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Francisco no es un camino para la Iglesia

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Francisco no es un camino para la Iglesia.

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Francisco es sólo la esperanza de los que no tienen esperanza.

Francisco hace caminar a la Iglesia hacia su destrucción, hacia su ruina, hacia la mentira de la vida mundana.

Francisco ha dado en los siete meses sólo el pensamiento vacío de su humanidad. Un pensamiento que, incluso, él no vive, porque su vida es otra cosa.

Francisco vive sólo para una obra de teatro en la Iglesia. Una obra que comenzó hace mucho y que la va representando allí donde tiene que poner una idea del demonio.

Francisco no es lo que parece. Parece amable, cariñoso, humilde, sencillo. Y es otra cosa en su interior.

Su interior está vacío de amor, pero lleno de odio. Un odio que no refleja en su exterior, porque es un odio espiritual, no humano, no carnal.

El odio espiritual es un reflejo de la soberbia del hombre. Es el odio que nace de la idea humana. Se concibe una mentira y se obra el odio diciendo esa mentira. Ese expresar la idea hace que esa palabra llegue al que la escucha y lo atrape en la falsedad de la vida.

Así odia el demonio.

El demonio, cuando quiere atrapar al alma, aparece como ángel de luz y dice su mentira al alma como si fuera una verdad. Y el alma no capta esa mentira, se deja atrapar por la fuerza del demonio en lo que dice. Esa fuerza hace que el alma sucumba ante el demonio por virtud sólo de la palabra del demonio.

Así sucumbió Eva: escuchó la palabra del demonio y quedó cautivada en esa palabra. Y no pudo salir de ese ambiente espiritual, maléfico, que el demonio producía. Y, por eso, no pudo ver la Verdad, no pudo discernir la Verdad ante el demonio.

Es lo que le pasa a tanta gente con Francisco: quedan atrapados por la fuerza de su palabra, que es una fuerza maléfica, una fuerza que viene sólo del demonio. Y, en ese ambiente maléfico, no ven la Verdad, no escuchan la mentira, no disciernen la Voluntad de Dios sobre Francisco.

Es hora de batallar contra Satanás que se ha sentado en la Silla de Pedro.

La primera batalla es contra Satanás en la Iglesia. Pero no se le puede vencer estando dentro de la Iglesia. Porque ha tomado el gobierno de la Iglesia y eso significa que nadie en la Iglesia puede moverse.

Para no estar atado al demonio dentro de la Iglesia, es necesario salir de la Iglesia.

Y ¿cuál es ese momento de salida?

Cuando se quite la Eucaristía. Ahí es cuando hay que dejar una iglesia que no sirve.

Y la salida es para contraatacar a esa nueva iglesia que ya no tiene la Eucaristía. Y es cuando se hace daño a Satanás.

Pero mientras se siga en la Iglesia, no es posible vencer a Satanás porque ha tomado control de toda la Iglesia en la Jerarquía. Y las almas tienen miedo de enfrentarse a la Jerarquía dentro de la Iglesia. Tienen miedo. Es el temor reverencial malo por no entender lo que debe ser un sacerdote para la Iglesia.

Un sacerdote para la Iglesia debe ser otro Cristo. Si no lo es, entonces no hay que hacerle caso. Hay que dejarlo en su pecado y buscar un sacerdote que sea verdaderamente otro Cristo.

Francisco no es otro Cristo. Eso se ve a la legua. Eso hasta sus compañeros más cercanos en el sacerdocio se dan cuenta de lo que es Francisco.

Por eso, las almas tienen que dejar su falso respeto por Francisco, porque sus obras no son las de un sacerdote en la Iglesia. No son las obras de Cristo en la Iglesia. No dan a Cristo en la Iglesia.

Hay que dejar de mirar ya a Francisco como el salvador de la Iglesia, como la esperanza de la Iglesia, como el que va a resolver algo en la Iglesia.

