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Francisco es un anticristo

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

“y todo espíritu que rompe la unidad de Jesús, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo…” (1 Jn 4, 3).

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La unidad de Jesús es la unidad de la Verdad. Todo aquello que rompe esta unidad no es de Dios y sólo viene del anticristo.

1. “No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anti-conceptivos. Es imposible”.

En este pensamiento se rompe

a. la unidad en el pecado: aborto, homosexuales y anticonceptivos son pecado. Hay que seguir insistiendo en el pecado.

b. la unidad en el bien: el aborto, al ser un pecado, debe ser condenado de forma conveniente para que las almas no lo realicen sin temor a condenarse. Por eso, la excomunión a la persona que aborta. Es un bien excomulgar.

c. la unidad en la persona: Hombre y mujer son dos personas distinta. El homosexual ya no es persona por su pecado. No hay que aplaudir al homosexual y respetarlo como persona, porque su pecado lo impide.

d. la unidad en el sexo: el hombre es para la mujer y la mujer para el hombre. Lo demás es una abominación.

e. la unidad en el placer sexual: el sexo se ha hecho para el amor, no para el placer sexual. Los anticonceptivos destruyen el amor en el sexo.

2. “Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el Papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del Sínodo, porque la actual me parece estática”.

Este pensamiento rompe

a. la unidad de la Iglesia: Pedro es el que da la unidad a toda la Iglesia. No son la gente ni los Obispos. No hay que vivir la sinodalidad a varios niveles, sino que hay que vivir el Papado como lo quiso Cristo en Su Iglesia.

b. la unidad en Pedro: Pedro es el artífice de la verdad en la Iglesia. No son ni la gente ni los Obispos. Sólo Pedro. Si Pedro se acompaña de gente y de Obispos para gobernar a la Iglesia se anula a Pedro en la Iglesia.

c. la unidad en la Verdad: Pedro, al ser el artífice de la verdad, es el que obra sólo la Verdad. Y la obra cuando los Obispos obedecen a Pedro. Se quita la obediencia a Pedro, entonces cae la Verdad. Cuando Pedro se reúne con gente y con Obispos para dirigir la Iglesia, Pedro quita la Obediencia a Pedro y sólo queda la democracia, las corrientes de opinión, a las que todo el mundo acepta de alguna manera, pero sin sometimiento.

3. “Tenemos que caminar unidos en las diferencias: no existe otro camino para unirnos. El camino de Jesús es ese”

Este pensamiento rompe

a. la unidad en la fe: ya el camino para unirse no es la Verdad que da la Fe en la Palabra de Dios, sino que el camino para unirse es la consecución de los diferentes pensamientos de los hombres para llegar a un acuerdo en la fe. Todos quitan sus diferencias en el pensar y así todos se someten a un acuerdo. Y a eso lo llaman la fe de la Iglesia.

b. la unidad en la Verdad: el camino para unirse es la unidad en la verdad. Aquel que no quite sus mentiras no puede hacer unión en la verdad. Como se proclama que no existe la mentira, entonces se proclama la mayor herejía de todas: la verdad es la mentira de cada uno.

c. la unidad en el pecado: el camino de Jesús es ir en contra del pecado, del mundo, de la mentira, del error, del fariseísmo. Decir que el camino para la unidad es la mentira, es llamar mentiroso a Cristo y ponerse como dios en la Iglesia. Aquí Francisco concibe su orgullo en la Iglesia.

