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Cardinal Óscar Andrés: un anticristo más

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En la Iglesia, -dice el Cardenal-, “no se da una doble clasificación de cristianos, entre laicos y clérigos esencialmente diferentes. La Iglesia como sociedad de desiguales desparece”: No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad” (LG 12 32).

Dove

Veamos lo que dice en realidad la Lumen Gentium:

“Por tanto, el Pueblo de Dios, por El elegido, es uno: «un Señor, una fe, un bautismo» (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad. No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque «no hay judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús» (Ga 3,28 gr.; cf. Col 3,11).”

Como ven el Cardenal se inventa su intepretación de la Lumen Gentium. Aquí se está hablando de la igualdad que hay en la dignidad de los miembros de la Iglesia, de la gracia de ser hijos de Dios, de la llamada a la santidad. Y, por tanto, no se da desigualdad. Unos no pueden ser santos y otros sí, unos no pueden ser hijos de Dios y otros sí, unos no pueden ser miembros de la Iglesia y otros sí. Para nada la Lumen Gentium dice que ya no existe una doble clasificación entre clérigos y laicos. Es sólo el Cardenal el que lanza su idea magnífica para que los bobos –como él- la sigan. Por supuesto, que él no practica nada de lo que enseña en esta conferencia. A él le interesa muy poco lo que es la Iglesia, lo que es el Pueblo de Dios y lo que es el sacerdocio. Eso se ve por lo que enseña en este necio escrito.

Y sigue el Cardenal: “Ningún ministerio puede estar por encima de esta dignidad común a todos. Ni los clérigos son “los hombres de Dios,” ni son los laicos “los hombres del mundo.” Esa es una falsa dicotomía. Para hablar correctamente, no deberíamos hablar de clérigos y laicos, pero en lugar de la comunidad y el ministerio. Todos los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10).”

Veamos lo que dice la Lumen Gentium:

“El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía [17] y lo ejercen en la recepción de los sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la abnegación y caridad operante.”

La Lumen Gentium enseña que se da un doble sacerdocio: el jerárquico y el común de los fieles. Es decir, se dan en la Iglesia lo clérigos y los laicos. Más claro no se puede decir. Pero el cardenal no lee eso. El Cardenal niega lo que enseña la Lumen Gentium con todo el descaro de un Cardenal.

Y, además enseña la Lumen Gentium, que estos dos sacerdocios son esencialmente diferentes. Entonces, ¿dónde está la igualdad que enseña el Cardenal, si difieren en su esencia?

Y, además, enseña la Lumen Gentium, que el sacerdocio ministerial tiene un poder sagrado que no tiene el sacerdocio laical. Y, con ese poder sagrado, el sacerdote forma y dirige al Pueblo, a la Iglesia. Y esto significa se un hombre de Dios, un hombre con un poder de Dios que no lo tiene el laico. El laico no es un hombre con un poder divino.

Sólo hay que leer el documento original de la Lumen Gentium y entonces lo que ha enseñado el cardenal se tira al cesto de la papelera porque no sirve para nada.

Ahí se ve el negocio de este Cardenal en la Iglesia. ¿Cuánto habrá cobrado por decir estas herejías en la Iglesia? Porque estas mentiras no se dicen gratis. Estas mentiras producen un gran peligro en la Iglesia porque el que las dice se enfrenta a toda la Iglesia.

Este Cardenal ha sido mandado por la masonería para proclamar esta mentiras en la Iglesia. Es que no hay otra razón. Se le ve el juego sucio desde el principio. Si por lo menos hubiera dado una doctrina teológica sobre eso que enseña, pero se ha limitado en cortar frases de la Lumen Gentium para explicar su herejía en la Iglesia.

Da pena este hombre sin Espíritu, que hace de la Iglesia el culto al pensamiento humano. Y ¡Cuántos van tras este culto en la Iglesia!

La Iglesia corre contenta allí donde un hereje enseña la mentira. La Iglesia está llena de mentirosos por todas partes. Ya no hay sacerdote ni Obispo que hable la Verdad sin límites, sin pelos en la lengua, sin poner su idea en lo que es la Verdad clara, sencilla, la de siempre.

¿A quién quieren engañar con esta conferencia que sólo sirve para dar a conocer el plan que el demonio quiere en la Iglesia?

En esa conferencia está todo lo que el demonio va a hacer en estos meses en la Iglesia. Todo. Estúdienla y verán por dónde va el demonio.

Aquí no se va a perder más tiempo con este inútil Cardenal, que es otro anticristo más en la Iglesia. Uno que destruye la Iglesia con sólo su pensamiento necio de la Iglesia, del sacerdocio, de Cristo.

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