Es lo que muchas almas no se deciden a hacer porque están atrapadas en la atmósfera maléfica del demonio, que circunda a Francisco en su teatro en la Iglesia.

Francisco sólo es el portador de Satanás, del pensamiento del demonio, de la palabra del demonio. Vean cada una de sus homilías y disciernan cada pensamiento que da Francisco.

No quieran buscar una verdad para convencerse de que Francisco es bueno. Es lo que muchos buscan y se equivocan.

Hay que buscar en Francisco su mentira y sólo su mentira. Y así se sale fuera del ambiente maléfico que trae sus palabras y sus obras en la Iglesia.

Hay que salir de la presencia de Satanás para batallar en contra de él. No se puede luchar contra el demonio en su propio feudo. No se puede. Es una batalla perdida siempre.

Para luchar contra el demonio hay que salir de donde está él y retarlo a la batalla.

Y, entonces, siempre se gana.

El demonio siempre vence en su terreno, que es la mentira.

Para hacer fracasar a Francisco hay que salir de sus pensamientos, de sus obras y ponerlas al desnudo. Sólo así se le vence.

No se puede jugar con Francisco, diciendo sus mentiras y después creyendo que va a hacer algo bueno. Y aplaudirle porque ha hecho algo bueno.

Así nunca se vence a Satanás.

Francisco es un mentiroso. Y punto. No hay en él ninguna verdad. No esperen encontrar una verdad en Francisco. No existe. No se da en la realidad.

Francisco no es lo que parece. Es lo que no parece. Es lo que a muchos les cuesta entender de un sacerdote, de un Obispo, de un Papa.

La Iglesia es sólo la Obra del Espíritu. Pero si la persona no sigue al Espíritu de la Iglesia, automáticamente sigue al espíritu del demonio.

Y el demonio es tan hábil con los sacerdotes y Obispos que les hace creer que lo que obran en la Iglesia lo quiere Dios.

¡Cuántas cosas hay en la Iglesia, que parecen buenas, y son sólo obra del demonio!

Para ser Iglesia hay que tener el Espíritu de la Iglesia.

Y el Espíritu de la Iglesia no es el Espíritu Santo ni el Espíritu de Cristo. Son Espíritus diferentes en Dios.

En Dios todo es Espíritu.

En Dios nada se hace sin Espíritu.

El Espíritu es el soplo divino para obrar una Voluntad de Dios.

Y Cristo tenía que obrar el Plan de Su Padre. Y, por eso, tiene Su Espíritu: el Espíritu de Cristo. Y todo aquel que sigue a Cristo, recibe ese mismo Espíritu, porque si no es imposible seguir la doctrina de Cristo, vivir su misma vida, imitarlo en todo.

Pero Cristo fundó Su Iglesia. Y Su Iglesia es Espíritu. Y para ser Iglesia, para hacer Iglesia es necesario seguir al Espíritu de la Iglesia. Si no se sigue, no se hace Iglesia por más que se hagan obras en la Iglesia. Si no se sigue no se es Iglesia por más que se haya recibido un Bautismo en la Iglesia.

Y Cristo enseña a ser santo como es Su Padre. Pero no se puede alcanzar esa santidad si no se sigue al Espíritu Santo, que lleva al Corazón del Padre para imitarlo en todo en Su Santidad.

En Dios todo es Espíritu. Y esto es lo que las almas no han comprendido todavía.

La Iglesia no la hace nadie: ningún Papa, ningún Obispo, ningún sacerdote, ningún fiel.

La Iglesia la hace el Espíritu de la Iglesia. Y ese Espíritu está en cada uno que tenga el Espíritu de Cristo. Ese Espíritu no está en quien no tenga el Espíritu de Cristo.

Y hay muchos sacerdotes y Obispos que no tienen ese Espíritu de Cristo. Y eso sólo se ve por sus obras en la Iglesia que no son las mismas de Cristo. Son obras buenas, humanas, que las puede hacer cualquiera, pero que Cristo no hizo en su vida humana.

