Lumen Mariae

Inicio » apostasía » La lógica del antes y después

La lógica del antes y después

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

La lógica del antes y después es la lógica del demonio.

reina_de_la_paz-300x178

Francisco dice esto en su homilía: “también nuestras imperfecciones se introducen en este camino de santificación” (Misa en Santa Marta, 24 de octubre).

Decir esto significa que las imperfecciones nos dan la santidad.

Y, ¿cómo llega a decir esta barbaridad? Porque no cree en la Palabra de Dios.

No cree en esta Palabra Divina que dice en su homilía: “di al traste con todas, y las tengo por basuras, a fin de ganarme a Cristo y ser hallado en Él, no poseyendo una justicia propia…sino la que viene por la fe de Cristo..” (Flp 3, 8).

Para Francisco esta frase significa: “Para san Pablo, por lo tanto, cuenta sólo Cristo… Y se ha convertido en el hombre cuyo objetivo es ganar a Cristo”.

Este es su error, porque para San Pablo cuenta sólo la Fe en Cristo, no Cristo. Porque decir eso –cuenta sólo Cristo– es decir que todos los cristianos han ganado a Cristo.

Este es la maldad de Francisco. Da lo que le conviene y expresa lo que le conviene. Pero nunca da la verdad de la Palabra de Dios.

Si sólo cuenta Cristo, entonces todo el mundo a ganar a Cristo como a cada cual le parece, lo entiende en su cabeza.

Y, entonces, dice que hay que entender este ganar a Cristo con la ‘lógica del antes y después’.

Esta lógica es el invento de Francisco, es su palabreja, que no está en el Evangelio. A él le encantan estas inútiles palabras para explicar sus mentiras en la Iglesia.

Como el ‘ecumenismo espiritual’ a los luteranos el 21 de octubre. Es su invento de cómo hacer caminar a los luteranos para que comprendan que están en la Iglesia Católica con todas sus herejías.

A Francisco le gusta sus dogmas: ‘lógica del antes y después’, pero no le gustan los Dogmas de la Fe en la Iglesia. Esta frase viene de su memoria fundante, que es la herejía que ha puesto en su encícilca para definir la fe.

Hay un antes y un después en la fe en Cristo. Antes de Cristo, eran unas cosas, después de Cristo, otras distintas. La fe viene del pasado, viene del antiguo testamento, pero allí había cosas que no pertenecían a Cristo, eran las obras de la ley. Éstas hay que dejarlas, porque ya Cristo nos ha salvado por la fe. Y la fe es ya lo nuevo. Y, en esa novedad, hemos sido recreados. Luego, ya no tenemos pecado. Sólo imperfecciones:

“En aquel momento —éramos niños— nuestros padres, en nuestro nombre, pronunciaron el acto de fe: creo en Jesucristo que nos ha perdonado los pecados”. Grave error dogmático, porque no cree en el Bautismo. Sólo cree en su doctrina del Bautismo en la que todos se salvan porque ya no hay pecado.

El acto de fe en el Bautismo no significa que Jesús nos ha perdonado los pecados, sino que Jesús nos ha hecho hijos de Dios.

Jesús nos perdona los pecados en el Sacramento de la Confesión, no en el Bautismo. El Bautismo quita el pecado original, no los pecados personales al niño. Si la persona es mayor, el bautismo le quita el pecado original y los personales cuando la persona está arrepentida de sus pecados antes de Bautizarse.

Entonces, Francisco dice que ya no hay pecado, porque Cristo nos ha santificado, pero hay que esforzarse en llegar a esa santificación porque hay imperfecciones. Y, entonces, dice su gran absurdo: “también nuestras imperfecciones se introducen en este camino de santificación”. La santidad anula todas las imperfecciones. No hay. No existen. Son consumidas en la purificación del alma en el proceso de santificación, que se da a lo largo de toda su vida.

Y, entonces, expresa Francisco cómo hay que hacer esto en la práctica:

“Ante todo adorar a Dios; y después “hacer lo que Jesús nos aconseja: ayudar a los demás, dar de comer a los hambrientos, dar agua a los sedientos, visitar a los enfermos, visitar a los presos”. Este es su error favorito: su humanismo. Tú da dinero, da de comer, visita a los pobres, a los enfermos, haz cosas humanas buenas, y ya para el cielo. Nunca habla de la vida espiritual. De cómo es necesario obrar la virtud para dar un vaso de agua o visitar a un preso, etc.

Como se ve, Francisco no ha entendido nada de lo que dice San Pablo, sólo por su palabreja:’la lógica del antes y después’. Él cree en su palabreja, pero no en la Palabra de Dios.

Francisco quiere explicar que hay que creer en la recreación que Jesús nos ha hecho: “¿Creo que he sido re-creado por la sangre de Cristo y quiero llevar adelante esta re-creación hasta el día en que se vea la ciudad nueva, la creación nueva? ¿O estoy un poco a mitad de camino?”

Y este es su fallo garrafal, herético, que da el camino para la apostasía de la fe.

Francisco no pone la Fe en la Palabra de Dios, que es lo que salva, que es lo que santifica.

Francisco pone la Fe en la recreación por la sangre de Cristo. Pero, si supiera lo que está diciendo, entonces haría en consecuencia esto: irse de la Iglesia.

Creer en la recreación por la sangre de Cristo es creer en contra de la Obra de la Redención.

Cristo nos ha salvado por Su Sangre.

Cristo nos ha hecho nuevos por Su Sangre.

Cristo no da Su Sangre a beber.

Luego, hay que creer en la Sangre de Cristo. No hay que creer en la recreación por la Sangre de Cristo.

Somos nuevas criaturas por el Poder de la Sangre de Cristo. La Sangre de Cristo purifica al alma y la lleva a una nueva vida, que es transformar al hombre viejo en hombre nuevo. Y esa transformación hace la novedad de la Vida en Cristo. Y esa novedad es otra cosa a la Sangre de Cristo. Esa novedad de vida son las obras de la Fe en la Sangre de Cristo. Y esas obras de la Fe sólo vienen porque el alma cree en la sangre de Cristo. Ya no hace falta creer a las obras de la fe. Porque quien cree obra sin más, sin necesidad de hacer un acto de fe en sus obras, que provienen de la fe.

Es claro que Francisco habla por hablar. Para decir su mensaje, que es este:

“Muchos cristianos lo hicieron y lo hacen. No sólo los santos, los que conocemos; también los santos anónimos, los que viven su cristianismo en serio”. Es decir, entiéndase: homosexuales, ateos, lujuriosos, musulmanes, luteranos, hipócritas, cismáticos, todos los que viven su cristianismo serio se salvan y se santifican. Porque ya no hay pecado. Jesús nos ha perdonado el pecado. Todos contentos porque nos vamos al cielo derechito.

Hagamos una nueva iglesia en la que entren todos porque todos tienen derecho al cielo.

Y, entonces, en esta lógica del antes y después, Francisco dice que los que antes de Cristo estaban, todos se condenaron. Claro. Ellos no podían creen en la regeneración de la Sangre de Cristo. Luego, es clara la consecuencia.

Quien quiera condenarse, que siga a Francisco en todo, porque su doctrina es para ir al infierno sin ninguna duda. No se puede enseñar que Francisco salva a las almas cuando las está condenando en sus mismas homilías.

Hay que saber leer a Francisco. Muchos se dejan engañar por sus palabras maliciosas, por su lenguaje engañoso, por su rostro contento y feliz, que parece que no ha matado a una mosca.

Francisco es un hombre que vive lo suyo y predica lo suyo, pero que no le importa el valor de un alma. Él odia a todos porque odia a Cristo.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: