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La Iglesia es un cadáver

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La santidad en la Iglesia ha desaparecido completamente.

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El principio para ser santos es el Bautismo. Sin ese Sacramento, que hace al alma hija de Dios, la persona no puede caminar hacia la Santidad.

El Bautismo no hace santos, sino que da el sello de la Santidad.

Nada en la Iglesia hace santos, santifica, porque la Santidad sólo consiste en hacer la Voluntad de Dios.

Esto es lo que no enseña en la Iglesia, hoy día. Vean la homilía de Francisco en el día de Todos los Santos: nunca dijo que había que hacer la Voluntad de Dios para ser santos, sino que dijo lo de siempre: hay que amarse unos a otros y no odiarse. Eso es toda la santidad para Francisco.

Tiene en esa homilía muchos errores que ya ni merece la pena decirlos porque son los de siempre. Francisco nunca va a enseñar ninguna verdad en la Iglesia. Nunca. Y, por eso, no hay que buscar en él una verdad, una enseñanza, un oráculo de Dios. Al revés, si quieren conocer lo que el demonio planea, sólo siga a Francisco en lo que dice en la Iglesia.

Ser santos significa ponerse en contra de los hombres.

Y si no se hace esto, entonces la santidad no existe, no puede darse. De hecho, no se da ahora en la Iglesia porque todos en la Iglesia se ponen a favor de los hombres. Eso es el humanismo que trae dos herejías a la Iglesia: todo es hacer un común, una comunidad, y todo es ponerse por encima de Dios, de sus leyes, de sus tradiciones, de sus mandamientos, de sus enseñanzas.

Estas dos herejías son la punta del iceberg que está en la Iglesia.

Es un rascacielos de pecado que no se contempla, porque el pecado es sólo una cuestión de una falla en la persona. Todos fallamos, todos no equivocamos, y ya está. Se corrige el error y a echar para adelante. Esto lo enseña Francisco en cada homilía. Para él los hombres son todos pecadores y todos santos al mismo tiempo, porque todos tenemos nuestros tropiezos y ya el Señor nos ha salvado sin necesidad de que luchemos contra nuestros pecados, porque –naturalmente- caemos, somos débiles, somos frágiles. Y hay que tener compasión entre uno y otros y soportarnos unos y otros.

Así piensan los humanistas y Francisco el primero.

La santidad es una lucha espiritual contra tres frentes: el mundo, el demonio y la carne.

El mundo de los hombres y sólo de los hombres. Y, en ese mundo, sólo está una Cabeza: el demonio. El demonio tiene su cabeza visible en el mundo: un masón. Y sólo tiene esa cabeza. No tiene más cabezas, más masones, porque el demonio imita en todo a Jesucristo.

Jesús puso una Cabeza Visible en Su Iglesia, que es Pedro; el demonio pone la suya, que es un masón.

Esa cabeza visible no es visible para los hombres, no es conocida por los hombres. Sólo es conocida por un rango jerárquico de hombres, unidos a esa cabeza. Como se da en la Iglesia, los Obispos se unen a Pedro, para formar la pirámide de la Jerarquía. Esa pirámide ya no existe en la Iglesia por el gobierno horizontal. Pero sigue existiendo en el mundo.

El mundo es una iglesia comandada por el demonio. Una iglesia que sólo puede enseñar la mentira de muchas maneras, porque no hay verdad en el demonio.

Una iglesia que ata a todos los hombres a un pensamiento, sea el que sea; pero ese pensamiento es el motor de cada hombre en el mundo.

El mundo se mueve sólo por ideas. Y nada más que eso, porque el mundo no conoce lo que es el amor. El amor divino es siempre una obra, nunca una idea.

El mundo es dirigido solamente a base de ideas que va poniendo el demonio en la cabeza visible. Y es este masón el que lo mueve todo en el mundo. Y puede mover una guerra, como un desastre económico, como un terremoto, como un alza en la economía, como un atentado a un país, como lo que sea que pase en el mundo.

Cualquier cosa que pasa en el mundo no es por casualidad. Esa cabeza masónica controla cualquier cosa en el mundo. Es un trabajo de siglos y siglos, de controlar todo en todos los países, en todas las culturas, en todos los movimientos.

Es un trabajo encubierto, oculto, que no se ve, pero que se ven sus frutos, sus efectos.

Para tener éxito en el mundo sólo hay que seguir la idea que predomine en ese instante en el mundo. Esa idea lleva al dinero y al poder.

Los hombres inteligentes en el mundo están siempre al acecho de esta idea. Porque la cabeza masónica rige al mundo a través de una idea ejemplar. Hay que seguir esa idea ejemplar para entender la mente del masón : ¿hacia dónde lleva al mundo esa cabeza?

Ahora mismo, la idea predominante es la Iglesia. Hay que ir a la Iglesia, hay que estar en la Iglesia, hay que ver la manera de ser Iglesia todos.

