Lumen Mariae

Inicio » autoridad » El gobierno horizontal es sólo un gran absurdo en la Iglesia

El gobierno horizontal es sólo un gran absurdo en la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

“El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comunión con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de éste sobre todos, tanto pastores como fieles. Porque el Romano Pontífice tiene sobre la Iglesia, en virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente” (Lumen Gentium n.22).

lavidaesuncaminio

Sólo Pedro tiene en la Iglesia plena, suprema y universal potestad. Sólo Pedro, no un gobierno horizontal.

Luego, Pedro está solo en el gobierno. Él es la cabeza. Y debajo de él, en comunión con Pedro, los Obispos, “quedando a salvo el poder primacial” de Pedro sobre los Obispos. Nadie puede tocar ese poder del Primado, nadie puede coger para sí ese Poder del Primado de Pedro. Nadie se arroga en la Iglesia la Autoridad Divina.

Luego, es un absurdo el gobierno horizontal. Un auténtico absurdo.

Pedro no necesita para gobernar de nadie en la Iglesia, porque tiene todo el Poder sobre él. No necesita consultar, preguntar, decidir en otros, dilogar con otros, porque el gobierno vertical de la Iglesia es una cuestión de fe, no de diálogo universal, que es lo que se proclama ahora en la nueva iglesia de Roma.

No se hace un gobierno horizontal para ayudar a Pedro, sino para eliminar a Pedro.

Este es el único sentido del gobierno horizontal. Y aunque se diga que todo se hace bajo Pedro, es sólo una mentira más, porque en el gobierno horizontal todos están al mismo nivel en la autoridad. No hay sometimiento a una Cabeza. Hay un diálogo y de él nace un plan de gobierno.

En el gobierno horizontal nadie está por debajo. Nadie. Sólo se dice que se hacen las cosas como siempre, bajo Pedro, pero eso es sólo la frase bonita para acallar las conciencias.

El gobierno horizontal anula a Pedro de raíz, no sólo en el tiempo. Sus frutos se van a ver en el tiempo, pero las consecuencias de poner ese gobierno horizontal en la Iglesia ya se han visto en toda la Iglesia. Son la división en toda la Iglesia.

Los Obispos en la Iglesia no pueden ejercer la potestad sin el consentimiento de Pedro, porque sólo Pedro ha sido establecido como Roca y portador de las llaves de la Iglesia, y Pastor de toda la Grey de la Iglesia (cf. Mt 16, 18-19; cf. Jn 21, 15).

El Colegio de los Obispos cuando se agrupa bajo una sola Cabeza, la de Pedro, entonces forma la unidad de la Iglesia. Cuando obedece a Pedro, cuando se somete a Pedro, cuando no dialoga con Pedro, entonces gobiernan con Pedro la Iglesia.

El gobierno horizontal no se agrupa bajo una sola Cabeza, porque ya no existe la Cabeza Visible en la Iglesia. Benedicto XVI renunció a ser Cabeza Visible. Pusieron una falsa cabeza. Esa falsa cabeza es la que tienen en el gobierno horizontal. ¿Para qué sirve eso a la Iglesia verdadera? Para nada.

Ellos se agrupan no bajo esa falsa cabeza, sino al mismo nivel de la falsa cabeza. Están todos a la par, porque si no se ponen a la par no pueden dialogar entre sí.

El gobierno horizontal es sólo un conjunto de hombres. Y nada más. Habrá uno de ellos que diga lo que hacen los demás, pero no son nada en la Iglesia. Serán algo en la nueva iglesia de Roma, pero para la verdadera Iglesia son un cero a la izquierda.

El gobierno horizontal no produce la unidad en la Iglesia, la unidad en la verdad, es decir, no da ni puede dar a la Iglesia ninguna verdad, ningún camino para hacer en la Iglesia la Voluntad de Dios. Sólo da la mentira a la nueva iglesia, que es lo que vive y obra Roma ahora. Es el camino de Roma: la condenación de las almas.

Esto es muy grave y nadie lo ha meditado.

