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La Iglesia no es el pensamiento de nadie

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Si se quisiera resumir lo que ha sido Francisco en estos meses en la Iglesia, hay una sola idea: Francisco es su pensamiento.

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Esto es lo que define a un hombre que no sabe lo que es la Iglesia, ni el sacerdocio que lleva sólo para dar una apariencia de humildad y de amor al prójimo.

Francisco es lo que piensa. Y su pensamiento es claro. Todos los pueden leer, porque ha hecho sus declaraciones que han sido su error en la Iglesia.

Declaraciones que son sólo corrientes de opinión que Francisco lanza a la Iglesia para que se vayan cogiendo.

Así es como actúa todo hombre en su pensamiento.

El que tiene una idea la quiere comunicar para que todo el mundo siga esa idea. Así trabaja el mundo. Y así, desde que Francisco está en Roma, trabaja la Iglesia.

El g8 es sólo corrientes de opinión: recabar ideas de los Obispados, de la gente de la Iglesia para así hacer la Iglesia que gusta a todo el mundo.

Corrientes de opinión es el efecto de una cosa: vivir la soberbia.

El soberbio pone en marcha su idea. Y la pone dando a los demás su pensamiento. Pero haciendo de este pensamiento el centro de todo.

Esto es lo propio que se hace en el mundo de la política. Y la Iglesia, con Francisco, se ha convertido en el mundo de la política, de las mentiras, de los engaños, de las falsedades, de las ambiciones al poder.

Eso es claro para quien lo quiera ver. Para muchos, embobados por las palabras de Francisco, no es tan claro, porque ya han perdido la fe en la Palabra. Ya han creado su propia fe, que nace de su pensamiento, de su estilo de vida, de su plan de vida humano.
Francisco no es un hombre que escucha a Dios. Más claro: agua.

Un hombre que escucha a Dios no es un hombre que escucha a los hombres. Es un hombre que se retira de los hombres para atender a Dios.

Francisco no sabe lo que es la oración, porque todo consiste para él en tener un recuerdo de Dios. Esa es su única oración. Por eso, cuando predica recuerda las palabras del Evangelio. Pero sólo las recuerda. A continuación pone su pensamiento sobre esas palabras. Y eso hace que de forma inmediata quien lea dude de lo que lee, porque no se da la verdad de esa Palabra Divina, sino que se da una doctrina encubierta, llena de ideas que Francisco tiene en su cabeza.

Sólo hay que comparar lo que otros Papas han dicho sobre lo mismo que predica Francisco y lo que él dice en esa homilía. Y en la comparación se ve el error de Francisco.

Cojan su encíclica y vayan donde habla del Bautismo, por ejemplo. Cojan el Catecismo de la Iglesia Católica y comparen ambas cosas. Verán la enorme diferencia. Hagan esto con cualquier cosa que haya escrito Francisco y verán que no es un hombre de Dios, sino del demonio.

A Francisco le pierde su palabrería engañosa. Para quien sabe ya no es escándalo lo que dice francisco cada día en sus homilías. Pero hay muchos que todavía no han captado lo que es Francisco cuando habla. Se dejan llevar por sus palabras bonitas y no van al centro de su mensaje.

Siempre hay que ir al centro de lo que se habla, porque los hombres suelen dar muchas vueltas a las cosas y no decir nada. Es lo que tiene Francisco: da vueltas para no decir la verdad del Evangelio, sino para terminar diciendo lo que le interesa en esa homilía.

Francisco es un hombre que sólo escucha a los hombres. No es la Voz de Cristo en la Iglesia. Eso se ve a la legua. No hay que ser un santo para discernir estas cosas. Quien miente es un mentiroso siempre, en el mundo, en los hombres y en la Iglesia.

Al mentiroso siempre se le coge en su mentira. Siempre. Pero hay muchos con un falso respeto a Francisco porque lo ven todavía como Papa. Este es el problema de muchos en la Iglesia. Y, por esto, siguen dormidos diciéndose a sí mismos que todo va como la seda en la Iglesia.

Este falso respeto por un sacerdote, por un Obispo, por un Papa, es señal de poca vida espiritual.

Porque en la Iglesia hay que obedecer a la Verdad. Y aquel que no da la Verdad, no hace Iglesia, no es Iglesia.

Jesús puso el fundamento de Su Iglesia en Su Palabra. Y Su Palabra es Verdad (cf. Jn 17, 17). Y ningún hombre tiene la verdad en sí mismo, porque es el Espíritu el que lleva al hombre a la plenitud de la Verdad (cf. Jn 16, 13).

Por tanto, la Fe en la Palabra es la obediencia de toda alma a la Verdad. Se llame como se llame, tenga el oficio que tenga en la Iglesia, esté consagrado a Dios o no, aquella persona que no diga la Verdad en la Iglesia, que no enseñe la verdad en la Iglesia, que no guíe a las almas hacia la verdad en la Iglesia, no hay que hacerle caso.

