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Roma, Ramera de la Iglesia

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Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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“la luz de la fe es una luz encarnada, que procede de la vida luminosa de Jesús”. (no. 34 – Lumen Fidei).

Esta herejía representa todo la obra de Francisco en la Iglesia.

De esta herejía se sacan varios corolarios, varias sentencias, varios apartados:

1. Francisco es un dios para sí mismo: Esta es la primera consecuencia, porque al recibir la encarnación de una luz en su mente, su espíritu se cierra a Dios y su mente se abre al demonio. Y esto hace que el alma beba de las enseñanzas del demonio en la mente. Abrir la mente al demonio es cerrar el corazón a Dios al mismo tiempo. No se puede estar con los dos. O con uno o con otro. Si se abre la mente al demonio, entonces ya no se abre a Dios el corazón. Y la persona queda como dios en sí misma, en su mente. Su mente se pone por encima de su corazón. Dios sólo habla al corazón de la persona, no a su mente. El demonio es el que habla a la mente de la persona.

2. La Iglesia es el conjunto de ideas que los hombres tienen sobre Dios: Si el hombre se hace dios para sí mismo, entonces su pensamiento es lo que vale en la Iglesia. Ya no es la Palabra de Dios, ya no son las obras que Jesús realizó en su vida humana, ya no es la Tradición de la Iglesia, ya no es el Auténtico Magisterio de la Iglesia, ya no es la doctrina de los santos Padres y Doctores de la Iglesia, ya no es la Vida de los Santos, de las Vírgenes, de los Confesores, sino que es cómo uno ve todo eso, cómo cada cual lo interpreta, como cada cual lo estudia, como cada cual le parece. Y, entonces, en la Iglesia hay un poco de todo y no hay ninguna verdad. Todo es mentira porque todo vale. Y ya no existe el pecado ni nada que se relacione con el pecado. En consecuencia, se niega a Jesús y Su Obra de la Redención en la Iglesia.

3. Las almas son sólo una encarnación del demonio: Si la fe se consigue abriendo la mente al demonio, a esa “luz que procede de la vida luminosa de Cristo”, como enseña Francisco en su encíclica, entonces en cada alma está esa luz, que no es divina, sino demoniáca; y cada alma es un engendro de Satanás. Al negar la Fe en la Palabra de Dios, y poner la fe en la luz encarnada, entonces se sigue la consecuencia lógica para el que no la quiere entender: ya no se cree en la Palabra, ya sólo se cree en la definición que Francisco hace de la fe, se cree que la fe es una luz encarnada. Eso destruye la gracia en el alma y coloca al demonio en el centro de la vida de esa alma.

4. La doctrina de Cristo desaparece para dar lugar a la doctrina de la Nueva Era: La Nueva Era predica que en el hombre hay una luz que le guía hacia su vida interior, que hace que su yo interior deje de estar aislado para que entre en una armonía, en una comunión, en una paz interior consigo mismo y con los demás. Esa luz interior es una luz en la mente de la persona, es un trabajo mental que la persona tiene que hacer para escalar su perfección en la vida. La persona va de idea en idea hasta conseguir la idea perfecta que trasluce en su vida. Y una vez que llega a esta idea perfecta, puede morir para reencarnarse en otra idea, en otra vida, y así llegar a la perfección de su ser en diferentes etapas de su vida humana. Ya no existe la doctrina de Cristo, sólo se da un camino para llegar a la unión con ese dios interior. Es lo que propone Francisco en toda su encíclica:

a.- la luz encarnada “Ilumina incluso la materia, confía en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armonía y de comprensión cada vez más amplio.” (n. 34): esa luz encarnada también está en las cosas materiales. Luego, todo es dios, todo es divino. Y eso para poder conseguir la armonía que el yo interior necesita para vivir en un mundo que tiene muchos errores y que sólo esta luz puede solucionar al hombre en su vida.

b.- “La luz de la fe… ilumina también el camino de todos los que buscan a Dios, y constituye la aportación propia del cristianismo al diálogo con los seguidores de las diversas religiones” (n. 35): esta encarnación de la luz es para que todos nos unamos en una misma iglesia, sin importar la doctrina de Jesús. Ya no se dan los dogmas de la Verdad, sino que cada cual pone su dogma que nace de su mente y esto produce el ecumenismo espiritual entre todas las religiones del mundo.

c.- ”la luz de Dios se ha hecho camino, como estrella que guía por una senda de descubrimientos” (n. 35). La vida es descubrir cosas y no importa qué cosas sean, de dónde vienen esas cosas. No importa si esas cosas son verdaderas o falsas, son buenas o malas, son para la vida o son para la muerte. Esa luz divina en la mente, la luz de un dios, de una emanación del poder de dios es el camino para todo hombre en la tierra. Y, entonces, es bueno la reencarnación porque es un descubrimiento nuevo en la vida, una idea nueva en la vida. Es bueno aceptar las doctrina de otra religiones porque son un descubrimiento, una enseñanza para el alma, otros caminos para vivir la espiritualidad.