Teniendo a Benedicto XVI vivo, pero con una renuncia para ser Cabeza Visible se produce en la Iglesia dos divisiones:

1. la división del gobierno, de la autoridad, del poder: en esta división, los sacerdotes y Obispos tienen una autoridad por su ministerio en la Iglesia. Esa autoridad es sólo espiritual, es decir, que no puede nacer de una cabeza visible, por la renuncia de Benedicto XVI al gobierno de la Iglesia. Los Obispos no poseen una autoridad delegada por la Cabeza Visible, por su renuncia y, por tanto, no ejercen nada en la Iglesia: “Esta misma potestad colegial puede ser ejercida por los Obispos dispersos por el mundo a una con el Papa, con tal que la Cabeza del Colegio los llame a una acción colegial o, por lo menos, apruebe la acción unida de éstos o la acepte libremente, para que sea un verdadero acto colegial” (Lumen Gentium n.23).

Benedicto XVI no puede mandar nada en la Iglesia, no puede dar su autoridad en la Iglesia, no puede llamar a los Obispos a un acto colegial por el cual se dé la potestad, ya que permanece en el pecado de su renuncia. Los Obispos sólo obedecen a un falso Pedro, que los guía por el camino de la incredulidad y de la mentira en la Iglesia. Esta es la división mayor que hay en la Iglesia.

2. la división en los sacerdotes y Obispos de la Iglesia: unos están con Benedicto XVI, otros con Francisco, otros no siguen a nadie. Esto produce una anarquía en la práctica, en la vida ordinaria de la Iglesia. Un vivir sin ley, sin una regla clara en cómo se debe comportar la Iglesia de cara al mundo y a los hombres. Un vivir para acomodarse a las circunstancias de cada día en la Iglesia, pero sin buscar la Verdad de la Iglesia.

Hay muchos pensamientos encontrados en la misma Jerarquía que dan lugar a la anarquía: cada uno hace lo que le parece que es bueno y que es malo en la Iglesia. Unos dicen una herejía, otros dan algo profano, otros enseñan teorías contrarias al dogma, etc. Y nadie pone remedio a esto. Ni se va a poner.

Por eso, en esta situación hay que tomar una decisión clave, porque el alma no puede estar así siempre: a ver qué dice Francisco, a ver qué dice aquel Obispo, a ver qué dice aquel sacerdote. Se necesita claridad en el gobierno de la Iglesia, y nadie la está dando.
Todos están viendo las contrariedades de unos y de otros. Y todo el mundo está con miedo: a ver qué pasa ahora en la Iglesia.

Ante una Iglesia que no da la verdad en Roma, sólo queda una cosa: renunciar a esa nueva iglesia, porque no es la Iglesia que Jesús ha fundado. Es otra cosa, llámese como se llame. Eso no interesa. Lo que interesa es saber que Roma está hora mintiendo a toda la Iglesia.

Si las almas no se ponen en este punto, entonces nunca van a renunciar a Roma. Y, después, va a ser más difícil salir de Roma.

Roma ahora tapa la verdad de lo que pasa porque es lo que interesa a unos pocos. Roma ahora entretiene a toda la Iglesia con un encuesta y con cuestiones sin importancia alguna para la Iglesia.

A Roma no le interesa nada de eso, ni la familia, ni la encuesta ni ningún asunto.

A Roma le interesa otra cosa: cómo hacer funcionar el gobierno horizontal para que no se quede en una mera estatua inútil que no sirve para nada.

Esto es lo que interesa a Roma. Tiene que sacar unas normas por las cuales se rija ese gobierno y se vea que ése es el gobierno de la nueva iglesia y no otra cosa.

Mientras, el bufón Francisco sigue haciendo su trabajo: entretenie a la Iglesia con sus mentiras, con su falso amor a los pobres, a los enfermos, con su inútil verborrea en toda la Iglesia.

Y muchas almas han empezado a darse cuenta de lo que es ese hombre sin amor a la Iglesia. Se han dado cuenta, pero siguen esperando algo bueno de la Iglesia. Siguen en el error.

No hay que esperar nada de nada. Así de sencillo. Sólo hay que esperar destrucción tras destrucción en la Iglesia. Y no otra cosa.

