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Francisco niega la doctrina del Bautismo

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“El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios… lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real; iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios” (S. Gregorio Nacianceno, or. 40, 3-4)

Clavado-en-cruz.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

“Este sacramento recibe el nombre de Bautismo en razón del carácter del rito central mediante el que se celebra: bautizar significa ‘sumergir’, ‘introducir dentro del agua’; la ‘inmersión’ en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de donde sale por la resurrección con Él (cf Rm 6, 3-4; Col 2, 12) como ‘nueva criatura’ (2 Co 5, 17; Ga 6, 15)” (n. 1214)

Francisco enseña: “el agua es símbolo de muerte, que nos invita a pasar por la conversión del «yo», para que pueda abrirse a un « Yo » más grande”. (n. 43 – Lumen Fidei).

El agua, que simboliza el acto de sepultar, no significa una conversión del yo, sino que simboliza que somos liberados del pecado, lavados del pecado: “El Bautismo es el Sacramento de la Regeneración por el agua en la Palabra” (Cath, R. 2,2,5). El bautismo no invita a una conversión del yo, sino que limpia los pecados del alma, regenera, hace nacer de nuevo, el hombre pasa de una vida vieja a una vida nueva. El bautismo no invita sino que obra la purificación del alma. Eso que dice Francisco no es la doctrina católica sobre el Bautismo.

Y, además, Francisco añade: “y a la vez es símbolo de vida, del seno del que renacemos para seguir a Cristo en su nueva existencia”.

El Bautismo se llama “baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tt 3, 5). Y se llama así porque el Bautismo significa y realiza el nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual “nadie puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5).

El Bautismo no es un símbolo de vida, sino que es la misma Vida Divina dada por el Espíritu Santo, que renueva el alma del bautizado. El Bautismo no simboliza una vida, sino que da la Vida Eterna.

Y “este baño es llamado ‘iluminación’ porque quienes reciben esta enseñanza su espíritu es iluminado…” (S. Justino , apol. 1, 61, 12). Es decir, los que se bautizan reciben al Verbo, “la luz verdadera que ilumina a todo hombre”. Y, entonces, el que se bautiza se convierte en “hijo de la luz” (1 Ts 5,5), y en ‘luz’ él mismo (Ef 5, 8).

Por tanto, del Bautismo no se renace para seguir a Cristo, sino que en el Bautismo se tiene a Cristo mismo.

Y, continua Francisco: “De este modo, mediante la inmersión en el agua, el bautismo nos habla de la estructura encarnada de la fe”.

Pero ¿qué cosa es la estructura encarnada de la fe? Eso no aparece en la Sagrada Escritura. En el Bautismo no se encarna la fe, no se da una estructura encarnada de la fe. No hay unas reglas, unos documentos, unos escritos, que pongan esa estructura. El que se bautiza recibe a Cristo por el Espíritu Santo, pero eso no es una encarnación de la fe, una encarnación de la luz. ¡Qué oscuridad la de este hombre!

Los bautizados se han “revestido de Cristo” (Ga 3, 27), no se han encarnado de Cristo, de una fe, de una luz. El Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica (cf 1 Co 6, 11; 12, 13).

No es una estructura encarnada de la fe: “En el bautismo el hombre recibe también una doctrina que profesar y una forma concreta de vivir, que implica a toda la persona y la pone en el camino del bien.” (n. 42 – Lumen Fidei). Pero ¿dónde se recibe esa doctrina que profesar en el bautismo? ¿Dónde está eso en el Sacramento del Bautismo? ¿Dónde está esa forma concreta de vivir si el Bautismo es sólo participar de la filiación divina?. No se pide más al que se bautiza.

Después, vendrá obrar de acuerdo a esa filiación divina. Para bautizarse sólo es necesario: “Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás” (Hch 16, 31-33). Hay que creer en Jesús, no hay que estudiar unos escritos, unos documentos, una doctrina. Creer en lo que es Jesús. Creer no es entender. El entender viene más tarde. Hay que iniciar en la Fe a los que se van a bautizar, pero no hay que darles una doctrina. El que se va a bautizar tiene que entender los ritos del Bautismo y para qué sirve en la vida espiritual y cómo obrar el Bautismo en su vida espiritual.

Francisco presenta una doctrina del Bautismo complica, absurda y que no tiene nada que ver con el Bautismo como se enseña en la Iglesia Católica. Es una doctrina esotérica en su raíz y, por eso, no enseña la verdad sobre el bautismo, sino que deja caer sus ideas sobre el bautismo, que no son las de la Iglesia Católica.

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