4. “En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

Este pensamiento va en contra de

a. la unidad en la mujer: toda mujer tiene dignidad en la Iglesia y, por tanto, ocupa su lugar en la Iglesia, que es estar callada y no meterse en el gobierno de la Iglesia.

b. la unidad en la creación de la mujer: Dios creó a la mujer no para ser Jerarquía en la Iglesia, sino para ser Amor en la Iglesia, como es la Virgen María. Proclamar que la mujer sea puesta para gobernar la Iglesia es ir en contra de la Mente de Cristo sin posibilidad de reparar eso. Cuando se metan a las mujeres en los diferentes niveles de gobierno en la Iglesia, se destruye automáticamente el sacerdocio en la Iglesia. Porque el gobierno de la Iglesia es sólo para los hombres. Cualquier mujer que quiera gobernar la Iglesia destruye la Iglesia en su raíz, que es la Jerarquía. Y eso va en contra de lo que Dios ha creado en la mujer. La mujer es para amar, no para gobernar. El hombre es para gobernar, por eso es la cabeza de la mujer. Quien no siga esta Palabra Divina, rompe con toda la Iglesia.

5. “El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica concreta. Sí, hay líneas de hermenéutica de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible”.

Este pensamiento va en contra de

a. la unidad en la Iglesia: El Evangelio no se lee según las situaciones concretas de los hombres, sino con la fe del corazón. y, por tanto, quien quiera hacer una liturgia para el pueblo con la historia del pueblo, destruye lo sagrado y lo santo de la liturgia, porque el pueblo es siempre pagano, mundano, humano, artificial, dado a lo exterior de la vida, a lo superficial de la vida, a las prisas de la vida. Y esa es la liturgia que tenemos después del Concilio Vaticano II.

b. la unidad en la verdad: lo que hizo el Concilio debe ser reversible, porque va en contra de la Voluntad de Dios. Que Francisco no asuma el derecho de decir que no se va a cambiar nada porque él es el que menos sabe de los sagrado y lo santo en la Iglesia. Que Francisco siga en su nueva iglesia su gran herejía del populismo y del humanismo, que hacen de esa nueva iglesia un dios para el mundo, fabricada por la mente de los hombres y dada a los hombres como Voluntad de Dios. Mayor arrogancia no cabe en un hijo de Satanás como Francisco.

6. “Es verdad que tenemos la tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por decirlo así, es hoy. Por eso las lamentaciones jamás nos ayudan a encontrar a Dios. Las lamentaciones que se oyen hoy sobre cómo va este mundo “bárbaro” acaban generando en la Iglesia deseos de orden, entendido como pura conservación, como defensa. No: hay que encontrar a Dios en nuestro hoy”.

Este pensamiento va en contra de

a. la unidad en Dios: Dios ni es pasado, ni futuro ni presente. Dios es Eterno. Y eso basta para decir que Francisco es el mayo ignorante sobre Dios. Sólo habla de lo que le interesa: de su dios, que es su razón, que sus gnosis, que es su gnosticismo, por el cual, él se cree dios por tener en su interior una luz que ilumina sus pasos. Francisco es un iluminista engendrado por Lucifer. Y en ese iluminismo hace creer a los demás que su sentido del orden, de la verdad, del amor es el correcto, porque quiere ponerse en el hoy del hombre, pero no quiere ponerse en el hoy de Dios.

b. la unidad en la verdad: Francisco sólo dice que para quitar el mal que hay en el mundo hay que buscar a Dios hoy. ¿Dónde? En el mundo. Y eso va en contra de toda la Sagrada Escritura que dice: no améis al mundo ni lo que hay en él. Y “no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo” (Jn 17, 16). Para Francisco, la Iglesia tiene que ser del mundo y dedicarse a las cosas del mundo. Esa es la gran herejía de un hombre mundano hasta lo último de su ser.

7. “Un cristiano restauracionista, legalista, que lo quiere todo claro y seguro, no va a encontrar nada. La tradición y la memoria del pasado tienen que ayudarnos a reunir el valor necesario para abrir espacios nuevos a Dios. Aquel que hoy buscase siempre soluciones disciplinares, el que tienda a la “seguridad” doctrinal de modo exagerado, el que busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, posee una visión estática e involutiva. Y así la fe se convierte en una ideología entre tantas otras”.