La Iglesia está llena de sacerdotes que obran muchas cosas humanas y que no sirven para nada porque no las hizo Cristo.

Y las Obras de Cristo son muy sencillas: predicar la Palabra de Dios y obrar esa palabra en las almas que acogían esa enseñanza. Y ya está. Y no hay más.

Cristo ni puso una radio, ni una escuela, ni una tv, ni un periódico, ni nada de nada.

Cristo ha puesto Su Iglesia sólo para salvar a las almas y llevarlas al cielo. Cristo no hace de Su Iglesia un entretenimiento, un negocio, una empresa como la que vemos hoy día.

Cristo vino a salvar a los pecadores. Y quien tiene el Espíritu de Cristo va a salvar a los pecadores. Y se deja de tanta tontería como los sacerdotes hacen hoy día en la Iglesia.

No hay que alimentar a los pobres, no hay que dar trabajo a los jóvenes, no hay que cuidar a los ancianos, no hay que hacer nada de eso, porque eso no lo hizo Cristo.

Cristo predicó la Palabra y después obró lo que Su Padre quería. Punto y final. Y así hizo Su Iglesia. Y esto es lo que enseñó a Sus Apóstoles. Sólo esto. Y quien tiene el Espíritu de Cristo sólo hace esto y nada más que esto.

Y si no se hace esto, entonces las almas se condenan en la Iglesia.

La Iglesia es muy sencilla, pero los hombres la han complicado tanto que ya no sirve para nada.

La gente va a misa pero no para ser santa. Sino para pasárselo bien, como un compromiso adquirido, para hacer su negocio en la misa, y no para otra cosa.

La gente está en la Iglesia por causas totalmente contrarias a la salvación y a la santidad que pide el Espíritu de la Iglesia.

Y, entonces, se tiene lo que vemos en todas partes: la Iglesia es un cadáver, sin Espíritu, sin vida espiritual, llena de tantas obras humanas que impiden realizar la Voluntad de Dios.

Francisco no tiene el Espíritu de Cristo. Y, por tanto, carece del Espíritu de la Iglesia. Y, si no posee este Espíritu, entonces ¿qué Iglesia está haciendo? La del demonio. Y no otra.

Y todos siguiendo a Francisco maravillados de su doctrina, que es sólo el oráculo del demonio en la Iglesia.

Hay que salir de la Iglesia, hay que salir de Francisco, hay que salir de Roma para luchar contra Satanás que está sentado en la silla de Pedro.

Hay salir de Roma para enfrentar a Roma.

Si no es imposible ganar la batalla contra el demonio. Si no, no se puede ser Iglesia, no se puede hacer Iglesia. Porque en el Reino del demonio, el jefe es sólo el demonio, no Cristo.

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4 comentarios

  1. Mima dice:

    Hola, tu post esta muy bueno y es bastante acertivo con respecto a la realidad, pero dejame decirte que discrepo grandemente contigo en este parrafo:

    “No hay que alimentar a los pobres, no hay que dar trabajo a los jóvenes, no hay que cuidar a los ancianos, no hay que hacer nada de eso, porque eso no lo hizo Cristo.”

    Estas muy equivocado/a porque si eso fuera cierto entonces las obras de Don Bosco fueron en vano, el se preocupo mucho de la educación de los jóvenes, alimentación y sobre todo de su salvación, el hecho de que Cristo no lo hizo no significa que seamos indiferentes porque Cristo también dejo un mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, las buenas obras también hablan de la misericordia y bondad de Dios y uno mismo debe en todo sus actos dar testimonio del amor y bondad de Cristo.

