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Halloween, Holywins, Todos los Santos

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Todos los Santos era una Solemnidad en la Iglesia para mostrar al mundo el camino de la santidad.

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Pero esta fiesta ya se ha perdido en la Iglesia y, ahora, se celebra muchas cosas, menos la verdadera fiesta.

En esta fiesta, antiguamente se invocaban a todos los Santos y se pedía a ellos el amor hacia lo santo, hacia lo sagrado, hacia lo que es el alma de la Iglesia: la santidad.

Una Iglesia que no vive la Santidad, que no sabe lo que es la Santidad es una Iglesia que se dedica a hacer fiestecitas como «Holywins», porque ¿qué hay de malo en una simple fiesta para pasárselo bien?

Este es el problema en la Iglesia: para alejar a los jóvenes de la marcha y de la fiesta pagana se hace otro tipo de marcha y de fiesta, pero que es igualmente pagana.

Para atraer a los jóvenes a la Iglesia, a la Verdad, hay que darles la Verdad, no la mentira, no una fiesta, aunque sea sin disfraces que muestren el terror, el miedo y la misma muerte. No vale disfrazarse de cosas bellas, bonitas, para así acabar con una fiesta pagana como es el Halloween.

No se acaba la obra del demonio con otra obra del demonio. La obra del demonio se acaba con una obra santa, divina.

Es lo que nadie hace en la Iglesia: «Los padres deben ser conscientes y encauzar el sentido de fiesta hacia lo bueno y la belleza, en vez de hacia el terror, el miedo y la misma muerte». (Joan María Canals, director del secretariado de la comisión episcopal de liturgia de la Conferencia Episcopal Española (CEE))

No. Los padres deben ser conscientes y educar a sus hijos para ser santos, no para darles una fiesta hacia lo bueno y lo bello en el día de todos los Santos.

Pero como los papás no viven la santidad ni en ellos, ni en su matrimonio, ni en sus familias, entonces sólo hacen fiestas para los hijos, para que los hijos se entretengan en sus vidas. No se encauza a los hijos hacia la verdad, sino que se les deja en la mentira de siempre.

Se quiere hacer una Iglesia no como Jesús la quiere, sino como el hombre la quiere.

Este es el error.

No se combate al demonio con sus mismas armas, sino con la verdad de la Palabra y con la Obra del Espíritu.

Es un error la fiesta de «Holywins» para combatir a la fiesta de Halloween. Es que son la misma fiesta, pero con otros disfraces, con otra cosas. No hay que mezclar lo sagrado (una misa, una adoración a la Eucaristía) con lo profano (disfrazarse de santos e ir a callejear a buscar conversiones así).

Porque, para los paganos, Halloween es la fiesta de los espíritus y, para los católicos, Holywins también es la fiesta de los espíritus.

En esa fiesta, las personas invocan y recuerdan a sus difuntos, a sus muertos, pero no invocan a los Santos. Recuerda a sus muertos, pero no todos los muertos son santos. Es un recuerdo vano y supersticioso.

Para invocar a los Santos no hay que disfrazarse de Santo, sino que hay que orar a los Santos.

Eso sólo eso: oración a todos los santos para conseguir una gracia que ayude a la vida espiritual.

Este es el sentido de la Fiesta de Todos los Santos.

Para acabar con Halloween hay que hacer oración, penitencia y rezar el exorcismo de San Miguel Arcángel. Eso basta para anular esa fiesta. Y eso es lo que no se hace ni se hará, porque la Iglesia no está en eso. No sabe lo que es la Santidad. Sólo sabe ofrecer a las almas lo mismo que el mundo les ofrece, pero de otra manera, diciendo palabras vacías para coger a los hombres en sus mentiras: «El objetivo de esta fiesta es cambiar la muerte y la oscuridad por la vida; el terror y el miedo por la alegría, y la violencia por la paz». Así hablan los que promueven esta fiesta en la Iglesia. Es decir, el objetivo de esta fiesta es hacer lo mismo pero con otras cosas.

Esto no es hacer nada en la Iglesia, sino seguir siempre en lo mismo.

Jesús no hizo una fiesta de disfraces para conmemorar a los Santos.

“Sed santos como vuestro Padre Celestial es Santo.”

Y el Padre Celestial no se disfraza de santo, no pierde el tiempo con musiquitas, con idioteces que se hacen en esas fiestas.

Hay que creer en la Palabra de dios: “Sed Santos.” No hay que inventarse una fiesta de disfraces para alcanzar la santidad y para quitar la otra fiesta, que es sólo una obra del demonio.

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Pues también Holywins es una obra del demonio.

Porque cuando el hombre se queda en lo humano eso es siempre la obra del demonio. Las cosas de Dios llevan a lo divino y transforman la vida en una obra divina, distinta de todo lo humano, de todo lo que ofrece el mundo y el hombre.

Dios ofrece al hombre otra vida totalmente diferente a ésta y por otro camino que no es el del hombre, los caminos de los hombres. Es el camino divino, un camino de cruz, de penitencia, de abnegación, que es lo necesario para alcanzar la santidad.

Pero hoy queremos enseñar a los niños a vestirse exteriormente de santos. Y el vestido exterior no da la santidad interior.

Este es el problema de la Iglesia: la exterioridad en todo. Dar los superficial, lo ligero en la vida. Y no dar lo fundamental en la vida, que es la Verdad que nace de la adoración a Dios. No hay vida interior en la Iglesia, entonces todos nos dedicamos a las obras exteriores como si eso fuera la solución a todos los problemas de la Iglesia.

Y los problemas de la Iglesia se resuelven con la vida interior, con la vida de oración, con la vida de silencio y de soledad, no con fistas adulteradas de oración y conversión de las gentes.

Holywins no es una obra divina. El Evangelio no enseña a hacer esto para ser santos. Esto sólo se lo ha inventado la Iglesia para dedicarse a no hacer nada en la Iglesia, para llevar a los hombres por la vida que a ellos les gusta.

En la Iglesia hoy no se enseña la santidad. Sólo se buscan caminos humanos para seguir en lo mismo: en la necia humanidad.

Y quien continúa en la vida buscando lo humano pierde el sentido de lo divino.

Es lo que ha pasado con la fiesta de los Reyes: una fiesta de adoración a Dios que se ha convertido en un negocio más en que los papas temen porque, claro, deben gastar dinero en cosas que no sirven para educar a un niño.

Si a los niños se les ofreciera la Verdad como alimento de sus almas, entonces la Navidad y Todos los santos harían conversiones en las familias y en el mundo entero.

Pero así el hombre no ve estas fiestas. Al hombre sólo le interesa divertirse y no más en su vida. Nada que declare la santidad ni para su corazón ni para su alma en la vida.

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