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Francisco es un impostor

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“los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rm 11, 29).

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En esta Palabra Divina los hombres no creen.

Si el hombre tuviera Fe en la Palabra entonces no veríamos lo que vemos en la Iglesia.

Benedicto XVI no renunció a ser Pedro porque el don de Dios es irrevocable, es para siempre, es hasta la muerte.

Esta es la Fe en la Iglesia.

Y esto es lo que no ha vivido ni Benedicto XVI, ni los Cardenales que eligieron a un hombre para ser Papa, ni Francisco.

Nadie vive la Fe. Nadie obra la Fe.

Todos viven sus pensamientos humanos. Todos obran sus pensamientos humanos.

Todos dicen muchas cosas, muchas razones, para no obrar la Fe en la Palabra: nadie puede renunciar a la Vocación a la que Dios le ha llamado.

Si se dice que Benedicto XVI hizo algo bueno en su renuncia, como una acto de humildad, de sabiduría, de ejemplo ante los demás, se está diciendo una solemne tontería, una gran mentira.

Porque lo que hizo Benedicto XVI fue una acto en contra de la Voluntad de Dios, que lo llamó a ser Pedro en la Iglesia. Y esa llamada es irrevocable. No la quita nadie, ni el mismo Dios. No la quita una enfermedad, y menos la opinión de ningún idiota de la Jerarquía Eclesiástica.

Porque se es sacerdote u Obispo para dar la Verdad a la Iglesia, no para engañar a la Iglesia como lo hicieron los Cardenales que se reunieron para proclamar en la Iglesia a nuevo Papa cuando el anterior seguía vivo. Cardenales astutos como demonios para obrar la iniquidad en la Iglesia.

O creemos en la Palabra de Dios o creemos en las palabras o en las leyes o reglas que tienen los hombres en la Iglesia.

Pero no se puede creer a las dos al mismo tiempo. O la Iglesia es la Obra de la Palabra Divina o la Iglesia es la obra de las palabras humanas. Elijan y quédense con aquella que más les guste a su estupidez humana o aquella que les niegue todo derecho a poner su pensamiento humano.

Porque eso es la Cruz de Cristo: crucificar tu gustosa voluntad humana, pisotear tu brillante cabeza humana, despreciar tu importantes obras humanas.

Hay muchas almas en la Iglesia que no ven esta verdad: Benedicto XVI sigue siendo el Papa verdadero, le pese a quien pese, le guste o no le guste a Francisco o a la Jerarquía de la Iglesia que se une a ese impostor.

Y si Benedicto XVI es el Papa verdadero, porque los dones son irrevocables, entonces Francisco es un impostor, al que no hay que hacer ni caso en la Iglesia.

Esta es la Verdad que nadie quiere entender y que nadie quiere seguir en la Iglesia.

Francisco es un impostor. Y si no se cree a la Palabra de Dios, que es muy sencilla y que sólo hay que tener dos dedos de frente para entenderla, entonces estamos haciendo sólo la Iglesia del demonio, pero no la Iglesia que Jesús quiere.

“Se ha sentado en la Cátedra de Moisés los escribas y fariseos” (Mt 23, 2) para reescribir el Evangelio de Dios, para anunciar a la Iglesia la sabiduría de los hombres, para hacer de la Iglesia el culto a Satanás.

Y todavía hay gente que no se lo cree. Que no acaban de abrir sus ojos dormidos por la mentira que viven.

Pero a ¿quién quieren creer a Francisco o a Pedro?

Y dijo Pedro: “No tengo oro ni plata; mas lo que tengo, esto te doy: en el Nombre de Jesucristo, ponte a andar” (Act 3, 6).

Y dijo Francisco: “El mal más grave que afecta al mundo en estos años es el paro juvenil y la soledad de los ancianos. Los mayores necesitan atención y compañía, los jóvenes trabajo y esperanza, pero no tienen ni el uno ni la otra; lo peor: que ya no los buscan más”.

¿Es la palabra humana de Francisco más importante que la Palabra Divina? ¿Son las razones de Francisco las razones de Dios en la Iglesia?

¿Es la obra de Francisco en la Iglesia más importante que la obra que hizo Pedro al comenzar la Iglesia?