Esta idea masónica es la que rige en el gobierno horizontal en la Iglesia.: hay que abrirse al mundo para recoger esta idea masónica, que viene de fuera de la Iglesia. El masón quiere entrar en la Iglesia, pero necesita que le abran la puerta.

Ya la tiene abierta con Francisco. Entonces, todos adentro. Es lo que predica Francisco: todos adentro. Está dando a los masones la señal para que entren con su idea.

La idea del masón es hacer una iglesia. Pero hacerla en la Iglesia, desde la Iglesia, con la Iglesia que está en Roma.

Esta idea que predomina en el mundo viene desde la muerte de Juan Pablo II. En esa muerte, la masonería puso en la Iglesia el camino para esta idea.

Una vez que se tiene al hereje sentado en la Silla de Pedro, para la cabeza masónica es fácil imponer esta idea.

Pero es difícil porque la Iglesia sigue la idea de la Verdad que no está en la masonería.

Y, entonces, viene el problema para la cabeza masónica: ¿cómo anular la Verdad de la Iglesia sin que la Iglesia se oponga a eso?

Y sólo hay un camino para esto: el despotismo, la imposición a la Iglesia de lo que quiere la cabeza masónica. No hay otro camino.

Y aquí viene la dificultad de la Iglesia: porque la Iglesia ha perdido la santidad, entonces se deja imponer esta idea masónica.

Ya lo ha hecho con el gobierno horizontal: la Iglesia se ha dejado imponer una idea cismática, herética, que lleva a la apostasía por sí misma, que conduce a la incredulidad en todos los ámbitos de la Iglesia, que destruye la Iglesia en su raíz.

Y esto se ha hecho porque no hay santidad en la Iglesia. Nadie busca la Voluntad de Dios en la Iglesia. Todos buscan el congraciarse con los hombres en la Iglesia. Y, por eso, se acoge la herejía como una verdad en la Iglesia.

Esta gravedad hace que la Iglesia camine sin marcha atrás hacia su destrucción.

Ya no es posible volver atrás, volver a lo de antes. Es imposible. Y ¿por qué? Por la naturaleza del pecado de Benedicto XVI. Sólo por eso.

Ese pecado anula la santidad en toda la Iglesia.

Para comprender esto es necesario saber que el alma de la Iglesia es el Espíritu Santo.

Sin este alma, la Iglesia es un cadáver. Y sólo eso: un cadáver sin vida espiritual.

¿Cuándo la Iglesia se convierte en un cadáver?

Sólo cuando Pedro renuncia a ser Pedro. En ese instante.

Porque en Pedro está la raíz de lo que es la Iglesia: una unión mística realizada sólo por el Espíritu en el alma de Pedro.

Si el alma de Pedro renuncia a ser Pedro, se anula la unión mística. Y esa anulación deja a la Iglesia como cadáver.

La Iglesia, místicamente, es un cadáver.

Pero la Iglesia, espiritualmente, está viva en algunos corazones. No en muchos. Porque siempre serán pocos los que se salven.

La diferencia entre lo místico y lo espiritual consiste en esto:

Lo místico es sólo una obra del Espíritu. En esa obra no entra para nada los méritos del hombre, del alma. Jesús obra místicamente en Pedro, aunque éste sea un demonio, un condenado en vida. Lo místico no necesita la gracia para darse. Lo místico se da en el pecado de la persona, cuando esa persona tiene un oficio en la Iglesia, como es ser Papa, sacerdote, Obispo. Si no tuviere un oficio, no se da lo místico, sino que se da el falso misticismo, que es siempre una obra del demonio.

Lo espiritual necesita la gracia del alma para obrarse. Necesita los méritos de la persona, el trabajo en la vida espiritual. Por eso, la Iglesia siempre va a estar en un corazón que es fiel a la gracia. Siempre en un corazón que es fiel a los Sacramentos, a los mandamientos de la ley de Dios, a la Tradición de la Iglesia, al Magisterio de la Iglesia.

Por eso, místicamente la Iglesia es un cadáver. Pero espiritualmente la Iglesia está viva.

Y, entonces, viene la cuestión: ¿qué hacer ahora en esta dicotomía que se observa en la Iglesia? Porque Roma no dice la Verdad, luego no puede hacer Iglesia. Pero el corazón anhela ser Iglesia, hacer Iglesia.

¿Qué tienen que hacer las almas con una Iglesia que es un cadáver místicamente?

Sólo una cosa: seguir al Espíritu de la Iglesia en el corazón, no en Roma.

Sólo eso.

Porque es Cristo quien ahora lo dirige todo en Su Iglesia. Y ya no la dirige de una forma mística, a través de una cabeza, de un sacerdote, de un Obispo, de un Papa.

