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Abandonar un dogma es hundir la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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Cuando en la Iglesia se abandona un dogma definido, entonces todos los demás dogmas se desmoronan y el Magisterio supremo y auténtico de la Iglesia es algo falible, errado, inconcluso.

Las almas no han comprendido esta verdad: la Iglesia la hace sólo el Espíritu de la Verdad, no los pensamientos de los hombres.

Jesús fundó su Iglesia en Pedro y eso es un dogma: el dogma del Papado, del gobierno vertical. Se abandona este dogma, no existe el gobierno en la Iglesia.

Jesús es célibe, es virgen, no tuvo mujer, luego el sacerdote es célibe: es un dogma en la Iglesia que los sacerdotes no pueden casarse. Está definido. Se abandona este dogma, y entonces desaparece el sacerdocio. Se tienen sacerdotes dedicados a la Iglesia y a una mujer. Eso es ridículo. Eso es no ser sacerdote.

Jesús hizo el matrimonio hasta la muerte y nadie lo puede romper. Y quien lo rompa va contra la Verdad en la Iglesia. Es un dogma que los casados que se vuelven a juntar no pueden confesarse ni recibir la Eucaristía, porque tienen un matrimonio que dura hasta la muerte. Se abandona este dogma y ya no existe el matrimonio como Sacramento.

Jesús puso su Eucaristía como alimento para el alma. Y eso supone dar a las almas lo mismo que hizo Jesús. Cuando se abandona este dogma, entonces desaparece la Eucaristía.

Jesús dio a las almas el poder para limpiar sus pecados en la confesión. Se abandona la Confesión y las almas viven en sus pecados siempre.

Muchas almas son bobas en la Iglesia.

Quieren una Iglesia según su manera de pensar, según se lo han explicado con bellas palabras y bellos razonamientos, pero no son capaces de una Iglesia en la que se ponga la Verdad como es.

Esto es lo que duele en la Iglesia hoy: las almas no quieren escuchar la Verdad y no quieren poner en la Iglesia la Verdad. Prefieren sus inútiles discursos de la Verdad.

Y esto supone hacer una Iglesia que no sirve absolutamente para nada.

Muchos quieren los sacerdotes, pero no quieren el dogma del celibato. Eso es perder el sentido común en la Iglesia.

Muchos quieren un Papa en la Iglesia, pero no la obediencia al Papa. Eso es lo más absurdo que hay.

Muchos quieren el matrimonio en la Iglesia, pero que les dejen decidir cuándo se puede anular ese matrimonio. Eso es el negocio de ahora en la Iglesia. Y de ese negocio vive la Iglesia.

Hoy día la Iglesia es un conjunto de idiotas y de estúpidos que se creen que, con su soberbia humana, con sus razonamientos brillantes, con su lenguaje lleno de frases convincentes, hacen una Iglesia feliz para todo el mundo.

Y ¿cuando aprenderán a pisotear su necio pensamiento y a tragarse sus estúpidas palabras y razones para conocer la Verdad que Jesús ha dado a su Iglesia?

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Pero ¿qué se creen que es la Verdad?

¿Lo que piensa cada uno en su cabeza?

¿Lo que alcanza cada uno con su cabeza?

La Verdad es creer a Jesús. Y sólo eso.

La Verdad no es razonar sobre la vida de Jesús o investigar lo que hizo en la Iglesia.

Si se cree a Jesús entonces el alma se pone en la Verdad.

Si no se cree a Jesús, entonces el alma se pone en la mentira.

Y la Iglesia está llena de mentirosos, de gente que se cree sabia porque ha leído unos cuantos libros o porque alguien le ha explicado unas cuantas cosas sobre la Iglesia.

La Verdad se aprende escuchando al Espíritu de la Verdad.

Y eso es lo que nadie hace en la Iglesia. Todos andan escuchando los pensamientos de todos. Cuando hay que aborrecer los pensamientos de todos los hombres para ponerse en la Verdad. Y esto es lo que nadie hace en la Iglesia, porque se han acomodado a sus verdades, a sus estúpidas inteligencia sobre la Verdad.

Por eso, la Iglesia está llena de soberbios y de orgullosos. Cada uno enarbola una mentira y hace que la gente siga esa mentira.

Cada uno en la Iglesia ha hecho de su vida su orquesta para que la disfruten los demás en la Iglesia.

Cada uno en la Iglesia quiere tener la Verdad y no quiere someter su inteligencia al Espíritu de la Verdad.

Y, por eso, tenemos una Iglesia que nada en el pecado y que hace del pecado su obra principal en la Iglesia.

Es una pena ver tantas almas dormidas por el demonio que ya no luchan por la Verdad, sino por sus estúpidas verdades que la vida acomodada les trae a su orgullo.

Es lástima ver a tanta gente que se cree poderosa porque tiene una verdad en su vida, que es la mentira más grande de su vida.

Es ridículo estar en una Iglesia que ya no enseña la Verdad, sino múltiples verdades para que todos estén contentos en la Iglesia.

Una Iglesia así es mejor tirarla a la basura, porque sólo sirve para condenar a las almas.

La gente no toma en serio la Iglesia, no toma en serio las palabras del Evangelio, no toma en serio la vida de Jesús. Y, por eso, la gente destroza la Iglesia con sus razonamientos brillantes sobre la Iglesia, sobre el Evangelio y sobre la vida de Jesús.

La ruina de la Iglesia es por la soberbia de la Iglesia. Porque las almas sólo han aprendido a ser soberbias y a discutirlo todo en la Iglesia. No hay gente humilde en la Iglesia. No hay que gente que quiera aprender la Verdad, sino que todos quieren decir sus verdades y defenderlas como lo más valioso en sus vidas.

Lo único importante en la vida es la Verdad, la Verdad que trae el Espíritu, no la verdad que se encuentra en la razón.

Y si las almas no aprenden a someter su inteligencia al Espíritu, las almas se condenan por soberbias. Y no por otra cosa. Porque les gusta enfrentarse al Espíritu de la Verdad con sus inútiles razonamientos humanos. Y el que se enfrenta a Dios acaba perdiendo su alma.

Las almas creen que estar en la Iglesia es un juego, es una diversión , es una carrera, es un estudio, es un almanaque, en el que cada día hay que aprender algo.

Estar en la Iglesia significa no estar en la humanidad, en lo humano, en lo material, en lo natural de la vida.

Estar en la Iglesia significa poner la cabeza en el suelo y no levantarla hasta que Dios lo diga. No hay que pensar nada en la Iglesia. No hay que obrar nada en la Iglesia. Sólo hay que someterse a Dios en todo. Y eso es lo que nadie hace en la Iglesia.

No hay obediencia de la fe, porque ha obediencia a la razón del hombre. Es más importante lo que el hombre dice que lo que Dios dice de Su Iglesia.

La Iglesia no necesita a tantos adúlteros, fornicadores, ateos, homosexuales, lesbianas, sacerdotes corruptos, masones, desviados de la moral, Obispos que son engendros del demonio y que sólo hablan el lenguaje de Satanás.

La Iglesia necesita de corazones humildes. Y no de otra cosa. Lo demás que sigan en sus pecados y que corran a la condenación si es lo que quieren.

Pero Jesús sólo quiere pobres de espíritu, gente sencilla, que tenga dos dedos de frente, sentido común, que es el sello de la Verdad.

Tanta gente complicada en la vida porque son soberbios en sus razonamientos y todo lo quiere saber y entender para conseguir sólo su acomodo de vida humana. Por eso, dividen la verdad en miles de partes para este fin. Y así que los homosexuales se casen, que los divorciado comulguen, que los sacerdotes vivan con una mujer, que todo el mundo obre su pecado porque es lo que enseñó Jesús.

A este absurdo estamos llegando. Y esto no es ser Iglesia. Y esto no es hacer Iglesia. Esta Iglesia es para quien la quiera, pero no para el que sigue a Jesús.

Noviembre será un mes crítico para la Iglesia. Un mes revuelto. Un mes para olvidar. Y de este mes saldrá para la Iglesia su camino en la Verdad.

Si se ha abandonado la verticalidad del gobierno, entonces todos los dogmas caen por su propio peso. No hay forma de levantar la Iglesia. La Iglesia se hunde. La Iglesia se va al abismo. La Iglesia es para el infierno.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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