: gracia, don.

La Eucaristía es un Don sin excepción dado por Jesús en la Última Cena.

“Tomad y comed; esto ES mi Cuerpo … Bebed de él todos, porque ésta ES mi sangre” (Mateo 26-29).

El Señor dice ES para significar la Fe del alma en ese pan y en ese vino que han sido cambiados por las Palabras de Jesús.

El Señor manda tomar y comer Su Cuerpo, ya no un pan. Y beber Su Sangre, ya no un vino.

Ya lo que sostiene Jesús en sus manos no es un pan y un cáliz de vino, sino que ES Su Cuerpo y Su Sangre.

Y esto lo hace Jesús tomando un pan y pronunciando unas palabras, una gracia sin excepción. Y toma el cáliz y pronuncia esa gracia sin excepción.

La Eucaristía no es una acción de gracias, es una gracia que obra sobre un pan y sobre un vino.

Cuando Jesús toma pan no da gracias por ello, sino que dispone su alma para decir: “Tomad, Comed; esto es Mi Cuerpo”: esta es la gracia colmada, abundante, sin excepción, que transubstancia el pan en el Cuerpo de Jesús.

“Bebed de él todos; éste es Mi Sangre”: esta es la gracia que transubstancia el vino en la Sangre de Jesús.

Son dos gracias para una misma obra divina.

Esto lo hace el Señor por los pecados de los hombres: “que por muchos es derramada para la remisión de los pecados”.

Jesús no hace una comida, ni una fiesta, ni pasa un tiempo con los Apóstoles.

Jesús lleva a Sus Apóstoles a una Gracia muy especial: el sacerdocio de Cristo.

Y en esa Gracia, Jesús hace a Sus Apóstoles sacerdotes y les da Su Cuerpo y Su Sangre.

Esto es sólo el Jueves Santo.

La Eucaristía no es una acción de gracias, es el Cuerpo y la Sangre de Cristo como gracia colmada al hombre.

Y esto que obra el Señor en el Jueves Santo necesita de una liturgia adecuada.

Porque son palabras santas, sagradas, espirituales que exigen oraciones, ritos, gestos, que signifiquen esa gracia sin excepción que Dios da a Su Iglesia.

Por eso, presentar la Misa como hoy se hace es un insulto a lo que hizo Jesús el Jueves Santo.

Es un sacrilegio y es destruir la Iglesia. Se destruye lo Santo que tiene la Iglesia: el Cuerpo Y la Sangre de Cristo.

Se destruye lo divino: Jesús como Dios en Su Cuerpo y en Su Sangre.

Se destruye la vida espiritual que nace del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Las almas no han comprendido lo que es una Santa Misa. No han captado el valor que tiene la Santa Misa. Va a misa a nada, a pasar un rato, a entretenerse con lo que dice el cura, a mirar a la gente, a comer, a dormir o hacer otras cosas.

Quien comulga no sólo recibe a Cristo, sino que se hace otro Cristo.

Y hay que vivir esto en el corazón.

No hay que comulgar y a otra cosa. Y seguir obrando como hombre en la vida.

Cristo te da Su Vida para que la vivas en tu vida humana. Una Vida divina, no es un conjunto de ideas o de sentimientos sobre Dios, sobre Jesús.

Cristo se da Él Mismo al alma. Su Misma Mente Divina, Su Misma Voluntad Divina, Su Misma Divinidad.

Y esto es lo que las almas no captan porque están metidas en toda su vida humana, en todas sus obras humanas, en todos sus pensamientos humanos. Y, entonces, van a Misa cargados con todo eso y no atienden a lo que se desarrolla sobre el Altar. Es mejor que no asistan a Misa, así no se cargan de pecados de irreverencia hacia lo Santo y lo Sagrado.

La Misa es el mismo Sacrificio de Cristo hecho en la Pasión. Allí fue cruento; en el Altar, incruento. No se ve, no se siente, no se palpa, pero es una realidad, es lo mismo, no es un recuerdo de la Pasión. Es la misma muerte de Cristo en la Cruz.

La misma. Y este Sacrificio no es un recuerdo en el tiempo, no es una memoria en el tiempo, no son palabras que se dicen ahora y que nos llevan al pasado.

Este Sacrificio es una Comunión entre Cristo y Su Iglesia. Una comunión mística y espiritual.

Comunión mística porque se da entre Cristo y el Sacerdote.

Comunión espiritual porque se recibe del sacerdote a Cristo, y las almas se pueden unir a Cristo en su espíritu, en su alma y en su corazón.

El sacerdote que no crea en la Eucaristía, anula la comunión mística y, por tanto, la espiritual.