Ahora Cristo indica a cada alma cómo ser Iglesia, cómo hacer Iglesia cuando no hay una cabeza visible.

Porque ésta es la dificultad de la Iglesia en estos momentos: no tiene un cabeza visible que le diga la Verdad, que la una en la Verdad, que le muestre el camino de la verdad. No tiene.

Ésta es la gran dificultad.

Los hombres siempre necesitan de una cabeza visible para andar en la vida. Y ahora no la ven en la Iglesia.

Las almas, ahora, se encuentran perdidas y buscan aquí y allá un alimento de verdad para sus almas. Pero no pueden buscarlo en Roma. No pueden buscarlo en los sacerdotes, Obispos que no enseñan la Verdad. No pueden buscarlo en los profetas que ya no enseñan la verdad, sino la mentira.

Al quitar la cabeza visible, que es Pedro, se oculta la Verdad en la Iglesia.

Este es el Misterio de la Iglesia.

Jesús hace caminar ahora a Su Iglesia en la oscuridad de la luz divina que se oculta a todos. Y la hace caminar para purificarla de todos su errores, de todos sus pecados. Porque es necesario para la Iglesia la oscuridad que da la fe al alma que cree. Es la noche oscura del alma, de San Juan de la Cruz, lo que vive la Iglesia en estos momentos.

La Iglesia es un Reino Espiritual, y sólo se puede vivir en ese Reino cuando el alma se pone en la Verdad, cuando el alma ilumina su vida con la verdad, cuando el alma obra en su vida con la Verdad.

Pero si el alma se aleja de la Verdad, entonces no hace Iglesia, no es Iglesia, no obra en la Iglesia la Verdad.

Ahora mismo, la Verdad está oculta. Y sólo la perciben los corazones fieles a la Verdad. No la perciben los hombres abiertos a la inteligencia del mundo. Esos hombres sólo miran sus ideas, pero no la Verdad.

La Verdad se ha ocultado en la Iglesia cuando Benedicto XVI renunció.

Y no hay forma de ver la Verdad en la Iglesia. No hay manera.

Sólo se ve la Verdad, ahora, en cada corazón fiel a la Palabra de Dios, fiel a la Gracia Divina, fiel al Espíritu de la Verdad.

Por eso, llega ya para todos la hora de renunciar a lo que Roma presente a la Iglesia.

Hay que renunciar. Hay que salir de esa iglesia que ya no es la Iglesia. Hay que dejar Roma para seguir siendo Iglesia, para seguir haciendo la Iglesia.

Este es el punto más importante que viene ahora, en este mes que se ha comenzado.

Un último mes pasado en la tranquilidad, sin sobresaltos, sólo con lo mismo de siempre: las eternas herejías de Francisco. Aparte de eso, nada.

Esa falsa paz es sólo producto del demonio para conseguir un clima de dormición en las almas: no pasa nada. Todo va bien. Todo tiene que ir viento en popa.

Pero esa falsa paz se acaba ya, porque el demonio tiene prisa por finiquitar la Iglesia.

El demonio trabaja como Dios: seis días y uno de descanso. Francisco trabajó seis meses para poner su gobierno horizontal, y uno en que no se dio nada.

Ahora vienen otros seis meses de escándalos en la Iglesia en la que se va a decidir el destino de la Iglesia en Roma.

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1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    Francisco utiliza permanentemente un juego de palabras que hace creer que está reconociendo a Cristo pero que en esencia le está desligando de Dios. Por ejemplo, en la homilía de hoy dice: “donde está Jesús y donde está Dios”. La conjunción es en este caso una diferenciación.
    Por eso hay que “huir de allí” como llama el Apocalipsis. Miremos lo que está pasando: ¡Cuántos católicos en el mundo se cuestionaron frente a Francisco y le han criticado! Pero luego han ido callando, permaneciendo allí por sus afectos con la iglesia aparato, con los grupos de oración o con el padrecito, pero les está sucediendo que se convertirán en estatuas de sal por mirar hacia atrás. Recordemos que Cristo advirtió: “«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»
    NO VACILEMOS. Hay que huir de allí.
    Hay una profecía que narra estos momentos muy terriblemente. Se trata de la de San Toribio de Liévana y dice:
    “(…) se ve ahora que son enemigos dentro de la Iglesia. La bestia es el nombre genérico del enemigo del Cordero”. “Pues en otro lugar se pronuncia un nombre de blasfemia, cuando dicen que ellos están dentro de la Iglesia y persiguen a la Iglesia”. Están dentro de la Iglesia, pero no son de la Iglesia: “la serpiente dio su poder a la bestia, porque tiene falsos hermanos dentro de la Iglesia, que parece que son la Iglesia y no lo son”.
    QUIEN APOYA A FRANCISCO, ASÍ SEA DESDE SU POSICION DE SACERDOTE, APOYA LA BLASFEMIA

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