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Benedicto XVI ató el Cielo con su renuncia

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Los hombres no han comprendido la Verdad en la Iglesia.

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Muchos hombres creen que se ha de obedecer a los pensamientos de los hombres en la Iglesia. Y si un Papa decide renunciar, entonces hay que callar la boca y someterse a lo que ese Papa ha hecho.

Aquí está el error de muchos, que es también el error de la Jerarquía Eclesiástica.

Aquel que dice: nos guste o no, las decisiones del sucesor de Pedro, como la de renunciar, hemos de asumirlas, pues quedan atadas en los cielos.

Éste no sabe interpretar las Escrituras, sino que da su interpretación, que es sólo su soberbia.

En su soberbia cree que el Papa tiene derecho a ir en contra de la Vocación que ha recibido para ser Pedro. No está entendiendo el Evangelio, que es claro para los humildes, pero los soberbios se enredan en sus propias conclusiones. No saben pensar, no saben hilar correctamente sus pensamientos, porque nacen de su soberbia. Y la soberbia rompe el pensamiento. Lo ciega. Lo deja inútil para ver la Verdad.

La Jerarquía de la Iglesia piensa como muchos hipócritas en la vida, como muchos soberbios en la vida, como muchos orgullosos en la vida. Les gusta reescribir el Evangelio según su acomodado pensamiento humano.

En primer lugar, un Papa no puede renunciar porque el don de Dios es irrevocable (Rm 11, 29).

Si no se parte de aquí, entonces para qué seguir.

Si no se entiende esto tan sencillo que dice San Pablo, entonces se argumenta sin sentido, neciamente, buscando una razón para querer tener la verdad.

Y la Verdad no está en el pensamiento de nadie, ni siquiera de un Papa santo.

Nadie posee la Verdad completa, porque sólo el Espíritu de la Verdad la posee y lleva al alma a ese conocimiento sin fondo, sin límites, en donde siempre se aprende una verdad nueva y nunca se deja de aprender la Verdad. Porque la Verdad no tiene fin. Nunca se llega a conocer toda la Verdad, porque si no seríamos dioses.

Un Papa no puede decidir renunciar. No puede. Si lo hace, peca. Esta es la verdad sencilla. Y esta es la que muchos no aceptan sólo por su soberbia.

Porque los hombres son todos unos soberbios, ciegos para conocer la verdad. Es decir, sólo buscan sus verdades, que el otro les diga lo que quieren oír.

Y en la Iglesia no se está para escuchar mentiras de nadie. Y si un Papa renuncia, eso es una mentira y, por tanto, no se puede asumir una mentira en la vida. Quien la asume es un mentiroso y, después, quiere defender esa mentira a capa y espada.

Cuando un Papa renuncia no se puede asumir esa renuncia. No se puede obedecer al Papa que renuncia. No se puede aplaudir al Papa que renuncia. No se puede alabar al Papa que renuncia. No se puede someterse a la renuncia del Papa. No se puede, porque se va en contra de la Verdad, que dice: los dones son irrevocables. No se puede renunciar. No se puede ir en contra de la Palabra de Dios.

Esto es claro. Pero para muchos hombres no es nada claro, porque son soberbios hasta rabiar. Tiene la rabia de su orgullo incrustado en su mente. Y no pueden aceptar ninguna verdad. Sólo quieren aceptar sus verdades, las que les gusta oír en sus maravillosos oídos.

“Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia, y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”

Esta Palabra Divina, que muchos custodian para defender a Francisco, va en contra de Francisco y de Benedicto XVI.

Jesús eligió a Benedicto XVI como Pedro, como Vicario de Cristo. Y Benedicto XVI renunció a ser Pedro. Inmediatamente ató el Cielo. Y el Cielo no puede dar más Papas, por el pecado de Benedicto XVI.

La renuncia de Benedicto XVI son dos cosas: una atadura en el Cielo y un pecado del alma de Benedicto XVI.

Una atadura en el Cielo, porque Benedicto XVI, en su renuncia, actúa como Papa y, por tanto, en la obra que hace en la Iglesia produce una atadura en el Papado. Y una gravísima atadura, que nadie puede romper. Sólo Benedicto XVI puede romper si actúa como Papa.

Quien renuncia a ser Pedro automáticamente cierra las puertas de la Iglesia a otro Pedro: “lo que ates…queda atado”. La renuncia de Benedicto XVI es una atadura, no es una liberación de la Iglesia ni del alma de Benedicto XVI.

La Iglesia no queda libre de un Papa porque haya renunciado, ya que el don de Dios es irrevocable. Sigue siendo Papa, luego no hay liberación de la Iglesia. La Iglesia no puede elegir un nuevo Papa porque está atada en el Cielo, por la atadura hecha por la renuncia de Benedicto XVI.