    • josephmaryam dice:

      Se ve que no ha comprendido lo que se dice del Espíritu de Cristo. Jesús no ha venido a hacer una Iglesia para dar de comer a nadie, ni para dar trabajo a nadie, porque ese no es el fin de la Iglesia. Jesús hace una Iglesia para salvar a los pecadores. Este es el fin de la Iglesia militante. Y no tiene otro fin. El amor al prójimo nace de este fin. Si se ama al prójimo y se le da un dinero y eso no le ayuda a salvarse, a santificarse, entonces ese dinero no sirve para nada. Ese trabajo que se le da al joven, servirá para su vida humana, pero no para su vida espiritual. Hay que tener claro lo que es la vida humana y lo que es la vida espiritual. Son dos vidas con dos fines distintos. La vida humana busca lo humana y se asienta en la humano. Y, por tanto, no quiere lo espiritual. No le interesa. Con comer, tener dinero, divertirse, es suficiente para vivir. Es lo que dijo Jesús: me buscáis no porque habéis visto signos maravillosos, sino porque os he dado de comer. La vida espiritual es sólo para la vida del alma, del corazón y del espíritu. Y esta es la vida de la Iglesia. Y si las cosas materiales no se someten a esta vida espiritual, entonces se hace una Iglesia para dar de comer, para dar un trabajo y ya está. Todos felices porque tenemos dinero. Y todos dando gloria a Dios porque tenemos un trabajo. Eso es lo que hay en la Iglesia: nadie vive el Espíritu de Cristo. San Juan Bosco lo vivió y, por eso, hizo en la Iglesia las obras que Cristo le pedía en lo humano. Y no otras. Después los que le siguieron dejaron ese espíritu y se pusieron a hacer otras cosas que no sirven ni para salvar ni para santificar a los hombres en le Iglesia. Nadie va contra las obras que se hacen en la Iglesia que el Espíritu quiere que se hagan. Se va contra todas las obras que se hacen en la Iglesia y que el Espíritu no quiere. Es el activismo necio y superficial del hombre sin fe que se cree que si no hace una obra no tiene fe. Hay que hacer sólo las obras que Dios quiere. Y, por eso, hay que discernir la Voluntad de Dios antes de meterse a hacer las tonterías que se hacen hoy día en la Iglesia y que Francisco promulga como Voluntad de Dios y es sólo su soberbia y su orgullo, porque nace de su herejía: Dios es el hombre. Y, entonces, la consecuencia: hay que trabajar para que el hombre reine en la Iglesia.

  2. Raul Patiño dice:

    La mentira del demonio tiene como estrategia la promesa de exaltación del hombre, por eso la acción del demonio va dirigida a la religión del hombre. PERO LA EXALTACIÓN DEL HOMBRE POR EL HOMBRE Y LA LATRÍA DEL MISMO LE LLEVA A LA NADA, PORQUE NO PUEDE IR MÁS ALLÁ DE SÍ MISMO.
    “sereis como dioses” es una promesa para el hombre y por eso necesita construir la RELIGIÓN DEL HOMBRE, pero luego vemos que no puede ser por sí mismo un dios y viene la ruina total hacia la que lleva Francisco.
    El llamado de este artículo a seguir el Espíritu de Cristo y la manera como hace Iglesia es fundamental, porque la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica se mantiene viva y firme así ya no tenga el poder del vaticano, ni de la jerarquía que se inclina ante las mentiras de un falso profeta, ni de una doctrina cambiada.
    La Santa Iglesia católica sigue su camino y Nuestro señor Jesucristo nos dice: “«No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.”. También dijo que estaríamos dispersos por el mundo y que incluso “llegará la hora en que todo el que os mate pensará que da culto a Dios” (Juan).
    Por eso es importante el llamado final de este articulista: HAY QUE SALIR DE ROMA PARA ENFRENTAR A ROMA. Porque engañados en las propias filas de lo que hoy es la NUEVA RELIGIÓN disfrazada de Iglesia Católica nos perderíamos.

  3. Cristina de López dice:

    Lo que se describe tan atinadamente en este post, podemos encontrarlo en aquellas mismas palabras que el Señor le dirigió a María Valtorta, hablándole precisamente de estos tiempos que hoy vivimos en la Iglesia y diciéndole el fruto que todo esto traerá.