La Iglesia ya está harta de inútiles palabras, de pronunciamientos más o menos alegres, para salvar la situación que un hereje crea en todas partes, y sólo se quiere claridad que Roma no es capaz de dar a nadie. Roma sigue y seguirá con su juego hasta el final.

Por eso, las almas tienen que decidir o estar con Roma o estar en contra de Roma. Pero no se puede estar un día sí y otro no.

Esto es muy grave para todos, porque Roma es el centro del mundo. Y de Roma ha venido siempre la verdad. Y ahora Roma se ha convertido en una Ramera que tendrá su Justicia Divina muy pronto.

Y aquel que le pille la Justicia de Dios estando en Roma, no hay salvación. Quien mire a la Justicia Divina queda convertido en estatua de sal. Roma ya ha pecado y no quiere salir de su pecado y se dispone a ser engullida por Dios.

La Iglesia sigue su camino por otro sitio. Y ya no importa el lugar, porque no es tiempo de un lugar para encontrar la Verdad.

La Verdad sigue estando en la Iglesia Católica, pero no la que se funda ahora en Roma. En la Iglesia de siempre, que ahora sólo vive en los corazones de sus almas de una forma misteriosa, que nadie entiende y nadie puede explicar.

Y es Cristo quien lleva a Su Iglesia hacia Su Verdad, la que la Iglesia tiene que alcanzar en su militancia hasta llegar al Cielo.

La Iglesia militante sigue caminando, pero de otra manera distinta. Y habrá que dejar muchas cosas porque todo se va a impedir a quien no quiera seguir a Roma.

Hay que seguir sólo al Espíritu de la Iglesia, ya no a Roma. Y hay que obrar sólo en ese Espíritu lo que Dios quiera para ser Iglesia y para formar la Iglesia en estos últimos tiempos.

Tiempos del anticristo. Tiempos en que debe aparecer la mayor fuerza espiritual de todas contraria a Cristo.

Y hasta que no aparezca, la Iglesia va a seguir un rumbo sólo de destrucción de toda fe y de toda moral, de toda Tradición y de todo Dogma.

Desde el inicio de la supresión de la eucaristía, 3 tiempos y medio hay que contar hasta el fin. Y en el último tiempo: el anticristo. 3 años y medio, de los cuales dos son en sede vacante. Y el resto con Pedro Romano hasta el fin: “Bienaventurado el que llegue a 1335 días” (Dn 12, 12).

Y ese fin no es nada bueno. Es un fin apocalíptico, en que todo lo sagrado, todo lo divino, todo lo santo, todo lo que tenga nombre de sacerdocio o de religioso quedará aniquilado.

Por eso, o toca ser mártir o toca esconderse hasta el fin. Que cada uno siga al Espíritu y haga lo que Éste quiere para su alma.

No es un tiempo nada bueno para nadie. Pero es un tiempo necesario para toda la Iglesia porque sólo así se purifica la Iglesia de todos sus pecados y puede pasar al siguiente estado espiritual y místico en Dios.


2 comentarios

  1. José M dice:

    Disculpe la preguntas, si es que tienen respuesta:

    a)¿”tres tiempos y medio” es lo mismo que tres años y medio?

    b) los dos años de sede vacante, ¿en dónde lo puedo encontrar?

    c) en Daniel 12:12 se habla de 1335 dias, y en Daniel 12:11 se habla de 1290 días. ¿Los 1335 días engloban los 1290 días o son “en adición a” los 1290 días?

    muchas gracias

    • josephmaryam dice:

      Sobre la sede vacante, le dejo un link, es un articulo del sacerdote José Luis de Urrutia, S.J. : https://josephmaryam.files.wordpress.com/2013/11/el-esperado-gran-papa.pdf
      Los tiempos en Dios son distintos que en el hombre: pueden significar dias, meses, años, siglos, horas, minutos, segundos. Cuando se dice tres tiempos, no se puede decir algo exacto o concreto. Son tres tiempos y medio, pero no se sabe cómo medirlos. El único que sabe es Dios.
      Están englobados, porque se refiere al tiempo del fin. Son tres años y medio más los días que restan para cumplir los 1335

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: