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Roma ya no posee la Autoridad Divina en Cristo

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Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

La palabra Iglesia viene del griego ekklesía (ἐκκλησία) que significa:

a. ek: fuera, desde fuera;

b. klesis (klησis): llamado.

Dios, desde el Cielo llama a cada alma en su corazón a una vocación especial.

noson

La Iglesia es una vocación divina a cada alma, a cada hombre. Es, por tanto, una Gracia Divina que Dios da a todo hombre. Dios llama a todo hombre a esa vocación.

Pero la Iglesia, siendo un llamado divino, no es para todos los hombres. Es sólo para aquellos hombres que responden a esa vocación divina.

Dios prepara Su Iglesia desde antes de fundar los Cielos y la Tierra, porque Su Iglesia es algo que no es temporal, material, humano, carnal, sino sólo Espíritu.

Y en el Espíritu, Dios crea Su Iglesia. Por eso, la Iglesia tiene Su Espíritu: el Espíritu de la Iglesia, distinto del Espíritu Divino, que sólo se da en Dios.

Pero Dios no funda Su Iglesia hasta que Su Hijo no muere en la Cruz. Y, entonces, en ese momento, el llamado a las almas se da sólo en Cristo, no fuera de Cristo.

Es en Cristo donde se reúnen las almas que han sido llamadas a esta vocación divina.

Es sólo en Cristo donde aparece Su Cuerpo, que es la Iglesia.

El Cuerpo de la Iglesia no se da antes de Cristo, en el Pueblo de la Antigua Alianza. Ahí sólo se da la preparación del Pueblo para ser Iglesia, para formar la Iglesia. Es una preparación lejana, que espera la Venida de Cristo en Carne.

Y es sólo en Cristo cómo aparece Su Cuerpo.

Pero este Cuerpo no es una comunidad o una asamblea de hombres. No es una reunión de hombres.

La Iglesia es la unión de las almas en Cristo. Es la comunión de las almas en Cristo.

Son las almas las que reciben ese llamado desde el Cielo, llamado divino. No es una comunidad de hombres, no es una asamblea de hombres. Son las almas.

Y esas almas se unen en una sola Fe, un solo Bautismo, un solo Señor.

Y eso significa que están unidas en Cristo. Y que esa unión es diferente a la unión de cada alma con Cristo.

Cristo une a muchas almas en Su Cuerpo. Eso es la unión mística.

La unión de cada alma con Cristo es sólo una unión espiritual, en el Espíritu Divino.

Pero, como Jesús funda Su Iglesia en Pedro, entonces esa unión de muchas almas se da sólo en Pedro, no fuera de Pedro.

Cristo hace Su Iglesia, Su Cuerpo, en Pedro. Cristo une a muchas almas, que tienen ese llamado divino, esa vocación divina, sólo en Pedro, en una Cabeza Visible, en el Vicario de Cristo.

Sólo en Pedro se da la unión mística de muchas en una Cabeza.

Si se quita a Pedro, entonces se anula automáticamente la unión mística entre Cristo y Su Cuerpo, que es la Iglesia, entre Cristo y la unión de muchas almas.

Se anula, desaparece. Y la Iglesia queda sólo como un conjunto de almas, pero no como un Cuerpo.

Ya no es la unión de muchas almas en una Cabeza, por desaparecer la Cabeza. Sólo es el conjunto de almas, y cada alma se une a cristo de forma espiritual, en el Espíritu Divino, pero no se une a Cristo de forma mística, en el Espíritu de la Iglesia.

Esto es lo que pasó en la renuncia de Benedicto XVI. Al renunciar el Papa a ser Pedro, a su llamada divina para ser Cabeza del Cuerpo de Cristo, ese Cuerpo se queda sin Cabeza Visible y ya no se da la Iglesia como tal, como Cuerpo Místico. Sólo se da la Iglesia como comunidad de almas guiadas por la Cabeza Invisible, que es Cristo.

Pero, aunque no se dé el Cuerpo Místico, aunque se haya perdido la unión mística, no se pierde el Espíritu de la Iglesia.

Una cosa es la Iglesia como Cuerpo Místico, como unión de muchas almas en Cristo, bajo una Cabeza Visible. Y otra cosa es el Espíritu de la Iglesia.

Se puede matar la Cabeza Visible de la Iglesia, pero no se puede matar el Espíritu de la Iglesia. Pedro puede renunciar a ser Pedro, pero el Espíritu de la Iglesia permanece en la Iglesia, aunque desparezca como Cuerpo Místico.

Por tanto, desde Benedicto XVI quien guía a la Iglesia es sólo Cristo con el Espíritu de la Iglesia.

La Iglesia no es guiada, en estos momentos, por ninguna cabeza de la Jerarquía Eclesiástica. Ningún sacerdote, ningún Obispo, guía la Iglesia.

La Autoridad Divina en la Iglesia sólo se da a través de Pedro. Si Pedro renuncia a ser Pedro, entonces, nadie puede participar en la Autoridad de Cristo, porque no existe Pedro y su carisma de la infalibilidad.

Es sólo por este Carisma cómo Cristo da Poder a Su Iglesia. Sin Pedro, no hay carisma de infalibilidad y, por tanto, no se da ninguna autoridad en la Iglesia.

Porque la primera Cabeza en la Iglesia es Pedro. Y los demás son Cabeza, es decir, tienen autoridad, cuando obedecen a Pedro, se unen a Pedro en la Obediencia. Y, por tanto, enseñan lo mismo que enseña Pedro y gobiernan lo mismo que gobierna Pedro.

Benedicto XVI, con su renuncia, hizo renunciar a todos a la infalibilidad y, por tanto, a la autoridad divina en la Iglesia, que sólo se da a través de Pedro.

En consecuencia, no hay que hacer caso a nada de lo que diga Roma sobre la Iglesia. Sólo hay que ver cómo actúan y obrar en consecuencia, enfrentándose a todo lo que venga de Roma sea bueno o sea malo. Porque lo que vienen de Roma viene sin la Autoridad de Cristo.

No hay que quedarse en las cosas buenas que pueda presentar Roma. No hay que esperar nada bueno de Roma. El demonio presenta lo bueno para engañar a las almas. No hay que creer en nadie en Roma. En nadie, porque todos han sido engañados en Roma. Todos son manipulados en Roma. Todos son adulterados en Roma.

Roma ya no tiene Autoridad Divina para decidir en la Iglesia de Jesús. Ellos sólo están haciendo su nueva iglesia. Y, para eso, tienen que desmontar 20 siglos de Iglesia. Y eso no se hace en unos meses. Eso lleva su tiempo.

Lo que interesa a cada alma que pertenece a la Iglesia son dos cosas:

1. En Roma, ¿cómo ha quedado el Papado?

2. En Roma, ¿qué van a hacer con la Eucaristía?

Esto es lo único que al alma le interesa de la Iglesia. Porque la Iglesia es Pedro y Jesús. Y no otra cosa. Se quita esto, y ya no existe la Iglesia.

Ya han quitado el Papado, a Pedro. Ahora, comienza el tiempo para quitar la Eucaristía. Una vez que la quiten, hay que decir adiós a Roma. Y punto. Lo demás, que lo sigan destruyendo, porque quitada la Eucaristía, cae todo. Lo otro no tiene sentido luchar por ello.

Ahora la Iglesia es un caos en todas partes. Y la Iglesia tiene que refugiarse de Roma, porque de Roma viene la persecución sobre la Iglesia verdadera. De la misma Roma. Y, por eso, se va a negar todo en las parroquias, en las capillas, a las almas que no sigan los dictados de Roma. Todo. Y habrá que hacer la misa como en el tiempo primitivo: en las cavernas, escondidos, en casas particulares, allí donde dejen celebrar la misa de siempre.


3 comentarios

  1. José M dice:

    Ad Raul: Excelente comentario. Los suscribo al 100%.

  2. Cristina de López dice:

    “Ellos solo están haciendo su nueva iglesia”, tremenda verdad que es citada en este valioso artículo, pero que lamentablemente pocos han podido o quieren ver. Y dentro de esta gran tragedia y escarnio es que esta “su nueva iglesia satánica” la están haciendo sobre las “ruinas” de la ya muy atacada y desgastada Iglesia Católica. Sin tapujos, sin resistencia, sin obstáculos, simple y llanamente a los ojos de todos y entre aplausos.
    El “humo de satanás” entró al Vaticano en el Concilio Vaticano II y desde ahi empezó solapadamente su ataque, la demolición…pero ahora con la usurpación de la Silla ha comenzado la coronación de aquel golpe letal.
    Francisco, el “demoledor, el engañador, el farsante, el soberbio” ha venido a “reformar la Iglesia”, dicen y muchos creen….Iglesia que según ellos urge ser reformada para lograr subsistir.
    Ironías de la vida, quienes la llevaron a naufragar, a ser centro de ataques, quienes fueron minando sus bases, diluyendo la doctrina…ahora se presentan como super “hombres” y dicen venir a “enderazar el rumbo y salvar la Iglesia”.
    Una nueva “iglesia está emergiendo”, una falsa y luciferina iglesia que a los ojos de los incautos finge ser la “misma Iglesia Católica” y que tristemente muchos siguen aferrados en defender, amar y obedecer.

    Uno de los “sabios consejeros del vicario de esta falsa iglesia”, el cardenal, el apóstata, Oscar Rodríguez Madariaga, dió un claro esbozo de esa nueva iglesia que están formando en una conferencia que entre aplausos dió el pasado mes de octubre.

    Escalofriante, indignante, es leer ya no digo todo el artículo en el que se expresan algunas de sus “inspiradas directrices” para lograr su “reforma salvadora”, sino basta leer una frase para descubrir la “voz de satanás en todo esto”:

    “Ni el mundo es el reino del mal y el pecado -conclusiones obtenidas en el Vaticano II- ni la Iglesia es el único refugio del bien y la virtud.”

    http://blog.pucp.edu.pe/item/180133/cardenal-maradiaga-la-iglesia-y-el-laicado-son-uno

    He ahi la nueva iglesia de Francisco, la iglesia que pregona un “nuevo cristo”, la iglesia que “ensalza y alaba a su cristo”, la iglesia que imita a “su cristo”, la iglesia que quiere que todos amen y adoren a “su cristo”…. Si, he ahi la nueva iglesia que prepara el camino para la llegada del mismo Anticristo, enemigo del Unico y Verdadero Jesús Cristo….

    “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”

    Gracias “josephmaryam” por ser faro que ilumina a las almas con la Luz de la Verdad en estos tiempos de densa oscuridad.

  3. Raul Patiño dice:

    Es muy valiosa esta teología porque nos demuestra que todas las llamadas “iglesias” protestantes, nunca fueron tales, y por tanto el proceso actual de protestanización de la iglesia demuestra su deterioro, donde los sacerdotes se esfuerzan por imitar a los pastores y realizan eventos masivos que son verdaderos espectáculos para atraer más gente con la promesa de milagros y más milagros.
    También nos recuerda que las palabras de Francisco donde dice que «La Iglesia es católica porque es la casa de la armonía donde unidad y diversidad saben conjugarse», significa tal llamado que ya no es importante el Espíritu de Nuestro Señor como factor de unidad, sino que hay que caer en el pluralismo del mundo, que reivindica la religión del hombre.

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