d.- “la luz humana no se disuelve en la inmensidad luminosa de Dios, como una estrella que desaparece al alba, sino que se hace más brillante cuanto más próxima está del fuego originario, como espejo que refleja su esplendor.” (n. 35): el hombre no tiene que buscar la humildad en su corazón para seguir a Dios. Basta seguirlo con los pensamientos que cada cual tiene en su mente. El hombre no tiene que crucificar su voluntad humana para hacer la Voluntad Divina, sólo tiene que buscar su voluntad humana y eso es la Voluntad Divina. Lo humano es el centro de la vida, ya no Dios. Vivir para lo humano es vivir para lo divino. Aceptar lo humano es aceptar lo divino. Amar lo humano es amar lo divino.

5. La separación de las almas en la Iglesia: Esto trae en la Iglesia una gran división porque la doctrina de Jesús queda oculta entre muchas cosas que son sólo una mentira, pero que se presentan como una verdad. Eso es el trabajo de Francisco en estos siete meses: presentar la mentira como un dogma en la Iglesia. Y nadie le ha dicho nada, porque él así lo ha impuesto en la Iglesia. Y todos callan, porque así él lo ha mandado. Y, por eso, la información sobre Francisco en cualquier medio de comunicación es sesgada, no es real, no es verdadera. Sólo se hace el juego a Francisco, pero no se critica a Francisco, no se juzga a Francisco, porque así son todos los masones. Esto trae la consecuencia que vemos. Muchas personas no se deciden todavía a enfrentarse a Francisco y a la Jerarquía por este silencio de toda la Iglesia. Como nadie habla en contra, entonces todo está bien. Las almas ven lo errores, pero también callan porque desde Roma se calla. Y se produce la separación en la misma Iglesia: unos con Francisco, otros en contra. Una separación que todavía no es división. Es un estar viendo a ver qué pasa. Y esto produce mucho daño a toda la Iglesia, porque quien no lucha contra la mentira que hay en la Iglesia entonces se separa de la Verdad de la Iglesia. Y este efecto se llama: dormir a las almas en la espera de algo que tiene que venir. Es un efecto satánico que inmoviliza a las almas en la mentira y no las deja batallar contra la mentira.

6. El cisma en Roma: Esto ya es un hecho, pero nadie lo ve, nadie lo quiere ver, todos se asustan ante esta verdad. Pero este cisma ya se ha producido, no con Francisco, sino con la renuncia del Papa Benedicto XVI. Es un cisma encubierto, que no aparece como cisma, sino como un cambio en la forma de entender la Iglesia, un cambio en la moral de la Iglesia, un cambio en la doctrina social de la Iglesia, un cambio en la liturgia de la Iglesia. El cambio siempre anuncia un cisma, cuando este cambio es sobre algo sustancial en la Iglesia. Y ya se ha producido ese cambio en la cabeza, con la renuncia del Papa Benedicto XVI y con el gobierno horizontal de Francisco. Ese cambio es un cisma. Pero nadie todavía lo ve, nadie todavía lo entiende, nadie quiere verlo. Todos están esperando algo más para comprender que Francisco no es lo que parece. Y, entonces, se hace el juego al mismo Francisco.

7. La aparición de la nueva iglesia en Roma: Esta nueva iglesia tiene su comienzo en la historia. Siempre en la Iglesia se ha dado otra iglesia escondida, oculta, que aparece y desaparece según los tiempos de los hombres. Es la iglesia de la masonería, es decir, de sacerdotes y de Obispos que hacen un pacto satánico para destruir a la Iglesia. Se hacen sacerdotes y Obispos sólo con este fin: la destrucción de la Iglesia, que sólo se puede hacer estando como sacerdotes y como Obispos. No se puede hacer fuera de la Iglesia o siendo un fiel en la Iglesia. Entonces, se da el hecho de que esta iglesia masónica ha crecido siempre en la Iglesia. Desde Judas, el Apóstol que vendió a Su Maestro por un dinero, hasta el último sacerdote de esa iglesia, se han dedicado sólo a destruir a la Iglesia en todos los campos, no sólo en la liturgia, sino en cada cosa que tiene de sagrado la Iglesia. Pero esta iglesia masónica no ha aparecido como tal en la historia de la Iglesia. Ha estado en Roma, pero oculta entre muchos sacerdotes y Obispos. Es ahora, cuando Francisco amaña la elección de los Cardenales en el Cónclave, cuando aparece la nueva iglesia. Y aparece en el mismo momento en que Francisco es elegido como Jefe de la nueva iglesia. Porque su elección no es a ser Papa, sino a ser Jefe que lidere esta nueva iglesia en Roma, que es la iglesia de la masonería que siempre ha estado en Roma. Y lo que tenemos en los siete meses de Francisco es sólo la nueva iglesia funcionando sin tapujos de nadie, con el aplauso de todos, de toda la Jerarquía Eclesiástica. Y, por eso, nadie se levanta porque todos quieren esta iglesia. Francisco no quiere ser Papa. Eso le molesta, pero tiene que tener ese nombre para hacer su teatro en la Iglesia. Pero él odia al Papa. Él odia a la Iglesia. Él odia a todo el mundo que se enfrente a él en la Iglesia. Él no busca dialogar con quien sabe que no le sigue en su pensamiento. Él sólo dialoga con aquellos que se doblan a su pensamiento humano. Su dogma de la luz encarnada es la consecuencia de esto.