Dicen que quieren volver a lo primitivo, a los orígenes de la Iglesia. Entonces hagan como Pedro hizo. Imiten a Pedro. ¿Para qué esta la Sagrada Escritura? Para imitarla, no para reescribirla.

Pero son incapaces de hacer eso porque no creen en el Espíritu. Y empezando por Francisco, que dice que Jesús no es Espíritu. Y lo dice tan campante, como si hubiera dicho la verdad más grande de la historia en la Iglesia.

¿Quién es más importante ahora en la Iglesia: Francisco o la Palabra de Dios?

¿Quién tiene la razón sobre la renuncia de Benedicto XVI: el mismo Benedicto XVI o la Palabra de Dios?

¿A quién palabra seguimos en la Iglesia: a las palabras de los hombres o a la Palabra de Dios?

Es claro que la mayoría de la Iglesia sigue lo que los hombres dicen. Eso es clarísimo. Y, por eso, decía la Virgen: “ROMA PERDERÁ LA FE y se convertirá en la sede del anticristo.” (La Salette)

Roma es un basurero en que los hombres han convertido el culto divino. Un basurero. Hay que echar en Roma todo lo que no sirve para salvarse y santificarse. Todo lo que estorba para vivir una vida acomodada a los planes de los hombres. Hay que despreciar las cosas santas y sagradas, porque ya lo nuevo es lo que trae Francisco a la Iglesia.

Con Francisco la Silla de Pedro le pertenece al anticristo. Y ¿todavía no se han dado cuenta? ¿Es que no basta con mirar la cruz que ese maldito ha puesto en medio de la Iglesia? ¿Es que la Cruz ya no es el Crucificado? ¿Desde cuándo la Cruz representa la Resurrección? ¿En qué evangelio está escrito eso?

Roma es la Sede, el gobierno central del Anticristo. Pero, eso no me lo creo. No termino de verlo en mi cabeza, porque mi cabeza es la sede de mi orgullo, de mi soberbia, de mi felicidad en la vida. Y no quiero pisotear mi cabeza porque quiero seguir viviendo mi linda vida, mi estúpida vida, mi descarnada vida.

Los hombres somos todos unos soberbios y unos hipócritas que tenemos miedo de decir la Verdad, cueste lo que cueste en la Iglesia. Que queremos decirnos unos a otros lindezas para estar contentos y así amarnos mucho. ¡Qué asco da la Iglesia hoy día! No hay fe. No hay ninguna Fe.

Roma, es decir, la Jerarquía de la Iglesia, ha perdido la Fe en la Palabra. La perdió Benedicto XVI, la perdieron los Cardenales que eligieron a Francisco, y no la tiene Francisco. Francisco es lo más opuesto a un hombre de Fe. Es un incrédulo, que sólo cree en su maravillosa cabeza.

Francisco es sólo un demonio en la Iglesia.

Y esto la gente todavía no se lo cree.

Su sonrisa es la sonrisa de Lucifer, que se burla de las almas para indicarles el camino del infierno. Es lo que ha hecho en los siete meses de gobierno despótico, en que no ha dicho ninguna verdad al alma, sino todas sus mentiras bien presentadas para quedar bien ante todo el mundo.

Sus ojos recriminan a los corazones que no quieren seguirle por su camino de mentira y de orgullo en la Iglesia. Parecen bondadosos, pero con el que le hace el juego en la Iglesia. Con quienes se enfrentan a él, son ojos están llenos de odio que no sabe disimular.

Su boca es la boca del Dragón, que sólo sabe vomitar su herejía favorita: Dios es el hombre. El hombre es dios, el hombre es el centro de todo, el hombre es el que sabe, el hombre el que obra, el hombre es el que decide en la vida. Hay que ayudar al hombre, hay que vivir para el hombre. Hay que ser hombre.

Y, cuando hace una obra buena, es el demonio el que se reviste de ángel de luz para aparecer santo y justo ante los demás, para conseguir el aplauso de los bobos como él es en su corazón y en su alma. Francisco es el hombre más necio de todos en la Iglesia actualmente.

¿Quién se cree que es Francisco? ¿Qué se cree la gente que es Francisco?

Es un maldito. Y no hay otra palabra para definirlo.

Maldito por lavar los pies a dos mujeres en Semana Santa.

Maldito por poner en la Iglesia el gobierno horizontal destruyendo la columna de Pedro en la Iglesia, su verticalidad.

Maldito por no querer juzgar a los homosexuales y así equipararse a ellos en su maldito pecado.

Maldito por no reconocer el Amor de Dios en Su Iglesia que le llama abandonar la Iglesia, porque no sabe ser sacerdote ni Obispo en la Iglesia.

Maldito porque, día tras día, justifica su pecado en medio de la Iglesia y aplaude a aquellos que imitan su mismo pecado en la Iglesia.

Es que no hay manera de alabar a Francisco en nada. No hay manera de aplaudirle.

O se está con Francisco o se está en contra de Francisco, pero no se puede estar un día sí y otro día no. Eso es de fariseos y de hipócritas, como es él.

Tenemos una Iglesia que, en este momento, no sirve para nada. Está rota por los cuatro costados. Es un cadáver sin vida, sin amor, sin fe, sin esperanza alguna.

Y la gente en la Iglesia sólo persigue su vida cómoda. Para eso quieren a Francisco. No para otra cosa. No para vivir de Fe, no para obrar las obras divinas en la Iglesia. Sino para hacer de la Iglesia el teatro de las obras humanas.

¡Es una pena cómo está la Iglesia!. ¡Una gran pena!. Es para llorar. Es para sentarse, como se sentó la Virgen en la Salette, y empezar a clamar a Dios para que no hunda a sus hijos por Su Justicia.

Porque esto que ha hecho Benedicto XVI, los Cardenales que eligieron a un Papa nuevo, y Francisco es para destruir la Iglesia. Y eso se llama: Justicia Divina.

Dios castiga a Su Iglesia dejando que el demonio ponga un anticristo en la Silla de Pedro y así muchas almas se van a condenar, porque ya no tienen Fe en la Palabra de Dios. Y hay que dejarlas que ellas mismas pongan su camino de condenación en vida. Eso es el significado de la nueva iglesia que ya está funcionando en Roma. Una Roma para condenar a las almas. Una Roma que ya no da la Verdad a nadie, sino que sólo se ha convertido en la Ramera de los sacerdotes y de los Obispos que miran a Roma como la posesión de la mentira del demonio.

¡A Cuántos sacerdotes Y Obispos les agrada la mentira que Francisco dice diariamente en Roma! ¡Cuántos buscan esas palabras para decirse a sí mismos en la vida: qué bien vamos, qué Papa más bueno tenemos! ¡Tenemos un Papa que nos regala el oído, que nos dice lo que queremos oír! ¡Qué alegría encontrar a un santo varón, lleno del Espíritu, que lo va renovar todo en la Iglesia!

Esto es lo que se escucha por todos los sitios. Así está la Iglesia: embobada con las palabras de un maldito, que no sabe enfrentarse a ese maldito para no quedar mal con los demás, para seguir la farsa de muchos en la Iglesia, para seguir ganado el dinero y tener el puesto que no se quiere perder en la Iglesia.

Una Iglesia que es una ruina, una hecatombe espiritual. Nadie vive el Espíritu. Nadie hace caso al Espíritu. A nadie la interesa obrar la Voluntad de Dios en la Iglesia.

Por eso, hay que renunciar a Roma muy pronto. Es lo que queda. Porque si no se hace eso, después va a ser más difícil salir de la Iglesia.

Una vez que el demonio está sentado en la Silla de Pedro, ata todas las cosas en la Iglesia y las almas no pueden desatarse de eso. Tiene que ser con una gracia especial de Dios.

Sentarse en la Silla de Pedro no es cualquier cosa. Es un maleficio que hace el demonio que pone en cada alma que siga a esa Silla el camino para condenarse en la Iglesia. Eso significa que un anticristo esté sentado como Papa en Roma. Los caminos abiertos ya están en Roma para ir contentos, bailando felices al infierno.

Y todavía hay que gente que no se cree esto.

Todavía la cabeza de muchos buscan una razón para no ver esta verdad, una excusa para seguir al maldito que se sienta en Roma.

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