    Copio y pego-
    Jesús: “Lo mismo que nos ha sucedido a los de Israel, y aún más profundamente, llegarán tiempos en que el sacerdocio creerá –por saber solo lo superfluo, desconociendo lo indispensable, o conociendo solo su forma muerta, esa forma con que ahora los sacerdotes conocen la Ley, o sea, NO EN EL ESPIRITU sino en su forma exterior, y exageradamente recargado de adornos– creerá, digo, con sus vestidos cargados de franjas, ser una clase superior. Vendrán días en que el LIBRO quedará sustituido por todos los demás libros, y aquel será usado sólo como lo usaría uno que debiera utilizar forzadamente un objeto, mecánicamente; como un agricultor ara, siembra, cosecha sin pensar en la maravillosa providencia que hay en esa nueva multiplicación de semilla que sucede todos los años: una semilla arrojada en la tierra removida, que se hace tallo y espiga, luego harina, y luego pan por paterno amor de Dios. ¿Quién hay, que al llevar a la boca un pedazo de pan, levante su espíritu al que creó la primera semilla y desde siglos la hace renacer y crecer, haciendo caer sobre ella la lluvia y el calor para que germine y se alce y madure sin secarse o quemarse? 
    Así, llegará el tiempo en que será enseñado el Evangelio científicamente bien pero ESPIRITUALMENTE MAL.
    Ahora bien, ¿qué es la ciencia a la que falta la Sabiduría? Paja tan solo. Paja que hincha pero que no nutre. Y en verdad os digo que vendrá un tiempo en el que demasiados sacerdotes de entre los Sacerdotes serán semejantes a hinchados pajares, soberbios pajares, que se mostrarán arrogantes con el orgullo de estar muy llenos, orgullo que les impedirá reconocerse tales, que creerán que a ellos se les deben las espigas como si éstas crecieran entre la paja; y creerán ser todo por tener toda esa paja, en vez del puñado de granos, del VERDADERO ALIMENTO QUE ES EL ESPIRITU DEL EVANGELIO.¡Un montón! ¡Un montón de paja! Pero ¿puede acaso bastar la paja? Ni siquiera lo es para la barriga del asno, y, si su dueño no le da cereales y forraje fresco, el asno nutrido solo con paja se debilita e incluso muere. Pues bien,  os digo que vendrán días en que los sacerdotes, OLVIDANDO QUE CON POCAS ESPIGAS INSTRUI A LOS ESPIRITUS EN ORDEN A LA VERDAD, y olvidando también lo que costó a su Señor ese PAN VERDADERO DEL ESPIRITU (que mana de la Sabiduría divina, que se llama Palabra Divina, la cual es majestuosa en su estilo doctrinal, que, al repetirse, es siempre nueva y siempre vieja, y que si se le repite es para que no se pierdan las verdades,  humilde en su forma, sin atavíos de ciencias humanas, sin añadiduras históricas o geográficas) esos sacerdotes, digo, NO SE PREOCUPARA del alma de ese pan del espíritu, sino sólo del revestimiento con que presentarlo, para hacer ver a las multitudes cuántas cosas saben, y el ESPIRITU DEL EVANGELIO quedará difuminado en ellos bajo avalanchas de una ciencia humana. Pero, si no lo poseen ¿cómo pueden transmitirlo? ¿Qué darán a los fieles estos pajares hinchados? Paja. ¿Qué alimento podrán recibir de ellos los corazones de los fieles? Pues lo que no da para más que para llevar una vida lánguida.
    ¿Qué fruto producirán de esta enseñanza y de este conocimiento imperfecto del Evangelio? Pues el enfriamiento de los corazones, el que entren doctrinas heréticas, doctrinas e ideas más que heréticas incluso, en vez de la verdadera y única Doctrina; y la preparación del terreno para la Bestia (Da.7; Apoc. 12-13), para su fugaz reino de hielo, tinieblas y horror”.

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