Si la Iglesia no cree en la Eucaristía, entonces no hay Iglesia.

La Eucaristía se obra en la Iglesia sólo cuando la Iglesia hace lo que hizo Cristo. La Iglesia obra el Cuerpo y la Sangre de Cristo cuando la Jerarquía está unida a Cristo.

Porque la Eucaristía es sólo del sacerdocio, no es del Pueblo, no es de los fieles.

Y el sacerdocio no sirve en la Iglesia si no está unido a la Cabeza, que es Cristo. Pero sólo se une a Cristo en el Vicario de Cristo.

El sacerdote que no está unido a Pedro, no puede consagrar la Eucaristía, porque ya no hace lo que hace la Iglesia: la Obra de Redención, que es sólo para la Iglesia.

Pedro es el que da validez a la Santa Misa en la Iglesia.

Y los demás: Obispos y sacerdotes, si quieren consagrar, tiene que unirse a Pedro en la Obediencia. Y entonces tienen la intención de consagrar en la Iglesia, de dar a la Iglesia el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Sin esto, no hay Santa Misa, aunque el sacerdote crea en las palabras del Evangelio.

La Santa Misa es de la Iglesia, no es ni del sacerdote ni del Pueblo.

Pedro tiene que definir qué es necesario para consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Iglesia. Y, por eso, en las reformas litúrgicas en la Iglesia se insiste en que la Misa no es una memoria del pasado, sino una conmemoración, un unirse a Cristo en Su Pasión y en Su Muerte. Eso es lo que significa la conmemoración.

Si la Iglesia quita esto y presenta la Misa sólo como una memoria, como una Cena, como una fiesta, como un banquete, como una fracción del pan, como una asamblea, en la que todos se reúnen para participar de algo, entonces no se da la Eucaristía.

Desde hace 50 años la liturgia incide mucho en estas cosas, y eso es una señal de decadencia en la Misa. Se mantiene lo importante, que son las palabras de la consagración y de la conmemoración, pero se ha perdido lo santo, lo sagrado de la Misa. Y eso lleva de forma necesaria a la anulación de la Eucaristía en la Iglesia porque se presenta la Misa como el banquete de muchos hombres para hablar y comer algo.

A esto se ha llegado en la práctica con todas esas misas que existen por ahí. Esto ya se practica en la Iglesia: una misa que sólo una cena o un pasarlo bien, diciendo palabras que agraden a todos.

Cuando la Iglesia presente la Misa como una memoria, como algo que nace de muchos que se reúnen en un lugar para festejar la cena del Señor, entonces ya no hay Eucaristía.

El gobierno horizontal es el principio de la anulación de la Eucaristía, porque ya el sacerdocio de Cristo no está unido a una Cabeza Visible, a Pedro. Si no hay esa unión, no se da la comunión mística en Cristo y el Sacerdote. Nadie ha caído en la cuenta de esta gravedad, porque nadie piensa en las consecuencias teológicas de un gobierno horizontal.

La Eucaristía todavía se salva en la Iglesia por la fe de unos cuantos, pero en la realidad, ya no existe la Eucaristía.

Pero el Señor sabe cómo son las almas y da tiempo para que vean el destrozo de lo que se ha hecho en la Iglesia.


1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    La Eucaristía, al ser reformada en el Novus Ordo Misae, fue influída por la revolución francesa, según la cual, lo más importante era el hombre y por eso se habló de “asamblea” para darle un carácter democrático.
    Pero la revolución francesa fue un engaño con todo lo que contiene, como fue el mayor engaño el dado por satanás a Eva cuando le dijo que serían como dioses.
    Por tanto, al dejar influir de la revolución francesa la Santa Misa, se dejó penetrar el humo de satanás en ella.
    No dejó de ser Eucaristía de inmediato, por los factores en el artículo señalado, pero inició su proceso de deterioro, donde el objetivo final es quitar la validez de la Consagración. Por eso se introducen prácticas paganas como bailes, disfraces, algarabías y sobre todo un conjunto de frases que modifican el carácter de la Sagrada Eucaristía.
    Pero a la gente le gusta la misa “porque la hacen bonita”, “porque el padre predica muy bien”, “porque les llega al corazón”, más no se dan cuenta que la Santa Misa no es para hacerla bonita a los ojos de los hombres sino que es el Sacrificio que la Santísima Trinidad espera sea ofrecido, tampoco la misa es importante porque llegue al corazón, pues estos son sentimientos superficiales, sino porque tiene todo el propósito de agradar a Dios.
    Las Eucaristías hoy transformadas se vuelven una manera de llevar a los fieles al alejamiento total de Cristo, mediante el proceso de destrucción en curso.

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