Francisco, cuando miente, no hay que obedecerle en nada. Y Francisco, si no quita su mentira, entonces hay que enfrentarse a él. Y si Francisco justifica su mentira, entonces hay que renunciar a Roma y a Francisco y a la iglesia que presenta Francisco porque esa ya no es la Iglesia de Jesús.

Esto es claro para quien ve las cosas desde Dios. Pero para muchos, esto no está tan claro, porque se quiere seguir haciendo el juego a Francisco y seguir mirando a Roma a ver si hay algún cambio para bien en todo esto.

Muchos esperan un cambio en Francisco y que deje las cosas como estaban antes. Esto es, sencillamente, una ilusión, un sueño de muchos que todavía no han comprendido para qué está Francisco en Roma: para destruir la Iglesia y así crear su nueva iglesia.
Esto no lo ve la mayoría de la gente. No lo entiende. Pero es la única verdad. Y tiempo al tiempo. Porque esto trae su tiempo para cambiarlo todo en la Iglesia.

Lo que hay ahora en la Iglesia son las corrientes de opinión que abre a la Iglesia al pensamiento de los hombres en el mundo.

Esta es la fuerza de la nueva iglesia creada en Roma. Por eso, Roma ya no da la Verdad, sólo da los intereses de los hombres en el mundo.

El mundo se ha metido en torno a Francisco. ¿Qué es sino ese círculo mágico que rodea a Francisco? ¿Qué se creen que hace ese conjunto de personas en torno a Francisco?

Son los que idean la nueva iglesia en Roma.

Son la gente perfecta para desbaratar todo lo sagrado y lo santo y lo tradicional de la Iglesia. La gente perfecta. Hay que comprender lo que es la calaña de Francisco para entender de qué calaña se rodea Francisco.

Francisco no está rodeado de santos, sino de gente pecadora con un título, con un poder, con un oficio, con un nombre en la Iglesia.

Gente pecadora. Gente que vive su pecado como lo más normal del mundo. Como un bien para su vida. Gente que no le interesa lo que es la Iglesia de siempre, sino que va por todos los caminos que el hombre tiene para formar una empresa de hombres en Roma.

Esto es sólo la nueva iglesia: un negocio que se monta en Roma y que conserva el nombre de Iglesia Católica. Porque hay que mantener ese nombre. Esto es lo propio de los fariseos: mantienen la apariencia externa de las cosas, pero dan una doctrina contraria a todo.
Todos miran a Roma para encontrar una verdad. Ya no se puede hacer eso. Ya Roma es el habitáculo de Satanás. Y no el sagrario de Dios, no el templo de Dios. Hace mucho que Dios se retiró de Roma y dejó a los hombres discutiendo sobre sus vidas humanas y sus obras humanas, que es lo que la Iglesia ha estado haciendo durante cincuenta años: planear el futuro humano de la Iglesia.

Y ahora vemos las graves consecuencias de todo eso. Y, como muchos, hacen culto del Concilio Vaticano II, entonces no comprende la hecatombe espiritual en que está sumida la Iglesia desde hace 50 años. No comprenden este punto y, por lo tanto, ven a Francisco como un salvador de la Iglesia.

Francisco es su pensamiento. y, por tanto, su nueva iglesia es su pensamiento. Se construye a base de ideas, de recuerdos, de momentos preciosos en la vida del hombre. Y eso es todo en esa nueva iglesia.

Es una ensalada de ideas humanas, puestas en conceptos apropiados, bellos, elegantes, para que todo el mundo sea feliz en su vida. Porque hay que darle al pueblo lo que quiere. Esto es sólo la predicación de Francisco. Cuando habla es para decirle al pueblo lo que le gusta escuchar.

Por eso, trata a los ateos, a los luteranos, a los judíos, a los homosexuales, como a ellos les gusta vivir. Esa es la nueva iglesia de Francisco: el gusto por la vida humana, las obras de los hombres, los pensamientos de los hombres.

Y la Iglesia no es el pensamiento de ningún hombre. La Iglesia es la Obra del Pensamiento Divino. Y ¿quién conoce lo que piensa Dios? ¿Quién es el hombre que escruta el pensamiento de Dios?

Nadie. Ningún charlatán, como es Francisco, conoce lo que quiere Dios de Su Iglesia. Ningún idiota, como es Francisco, puede dar en la Iglesia el Pensamiento Divino. Ningún demonio, como es Francisco, puede gobernar la Iglesia hacia el Pensamiento Divino.

Eso es clarísimo. Pero ¡cuánta gente todavía hay que no ve esto!

Y tampoco se esfuerzan en preguntarse a sí mismo: ¿dónde está la Verdad?

Si el alma no tiene esta pregunta metida en su corazón desde que nace hasta que muere, entonces siempre llega un momento en su vida que se pierde en la mentira.

Cuando un hombre deja de perseguir la verdad, entonces se acomoda a sus verdades y hace de esas verdades sus obras de mentira.

La verdad no la poseen los hombres por más que piensen la vida.

La Verdad sólo se encuentra en Dios. Y cuesta entender esa Verdad. Y cuesta obrar esa Verdad en un mundo donde sólo se da la mentira.

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