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Francisco niega la Eucaristía

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“La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración” (Juan Pablo II, lit. Dominicae cenae, 3).

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Francisco dice: “El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo” (n. 44 – Lumen Fidei).

Francisco niega, de esta manera, la Presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas.

Esa presencia es singular, porque en el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por consiguiente, Cristo entero (Concilio de Trento: DS 1651).

El concilio de Trento nos dice la verdad sobre la Eucaristía:

“… por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación (DS 1642).

El pan y el vino se transubstancian en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

Francisco enseña que “El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo”.

Transformar significa un cambio de forma, un cambio de imagen, un cambio de modelo. Entonces, Francisco dice que en la Eucaristía el pan y el vino se quedan como están, con sus sustancias propias, pero que se da un cambio en la forma de presentar ese pan y vino. Por tanto, no enseña que desparecen las sustancias de pan y vino, sino que permanecen. Entonces, no puede darse el Misterio de la Eucaristía. Sólo queda el pan y el vino.

En la transubstanciación, desparecen las sustancias del pan y del vino y sólo quedan el Cuerpo y la Sangre. Quedan los accidentes sensibles del pan y del vino, que se unen de forma milagrosa al Cuerpo y Sangre de Cristo.

Enseñar esto en una encíclica que debe ser modelo para la Iglesia, que en ella no debe estar contenida ningún error y, menos, este error dogmático, que niega totalmente la Eucaristía dice mucho de Francisco y de las Misas que él celebra.

Si Francisco escribe esto es porque lo vive. Y, en consecuencia, sus Misas son sólo un teatro en la Iglesia donde no se da la Presencia Real de Cristo ni en el altar ni en la comunión.

Y, por tanto, Francisco no obra la Redención en la Iglesia: “Cuantas veces se renueva en el Altar el Sacrificio de la Cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, se realiza la obra de nuestra Redención” (Lumen Gentium 3).

Y esto es de gran gravedad para la Iglesia en un sacerdote y en un Obispo.

Y no se comprende por qué sigue siendo sacerdote si no cree en el Sacrificio de la Eucaristía. ¿Qué hace Francisco en la Iglesia? ¿A qué se dedica en la Iglesia? ¿Qué es para él ser sacerdote?

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1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    Pero no solo esto. Podemos volver al hecho de que Francisco no llega a Roma por un acto personal sino por la decisión política, negando la luz del Espíritu Santo al tomar decisiones de hombres.
    Entonces los que participan de esto tienen que ver con los pecados contra la Eucaristía.
    Y uno de los pecados de la Eucaristía en todo el mundo es tratarla como un banquete y no como el ofrecimiento del Sacrificio Incruento de Nuestro Señor ala Santísima Trinidad.
    Por eso la suspensión del Sacrificio Perpetuo y la toma de Roma por los apóstatas es un proceso gradual.
    De ahí la complicidad de sacerdotes, obispos y cardenales. Todos están bajo el mismo pecado.
    El Apocalipsis llama a “huir”.
    El Padre Castellani, en el Apokalipsis de San Juan decía: “
    Rotos los vínculos de la familia, amistad, lealtad y consorcio, los hombres no podrán fiarse de nadie y recorrerá el mundo, como un tremor frío, un universal y despiadado “sálvese quien pueda”. Se atropellará lo más sagrado, y ninguna palabra tendrá fe, ni pacto alguno vigor, fuera de la fuerza. La caridad heroica de algunos fieles, transformada en amistad hasta la muerte, mantendrá en el mundo los islotes de la fe, pero ella misma estará de continuo amenazada por la traición y el espionaje. Ser virtuoso será una especie de suicidio”.

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