8. La destrucción de la Eucaristía en la Iglesia: Es lo que viene ahora y de un modo trágico para todos. Y nadie lo espera, porque todos están viendo a ver por dónde sale Francisco. Lo que impide ahora marchar a la nueva iglesia, como la quiere la masonería, es sólo la Eucaristía. Se quita ésta y los demás dogmas desaparecen de forma inmediata. No se quita ésta y hay una gran división en la Iglesia. Por tanto, es necesario acabar con la Eucaristía para que esta nueva iglesia funcione. Y, para eso, hay que hacerlo de una manera brillante, que nadie diga nada y que nadie se interponga en eso. Por eso, es necesario algo para esto. No hay que esperar a que se cambien los libros litúrgicos. Eso vendrá luego. Hay que mandarlo sin más. Es decir, igual que se ha puesto el gobierno horizontal, quitando el gobierno vertical, con la sola voluntad de un hombre, que ha escrito una ley para eso, también hay que escribir una ley en la que se diga que ya la Eucaristía es una fraternidad en la Iglesia, una comunión en la Iglesia, una memoria de lo que hizo Cristo en la Iglesia. Eso basta para producir el caos en la Iglesia y se quite la Eucaristía sin que nadie se oponga. Un vez que se da ese escrito, entonces se cambian los ritos de la Misa en la Iglesia. Decir que la Eucaristía es sólo una memoria del Señor eso destruye la Eucaristía, cuando se dice en un documento oficial firmado por el Jefe de la Iglesia. Lo que diga el Jefe eso es en la Iglesia.

9. Roma, Ramera de la Iglesia: Es la última consecuencia y la más importante de todas. Ya Roma no da la Verdad, porque no se pone en la Verdad, que es Jesús. Desde la renuncia de Benedicto XVI ya no hay Verdad en Roma. Sólo hay verdades, pero no la Verdad. Roma ha sido la cumbre de la historia y el legado de la santidad. Roma ha sido el Amor de Todos y la Obra de la Verdad en el mundo. Roma ha dado a todos los hombres el camino hacia la santidad y hacia la vida de Dios en las almas. Roma ha perseguido la iniquidad desde el principio de su existencia. Y Roma ha sido la batalla donde se ha producido la victoria de muchos por su Amor a Cristo, a Su Rey, a Su Defensor, a Su Elegido en Dios, que es el Vicario de Cristo en la Tierra. Pero ya Roma no es todo eso. Roma ha perdido el Amor de Dios y se ha convertido en el amor de todos los hombres. Roma ya fornica con todos los hombres y recibe dinero de cada fornicación. Roma crece en la opulencia de la impureza de los sacerdotes y Obispos, que sólo quieren una cosa: destruir la Iglesia fundada en Pedro por Jesús. Roma se ha convertido en una Ramera, en una prostituta, en una cualquiera. Y ya no tiene otro nombre: sólo el de Ramera. Y, por tanto, quien busque a esa Ramera, se contamina de todo lo que tiene en su seno. Es decir, pierde la Fe, la Gracia Divina en el corazón, el Amor de Dios en su espíritu y la Verdad en su alma. Seguir a Roma es, desde ahora, seguir al demonio que habla por todos los sacerdotes y Obispos que se unen a la nueva iglesia, y que no son capaces de levantase ante lo que están viendo porque temen perder su sacerdocio. Y es necesario perderlo porque el sacerdocio no pertenece a la nueva iglesia, sino sólo a la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. Muchos sacerdotes no ven esta realidad: en la nueva iglesia no interesa ser sacerdote. El sacerdocio es sólo un teatro, como lo obra Francisco. Si un sacerdote quiere permanecer en su sacerdocio, necesariamente tiene que salir de la nueva iglesia de Roma. Porque hay muchos sacerdotes que, por su vida espiritual vacía, no ven la Verdad de lo que pasa, después, les va a resultar más difícil la salida. Porque meterse con el demonio es esclavizarse a él. Quien no lucha contra el demonio en la Iglesia se pone de su lado en la Iglesia. Es lo que pasa a muchos sacerdotes, hoy día, por su nulidad en la vida sacerdotal. Ya no hacen oración ni penitencia, que es el alma de todo sacerdocio. Roma, ahora es la que lleva al infierno, no al Cielo. Esa es la tragedia del dogma de la luz encarnada de Francisco.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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