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Francisco niega la Trinidad

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Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

“¡Oh, Trinidad, luz bienaventurada y unidad esencial!” (LH, Himno de vísperas).

SantisimaTrinidad

Dios es Uno en Su Esencia.

Y las Tres Persona se Unen en Su Esencia.

Francisco dice esto: “El Padre y el Hijo se unen en el Espíritu” (n. 45- Lumen Fidei).

El Padre no se une a Su Hijo en el Espíritu Santo. Enseñar esto es caer en la herejía que destruye la unidad de la Santísima Trinidad.

La Trinidad es Una. No son Tres distintas. Las Tres Personas son Una. No son dos unidas en una. Son las Tres al mismo tiempo.

Decir que el Padre y el Hijo se unen en el Espíritu es decir que el Padre no existe por Sí Mismo y que el Hijo tampoco existe por Sí Mismo. Para existir necesitan el Espíritu Santo. El Padre es Uno. El Hijo es Uno. El Espíritu Santo es Uno. La Trinidad de Personas es Una.

Las Personas Divinas no se reparten la Esencia Divina. El Padre es lo mismo que el Hijo y lo mismo que el Espíritu Santo. Es un solo Dios por Naturaleza Divina (cf. Concilio de Toledo XI, año 675).

“A causa de esta unidad, el Padre está en todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo” (Concilio de Florencia 1442).

Francisco dice además: “este Dios comunión, intercambio de amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu, es capaz de abrazar la historia del hombre, de introducirla en su dinamismo de comunión, que tiene su origen y su meta última en el Padre” (n. 45- Lumen Fidei).

Llama Dios comunión al intercambio de amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. Así define su herejía: El amor en Dios se da como una unión del Padre y del Hijo en el Espíritu.

El Padre engendra al Hijo. El Hijo es engendrado por el Padre. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.

El Espíritu Santo es el Amor que procede del Padre y del Hijo. No es el Amor que se da entre el Padre y el Hijo. No es la unión entre el Padre y el Hijo.

El Padre es el Amor. Del Amor se engendra la Palabra. Del Amor y de la Palabra procede el Espíritu Santo.

El Espíritu es el que Santifica. El Hijo es el que habla la Verdad. El Padre es el que Ama.

No tener claro esto indica una cosa muy importante en Francisco: “Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser”.

Sus declaraciones a ese periodista ateo son sólo lo que enseña en su encíclica.

No cree en la Santísima Trinidad, sino que cree en su Dios. En un Dios no como lo enseña la Iglesia Católica, que es el Misterio de la Santísima Trinidad. Y quien no cree en este Dogma no puede salvarse. Es uno de los cinco dogmas que hay que creer para salvarse.

Cree en su Dios que, para él, es una encarnación de la luz. Por eso, dice: Creo en Jesucristo, su encarnación.

En Jesús no está la Persona Divina del Verbo, el Hijo engendrado por el Padre, sino que está su encarnación. La encarnación de Jesús como luz. Se encarna en Jesús una luz no divina. Una luz que emana de un Ser Divino, que es el Dios en el que cree Francisco.

Este Ser Divino, que no es el Dios Católico, pone en la mente de la persona una luz, una iluminación. Y a esa iluminación se llama encarnación, que para Francisco es una emanación de luz. Es algo que procede de ese Ser Divino, su Dios para él.

Jesús, para Francisco es su maestro. Pero no hay que entenderlo en el sentido del Evangelio: “Tú tienes palabras de Vida Eterna” (Jn 6, 68); Jesús enseña la Verdad de la Vida, la Verdad que lleva a la Vida.

Para Francisco, maestro significa el dios interior que cada uno tiene en su ser. Porque si Jesús es su encarnación, entonces Jesús es su misma luz. Y Jesús, como maestro, enseña esa misma luz a sus discípulos. Y la forma de enseñar esa luz encarnada es estar como dios en la persona en su mente.

Para Francisco, Jesús es un gurú, un maestro interior que enseña al yo interior a abrirse a la experiencia de ese dios.

Francisco está bebiendo de toda la doctrina de la Nueva Era en su encíclica. No hay parte en ella que se pueda salvar. No hay forma. Toda ella tiene el lenguaje esotérico, mágico, engañoso de la palabra.

Para poder entenderla es necesario quitar las Palabras del Evangelio que emplea y centrarse sólo en sus palabras. Y lo que queda es eso: la doctrina esotérica, budista, que bebe toda ella en las culturas orientales apartadas de la Fe en Cristo Jesús.

Para Francisco, el Padre en la luz, es el creador. Pero debe entenderse en la doctrina esotérica, donde el Padre no existe. Sólo se da el Ser Divino que se nombra de muchas maneras, pero de ese Ser Divino sólo emana, sólo procede una luz, no un hijo. Una luz de luz. Y eso es la iluminación de la mente en la Nueva Era. Dios ilumina la mente de los hombres y les da poder mental para hacer las obras que Dios quiere. Ese Dios es el demonio encarnado en cada alma.

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