Es que la renuncia de un Papa no es cualquier cosa en la Iglesia. Es algo muy grave que la Jerarquía Eclesiástica no ha meditado ni meditará, porque son todos unos soberbios y unos engreídos, que se creen los dioses de la Iglesia.

La renuncia de un Papa no es un papel escrito que Dios acepta. La Vocación que Dios da a Pedro no se firma en un papel humano. Está escrita en el Corazón de Dios en el corazón del Papa. Y nadie puede borrar esa escritura. Ningún papelito humano firmado por nadie.

Si la Iglesia no queda liberada con la renuncia de Benedicto XVI, entonces Francisco es un impostor, no un Papa.

Esto es claro para las almas humildes. Esto hace reventar a las almas soberbias. No lo pueden aceptar. No les entra en la cabeza, sólo porque son soberbios a rabiar.

La Sagrada Escritura va en contra de Benedicto XVI y de Francisco y, por tanto, de toda la Jerarquía.

Es la Verdad que nadie quiere aceptar porque se acogen a sus normas para hacer renunciar a un Pontífice. Para ellos es más importante sus reglas en la Iglesia que la Palabra de Dios. Esto es lo propio de la Iglesia de los fariseos, que tanto batalló Jesús en su tiempo y los confrontó hasta morir.

No se puede aceptar a un fariseo en la Iglesia como es Benedicto XVI, Francisco y toda la Jerarquía Eclesiástica. No se puede comulgar con ninguno de ellos. No se les puede obedecer en nada. Hay que decirles a cada uno de ellos que primero quiten su fariseísmo de la Iglesia y después pidan la obediencia. Como no van a hacer esto, entonces hay que confrontarlos como son en la realidad: unos malditos que no quieren quitar su pecado de en medio de la Iglesia.

El que peca es siempre un maldito cuando persiste en su pecado, cuando proclama su pecado, cuando justifica su pecado, cuando vive obrando su pecado.

Hay que llamar a las cosas por su nombre, que es lo que nadie hace hoy en la Iglesia. Todos se dicen pecadores, pero no hay ni uno que luche por quitar su pecado de en medio de la Iglesia.

El pecado de Benedicto XVI hace a la Iglesia un cadáver. No hay Espíritu en la Iglesia, porque no hay Pedro que la gobierne. No existe. La Iglesia está totalmente desvalida, sin protección alguna. La Verdad ya no está en Ella, porque Benedicto XVI renunció a la Verdad.

La Verdad de la Iglesia sólo la tiene el Papa. Si Pedro renuncia a ser Pedro, nadie en la Iglesia tiene la Verdad. Nadie. Por eso, ahora sólo vemos a la gente que lucha por sus verdades en la Iglesia. Pero nadie quiere luchar por la Verdad de la Iglesia.

Él único que puede resolver este dilema es Benedicto XVI. Puede desatar lo que ha atado como Papa en su renuncia. Pero no lo va a hacer. Para hacerlo, tendría que salir de Roma y enfrentarse a Francisco. Y no le van a dejar hacer eso. Eso es claro. Eso lo sabe hasta un niño.

El fariseísmo que hay hoy en la Iglesia es la peor calaña de todas. Toda la Jerarquía Eclesiástica, que está en Roma, huele a podrido. No hay uno que se salve. Roma está infestada de satánicos por todas partes. En Roma hay una secta satánica que lo dirige todo y que lo prepara todo para la hecatombe espiritual que se avecina ya.

Roma es una ramera que se prostituye con los hijos del demonio que son muchos sacerdotes y Obispos en Roma. Y esa ramera va a dar a luz al inicuo, al sin nombre, al que el Cielo no puede ver sin darle una Justicia Divina. Un hombre sin misericordia y para una obra sin misericordia en Roma y en el mundo.

Y, por tanto, aquel que quiera seguir jugando con Francisco, que siga haciéndole el juego. Pero aquel que quiera oponerse a Francisco que se oponga con todas las consecuencias, porque la batalla va a ser dura, porque hay que enfrentarse a los duros de cerviz que ya se creen los dioses de Roma. Son las nuevas deidades que Roma da a luz en nuestros días. Y muchos dan culto ya a Francisco como un superhombre.

Y este superhombre tendrá que abajarse tanto porque le va a ser quitado lo que más precia: su trono en Roma.


2 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Cuando dice que Benedicto XVI solamente puede resolver este dilema que nos carcome a algunos desde principio de este año, ¿cómo podría él hacerlo? Y perdón por la simplicidad, pero, cómo? Diciendo “Srs. me equivoqué, pequé, no debí renunciar pese a los presiones que tenía, mi renuncia no tiene valor, el Papa soy yo” ?

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