Este pensamiento va en contra de

a. la unidad en la verdad: los fariseos, como Francisco, son los que hace la Iglesia a base de ideologías. Y, por tanto, se dedican a construir nuevos evangelios, nuevas liturgias, nuevos documentos para enseñar a la Iglesia su mente humana. Y en esa mente humana, los demás son los que hace de la fe la ideología. Pero ellos, los fariseos, no la hacen porque dan la mente de Dios como un producto de su mente divinizada. Para el fariseo no hay otra verdad que la que tiene en su mente. Y no hay forma de enseñarle la verdad, porque todo lo acomoda a su mente, todo lo distorsiona en su mente, todo lo destruye en su mente para fabricar su verdad, que es la verdad divina y no hay otra verdad divina. Aquí Francisco habla como un auténtico fariseo que se opone a todos aquellos que no sigan su pensamiento farisáico. Es el culmen de su endiosamiento en la Iglesia. Está sentado en la Silla de Pedro para que la gente le dé culto como dios. Es lo que muchos hacen porque no se atreven a desafiarlo en sus mentiras. Ven sus mentiras como oráculo divino. Eso es dar culto divino a un hombre en la Iglesia.

8. “Nos acecha siempre el peligro de vivir en un laboratorio. La nuestra no es una fe-laboratorio, sino una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un compendio de verdades abstractas. Me dan miedo los laboratorios porque en el laboratorio se toman los problemas y se los lleva uno a su casa, fuera de su contexto, para domesticarlos, para darles un barniz. No hay que llevarse la frontera a casa, sino vivir en frontera y ser audaces”.

Este pensamiento va en contra de

a. la unidad en la Revelación: para Francisco, Dios es historia, Dios se ha revelado como historia. Entonces, Francisco niega la Revelación de Dios, niega al Padre que ha creado el Universo. Y eso es una Revelación Divina. Niega al Hijo que se ha encarnado para salvar al hombre. Y niega al Espíritu que guía a la Iglesia hacia la Verdad, que nunca se da en la historia de los hombres. Francisco ha hecho su nueva iglesia en su laboratorio, en su camino hacia el humanismo, hacia la historia de los hombres. Y, por eso, la fe de Francisco es la fe en su pensamiento humano, en sus conquistas humanas, en sus obras humanas, en sus sentimientos humanos. Porque sólo le interesa la historia del hombre. Pero no le interesa lo que hace Dios en cada alma. Él no comprende las almas, sólo ve los hechos históricos de los hombres y siempre se va a quedar en lo exterior de la obras de los hombres, nunca va a comprender lo que es un hombre. Decir que Dios se ha revelado como historia es decir que Dios es el hombre histórico. Es la doctrina de la nueva era, del gnosticismo, que dice que todo es dios, todos somos dioses, todos somos seres completos en sí mismos.

El espíritu con que habla Francisco rompe la unidad en la doctrina de Cristo. Luego es un anticristo.

¿Y todavía no quieren creer? ¿Todavía persisten en seguir a un hijo del demonio?


1 comentario

  1. José M dice:

    Asusta leer a Francisco en el punto 5:

    “hay líneas de hermenéutica de ….discontinuidad”…

    ”la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible”.

    Estas frases significan:

    (1) el entierro de la hermenéutica de la continuidad predicada por Benedicto XVI, única manera integrar el CVII dentro de la Tradición e intentar salvar sus ambigüedades;

    (2) se muestra sin ambages una ruptura con la tradición bimilenaria, lo que significa que se reconoce la existencia de una “nueva” iglesia, la cual, despegada de la Tradición, ya no puede ser iglesia verdadera.

    Ya se están quitando las caretas y muestran claramente quiénes son y sus intenciones: Modernistas dispuestos a crear su nueva religión. Ya no es necesario ni tan siquiera disimular. Tan seguros están del adormecimiento de las masas católicas, que ya se pueden anunciar las aviesas intenciones claramente, sin que nadie reaccione o, lo que es peor, con el aplauso de las mayorias embrutecidas.

    Adveniat Regnum Tuum

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